viernes, agosto 03, 2012

La mujer tiene conciencia y libertad, ministro. Antonio Aramayona. Filósofo


La mujer tiene conciencia y libertad, ministro. Antonio Aramayona. Filósofo

Como si se tratase del eterno retorno de lo mismo, el ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, alentado por movimientos ultracatólicos y organizaciones provida (en un sempiterno trasvase de favores: quid pro quo), vuelve a plantear las mismas cuestiones capciosas de siempre: si estás a favor de la vida, avalas las tesis del ministro y sus correligionarios; si te opones a sus pretensiones, ¡estás defendiendo la muerte!
Anuncia Gallardón que en octubre presentará un proyecto de nueva ley del aborto basada en un planteamiento de supuestos (descartando además el de malformación del feto) en lugar de una ley de plazos, tal como existe en la gran mayoría de los países europeos (por ejemplo, 12 semanas en Austria, 14 en Alemania; 18 en Suecia y hasta 24 semanas en Holanda). Quieren sentar de nuevo a la mujer para que justifique a qué caso o supuesto se acoge, quieren hacerla depender otra vez de criterios, tutelas y veredictos ajenos, suplantando su derecho a decidir.
Por otro lado, siendo pausible la preocupación del ministro por las personas discapacitadas, encaja mal con algunas medidas del Gobierno como los amplios recortes en la Ley de Dependencia, los obstáculos para adquirir o renovar sillas de ruedas y material protésico, la incuria con enfermos graves y crónicos o las secuelas del medicamentazo entre los más débiles.
A cualquier persona decente debe repugnarle el empeño de algunas personas y organizaciones afines al PP y al mundo ultracatólico en presentar a la mujer que decide abortar como una persona nefanda y egoísta. Ignoran así que se trata siempre de una decisión muy compleja y difícil, y que las mujeres que deciden la interrupción del embarazo merecen el respeto y el apoyo incondicional, pues, aunque no lo crean, les mueven principalmente su conciencia y la opción por la vida humana digna.
Los Movimientos pro-vida, católicos y del PP opuestos al aborto tienen un burdo y grueso concepto de la vida humana, como si vivir consistiera básicamente en respirar, comer, beber, orinar y defecar. Cuando habla Gallardón de vida humana, debería aprender muy mucho de lo que plantean y se plantean muchas de las mujeres que deciden interrumpir su embarazo, muy en consonancia con la Declaración Universal de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Así, como Ministro de Justicia, debería velar por que todos y cada uno tengamos realmente  y sin distinción los mismos derechos y libertades (Declaración Derechos ONU art.1, 2).
Si conociese el contexto vital en que decide una mujer interrumpir su embarazo, Gallardón apostaría en su ley del aborto por una vida humana digna y, siempre de acuerdo con la Declaración Universal de Derechos Humanos, lucharía por mantener intacto el derecho de toda persona a la seguridad social, así como  todos sus derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad (22).
Vida humana es igualmente tener y llevar a cabo el  derecho al trabajo, a condiciones laborales equitativas y satisfactorias, a la protección contra el desempleo, a igual salario por trabajo igual (23). Gallardón tendría también en cuenta en su nueva ley del aborto que vida humana es también derecho al descanso y al disfrute del tiempo libre (24).
Vida humana es salud y bienestar, e implica necesariamente alimentación, vestido, vivienda, asistencia médica, servicios sociales necesarios, seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez, etc. (25)
Antes de quitar la actual Ley Orgánica de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo, el ministro debe recordar que ya en octubre de 2009 José Mª Aznar y otros dirigentes del PP acudieron a una multitudinaria manifestación exigiendo la abolición del aborto, ocultando hipócritamente que durante sus ocho años de mandato no se había cuestionado una sola coma de la ley del aborto vigente, a pesar de haberse producido en esos ocho años 500.000 abortos. Si Gallardón deja de lado por un momento el continuo quid pro quo entre el poder civil y el poder eclesiástico-ultra, tendrá en cuenta que vida humana supone también un techo digno, fuera del alcance de la rapiña y de la codicia de los ricos y los poderosos.
Vida humana es poder decidir sin obligar a nadie a ser o hacer lo que no quiera; es también erradicar la superstición, el miedo, la irracionalidad y cualquier supuesto mundo que pretenda arrebatar la identidad del mundo real. Por eso el proyecto de ley del aborto es una regresión histórica y un atentado contra los derechos de la mujer.
Vida humana es, en fin, parafraseando a Nietzsche, la inocencia del niño en el juego del crear, el primer movimiento de cada instante, un sublime decidir, a pesar de los pesares. Vida humana es también la conciencia, la libertad y la decisión libre y responsable de la mujer.

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