El niño que muera sin bautizar queda en manos de "la misericordia de Dios", dice el Vaticano



oras. La anulación definitiva del placer sexual no es la más grave de ellas; el cuerpo de la mujer, si sobrevive a las infecciones, queda trocado en una máquina perenne de dolor, cuya descripción por sus víctimas es espeluznante.Si uno quiere descubrir cualidades realmente excepcionales en el carácter de un ser humano, debe tener el tiempo o la oportunidad de observar su comportamiento durante varios años. Si este comportamiento no es egoísta, si está presidido por una generosidad sin límites, si es tan obvio que no hay afán de recompensa, y además ha dejado una huella visible en la tierra, entonces no cabe equivocación posible.
Hace cuarenta años hice un largo viaje a pie a través de montañas completamente desconocidas por los turistas, atravesando la antigua región donde los Alpes franceses penetran en la Provenza. Cuando empecé mi viaje por aquel lugar todo era estéril y sin color, y la única cosa que crecía era la planta conocida como lavanda silvestre. 
Cuando me aproximaba al punto más elevado de mi viaje, y tras caminar durante tres días, me encontré en medio de una desolación absoluta y acampé cerca de los vestigios de un pueblo abandonado. Me había quedado sin agua el día anterior, y por lo tanto necesitaba encontrar algo de ella. Aquel grupo de casas, aunque arruinadas como un viejo nido de avispas, sugerían que una vez hubo allí un pozo o una fuente. La había, desde luego, pero estaba seca. Las cinco o seis casas sin tejados, comidas por el viento y la lluvia, la pequeña capilla con su campanario desmoronándose, estaban allí, aparentemente como en un pueblo con vida, pero ésta había desaparecido.
Era un día de junio precioso, brillante y soleado, pero sobre aquella tierra desguarnecida el viento soplaba, alto en el cielo, con una ferocidad insoportable. Gruñía sobre los cadáveres de las casas como un león interrumpido en su comida... Tenía que cambiar mi campamento.
Tras cinco horas de andar, todavía no había hallado agua y no existía señal alguna que me diera esperanzas de encontrarla. En todo el derredor reinaban la misma sequedad, las mismas hierbas toscas. Me pareció vislumbrar en la distancia una pequeña silueta negra vertical, que parecía el tronco de un árbol solitario. De todas formas me dirigí hacia él. Era un pastor. Treinta ovejas estaban sentadas cerca de él sobre la ardiente tierra.
Me dio un sorbo de su calabaza-cantimplora, y poco después me llevó a su cabaña en un pliegue del llano. Conseguía el agua -agua excelente- de un pozo natural y profundo encima del cual había construido un primitivo torno.
El hombre hablaba poco, como es costumbre de aquellos que viven solos, pero sentí que estaba seguro de sí mismo, y confiado en su seguridad. Para mí esto era sorprendente en ese país estéril. No vivía en una cabaña, sino en una casita hecha de piedra, evidenciadora del trabajo que él le había dedicado para rehacer la ruina que debió encontrar cuando llegó. El tejado era fuerte y sólido. Y el viento, al soplar sobre él, recordaba el sonido de las olas del mar rompiendo en la playa.
La casa estaba ordenada, los platos lavados, el suelo barrido, su rifle engrasado, su sopa hirviendo en el fuego. Noté que estaba bien afeitado, que todos sus botones estaban bien cosidos y que su ropa había sido remendada con el meticuloso esmero que oculta los remiendos. Compartimos la sopa, y después, cuando le ofrecí mi petaca de tabaco, me dijo que no fumaba. Su perro, tan silencioso como él, era amigable sin ser servil.
Desde el principio se daba por supuesto que yo pasaría la noche allí. El pueblo más cercano estaba a un día y medio de distancia. Además, ya conocía perfectamente el tipo de pueblo de aquella región... Había cuatro o cinco más de ellos bien esparcidos por las faldas de las montañas, entre agrupaciones de robles albares, al final de carreteras polvorientas. Estaban habitadas por carboneros, cuya convivencia no era muy buena. Las familias, que vivían juntas y apretujadas en un clima excesivamente severo, tanto en invierno como en verano, no encontraban solución al incesante conflicto de personalidades. La ambición territorial llegaba a unas proporciones desmesuradas, en el deseo continuo de escapar del ambiente. Los hombres vendían sus carretillas de carbón en el pueblo más importante de la zona y regresaban. Las personalidades más recias se limaban entre la rutina cotidiana. Las mujeres, por su parte, alimentaban sus rencores. Existía rivalidad en todo, desde el precio del carbón al banco de la iglesia. Y encima de todo estaba el viento, también incesante, que crispaba los nervios. Había epidemias de suicidio y casos frecuentes de locura, a menudo homicida. 
Había transcurrido una parte de la velada cuando el pastor fue a buscar un saquito del que vertió una montañita de bellotas sobre la mesa. Empezó a mirarlas una por una, con gran concentración, separando las buenas de las malas. Yo fumaba en mi pipa. Me ofrecí para ayudarle. Pero me dijo que era su trabajo. Y de hecho, viendo el cuidado que le dedicaba, no insistí. Esa fue toda nuestra conversación. Cuando ya hubo separado una cantidad suficiente de bellotas buenas, las separó de diez en diez, mientras iba quitando las más pequeñas o las que tenían grietas, pues ahora las examinaba más detenidamente. Cuando hubo seleccionado cien bellotas perfectas, descansó y se fue a dormir.
Me sentía en una gran paz estando con ese hombre, y al día siguiente le pregunté si podía quedarme allí otro día más. Él lo encontró natural, o para ser más preciso, me dio la impresión de que no había nada que pudiera alterarle. Yo no quería quedarme para descansar, sino porque me interesó ese hombre y quería conocerle mejor. Él abrió el redil y llevó su rebaño a pastar. Antes de partir, sumergió su saco de bellotas en un cubo de agua.
Me di cuenta de que en lugar de cayado, se llevó una varilla de hierro tan gruesa como mi pulgar y de metro y medio de largo. Andando relajadamente, seguí un camino paralelo al suyo sin que me viera. Su rebaño se quedó en un valle. Él lo dejó a cargo del perro, y vino hacia donde yo me encontraba. Tuve miedo de que me quisiera censurarme por mi indiscreción, pero no se trataba de eso en absoluto: iba en esa dirección y me invitó a ir con él si no tenía nada mejor que hacer. Subimos a la cresta de la montaña, a unos cien metros.
Allí empezó a clavar su varilla de hierro en la tierra, haciendo un agujero en el que introducía una bellota para cubrir después el agujero. Estaba plantando un roble. Le pregunté si esa tierra le pertenecía, pero me dijo que no. ¿Sabía de quién era?. No tampoco. Suponía que era propiedad de la comunidad, o tal vez pertenecía a gente desconocida. No le importaba en absoluto saber de quién era. Plantó las bellotas con el máximo esmero. Después de la comida del mediodía reemprendió su siembra. Deduzco que fui bastante insistente en mis preguntas, pues accedió a responderme. Había estado plantado cien árboles al día durante tres años en aquel desierto. Había plantado unos cien mil. De aquellos, sólo veinte mil habían brotado. De éstos esperaba perder la mitad por culpa de los roedores o por los designios imprevisibles de la Providencia. Al final quedarían diez mil robles para crecer donde antes no había crecido nada. 
Entonces fue cuando empecé a calcular la edad que podría tener ese hombre. Era evidentemente mayor de cincuenta años. Cincuenta y cinco me dijo. Su nombre era Elzeard Bouffier. Había tenido en otro tiempo una granja en el llano, donde tenía organizada su vida. Perdió su único hijo, y luego a su mujer. Se había retirado en soledad, y su ilusión era vivir tranquilamente con sus ovejas y su perro. Opinaba que la tierra estaba muriendo por falta de árboles. Y añadió que como no tenía ninguna obligación importante, había decidido remediar esta situación.
Como en esa época, a pesar de mi juventud, yo llevaba una vida solitaria, sabía entender también a los espíritus solitarios. Pero precisamente mi juventud me empujaba a considerar el futuro en relación a mí mismo y a cierta búsqueda de la felicidad. Le dije que en treinta años sus robles serían magníficos. Él me respondió sencillamente que, si Dios le conservaba la vida, en treinta años plantaría tantos más, y que los diez mil de ahora no serían más que una gotita de agua en el mar.
Además, ahora estaba estudiando la reproducción de las hayas y tenía un semillero con hayucos creciendo cerca de su casita. Las plantitas, que protegía de las ovejas con una valla, eran preciosas. También estaba considerando plantar abedules en los valles donde había algo de humedad cerca de la superficie de la tierra.
Al día siguiente nos separamos.
Un año más tarde empezó la Primera Guerra Mundial, en la que yo estuve enrolado durante los siguientes cinco años. Un "soldado de infantería" apenas tenía tiempo de pensar en árboles, y a decir verdad, la cosa en sí hizo poca impresión en mí. La había considerado como una afición, algo parecido a una colección de sellos, y la olvidé.
Al terminar la guerra sólo tenía dos cosas: una pequeña indemnización por la desmovilización, y un gran deseo de respirar aire freco durante un tiempo. Y me parece que únicamente con este motivo tomé de nuevo la carretera hacia la "tierra estéril".
El paisaje no había cambiado. Sin embargo, más allá del pueblo abandonado, vislumbré en la distancia un cierto tipo de niebla gris que cubría las cumbres de las montañas como una alfombra. El día anterior había empezado de pronto a recordar al pastor que plantaba árboles. "Diez mil robles -pensaba- ocupan realmente bastante espacio". Como había visto morir a tantos hombres durante aquellos cinco años, no esperaba hallar a Elzeard Bouffier con vida, especialmente porque a los veinte años uno considera a los hombres de más de cincuenta como personas viejas preparándose para morir... Pero no estaba muerto, sino más bien todo lo contrario: se le veía extremadamente ágil y despejado: había cambiado sus ocupaciones y ahora tenía solamente cuatro ovejas, pero en cambio cien colmenas. Se deshizo de las ovejas porque amenazaban los árboles jóvenes. Me dijo -y vi por mí mismo- que la guerra no le había molestado en absoluto. Había continuado plantando árboles imperturbablemente. Los robles de 1.910 tenían entonces diez años y eran más altos que cualquiera de nosotros dos. Ofrecían un espectáculo impresionante. Me quedé con la boca abierta, y como él tampoco hablaba, pasamos el día en entero silencio por su bosque. Las tres secciones medían once kilómetros de largo y tres de ancho. Al recordar que todo esto había brotado de las manos y del alma de un hombre solo, sin recursos técnicos, uno se daba cuenta de que los humanos pueden ser también efectivos en términos opuestos a los de la destrucción...
Había perseverado en su plan, y hayas más altas que mis hombros, extendidas hasta el límite de la vista, lo confirmaban. me enseñó bellos parajes con abedules sembrados hacía cinco años (es decir, en 1.915), cuando yo estaba luchando en Verdún. Los había plantado en todos los valles en los que había intuido -acertadamente- que existía humedad casi en la superficie de la tierra. Eran delicados como chicas jóvenes, y estaban además muy bien establecidos.
Parecía también que la naturaleza había efectuado por su cuenta una serie de cambios y reacciones, aunque él no las buscaba, pues tan sólo proseguía con determinación y simplicidad en su trabajo. Cuando volvimos al pueblo, vi agua corriendo en los riachuelos que habían permanecido secos en la memoria de todos los hombres de aquella zona. Este fue el resultado más impresionante de toda la serie de reacciones: los arroyos secos hacía mucho tiempo corrían ahora con un caudal de agua fresca. Algunos de los pueblos lúgubres que menciono anteriormente se edificaron en sitios donde los romanos habían construido sus poblados, cuyos trazos aún permanecían. Y arqueólogos que habían explorado la zona habían encontrado anzuelos donde en el siglo XX se necesitaban cisternas para asegurar un mínimo abastecimiento de agua.
El viento también ayudó a esparcir semillas. Y al mismo tiempo que apareció el agua, también lo hicieron sauces, juncos, prados, jardines, flores y una cierta razón de existir. Pero la transformación se había desarrollado tan gradualmente que pudo ser asumida sin causar asombro. Cazadores adentrándose en la espesura en busca de liebres o jabalíes, notaron evidentemente el crecimiento repentino de pequeños árboles, pero lo atribuían a un capricho de la naturaleza. Por eso nadie se entrometió con el trabajo de Elzeard Bouffier. Si él hubiera sido detectado, habría tenido oposición. Pero era indetectable. Ningún habitante de los pueblos, ni nadie de la administración de la provincia, habría imaginado una generosidad tan magnífica y perseverante. 
Para tener una idea más precisa de este excepcional carácter no hay que olvidar que Elzeald trabajó en una soledad total, tan total que hacía el final de su vida perdió el hábito de hablar, quizá porque no vio la necesidad de éste.
En 1.933 recibió la visita de un guardabosques que le notificó una orden prohibiendo encender fuego, por miedo a poner en peligro el crecimiento de este bosque natural. Esta era la primera vez -le dijo el hombre- que había visto crecer un bosque espontáneamente. En ese momento, Bouffier pensaba plantar hayas en un lugar a 12 km. de su casa, y para evitar las ideas y venidas (pues contaba entonces 75 años de edad), planeó construir una cabaña de piedra en la plantación. Y así lo hizo al año siguiente.
En 1.935 una delegación del gobierno se desplazó para examinar el "bosque natural". La componían un alto cargo del Servicio de Bosques, un diputado y varios técnicos. Se estableció un largo diálogo completamente inútil, decidiéndose finalmente que algo se debía hacer... y afortunadamente no se hizo nada, salvo una única cosa que resultó útil: todo el bosque se puso bajo la protección estatal, y la obtención del carbón a partir de los árboles quedó prohibida. De hecho era imposible no dejarse cautivar por la belleza de aquellos jóvenes árboles llenos de energía, que a buen seguro hechizaron al diputado.
Un amigo mío se encontraba entre los guardabosques de esa delegación y le expliqué el misterio. Un día de la semana siguiente fuimos a ver a Elzeard Bouffier. Lo encontramos trabajando duro, a unos diez kilómetros de donde había tenido lugar la inspección.
El guardabosques sabía valorar las cosas, pues sabía cómo mantenerse en silencio. Yo le entregué a Elzeard los huevos que traía de regalo. Compartimos la comida entre los tres y después pasamos varias horas en contemplación silenciosa del paisaje...
En la misma dirección en la que habíamos venido, las laderas estaban cubiertas de árboles de seis a siete metros de altura. Al verlos recordaba aún el aspecto de la tierra en 1.913, un desierto... y ahora, una labor regular y tranquila, el aire de la montaña fresco y vigoroso, equilibrio y, sobre todo, la serenidad de espíritu, habían otorgado a este hombre anciano una salud maravillosa. Me pregunté cuántas hectáreas más de tierra iba a cubrir con árboles. 
Antes de marcharse, mi amigo hizo una sugerencia breve sobre ciertas especies de árboles para los que el suelo de la zona estaba especialmente preparado. No fue muy insistente; "por la buena razón -me dijo más tarde- de que Bouffier sabe de ello más que yo". Pero, tras andar un rato y darle vueltas en su mente, añadió: "¡y sabe mucho más que cualquier persona, pues ha descubierto una forma maravillosa de ser feliz!".
Fue gracias a ese hombre que no sólo la zona, sino también la felicidad de Bouffier fue protegida. Delegó tres guardabosques para el trabajo de proteger la foresta, y les conminó a resistir y rehusar las botellas de vino, el soborno de los carboneros.
El único peligro serio ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial. Como los coches funcionaban con gasógeno, mediante generadores que quemaban madera, nunca había leña suficiente. La tala de robles empezó en 1.940, pero la zona estaba tan lejos de cualquier estación de tren que no hubo peligro. El pastor no se enteraba de nada. Estaba a treinta kilómetros, plantando tranquilamente, ajeno a la guerra de 1.939 como había ignorado la de 1.914.
Vi a Elzeard Bouffier por última vez en junio de 1.945. Tenía entonces ochenta y siete años. Volví a recorrer el camino de la "tierra estéril"; pero ahora en lugar del desorden que la guerra había causado en el país, un autobús regular unía el valle del Durance y la montaña. No reconocí la zona, y lo atribuí a la relativa rapidez del autobús... Hasta que vi el nombre del pueblo no me convencí de que me hallaba realmente en aquella región, donde antes sólo había ruinas y soledad.
El autobús me dejó en Vergons. En 1.913 este pueblecito de diez o doce casas tenía tres habitantes, criaturas algo atrasadas que casi se odiaban una a otra, subsistiendo de atrapar animales con trampas, próximas a las condiciones del hombre primitivo. Todos los alrededores estaban llenos de ortigas que serpenteaban por los restos de las casas abandonadas. Su condición era desesperanzadora, y una situación así raramente predispone a la virtud.
Todo había cambiado, incluso el aire. En vez de los vientos secos y ásperos que solían soplar, ahora corría una brisa suave y perfumada. Un sonido como de agua venía de la montaña. Era el viento en el bosque; pero más asombro era escuchar el auténtico sonido del agua moviéndose en los arroyos y remansos. Vi que se había construido una fuente que manaba con alegre murmullo, y lo que me sorprendió más fue que alguien había plantado un tilo a su lado, un tilo que debería tener cuatro años, ya en plena floración, como símbolo irrebatible de renacimiento.
Además, Vergons era el resultado de ese tipo de trabajo que necesita esperanza, la esperanza que había vuelto. Las ruinas y las murallas ya no estaban, y cinco casas habían sido restauradas. Ahora había veinticinco habitantes. Cuatro de ellos eran jóvenes parejas. Las nuevas casas, recién encaladas, estaban rodeadas por jardines donde crecían vegetales y flores en una ordenada confusión. Repollos y rosas, puerros y margaritas, apios y anémonas hacían al pueblo ideal para vivir.
Desde ese sitio seguí a pie. La guerra, al terminar, no había permitido el florecimiento completo de la vida, pero el espíritu de Elzeard permanecía allí. En las laderas bajas vi pequeños campos de cebada y de arroz; y en el fondo del valle verdeaban los prados. 
Sólo fueron necesarios ocho años desde entonces para que todo el paisaje brillara con salud y prosperidad. Donde antes había ruinas, ahora se encontraban granjas; los viejos riachuelos, alimentados por las lluvias y las nieves que el bosque atrae, fluían de nuevo. Sus aguas alimentaban fuentes y desembocan sobre alfombras de menta fresca. Poco a poco, los pueblecitos se habían revitalizado. Gentes de otros lugares donde la tierra era más cara se habían instalado allí, aportando su juventud y su movilidad. Por las calles uno se topaba con hombres y mujeres vivos, chicos y chicas que empezaban a reír y que habían recuperado el gusto por las excursiones. Si contábamos la población anterior, irreconocible ahora que gozaba de cierta comodidad, más de diez mil personas debían en parte su felicidad a Elzeard Bouffier.
Por eso, cuando reflexiono en aquel hombre armado únicamente por sus fuerzas físicas y morales, capaz de hacer surgir del desierto esa tierra de Canaan, me convenzo de que a pesar de todo la humanidad es admirable. Cuando reconstruyo la arrebatadora grandeza de espíritu y la tenacidad y benevolencia necesaria para dar lugar a aquel fruto, me invade un respeto sin límites por aquel hombre anciano y supuestamente analfabeto, un ser que completó una tarea digna de Dios.
(Elzeard Bouffier murió pacíficamente en 1.947 en el hospicio de Banon).
Jean Giono.

¿Quiénes son los amos del mundo? ¿Cuál es el poder real de los políticos? ¿Cuál es el papel de los paraísos fiscales que dan cobijo al dinero del crimen o al de la corrupción? ¿Por qué se permiten esos territorios sin ley? ¿Qué pasó realmente en Argentina para que su economía se viniera abajo? Para encontrar respuestas a estas y otras muchas cuestiones, La 2 estrena esta noche (21.55) Voces contra la globalización, una serie documental, sin periodicidad fija, dirigida por Carlos Estévez, que busca opiniones críticas con el funcionamiento de las grandes instituciones internacionales, económicas y políticas.
La producción, que empezó a gestarse cuando la actual directora de La 2, Mercedes Ortiz de Solórzano, era la máxima responsable de programas culturales de TVE, ha recabado el parecer de 54 voces autorizadas de todo el mundo. Todas ellas examinan un buen número de aspectos relacionados con la globalización: la política económica neoliberal, el funcionamiento de los grandes organismos, la debilidad de la llamada sociedad del bienestar en Europa, la explotación laboral, la inmigración...
Para Jesús González, director de programas culturales y sociales de TVE, "la serie es como un caleidoscopio que afronta los temas desde muchos puntos de vista". Asimismo, explica que cada documental tiene "carácter monográfico porque cada episodio tiene un hilo conductor y entidad en sí mismo".
A lo largo de siete capítulos, Voces contra la globalización permitirá que se escuche a expertos, como los escritores José Saramago y Eduardo Galeano, el economista Jeremy Rifkin, el ecologista Ramón Fernández Durán, el premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales Giovanni Sartori, el periodista Ignacio Ramonet, la ensayista Fatema Mernissi, el analista social José Vidal-Beneyto, el activista y líder agrario José Bové, el analista de la globalización David Held, el músico Manu Chao o el ex portavoz del Foro Social de Génova Vitorio Agnolleto.
Estos y otros muchos especialistas analizarán el concepto de globalización "en un mundo sujeto a continuos cambios y desequilibrios desde la caída del Muro de Berlín y el derrumbamiento soviético", tal como apunta Carlos Estévez, que subraya: "Es la primera vez que se han reunido 54 personas para hablar de las mismas preocupaciones. Todos han dejado claro que no están en contra de la globalización, pero sí de cómo se está llevando a cabo". También piensa que Voces contra la globalización es "una serie necesaria" como vehículo para agitar conciencias.
La serie combina los rodajes en diferentes lugares del mundo, como Tanzania, Venezuela, Reino Unido, Francia, Italia, Suiza y España, con imágenes del archivo documental de TVE, crónicas de los informativos o trabajos cinematográficos de directores como Win Wenders (Tierra de abundancia), Avi Lewis (La toma), Pino Solanas (Memoria del saqueo), Eric Gandini (Surplus) o Huber Sauper (La pesadilla de Darwin). La música de Manu Chao, Jorge Drexler, Montserrat Caballé o José Manuel Alfaya se mezcla con poemas de Mario Benedetti y León Felipe, con recitales de Daniel Viglietti y los conciertos contra la pobreza de Live 8.
Estévez asegura que "las interesantísimas charlas" con tantos personajes acreditados "invitan a una reflexión profunda". Sus opiniones además "no se limitan a ser un canto utópico desde posturas de izquierdas, ya que no les falta escepticismo". Buena prueba de ello es la contestación de Saramago a una pregunta del propio Estévez. "¿Otro mundo es posible?". "Sí, pero con una gran interrogación", responde el premio Nobel y autor de Ensayo sobre la ceguera y La caverna. Galeano, en la misma línea, asevera: "Los países que negocian con la guerra se ocupan de la paz en este mundo patas arriba".
El director comenta la dificultad que tuvo para conseguir el testimonio de Manu Chao. Tras insistir durante ocho meses, por fin logró hablar con él en Barcelona, en un pequeño local de Poble Nou. Y a pesar de hacerse de rogar tanto, consiguió una entrevista de dos horas con el autor de Clandestino. También lamenta dos ausencias. Una fue la escritora india Arundhati Roy (El dios de las pequeñas cosas). "A pesar de todos los esfuerzos fue imposible contactar con ella", recuerda. El segundo personaje es otra escritora, Noemi Klein (No logo), que entonces estaba inmersa en la realización del documental La toma, junto a su marido, Avi Lewis, que sí participó en la serie documental.
MOSCÚ.- El funcionario regional ruso que la pasada semana denunció el montaje de una cacería en la que supuestamente se emborrachó a un oso manso para que el Rey lo cazara, declaró a EL MUNDO que el Monarca nunca estuvo al tanto de la farsa. "El Rey de España no tuvo nada que ver con este escándalo. Él no sabía nada», subrayó Serguei Starostin, vicejefe del Departamento para la Protección y el Fomento de los Recursos Cinegéticos de la región de Vólogda, a 400 kilómetros al norte de Moscú.
r de la región, Viacheslav Pozgalev, creó una comisión especial para investigar las circunstancias que rodearon los sucesos.
inales de agosto en la llamada Casa del Urogallo, cerca del poblado Limonovo. Durante su visita a Rusia, el Rey visitó el Museo Kirolo-Velotseskoye y el monasterio ortodoxo Ferapontovo, informa el diario 'Izvestia'.
¿La perfección serena de Claudia Schiffer o la imponente presencia cubista de Rossy de Palma? ¿El matemático reflejo de una montaña en un lago o las emociones deformadas del Guernica? La belleza, ¿es simétrica o asimétrica? ¿Y el cosmos y sus habitantes? Los físicos aseguran que lo más íntimo de la materia y del universo está gobernado por la simetría. Sin embargo, los investigadores más cercanos a la biología afirman que la asimetría es lo que realmente nos hace humanos, el cerebro es asimétrico y hasta los besos son asimétricos. Las desigualdades anatómicas son, además, discretos portavoces de la biología del individuo, de su personalidad, y determinan el poder de atracción para el sexo opuesto.
La simetría se ha asociado siempre al orden, la perfección, lo inmutable. La asimetría, al caos, el movimiento, lo imprevisible. Los físicos Leon M. Lederman y Christopher T. Hill escriben en su libro La simetría y la belleza (Tusquets Editores), a la venta en octubre: “La simetría dicta las leyes básicas de la física […] y define las fuerzas fundamentales de la naturaleza”. Pero, “a pesar del irrefrenable deseo por parte de los científicos de encontrar simetrías, el mundo parece ser asimétrico a todos los niveles”, opina Chris McManus, un investigador del University College of London que lleva años estudiando la asimetría en la vida, el cuerpo y el arte. Filósofos e historiadores del arte aprecian el atractivo de la simetría, pero opinan que tiene algo rígido y estático, comparado con el carácter dinámico e imprevisible de la asimetría. Kant afirmaba que la simetría es demasiado aburrida y alejada de la vida real.
Tal disparidad de opiniones tiene su origen en los campos de estudio de unos y otros. Para comprender lo que pasa en el mundo subatómico, para explicar lo que ocurre en el interior de los grandes aceleradores de partículas donde se recrea el inicio de los tiempos, los físicos han desarrollado formulaciones matemáticas basadas en la simetría, en la perfección, en lo inamovible. De hecho, Leon y Lederman hablan en su libro de la teoría de las supercuerdas, que se considera teoría de todo porque se espera que explique el universo y su contenido al completo, y la definen como “quizá el sistema lógico más simétrico de todos los concebidos por la mente humana”. Para estar a la altura ya se ha inventado el concepto de supersimetría.
Lo cierto es que el universo surgió de un caos de la materia. Incluso la simetría milimétrica del reflejo de una montaña sobre un lago y la supuesta perfección de Claudia Schiffer proceden de un desordenado grupo de partículas flotando en una no menos caótica niebla primigenia. Nuestro azul planeta, que gracias a las teorías erróneas de Tolomeo tuvo durante siglos la forma de la simetría por excelencia, la esfera, y giró en otra perfección geométrica, el círculo, resulta que está achatado por los polos y se mueve en una órbita elíptica. ¡No tan simétrico como parecía!
Pero el auténtico reino de la asimetría parece ser la biología. Stuart Kauffman, un estudioso del origen de la vida de la Universidad de Calgary (Canadá), asegura que la vida evoluciona “en el filo del caos”, o sea, en la asimetría. El Nobel de Medicina Jacques Monod decía que en el mundo biológico la simetría existe, pero que con frecuencia aparece por accidente. El humano parece la criatura que más ha encarnado su condición de hijo del desorden original y el que más inclinación siente por la asimetría. Empezando por el cerebro, cada una de sus mitades funciona con un plan diferente, realiza tareas distintas; y siguiendo por todo el interior del cuerpo, que es claramente asimétrico –un hígado, dos pulmones diferentes…
Los animales, sin embargo, parece que sienten una atracción especial por los miembros de su especie con mayor simetría bilateral, es decir, izquierda-derecha. La razón de semejante inclinación es que un alto parecido entre los dos lados del cuerpo es la señal inequívoca de que hay genes de alta calidad y, en consecuencia, la indicación de que el individuo es un excelente compañero o compañera para procrear. En numerosas ocasiones se ha dicho que entre los humanos también se perciben como más bellas las personas simétricas, pero los resultados de diferentes experimentos son contradictorios y no acaban de confirmar que el gusto de los sapiens coincida con el resto del reino animal.
De cualquier modo, belleza y atractivo no necesariamente van unidos. Karl Grammer, director del Instituto Ludwig-Boltzmann de etología urbana de Viena, asegura que el gusto de las mujeres varía según el momento de su ciclo menstrual. Durante la ovulación, las féminas se inclinan por hombres con rasgos masculinos más marcados y con olores mucho más intensos. La razón, no hay que pensar mucho: la reproducción. Tales características se consideran pruebas visibles de una mayor fertilidad y una calidad genética superior que transmitir a los vástagos.
Curiosamente, otros investigadores han llegado a la conclusión de que esos varones con la etiqueta de soy un excelente procreador son los que tienen caras más asimétricas. Otro dato curioso al respecto: algunas investigaciones sugieren que los hombres con mayor cantidad de espermatozoides y más hijos tienen el dedo índice de la mano significativamente menor que el anular. Este rasgo está directamente relacionado con el nivel de hormonas masculinas que el feto recibe durante el embarazo. A mayor cantidad de andrógenos, más diferencia entre el tamaño de los dedos y rasgos más masculinos. O sea, que en la atracción carnal por lo simétrico no nos parecemos a nuestros primos. Sin embargo, Grammer afirma que las mujeres con rostros más atrayentes son las más simétricas y también las que desprenden un olor corporal más sexy.
Obviamente, nuestra forma de valorar el atractivo o la belleza de nuestros semejantes es un proceso infinitamente más complejo en el que entran en juego numerosos factores. “Cuando miramos las caras como lo hacemos todos los días, cada mitad envía señales diferentes a los dos hemisferios cerebrales, que también son asimétricos en sus funciones. Esto podría explicar por qué una simetría facial perfecta no es crucial”, asegura Dahlia Zaidel, de la Universidad de California. Los aspectos emocionales tienen sin duda un importante papel en el teatro de la atracción.
Como consecuencia de la especialización emocional de los hemisferios cerebrales, el izquierdo más bien racional y el derecho creativo, se han extraído teorías sobre la simbología psíquica de cada lado de la cara y la interpretación de su morfología. La mitad izquierda del rostro manifestaría el inconsciente del individuo, su mundo oculto, mientras que la derecha sería el reflejo del consciente, la cara pública. El conocido psiquiatra Juan Antonio Vallejo-Nágera, en su libro Mishima o el placer de morir, invita al lector a descubrir la naturaleza atormentada que se escondía en el interior del poeta japonés observando la diferencia de expresión entre la mitad derecha y la izquierda. No dejen de estudiar una fotografía propia, es muy interesante. Este simbolismo de la derecha y la izquierda se definía ya en las grandes tradiciones. Según la cábala, parte del libro sagrado de los judíos, la derecha representa el alma, y la izquierda, el egoísmo. En la simbología oriental, la derecha corresponde a la madre, y la izquierda, al padre.
Siguiendo con la dualidad derecha-izquierda, otro aspecto en el que se manifiesta claramente la asimetría de los humanos es en el uso de las manos. Mientras que los chimpancés utilizan indistintamente las dos manos, el 90% de los monos desnudos es diestro. La razón de esta asimetría en el uso de las manos todavía no se ha desvelado, aunque se cree que es la consecuencia, una vez más, de la especialización lateral que ha experimentado nuestro cerebro a lo largo de la evolución para ganar en potencia. El lenguaje y las tareas más racionales, más activas, se desarrollan en el hemisferio izquierdo, que controla el lado derecho. ¿Y los zurdos? Según la hipótesis de McManus, estos individuos tienen una ventaja cerebral, puesto que sus hemisferios son más flexibles, es decir, que tareas que en un diestro se ejecutan exclusivamente en el lado izquierdo, un zurdo puede también gestionarlas en el derecho. El investigador asegura que esto les proporciona talentos especiales. Pero en lo que se refiere a los besos, parece que los zurdos tienen la misma tendencia que los diestros. Al menos a esa conclusión llegaba Onur Güntürkün, investigador de la Universidad de Rühr en Alemania: dos de cada tres de los cientos de parejas que espió Güntürkün inclinaban la cabeza hacia la derecha en el momento del ósculo apasionado. En opinión del científico, el origen de esta inclinación se encuentra en el comportamiento en el útero. En las últimas semanas de gestación y los primeros meses de vida, el recién nacido se inclina a la derecha, y esta tendencia, asegura, permanece en el adulto.
En la química que nos da la vida también hay diestros y zurdos. El ADN es diestro, la hélice que lo define gira hacia la derecha. Sin embargo, los aminoácidos que necesitamos para sobrevivir son zurdos. Un buen número de moléculas de las que nos componen pueden existir en dos formas, una es la imagen especular de la otra. Se conocen como levógira y dextrógira porque una desvía la luz a la izquierda, y la otra, a la derecha. Ése es el caso de los aminoácidos y también de los azúcares presentes en los seres vivos. Los primeros son levógiros, mientras que los segundos son dextrógiros. Si comiéramos alimentos con aminoácidos dextrógiros y azúcares levógiros, muy probablemente moriríamos por falta de nutrientes porque nuestro organismo no los asimila.
Retomando simetría y belleza, pero en el mundo del arte, que de algún modo materializa los ideales y aspiraciones humanos, algunos estudiosos aseguran que la simetría es una forma más primitiva y simple de expresión. Sostienen que cuando el arte evoluciona, se hace más sofisticado, tiende a la asimetría. Muchas obras clásicas aparentemente simétricas incluyen un elemento que rompe la perfección.
También se han detectado tendencias particulares a la hora de mostrar el lado derecho o izquierdo del rostro. Varios estudios han demostrado que en los retratos es mucho más frecuente que el protagonista ofrezca la mejilla izquierda. ¿La razón? Aunque hay varias teorías, no hay respuestas claras. Sin embargo, existe una corriente que asegura que la belleza o la perfección no es una cuestión de simetría, sino de proporción. Y no una proporción cualquiera, la proporción divina. “Llamada así por sus propiedades excelsas, supremas, excelentísimas, incomprensibles, inestimables, innumerables, admirables, inefables, singulares…, que corresponde por semejanza a Dios mismo”, escribía Luca Pacioli, un matemático del siglo XV. El Partenón; el Hombre de Vitruvio, de Leonardo da Vinci; la espiral de las galaxias, los girasoles y también el ADN y los agujeros negros encierran en sus formas la proporción divina, también conocida como áurea y definida por el número Phi (pronunciado fi).
Phi se ha hecho famoso gracias a la novela El código Da Vinci, de Dan Brown, pero ya lo conocían los babilonios, los egipcios y los griegos. La relación 1,618033988, valor de Phi, también se da en el cuerpo humano –entre la altura total y la distancia de los pies al ombligo, por ejemplo– y es considerada por algunos como la que define la belleza. Tanto es así que Stephen Marquardt, un cirujano maxilofacial estadounidense, ha creado matemáticamente una máscara que asegura que es el arquetipo de un rostro bello. La idea: cuanto más encaje una cara en la máscara, más bella será. Su creador propone que se use para dirigir la forma de maquillarse e incluso para programar una intervención de estética. Tal como apunta José R. Galo, profesor de matemáticas de la Universidad de Córdoba, se podría decir que Phi refleja una aspiración hacia la divinidad, hacia la semejanza con los dioses, porque Rafael de la Hoz, un arquitecto español recientemente desaparecido, encontró la proporción humana “que se da en las construcciones cordobesas y que más tarde también descubrió en el cuerpo humano”, explica Galo.
Tal vez la búsqueda de la belleza sea una aspiración a lo divino, y quizá la belleza se encuentre en la unión de los opuestos, asumir que la realidad completa y el propio ser humano están hechos del maridaje de contrarios, el yin y el yang. Lo decía el filósofo Theodor Adorno: la asimetría es más bella cuando se encuentra en contraste con la simetría.

Son sensaciones misteriosas, más comunes de lo que cabría pensar: un hombre describe la sensación de una figura enigmática que está detrás de él, y cuando se da la vuelta no hay nadie. Una mujer nota cómo abandona su cuerpo y flota en el espacio, contemplando su yo corpóreo.
Quienes pasan por esas experiencias a menudo las atribuyen a fuerzas paranormales. Pero, según el reciente trabajo de unos neurocientíficos, pueden ser inducidas por la transmisión de corrientes eléctricas leves a puntos concretos del cerebro. Por ejemplo, en una mujer, una descarga en una región cerebral conocida como girus angular le provocó la sensación de que estaba colgando del techo, mirando su cuerpo. En el caso de otra mujer, la corriente eléctrica transmitida al girus angular le causó la extraña sensación de que tenía a alguien detrás que pretendía inmiscuirse en sus acciones.
Una presencia extraña en las altas cumbres
La sensación de una presencia enigmática se puede producir sin estimulación eléctrica del cerebro, dice Peter Brugger, neurocientífico del Hospital Universitario de Zúrich. Ha sido descrita por personas que sufren una privación sensorial, como los montañeros que se encuentran a grandes altitudes o los marineros que atraviesan solos el océano, y también por personas que han sufrido apoplejías menores u otras alteraciones del riego sanguíneo al cerebro.
Algunos esquizofrénicos, agrega Olaf Blanke, neurólogo de la École Polytechnique Fédérale de Lausana, en Suiza, experimentan alucinaciones paranoides y la sensación de que alguien les está siguiendo. A veces también confunden sus acciones con las de otros. Aunque se desconoce la causa de estos síntomas, dice, puede que estén implicadas las áreas de procesamiento multisensorial.
Cuando personas por lo demás normales experimentan alucinaciones corporales, señala Blanke, a menudo se sienten desconcertadas. La sensación que percibe el cuerpo es tan perfecta y resulta tan familiar que la gente no se da cuenta de que es una creación de su cerebro, ni siquiera cuando algo va mal y éste se siente perturbado. Sin embargo, se puede engañar a la sensación de integridad corporal con bastante facilidad, dice Blanke. Y aunque puede ser tentador invocar a lo sobrenatural cuando esta sensación corporal sale mal, Blanke dice que la verdadera explicación es muy natural: un intento del cerebro por comprender una información contradictoria.
¿Arte o crueldad? IKER SEISDEDOSEntonces entró en escena la prensa tradicional. Con un extenso artículo del diario Los Angeles Times a la cabeza, la polémica se amplificó. En parte, gracias a que la age
ncia de Jill Greenberg, cuya página web se llama manipulator.com en referencia aparente al dominio de la fotógrafa del arte del retoque digital, está, pese al hastío de su autora, más que dispuesta a difundir gratuitamente las imágenes del proyecto.
Así es como las fotos de Greenberg han llegado, según cálculos de Kopeikin, a una audiencia de “100 millones de espectadores en todo el mundo”. (Sea bienvenido al club). “Lo cual me llena de orgullo, pues las fotos son maravillosas y representan un logro artístico de primer nivel”, explica el galerista.

¿Cómo era posible que alumnos corrientes fueran los mejores de sus respectivos grupos al final del curso? Muy simple, a partir de las observaciones en todo el proceso de Rosenthal y Jacobson se constató que los maestros se crearon tan alta expectativa sobre esos alumnos que actuaron a favor de su cumplimiento. De alguna manera, los maestros convirtieron sus percepciones sobre cada alumno en una didáctica individualizada que les llevó a confirmar lo que les habían avisado que sucedería.
uardia Civil calculan que unas 10.000 personas pertenecen a grupos ultraderechistas y neonazis en España. Pese a su división en grupúsculos, estas organizaciones mantienen un postulado común: el odio a los inmigrantes. En el caso de los neonazis, defensores a ultranza de la supremacía blanca, ha irrumpido con fuerza una tenebrosa organización, de origen estadounidense y denominada Volksfront, que está absorbiendo a otros grupúsculos. Los expertos policiales, sin embargo, consideran que aún no hay ningún líder capaz de aglutinar a todo este conglomerado extremista y que, por tanto, no es previsible a corto plazo la implantación de un frente único neonazi.
El instituto armado ha emprendido en los últimos dos años tres grandes operaciones contra las estas organizaciones: la Operación Puñal en Madrid, Barcelona, Valencia y Guadalajara, donde fueron detenidas 14 personas y decomisadas ocho armas de fuego en marzo de 2004; la Operación Espada, desarrollada en abril de 2005 en Madrid, Sevilla, Jaén, Burgos y Zaragoza con la detención de 21 personas supuestamente integradas en Blood and Honour, y la Operación Panzer en Valencia, donde en septiembre de 2005 fueron capturados 20 integrantes del Frente Antisistema (FAS).El Gobierno conservador francés va a prohibir fumar por decreto en los espacios públicos a partir de 2007. "Sí, vamos a prohibir el tabaco en los lugares públicos", ha respondido De Villepin al ser preguntado al respecto en una entrevista durante el programa Le Gran Jury de la radio RTL, la televisión LCI y el periódico Le Figaro.
Según ha explicado, la prohibición se va a aplicar en dos frases: el humo del tabaco estará proscrito en los lugares públicos a partir del próximo 1 de febrero, salvo en los bares-estancos, cafés-restaurantes y discotecas, que tendrán una prorroga de casi un año, hasta el 1 de enero de 2008, para adaptarse a la nueva legislación.
Para reforzar la postura del Gobierno, el primer ministro ha recordado un dato: "es inaceptable que haya 13 trece muertes al día" en Francia ligadas al tabaquismo activo y pasivo.
Irlanda, precursora
Irlanda fue el primer país que prohibió totalmente el consumo de tabaco en lugares públicos, en marzo del 2004. Le siguieron Noruega, Italia, Malta, Suecia y Escocia. El año que viene, además de Francia, adoptarán la medida Inglaterra, Irlanda del Norte y Lituania.
En todos estos países, y después de que se adaptaran los afectados, la medida no ha sido mal aceptada. Así, un año después de la aplicación de la ley en Irlanda, el 93% de los ciudadanos (de los que 89% se consideraban fumadores) afirmaron que la ley fue una buena idea. En Roma, los italianos que querían fumar en los bares desde enero de 2005 cogieron la costumbre de salirse a las terrazas de los establecimientos, tanto en verano como en invierno.
Sin embargo, muchos otros países de la Unión Europea –como es el caso de España- han decidido llevar a cabo medidas intermedias como establecer lugares de fumadores y no fumadores. En Austria, donde la proporción de fumadores activos en del 37% -una de las más elevadas de la UE- está permitido fumar en bares y restaurantes. En España, Luxemburgo y Bélgica existe una ley, pero con importantes excepciones en cuanto a los bares y restaurantes se refiere.