lunes, mayo 23, 2011

La puerta abierta al Amor MIRIAM SUBIRANA EL PAIS SEMANAL - 01-05-2011

PSICOLOGÍA La puerta abierta al Amor MIRIAM SUBIRANA EL PAIS SEMANAL - 01-05-2011
Confundir amor con apego egoísta es la causa de mucho sufrimiento en las relaciones. Estas son duraderas y ricas cuando uno tiene seguridad en sí e independencia del otro.

Vivir el amor permite al ser humano alcanzar la experiencia más plena. En esa vivencia nos sentimos unidos, completos y realizados. Existimos en busca de esta plenitud amorosa. "El amor incondicional que nos une al todo más allá de nosotros mismos", escribía Javier Melloni. El amor puro fluye libremente, es sanador y no hiere. Es un amor en el que te das al otro. Hay entrega. Trasciendes tu "yo-ego" sin por eso perderte ni engancharte al otro. No dejas de ser tú al estar en comunión con el otro. Lo logras con madurez y evolución personal. Tu "yo-ego" te mantiene anclado a las limitaciones provocadas por tus miedos y tus deseos. Tu yo-esencial te libera.
Muchas personas aman y se atan. Pierden libertad y siembran malestar. El problema surge cuando confundimos el amor con el apego egoísta. El amor en su momento más puro es una manifestación de nuestro sentimiento de unión. Para abrirnos a él debemos asentarnos en nuestro poder interior, abriéndole paso a nuestro ser esencial sin temores.
¿Por qué nos cuesta amar y ser libres, amar y sentirnos realizados? Cuando esencialmente somos amor, parecería lo más fácil ser lo que somos. Sin embargo, la realidad nos muestra a menudo lo contrario. Tenemos miedo a ser heridos y tememos perder libertad.
¿Qué nos aleja del amor? ¿Qué nos encierra, separándonos de vivirlo plenamente? El analfabetismo emocional y la adicción al trabajo nos alejan del amor. Los batacazos y las decepciones en las relaciones amorosas nos hacen desconfiar. Nos volvemos escépticos. Desde la tristeza, la frustración o la culpa nos mantenemos encerrados. El miedo al rechazo nos bloquea y nos deja en nuestra sombra. Las expectativas nos empujan a la rabia cuando no se cumplen, y nos "secamos" de amor.

Menos egoístas, más ricos "El hombre que abandona el orgullo de la posesión logra la paz suprema" (Bhagavad Gita 2,71)
El conocimiento de uno mismo facilita el proceso de pasar del miedo a una forma de amor más rica, tolerante y relajada. El amor emocional puede florecer en verdadero amor duradero a medida que el fuego inicial de las emociones se enfría y se sustituye por una percepción más sabia y madura.
Actualmente muchas relaciones son "de bolsillo". Sin compromiso, no duran ni aportan verdadera realización. Esta experiencia acaba siendo desgarradora y agotadora, dejándonos vacíos. Las relaciones son duraderas y enriquecedoras cuando cada uno tiene seguridad personal independiente de que el otro satisfaga o no sus expectativas.
Al cultivar la seguridad interior, uno puede rendirse al amor de otra persona, creando relaciones en las que sumamos y juntos somos mejores. Vivimos lo que afirma Sergio Sinay: "Solo se puede amar cuando se reconoce la singularidad, la cualidad única e irrepetible de la otra persona. Para eso hay que verla, valorarla, honrarla como individuo y escucharla". Haciéndolo dejamos de competir, criticar y tener celos. Pasamos a aceptar, cooperar, unir, valorar y apoyar. Somos cómplices en crear una realidad mejor para todos. No ocurre que uno toma energía y el otro se descarga y debilita. Se incorpora a la relación una energía pura.
Uno de los aspectos que nos impiden crear y vivir esta complicidad es el instinto primordial de proteger nuestro yo individual y ser nosotros mismos. Procuramos no sentirnos invadidos, molestados ni dominados por los demás. Para evitarlo es importante que conozcamos y conectemos con nuestro espacio interior. Cuando el espacio interno está cultivado, somos conscientes de que nadie puede quitarnos lo que somos; entonces podemos sentirnos cómodos entre la multitud y convivir sin miedo.
Para abrirse al amor hay que saber cómo vivir las situaciones y las relaciones sin permitir que determinen tu estado emocional y mental. Vivir sin que las circunstancias sean creadoras de malestar, estrés, sufrimiento, tristeza, frustración o rabia. Hay que ser dueño de tu mundo interior. Para conseguirlo le ayudarán los siguientes consejos:
• Dar un paso atrás y observar mejora la interpretación de los hechos.
• Aceptarse. Clave para iniciar cualquier cambio positivo. Apruébese y dese el visto bueno. Aunque tenga otras muchas áreas de confianza, al rechazarse hiere su autoestima. Esto le debilita.
• Aceptar al otro. Permitirle ser sin corazas y expresarse sin miedos. Tras una separación, la aceptación le facilita el camino para liberarse de la decepción y sufrir. El otro no ha sido como quería. La relación desencadena situaciones desagradables. Le ayudará dejar fluir sentimientos difíciles de afrontar: rechazo, inseguridad, envidia, rabia, miedo, desaprobación. Imagínese cómo se sentiría si no se resistiera a ellos. Pruébelo ahora. Sentirlos inicia el camino para aceptarlos y deshacerse de ellos. Si le cuesta soltarlos, quizá necesite perdonar. Si no perdonas, tu energía se dispersa. Tu mente y tu corazón están contaminados con el ruido interno. Perdone y perdónese.
• Reconcilie. Ante las diferencias y el conflicto, solemos tener actitudes defensivas de enfrentamiento. Discutimos, no dialogamos. Culpamos y atacamos, no nos responsabilizamos. Nos vinculamos con quienes defienden nuestros planteamientos de enfrentamiento. Ello nos separa y distancia más. El desencuentro se agrava. Reconciliar es construir puentes hacia la comprensión y el diálogo.
• Deje de ser marioneta del deseo. Javier Melloni afirma que cuando el deseo invade el alma y esta no lo puede contener, este se convierte en destructivo y devastador como el cáncer que devora todo lo que encuentra a su paso. Así se convierte en una dependencia que pasa a ser una adicción. Adicción al sexo, a la bebida, a los malos tratos, a la sumisión, a someter, al poder, al dinero... Entonces el deseo nos esclaviza. El deseo es el amo, y nosotros, sus sirvientes, nos esforzamos en satisfacerlo. Perdemos la soberanía interior. Somos sus marionetas. Para dejar de serlo ha de aceptar primero que lo es. Obsérvese con atención.
• Analice los patrones que se repiten en su día a día. Descubra para qué los mantiene y quizá le darán la clave del porqué sigue anclado en esa necesidad dependiente que le impide darse desde el amor, buscar recibir más que dar.
• Permanezca atento a la dirección que le marca su deseo esencial, lo que realmente anhela, diferenciándolo de sus deseos dependientes que le alejan de sus sueños. Permanecer en un estado de alerta y atención sin juzgar, condenar ni culpar, aceptando lo que es como es, le ayudará a tener claridad.
• Elija la calma. Aprenda a crear un espacio interior en el que encontrarla. En la calma se vincula con el silencio, con usted mismo, con Dios. Así es amigo de los demás, del universo. Al convertir su mente en amiga se encuentra en paz consigo. Su diálogo interior le da energía y vitalidad, le mantiene sereno, abierto al amor.
• Ámese. Con autoestima, uno se siente seguro, confía. Con las rupturas es frecuente que disminuya nuestra autoestima. El sufrimiento que se experimenta en las situaciones en que su pareja le abandona no solo procede de la pérdida del otro, sino también del rechazo. Se abre una herida profunda al desaparecer su valoración. No suponga que porque el otro le deje usted vale menos.
Recordemos el acuerdo que nos propone Miguel Ruiz: no haga suposiciones ni saque conclusiones precipitadamente porque al hacerlo creerá que lo supuesto es cierto y creará una realidad sobre ello no siempre positiva ni guiada por el amor. Tenga la valentía de preguntar, aclarar y expresar sus deseos. Comuníquese tan claro como pueda para evitar malentendidos y otros dramas. Con solo este acuerdo puede transformar su vida.

Más conscientes, más libres "La máxima victoria es la que se gana sobre uno mismo" (Buda)
Usted elige cómo responder ante los estímulos que los demás y las circunstancias le provocan. Reconozca que es responsable de sus pensamientos, palabras y acciones. Esta es la base inicial para recuperar todo su poder interno y abrirse al amor. Cuando uno se ama por lo que es, invita al amor en su vida.
Vivir en la verdad del amor, no en sus mitos. Un corazón cínico, desconfiado, que vive con una actitud defensiva, deja de vivir sus sueños, es un corazón gris. El corazón rojo vive en un vaivén de emociones, que van de la pasión al desencanto. Está dominado por los hábitos provocados por el deseo y las carencias. Depende de los demás. El corazón romántico, el rosa, sueña en la pareja perfecta, en aquel que satisfará todas sus necesidades. El que vive en ese romanticismo cambia de pareja en pareja, y el corazón se rompe una y otra vez, ya que las expectativas y el apego que se engendra le encierran en un sufrimiento que parece interminable. Para vivir el amor en libertad hemos de reencontrar el corazón del ángel que todos tenemos, el corazón de luz, el que vive los valores. Para pasar de un corazón gris, rojo o rosa a uno de luz, vivamos en la verdad del amor y no en los mitos del amor. Mitos basados en creencias falsas como:
• El amor viene de fuera. No. El amor brota de dentro: cuando lo compartimos es cuando puede fluir. Cuando una madre se da a su hijo es cuando su amor fluye.
• Necesito obtener amor. Lo correcto sería: necesito dar amor. Al darlo, recibe.
• El amor es apego y descendencia, me hace sufrir y preocuparme. En el verdadero amor, uno se siente libre y acepta al otro como es. No se preocupa, sino que se ocupa y confía.

Mi hijo no atiende Trastornos del aprendizaje en niños: TDAH, dislexia...

NIÑOS Mi hijo no atiende JAVIER HERAS EL PAIS SEMANAL - 08-05-2011
Edu es disléxico. Irene sufre déficit de atención. No se conocen. No se parecen. A ambos los llamaban revoltosos y distraídos. Padecen los dos trastornos mentales más frecuentes en la infancia.

Cuando Irene contaba una semana de vida, su pediatra no daba crédito: "¡Tiene mucho tono muscular!". Estaba fibrosa. Puro nervio. Su madre, Mariluz García, enfermera, apenas le dio importancia. Hoy lo recuerda como un primer síntoma. Luego llegarían las rabietas, los tics (morderse las uñas, mirarse la punta del pelo), los cambios bruscos de humor. "Como Jekyll y Hyde: si le llevabas la contraria, te insultaba, y después venía llorando a pedirte perdón". Del colegio no dejaban de llamar porque atemorizaba a sus compañeros y retaba a los adultos. Y tardaba una eternidad en hacer los deberes. Con siete años le diagnosticaron déficit de atención con hiperactividad.

Delgada, morena y con flequillo, Irene se muestra tímida ante la visita de un extraño a su casa, a las afueras de Madrid. Corretea, evita mirar a los ojos, le parece "molesto" que su hermano pequeño husmee en su cuarto. Acaso una pequeña herida bajo la nariz, de rascarse compulsivamente. Eso sí: habla como un rayo cuando describe la ciudad que está dibujando:
-Aquí el Ayuntamiento, el supermercado, la plaza con árboles, el puesto de helados, la playa con un señor corriendo...
Pero, ¡ay!, los deberes... Son las siete de la tarde, y desde que llegó del colegio no se ha movido del cuarto. Aún lleva puesto el uniforme. El bocata de queso, casi sin probar. Si lee un ejercicio de tres enunciados, al llegar al último se le ha olvidado el primero. Su problema es el de unos 380.000 niños de España, el 5% de la población escolar a la que afecta el déficit de atención, según la asociación de padres ANSHDA (no existen cifras oficiales).
Jorge pasó por eso hace tiempo. "Su juego favorito era saltar en el sillón", explica su madre, Pepa Ayuso, en el salón de su piso en Moratalaz (Madrid). No le podían dejar solo porque se aceleraba como el Correcaminos y lucía más chichones que el Coyote. Las pruebas lo confirmaron: falta de control sobre sus impulsos, dificultad de mantener la concentración. "Sentí abatimiento, pero me reconfortó saber que no era culpa de cómo lo habíamos educado", dice Ayuso.
Y comenzó el tratamiento. Con medicación, guste o no. "Lo que impide centrar la atención es un problema de transporte de la dopamina en el cerebro, un déficit en el lóbulo frontal, el del control ejecutivo", explica José Antonio Portellano, profesor de psicobiología de la Universidad Complutense. Irene y Jorge toman Rubifen, un psicoestimulante (metilfenidato) que activa la neurotransmisión de la dopamina. "La primera vez nos impresionó el efecto. Jorge se pausó. Tardó la mitad en hacer los deberes".
"Pero, por sí sola, una pastilla no enseña a seguir unas normas", matiza Portellano. El niño debe trabajar unas rutinas. Un ambiente ordenado, sin gritos. Con estrategias de autocontrol y con el apoyo de un profesor particular. Y de un psicólogo. Jorge, en tercero de la ESO, empezó a sentirse más inmaduro que el resto. Se volvió introvertido y apenas salía. "Una tarde le robaron a la puerta de casa la cazadora y los zapatos. Y llegó como si nada. Ni lloró". Gracias al psicólogo se desbloqueó. A sus 16 años, tras casi una década de terapia, ha reducido su impulsividad, es responsable y educado. Aunque todavía a veces se queda ensimismado. Su batalla son los estudios: nunca ha repetido y aspira a cursar Informática... aunque para eso su madre le siga preguntando la lección a diario.
"Céntrate, céntrate", le decía a Edu un profesor. Como a Irene y Jorge, a este chaval de ocho años y sonrisa perenne no hacían más que reñirle. Era tan desordenado que sospecharon de déficit de atención; pero las pruebas demostraron que Edu padece el otro trastorno neurocognitivo más frecuente en la infancia: dislexia. Igual que unos 700.000 niños, un 10% del total de alumnos.
La dislexia no se reduce a ver las letras del revés (la d por la b, la u por la n). "Dificultades de precisión y fluidez en el reconocimiento de palabras (...), problemas de descodificación y de escritura", define la Asociación Internacional de Dislexia. El psicólogo y logopeda Rubén Idurriaga profundiza: "En una tribu africana no se daría; aquí topan con un sistema basado en la lectura y la escritura, aquello que más les cuesta".
Mientras Edu juega, Macarena Terrones explica cómo su hijo, siempre muy despierto, se atascó en las tablas de multiplicar y las secuencias, en general. Aunque lo que le deprimió fue que no le dejaran jugar al fútbol por patoso. Cuando se lo diagnosticaron, su padre, Antonio, ató cabos. Descubrió su problema hereditario... tras cuarenta años. "Me creía tonto. La sociedad te apartaba. Terminé la EGB y no estudié más. Ahora, con nuevas herramientas, he sacado la secundaria".
Antonio y Macarena hablan en una mesa redonda en la Fundación Aprender, al este de Madrid, que prepara un colegio para disléxicos. Su programa incluirá ejercicios físicos. Durante la formación del feto, en el viaje de las neuronas desde el tubo neural (donde están las células madre) a la corteza cerebral, algunas de esas células nerviosas no se sitúan en el lugar adecuado. Con gimnasia cerebral que emula los movimientos primarios (los que se hacen desde que nace hasta que aprende a andar), se generan circuitos neuronales donde se apoyan las habilidades.
A los disléxicos les resulta más fácil entender los conceptos si los relacionan con su entorno (son igual de inteligentes, y con otras habilidades, como pictóricas o musicales). Edu, por ejemplo, aprendió los números contando almendras. Guille, de 18 años, cree que le ayudan mucho las fotografías y los esquemas. Sentado junto a su madre, M. Luz Revillas, repasan su duro camino a segundo de bachillerato: "No sé desarrollar un tema de historia. Necesito recordar la página, el párrafo, volver al lugar físico donde estaba esa información, para volcar lo que sé en el folio". Aunque otro conflicto le duele más: "Los demás no quieren estar contigo en el recreo... a veces he tenido compañeros que suspenden todas pero forman parte del grupo, y me he planteado no estudiar para integrarme". No cede: quiere estudiar diseño gráfico.
Nuestros cuatro protagonistas no se conocen. Tienen problemas diferentes. Pero Irene, Jorge, Edu y Guille comparten que los han señalado como raros de la clase. Que se esfuerzan el doble para conseguir la mitad. Que si no se trataran, podrían cogerle fobia al estudio a fuerza de suspensos, y somatizarla en vómitos o insomnio (y a largo plazo, incluso en inestabilidad laboral). Pese a todo, muchos aún minusvaloran sus enfermedades, conocidas desde principios del siglo XX. La dislexia y el déficit de atención se incluyen en los trastornos de inicio del DSM-IV, el manual de la Asociación de Psiquiatría de EE UU.
Pequeñas medidas les hacen la vida más fácil. Como que los maestros lean los ejercicios en voz alta y comprueben que los han entendido. Jorge suspendió un examen de física y un par de días después, en la recuperación, sacó un 9. "¡Se lo sabía!", exclama su madre. Sin embargo, los profesores no reciben formación, a diferencia de EE UU, donde la dislexia se considera una discapacidad. "Si Bill Gates [famoso disléxico, como Picasso] hubiera nacido en España, no tendríamos Windows", opina Rubén Idurriaga.
Tratar el problema no significa volverse paranoicos. Algunos estudios apuntan un exceso de diagnóstico de déficit de atención. El Centro de Salud Mental de Molina de Segura (Murcia) analizó que solo un 32% de los pacientes de una muestra fueron finalmente diagnosticados. En cualquier caso, es esencial motivar al niño, que no se acostumbre a la riña. Darle refuerzos: "Si saca un sufi, la felicito y la llevo a patinar. Sé que se ha esforzado", dice la madre de Irene.
Los padres a veces se sienten "unos plastas". Pepa Ayuso siempre hablaba con los profesores a principio de curso. Les pedía que sentaran a Jorge en primera fila. También solían encargarle escribir las tareas en la pizarra. Así se sentía importante. Con Irene funciona igual. Le llegó a ir muy bien en inglés gracias a un profesor:
-Hija, ¿cómo te saludaba el teacher?
-Hi, Super Irene!
Y sonríe.

Síntomas del déficit de atenciónSi antes de los seis años aparecen al menos seis síntomas: impulsividad, no guardar el turno en el juego, perder las cosas, no organizarse, no mantenerse sentado, contestar antes de que le pregunten... entonces puede existir un déficit de atención. "Debe pasar en casa y en el colegio, porque si no podría ser un problema de adaptación", determina el neuropsicólogo José Antonio Portellano. Otras señales: que parezca que no escucha, no seguir las instrucciones, ser inconstante y olvidadizo...Ejercicios contra el déficit de atención. Juan Narbona, neuropediatra de la clínica Universitaria de Navarra, aconseja juegos con materiales reales y participación, "en los que tengan que controlarse", para mejorar la atención. Como el Dónde está Wally, que exige escrutar atentamente una página. O los juegos de mesa, donde hay que esperar turno, observar reglas y estar centrado. José Antonio Portellano concluye: "Cuando un tratamiento psicoeducativo funciona, cambia el cerebro. Si era impulsivo y se le adiestra para que adquiera un aprendizaje verbal interno, habremos modificado la química cerebral".Síntomas de la dislexiaDe acuerdo con un informe de la Fundación Aprender, desde muy pequeño se pueden detectar ciertos síntomas: mayor habilidad manual que lingüística, hablar sin completar las frases, no saber saltar a la pata coja... Se acentúan al empezar el colegio: le cuesta memorizar las rutinas, tiene un concepto propio del tiempo, confunde la izquierda con la derecha. Hay problemas para aprender series: los días de la semana, el alfabeto. No se le da bien relatar lo que lee. Los síntomas se intensifican cuando comienzan la lectura y la escritura: dificultades para copiar de la pizarra al cuaderno, faltas de ortografía, lectura lenta, cambiar y omitir letras, saltarse renglones...Ejercicios contra la dislexia. "Hay que hacer la lectura amable. Como encargarle leer el chiste de cada día en el periódico durante el desayuno", sugiere Juan Narbona. Se le pueden dejar mensajes escritos sobre planes del día, o encargarle los pies de fotos del álbum familiar. "Lecturas cortas que, como lluvia mansa, mejoran ese automatismo". ¡Importante! "No leer solo por la noche, a esas horas el niño está hecho unos zorros: tiene que ser por la mañana o a mediodía". Otros ejercicios tienen que ver con el lenguaje oral, manejar y construir las palabras para que se dé cuenta de cómo se forman. Comprender las sílabas y su estructura le facilitará verlo sobre el papel.

PSICOLOGÍA Problemas que son oportunidades. BORJA VILASECA EL PAIS SEMANAL

PSICOLOGÍA Problemas que son oportunidades. BORJA VILASECA EL PAIS SEMANAL - 08-05-2011
Al asumir las riendas de nuestra salud emocional, empezamos a desarrollar una mirada más sabia. Extraer el aprendizaje oculto de la adversidad forma parte de nuestro día a día.


Para saber si seguimos anclados en el victimismo o, por el contrario, estamos entrenando el músculo de la responsabilidad, basta con verificar cómo estamos mirando e interpretando nuestras circunstancias: como "problemas" o como "oportunidades". El hecho de que percibamos la realidad de una manera u otra es determinante para comprender por qué nuestras vidas son como son, y por qué a nivel emocional estamos obteniendo unos determinados resultados.

Frente a esta dicotomía, es interesante señalar que un problema es cualquier cosa, situación o persona que provoca que nos perturbemos a nosotros mismos. Empecemos con un caso sencillo y cotidiano: imaginemos que tenemos un amigo muy impuntual, que suele llegar 15 minutos tarde cada vez que quedamos con él. Como cualquier otra acción, la impuntualidad no es buena ni mala; eso sí, tiene consecuencias. De ahí que estos juicios morales dependan de nuestra forma de verla e interpretarla. En función de qué opinión tengamos acerca de la impuntualidad -y de cómo esta nos haga sentir- puede que consideremos este hecho como un problema.
Curiosamente, hay quienes ven esta situación con otros ojos y no se molestan ni se enfadan cuando esta persona se retrasa nuevamente. Aceptan y respetan la conducta de su amigo. El verdadero problema jamás se encuentra en nuestras circunstancias, sino en nuestra mente. La raíz de nuestras perturbaciones reside en nuestros pensamientos. Y estos, en nuestras creencias limitadoras y erróneas de cómo deberían ser las cosas.

LA VIDA COMO APRENDIZAJE "Aquello que no eres capaz de aceptar es la única causa de tu sufrimiento" (Gerardo Schmedling)
Cada vez que nos topemos con un problema, podemos empezar a verlo como lo que en realidad es: una oportunidad de aprendizaje. Lo cierto es que este enfoque más constructivo nos permite cuestionar las limitaciones internas que nos llevan a interpretar lo que sucede de forma subjetiva y egocéntrica. Así, la próxima vez que nuestro amigo llegue tarde a su cita -por seguir con este ejemplo- podemos recordarnos que no es su acción, sino nuestra propia manera de interpretarla, la causa de nuestro malestar.
Así es como tarde o temprano verificamos que en realidad no hay problemas. Sin embargo, lo que sí existen son los procesos. Es decir, que todo lo que forma parte de la vida -incluyéndonos a nosotros mismos- está en su propio proceso de desarrollo y evolución. El problema simplemente lo creamos en nuestra mente cuando luchamos y entramos en conflicto con personas y situaciones con las que no estamos de acuerdo. En este sentido, el hecho de que nos perturbe que nuestro amigo sea impuntual es nuestro problema.
Además, esta revelación nos hará comprender que no se trata de cambiar lo externo (el hecho), sino de modificar lo interno. Es decir, nuestra actitud frente al hecho. En vez de criticar duramente a nuestro amigo para que haga lo que nosotros consideramos correcto, para que haga lo que nosotros creemos que debe hacer, podemos simplemente aprovechar esta situación para aprender a cultivar nuestra felicidad (por medio de la responsabilidad), a preservar nuestra paz interior (por medio de la aceptación) y a dar lo mejor de nosotros mismos por medio del servicio. Si lo hacemos, seguramente seremos más felices y no nos haremos mala sangre por la acción del otro.
Si partimos de la premisa de que tiene derecho a llegar tarde -lo cual no quiere decir que nos guste que lo haga, que estemos de acuerdo ni que lo apoyemos-, lo más eficaz es tomar una actitud respetuosa. Y sin necesidad de perturbarnos, hacer uso de la imaginación y la creatividad para cosechar otro tipo de resultados a nivel emocional. En primer lugar, somos libres para decidir no volver a quedar con él, del mismo modo que él es libre para seguir llegando tarde. En el caso de que optemos por mantener el vínculo, podemos quedar con él 15 minutos antes de lo previsto, de manera que a pesar de retrasarse llegue a la hora. Él seguirá actuando como siempre, y nosotros habremos resuelto un problema que nos afectaba.

FLUIR CON LA VIDA "Si un problema tiene solución, ¿para qué perturbarse? Y si no la tiene, ¿para qué perturbarse?" (proverbio chino)
En una aldea vivía un granjero muy sabio que compartía una pequeña casa con su hijo. Un buen día, al ir al establo a dar de comer al único caballo que tenían, el chico descubrió que se había escapado. La noticia corrió por todo el pueblo. Tanto es así, que los habitantes enseguida acudieron a ver al granjero. Y con el rostro triste y apenado, le dijeron: "¡Qué mala suerte habéis tenido, para un caballo que poseíais y se os ha marchado!". Y el hombre, sin perder la compostura, simplemente respondió: "Mala suerte, buena suerte, ¿quién sabe?".
Unos días después, el hijo del granjero se quedó sorprendido al ver a dos caballos pastando enfrente de la puerta del establo. Por lo visto, el animal había regresado en compañía de otro, de aspecto fiero y salvaje. Cuando los vecinos se enteraron de lo que había sucedido, no tardaron demasiado en volver a la casa del granjero. Sonrientes y contentos, le comentaron: "¡Qué buena suerte habéis tenido. No solo habéis recuperado a vuestro caballo, sino que ahora, además, poseéis uno nuevo!". Y el hombre, tranquilo y sereno, les contestó: "Buena suerte, mala suerte, ¿quién sabe?".
Solo veinticuatro horas más tarde, padre e hijo salieron a cabalgar juntos. De pronto, el caballo de aspecto fiero y salvaje empezó a dar saltos, provocando que el chaval se cayera al suelo. Y lo hizo de tal manera que se rompió las dos piernas. Al enterarse del incidente, la gente del pueblo fue corriendo a visitar al granjero. Y una vez en su casa, de nuevo con el rostro triste y apenado, le dijeron: "¡Qué mala suerte habéis tenido. El nuevo caballo está gafado y maldito. Pobrecillo tu hijo, que no va a poder caminar durante unos cuantos meses!". Y el hombre, sin perder la compostura, volvió a responderles: "Mala suerte, buena suerte, ¿quién sabe?".
Tres semanas después, el país entró en guerra. Y todos los jóvenes de la aldea fueron obligados a alistarse. Todos, salvo el hijo del granjero, que al haberse roto las dos piernas debía permanecer reposando en cama. Por este motivo, los habitantes del pueblo acudieron en masa a casa del granjero. Y una vez más le dijeron: "¡Qué buena suerte habéis tenido. Si no se os hubiera escapado vuestro caballo, no habríais encontrado al otro caballo salvaje. Y si no fuera por este, tu hijo ahora no estaría herido. Es increíble lo afortunados que sois. Al haberse roto las dos piernas, tu muchacho se ha librado de ir a la guerra!". Y el hombre, completamente tranquilo y sereno, les contestó: "Buena suerte, mala suerte, ¿quién sabe?".

LOS PROCESOS VITALES "La vida nos manda regalos envueltos en problemas" (Juan Carlos de Pedro)
Cada vez más seres humanos estamos descubriendo que lo mejor que podemos hacer por la sociedad es estar en paz con nosotros mismos. Porque cuando cultivamos la serenidad en nuestro interior desarrollamos la ecuanimidad, una cualidad muy útil para dejar de sufrir, luchar y entrar en conflicto con los demás y nuestras circunstancias. En esencia, la ecuanimidad consiste en ver la realidad como es, y no como nos gustaría que fuese. Así es como poco a poco dejamos de etiquetar las cosas como blancas o negras, y empezamos a mirarlas con más objetividad y neutralidad, percibiendo la infinidad de matices grises que existen entre uno y otro extremo.
En este sentido, que nuestro amigo sea impuntual no es un problema. Es solo un proceso. Que nos despidan del trabajo tampoco es un problema. Es un proceso. Y lo mismo ocurre cuando nos deja nuestro compañero sentimental. También es un proceso. Ni siquiera el hecho de que muera un ser querido es un problema. Por más que nos victimicemos y suframos al afrontar este tipo de situaciones, ninguna de ellas es un problema. Todas son procesos. Y estos no tienen solución, solo un comienzo y un final.
¿Qué sabemos acerca de las cosas que nos pasan? Lo que hoy determinamos que es malo, mañana puede convertirse en algo bueno. Y viceversa: lo que hoy valoramos como bueno, mañana puede derivar en algo malo. Quizá nuestro amigo ha de llegar tarde muchas veces para comprobar por sí mismo que esta conducta acarrea consecuencias perjudiciales en su red de relaciones. Y en base a esta comprensión decidir disciplinarse, entrenando así el respeto para con los demás. Quizá hemos de pasar por la experiencia del paro para reflexionar acerca del rumbo que había tomado nuestra vida laboral. Quizá hemos de vivir una ruptura sentimental para verificar que somos excesivamente dependientes. Y por consiguiente, aprender a amarnos más a nosotros mismos para ser más independientes emocionalmente.
Por más doloroso que resulte, la muerte de un ser querido nos hace despertar, llevándonos a valorar más la vida y todo lo que en ella acontece. Hasta que no nos sucede alguna experiencia verdaderamente adversa y desfavorable, en general no abandonamos nuestra zona de comodidad. Esta es la esencia de la resiliencia, la capacidad de aprovechar circunstancias adversas para madurar.
De ahí que haya seres humanos que -al haberse responsabilizado en descubrir el aprendizaje oculto e inherente a cualquier experiencia- miren hacia atrás y solo tengan palabras y sentimientos de agradecimiento. Porque, quién sabe, quizá han sido precisamente estas situaciones complicadas y desfavorables las que nos han llevado a adentrarnos en un proceso existencial que nos ha permitido convertirnos en quienes estábamos destinados a ser.

PARA VER LAS OPORTUNIDADES
1. LIBRO
- 'El mundo sobre ruedas', de Albert Casals (Martínez Roca Ediciones). Este libro autobiográfico narra las experiencias del autor, un joven paralítico de 18 años que viaja solo y sin dinero por todo el mundo. En sus páginas se muestra de forma contundente cómo nuestra manera de mirar y de afrontar lo que nos sucede es lo que determina nuestro bienestar o nuestro malestar.
2. DOCUMENTAL - 'Redescubrir la vida', de Anthony de Mello. En esta conferencia póstuma, este sabio hindú explica de forma amena y sencilla cómo entrenar el discernimiento y la comprensión para dejar de hacer interpretaciones egocéntricas de la realidad. Puede verse de forma gratuita y con subtítulos en castellano en este enlace .
3. MÚSICA Cualquier disco del grupo islandés Sigur Rós. Sus canciones instrumentales son una invitación para detenernos unos instantes, relajarnos y aprender a relativizar las cosas que nos pasan, adquiriendo una nueva perspectiva más sabia y comprensiva.

¿QUIÉNES SON NUESTROS MAESTROS?
Si decidimos ver la vida como un continuo proceso de aprendizaje, empezamos, casi sin darnos cuenta, a mirar e interpretar a las personas que nos rodean de una manera más sabia y constructiva. Ya no juzgamos ni criticamos lo que nos molesta de los demás, sino que tratamos de comprender qué tiene que ver con nosotros. Un "maestro" es "cualquier persona cuya presencia, actitud y comportamiento provocan que nos perturbemos a nosotros mismos". En vez de adoptar la postura victimista de tratar de cambiar a los demás, verlos como maestros es una invitación para cambiarnos a nosotros mismos, un aprendizaje.

Ben Goldacre: Este periodista, ensayista y psiquiatra es uno de los mayores luchadores contra los charlatanes que viven de la pseudociencia

BEN GOLDACRE Entrevista Diario Público JAVIER SALAS MADRID 07/04/2011 07/04/2011
"La homeopatía tiene éxito porque a la gente le gusta tomar pastillas" Este periodista, ensayista y psiquiatra es uno de los mayores luchadores contra los charlatanes que viven de la pseudociencia


Como una sana rutina, atiza a los charlatanes de la pseudociencia desde su columna en el periódico británico The Guardian. Pero son tantos y tan dañinos que se le quedó pequeña, y tuvo que explayarse en un libro. Ben Goldacre (Londres, 1974) les da ahora su merecido rapapolvo en las páginas de Mala ciencia (ahora traducido en España, Paidós, 2011), su concepto para definir a la pseudociencia y a los medios que la compran. Según cuenta por teléfono desde su despacho londinense, este psiquiatra de la Universidad de Oxford no aspira a desenmascarar a los farsantes: se conforma con evitar que cuelen sus productos milagro en las páginas de los periódicos.

¿Qué pretenden conseguir de la ciencia los grandes medios de comunicación?
Aspiran a que la ciencia les dé certezas, y a veces la ciencia sólo puede darte probabilidades de que algo sea cierto. La ciencia a menudo lucha por ofrecer a los periódicos una gran historia que acapare toda la atención por su trascendencia. Por ejemplo, en los últimos años, la mortalidad se ha reducido de forma vertiginosa. Pero no se debe a un único y maravilloso avance científico, sino a la acumulación de un número inmenso de pequeños pasitos diminutos. Por eso es difícil para el periódico ofrecer grandes historias sobre ciencia, y por eso tiene la responsabilidad de evitar presentar esos pequeños pasos como si fueran los grandes avances que todos andan buscando.

Incluso un buen periodista necesita un buen titular.
Desde luego. En ese sentido, es interesante analizar las diferencias entre los periódicos y lo que hace la gente que escribe gratis en internet. En un periódico tienes un gran titular, con el que tratas de llamar la atención, porque tienes que venderle el periódico a cuanta más gente mejor. Cuando alguien escribe en internet, escribe para una pequeña audiencia que generalmente ya está interesada en el tema que trata, por lo que no tiene que llamar la atención exagerando el titular. Un periodista sostiene su autoridad en el prestigio de la cabecera que le respalda, mientras que si eres un bloguero independiente, no tienes una marca que te respalde. Así que estás obligado a demostrar que eres fiable a través de enlaces. Enlazando al estudio científico, enlazando a los trabajos previos, enlazando a quienes discuten los resultados... Si no lo haces, es probable que pierdas visitas de lectores que puedan interpretar que les estás engañando al no mostrarles la fuente original en discusión.

¿Qué opina de que los blogueros científicos sean a veces muy críticos con los periodistas?
Las críticas siempre son buenas. La ciencia se basa en las críticas al trabajo académico de los demás. Cuando lees una revista científica ves que están llenas de artículos con experimentos que tratan de demostrar que las hipótesis de otros están equivocadas. British Medical Journal publica los tres estudios más mencionados, y los tres son muy críticos con la práctica médica porque precisamente sobre eso trata la ciencia. Y por eso creo que la ciencia es tan buen sistema para entender el mundo, porque su estructura anima a otros a criticar activamente los resultados de los demás, y les ofrece los instrumentos para hacerlo. Las culturas, países y sociedades en las que está prohibido responder críticamente frente a las ideas de otros son lugares poco sanos en los que todo funciona mal.

¿Cuándo empezó a preocuparle la mala ciencia?
Es demasiado común leer noticias supuestamente científicas tan ridículas y tan obviamente equivocadas que es muy difícil no sentirse frustrado y decepcionado con la prensa. Lo que hice cuando empecé a escribir fue convertirme en portavoz de millones de amantes de la ciencia cabreados de alrededor del mundo.

¿Sólo le interesan los equívocos de los periodistas?
No me preocupa especialmente que haya gente que se deje timar por charlatanes o vendedores de milagros. Es peligroso, sí, pero yo creo que es más interesante analizar el trabajo de los periodistas. Y esto es así porque tengo distintas expectativas sobre distintas personas; no espero nada de los charlatanes que venden píldoras mágicas a gente vulnerable. Sin embargo, tengo grandes expectativas de los directores de los periódicos, porque dirigen grandes organizaciones que venden en los quioscos -supuestamente- hechos ciertos. Y sí considero que ellos me fallan cuando venden algo que no es correcto. No sé si es posible evitarlo, quizá debería prepararme psicológicamente para cuando no lo consiga.

¿A la gente le interesan las noticias de ciencia o sólo las noticias divertidas sobre ciencia?
Creo que hay gente distinta interesada en cosas distintas. Mientras todos puedan tener lo que buscan y estén felices... Ahora que ha llegado internet soy más optimista con el futuro de la comunicación científica. Porque en los grandes medios no suele tener mucho espacio, pero los amantes de la ciencia como yo ahora sí tenemos dónde consumirla en muchos otros sitios.

¿Y hasta qué punto debe el periodista profundizar en los detalles? ¿Se puede ser riguroso sin ser aburrido?
¡Claro que sí! Lo que siempre debe recordarse es que no hay gente estúpida, sino gente poco interesada en leerte o en lo que estás contando. Así que si les interesa lo que escribes, estarán deseando que les hagas un recorrido detallado para explicar exactamente por qué algo es cierto o falso. Si no está interesado, buscará rápidamente la frase en la que se resume todo el tema. La gente no siempre necesita saber los detalles de los avances científicos. Pero es necesario preocuparse porque la gente conozca cómo se desarrolla la ciencia para poder tomar decisiones importantes. La gente debería poder manejarse con los hechos científicos que no sólo afectan al mundo, sino a su propia salud, por ejemplo. Porque de ahí surgen las supersticiones absurdas sobre supuestos males inventados o los remedios milagrosos.

A veces, los científicos engañan a los periodistas.
Es cierto, y el trabajo del periodista es escrutar al científico, saber quién es y qué nos vende, pero también conocer a fondo el contenido de su estudio. Es razonable exigir que quien escribe conozca lo elemental de esa área. Yo no escribiría una noticia de fútbol ni por un millón de libras. No tengo ni idea de lo que es un fuera de juego, no sé cuánto dura un partido ni cuánta gente participa. Por eso, nunca escribiría una noticia sobre fútbol. Y ese mismo sentido común se debe aplicar a la ciencia.

¿Qué opina de los científicos estrella?
Los científicos que se vuelven locos por salir en los medios, los que creen que lo importante es ir a la tele, me preocupan poco. Se les caza en seguida porque dejan de hacer cosas interesantes. Por ejemplo, en el Reino Unido yo tengo lo que llamo ‘microfama'. Tengo pequeña notoriedad en un pequeño rincón de mi mundo de amantes de la ciencia. Andy Warhol dijo aquello de que todo el mundo sería famoso durante 15 minutos, sin embargo ahora todo el mundo puede ser famoso para 15 centenares personas. Siempre que me llaman de la tele o la radio para hablar sobre algo que no domino digo que no. Y creo que no todo el mundo dice no tantas veces como yo, esa es la diferencia.

¿Y los dietistas que se hacen famosos por sus métodos?
Ese es un problema mucho más grave. Se apoyan en grandes compañías que se dedican a vender sus productos y pastillas, y en su presencia en la televisión. Dan una visión distorsionada de la ciencia porque están obligados a hacer grandes promesas. Te prometen que arreglarán tus problemas para hacerte ver que necesitas sus instrucciones. Es interesante cómo inventan métodos complejos que les sean útiles para vender productos, cómo se sirven de cierta parafernalia científica para hacer creer que su trabajo es demasiado difícil para entenderlo. La visibilidad de estos gurús tiene consecuencias negativas. Cuando la gente cree que mejorará su salud haciendo dietas de cinco días, están olvidándose de lo importante. Porque si lo que se quiere es reducir la posibilidad de morir joven -nunca es seguro-, debes tener un estilo de vida sano durante las próximas cinco décadas, no durante los próximos cinco días. Y el peligro es que la gente piense que por hacer estas dietas o consumir esos productos está sana, cuando a lo mejor no lo está.

¿Por qué hay médicos titulados que prescriben homeopatía?
Sí, es llamativo. También hay muchos médicos que realizan operaciones que no son las más indicadas o que siguen recetando medicinas que ya no son las más apropiadas. La homeopatía es sólo el ejemplo más claro de una mala praxis, porque es recetar píldoras que no tienen nada. Puedes encontrar médicos haciendo cosas idiotas de todo tipo, muchas veces por la presión de que hacer algo será mejor que no hacer nada. A menudo, los mejores médicos son los que no dan a los pacientes lo que andan buscando, como cuando piden antibióticos para un resfriado. Llevarle la contraria a un paciente es muy arriesgado, ya que quizá no quiera volver más. En cambio, habrá médicos que prefieran prescribir algo, aunque sean pastillas de azúcar, antes que dejar que parezca que no son capaces de hacer nada. Yo creo es mejor decirle la verdad al paciente antes que dejarle contento.

¿Desaparecerá algún día la homeopatía?
No, no, nunca. Es una de esas cuestiones fascinantes... Las terapias alternativas como esta, sin evidencias científicas que la avalen, se usan en función de las modas y no de la aparición de resultados que las sostengan. Y aunque es un fenómeno difícil de explicar, creo que en buena parte se puede resumir en que a la gente le gusta tomar pastillas. Es muy agradable poder acudir a una consulta regida por alguien que tiene una píldora mágica para curar lo que sea que te pase, o creas que te pasa. Además, muchos de los pacientes de las terapias alternativas sólo se acercan a estos métodos tras una mala experiencia personal con la medicina convencional. Ya sea un error médico, o lo que el paciente cree que ha sido un error, o tras la frustración de no poder poner remedio a una enfermedad que es crónica. La medicina alternativa forma parte del paisaje emocional de nuestra cultura, es una expresión más de nuestras preocupaciones y dudas sobre nuestra salud y cómo afrontarlas.

* "Hasta con buenas intenciones se puede matar a escala bíblica"

Prisioneros de la seguridad. BORJA VILASECA EL PAIS SEMANAL

PSICOLOGÍA Prisioneros de la seguridad. BORJA VILASECA EL PAIS SEMANAL - 10-04-2011
No se nos da bien convivir con la incertidumbre. Por eso tratamos de llevar una vida planificada y, en principio, carente de riesgo y segura. Es hora de entrenar los músculos de la confianza y el coraje.

Cuando vivimos influenciados por el modelo de pensamiento actual, la mayoría de seres humanos solemos compartir una misma aspiración: tener el control absoluto sobre nuestra existencia. En general, queremos que las cosas sean como deseamos y esperamos. Y al pretender que la realidad se adapte constantemente a nuestras necesidades y expectativas, solemos inquietarnos y frustrarnos cada vez que surgen imprevistos, contratiempos y adversidades.

De ahí que nos guste crear y preservar nuestra propia rutina, intentando, en la medida de lo posible, no salirnos del guión preestablecido. Estudiamos una carrera universitaria que nos garantice "salidas profesionales". Trabajamos para una empresa que nos haga un "contrato indefinido". Nos esposamos a una persona a través del "matrimonio". Solicitamos una "hipoteca" al banco para comprar y tener un piso en "propiedad". Y más tarde, un "plan de pensiones" para no tener que preocuparnos cuando llegue el día de nuestra "jubilación". En definitiva, solemos seguir al pie de la letra todo lo que nos dice el sistema que hagamos para llevar una vida normal. Es decir, completamente planificada y, en principio, carente de riesgo y segura.
Así, con cada decisión que tomamos anhelamos tener la certeza de que se trata de la elección correcta, previniéndonos de cometer fallos y errores.
Sin embargo, este tipo de comportamiento pone de manifiesto que, en general, nos sentimos profundamente indefensos e inseguros. Y esto, a su vez, revela que no sabemos convivir con la incertidumbre que es inherente a nuestra existencia. Paradójicamente, si bien tratar de tener el control nos genera tensión, soltarlo nos produce todavía más ansiedad. De ahí que muchos estemos atrapados en esta disyuntiva que llega a ser desagradable.

LA SEGURIDAD ES UNA ILUSIÓN "El cielo es azul, el mar es salado y la vida es incierta" (Amado Nervo)
Cuanto más inseguros nos sentimos por dentro, más tiempo, dinero y energía invertimos en asegurar nuestras circunstancias externas, incluyendo, en primer lugar, nuestra propia supervivencia física. No en vano, la mayoría de nosotros siente un profundo temor a la muerte. Nos incomoda tanto saber que tarde o temprano vamos a morir que se ha convertido en un tema tabú para la sociedad. Aunque cada día fallezcan decenas de miles de personas en todo el mundo, simplemente negamos la posibilidad de que nos toque el turno, tanto a nosotros como a alguno de nuestros seres más cercanos y queridos.
Es interesante señalar que en muchas ocasiones experimentamos miedo sin ser amenazados por ningún peligro real e inminente. A esta actitud se la denomina "pre-ocupación". Eso sí, para justificar y mantener nuestro temor solemos inventarnos dichos escenarios conflictivos por medio de nuestro constante pesimismo. De esta manera, la inseguridad se ha convertido en uno de los cimientos psicológicos sobre los que hemos construido la sociedad contemporánea. De ahí que la "seguridad nacional" sea uno de los conceptos más utilizados por los dirigentes políticos. Estamos siendo testigos de cómo en el nombre de la seguridad se están recortando y reduciendo nuestros derechos y libertades. Y por más rimbombantes que sean las explicaciones oficiales, la ecuación es bien simple: cuanta más seguridad, más esclavitud.
El quid de la cuestión es que dado que la seguridad externa es una ilusión psicológica, nos estamos aferrando a un estilo de vida esclavizante a cambio de una falsa sensación de estabilidad y protección. No en vano, "llevar una vida segura" es un oxímoron. Es decir, una contradicción en sí misma. Principalmente porque es imposible saber lo que nos va a ocurrir mañana, y mucho menos tener garantías absolutas de que nuestro "plan existencial" va a desarrollarse tal y como lo hemos diseñado.

MIEDO A LA LIBERTAD "Solo vencen el miedo aquellos que se atreven a escuchar a su corazón" (Martin Luther King)
Por más que nos resistamos a verlo, comprenderlo y aceptarlo, la búsqueda de seguridad externa es, en esencia, una batalla de antemano perdida. Es como si pretendiéramos vivir eternamente, creando una infinita reserva de oxígeno dejando de respirar. Por medio de esta conducta tan irracional lo único que conseguiríamos sería asfixiarnos. Lo mismo nos ocurre cuando nos esforzamos en encerrar el misterio de la vida -cuyo devenir es absolutamente imprevisible e inseguro- dentro de una caja de certezas.
Lo cierto es que la palabra "seguridad" tiene como raíz etimológica el vocablo latino securitas, que significa "sin temor ni preocupación". Es decir, que la verdadera seguridad no está relacionada con nuestras circunstancias externas, las cuales están regidas por leyes naturales que nos son imposibles de gobernar y controlar. Se trata, más bien, de un estado emocional interno que nos permite vivir sin miedo, liberándonos de la obsesión por pensar en potenciales amenazas y peligros futuros.
En el fondo, todas las decisiones personales, familiares y profesionales que tomamos para gozar de mayor seguridad revelan una verdad muy incómoda: muchos de nosotros no somos (ni queremos ser) responsables ni dueños de nuestra vida. Esencialmente porque tenemos muchísimo miedo a la libertad, pues esta implica abrazar la incertidumbre y la inseguridad inherentes a la existencia.
Para trascender la inseguridad y el miedo es importante que redefinamos conscientemente cuáles son nuestros "valores". Es decir, "la brújula interior que nos permite tomar decisiones alineadas con nuestra verdadera esencia". Lo cierto es que cuando vivimos sin saber quiénes somos, qué es lo que valoramos y hacia dónde nos dirigimos, solemos funcionar con el piloto automático puesto, siguiendo los dictados de nuestro instinto de supervivencia emocional. Esta es la razón por la que muchos de nosotros tenemos la sensación de vagar por la vida como boyas a la deriva. Y es precisamente esta desorientación la que nos conecta, nuevamente, con nuestros temores, carencias e inseguridades.
En cambio, en la medida que nos conocemos a nosotros mismos y decidimos libre y voluntariamente qué nos importa en la vida, tarde o temprano encontramos el sentido que le queremos dar a nuestra existencia. Además, cuanto más sólidos son nuestros valores, más fácil nos es tomar decisiones que nos permitan dirigirnos en la dirección que hemos escogido. Gracias a esta seguridad interna, nos convertimos en nuestro propio faro. En este punto del camino cabe preguntarse: ¿qué decisiones y acciones hemos tomado últimamente que demuestran que confiamos en nosotros mismos y en la vida? Si nos atrevemos a seguir nuestra intuición, ¿qué es lo peor que puede pasarnos? Y en caso de que sucediera eso que tanto tememos, ¿qué podríamos aprender?
Con cada decisión que tomamos vamos entrenando los músculos de la confianza y la valentía. Así es como el miedo va desapareciendo de nuestro organismo. Y al confiar en nosotros mismos, finalmente comprendemos que la vida no suele darnos lo que queremos, pero siempre lo que necesitamos para aprender. Para verificar esta afirmación basta con echar un vistazo a nuestra historia personal. Si de verdad hemos entrenado el músculo de la responsabilidad, corroboramos que las experiencias que han formado parte de nuestro pasado han sido las que hemos necesitado para crecer y evolucionar. Es decir, para convertirnos en el ser humano que somos en el momento presente.

TENER FE EN LA VIDA
La confianza también nos permite, finalmente, abrazar la inseguridad inherente a la existencia, cultivando así una relación de amistad con la vida. Más que nada porque la única certeza que tenemos es que la incertidumbre solo desaparece con nuestra muerte. Y que hasta que ese día llegue estamos condenados a tomar decisiones. Dado que no podemos prever lo que va a sucedernos mañana, el reto consiste en girar 180 grados nuestro foco de atención, aprendiendo a confiar en nuestra capacidad de dar respuesta a las diferentes situaciones que vayan surgiendo por el camino.
Como consecuencia directa de esta confianza vital, empezamos a "tener fe en la vida". Y esta no tiene nada que ver con ninguna creencia religiosa. Se trata más bien de "intuir que en el futuro va a seguir sucediéndonos exactamente lo que necesitamos para seguir evolucionando y madurando como seres humanos". De esta manera, comenzamos a ver e interpretar nuestras circunstancias de una forma más optimista, constructiva y eficiente. E incluso a salir de nuestra zona de comodidad, arriesgándonos a tomar decisiones y acciones que nos permitan seguir nuestro propio sendero. Así, gracias a la confianza podemos ser libres. Y la libertad nos brinda la oportunidad de ser auténticos, siendo fieles a nuestra intuición. Además, si no confiamos en nosotros mismos, ¿quién va a hacerlo? Si no tenemos fe en la vida, ¿quién sale perdiendo?

La raíz del miedo
En una ocasión se le pidió a un filósofo muy respetado que explicara cuál era el mayor obstáculo que un ser humano tenía que superar para vencer sus miedos: "El mayor obstáculo siempre es uno mismo". El filósofo aseguró que un perro se lo había enseñado: "Paseando por la orilla de un río vi a un perro que se moría de sed. El animal apenas se atrevía a acercarse al agua, pues cada vez que lo hacía confundía su propio reflejo con el de otro animal. Tenía tanto miedo a ser atacado que no paraba de ladrar y permanecía a metros de la orilla. Sin embargo, tal era su sed que finalmente se lanzó al agua. Y el otro perro, que era su obstáculo, desapareció. Y así fue como, al enfrentarse a su supuesto enemigo, aquel perro se venció a sí mismo."

jueves, mayo 19, 2011

Tu dinero financia la muerte de civiles. Pásate a la banca limpia o banca ética.

Tu dinero financia la muerte de civiles

Descubrimos esta campaña por la red. Nos encantó y pedimos a Annie Yumi Joh, Responsable de Campañas de Setem, que nos la resumiera en 500 palabras.


¿Nuestro dinero fabrica armas que matan a civiles? Sí. Y os pondré un ejemplo muy concreto: el mes pasado Gadafi utilizó bombas de racimo en barrios residenciales en Misrata. Según Human Rights Watch, las bombas de racimo MAT-120 fueron fabricadas en 2007 por Instalaza, empresa española con sede en Madrid. Desde la organización para la que trabajo, teníamos mucha curiosidad en conocer qué bancos habrían concedido préstamos a la productora de las bombas de racimo que fueron transferidas a las manos de Gadafi y finalmente usadas contra la población civil en Libia. Tras investigar el asunto, nos sorprendió mucho averiguar que 8 bancos españoles, la gran mayoría cajas de ahorro, financiaron a Instalaza y, en este sentido, las bombas de racimo que causaron cerca de 1.000 muertos.

Los bancos utilizan nuestro dinero, entre otras cosas, para financiar armas. Este hecho ha impulsado un movimiento internacional que trabaja para denunciar esta práctica y evitar que se siga produciendo.

Dentro de este marco global, nace la campaña Banca Limpia: somos clientes no cómplices, con el objetivo de informar a la sociedad sobre lo que hacen los bancos con nuestro dinero y de exigir a las entidades implicadas que dejen de financiar la producción de armas, tales como minas antipersona, bombas de racimo, armas nucleares, armas biológicas, químicas y de uranio empobrecido. Gracias a la investigación compleja que sustenta la campaña, podemos confirmar que 14 bancos españoles han aportado casi 2.000 millones de euros a 19 empresas fabricantes de armas. El BBVA es el banco que más invierte en productoras de armas con casi 1.000 millones de euros en empresas como Lockheed Martin y Textron, empresas que están en la lista negra de fondos de pensión de Noruega y Holanda.

Teniendo en cuenta que esta campaña va dirigida a los principales bancos de España y que su contenido es ciertamente “delicado”, nos surgieron dudas (y algo de vertigo) antes de sacarla a la luz. Hubo incertidumbre sobre la posibilidad real de incidir en cambios en bancos. Gracias a las firmas recogidas y la difusión en redes sociales en twitter y facebook, ya se han producido avances en algunas entidades financieras.

Por ejemplo, BBK fue el primer banco que nos confirmó haber vendido su participación en Thales, empresa productora de armas nucleares. A su vez, CatalunyaCaixa, Banco Pastor, Banco Popular y Bankinter se han puesto en contacto con la campaña. En ningun caso la respuesta de los bancos hubiese sido posible sin la participación de un gran número de personas que han consultado y difundido la web www.bancalimpia.com y el video que elaboramos para presentar la campaña (y que está rozando a fecha de hoy las 1.800 reproducciones)

Estar convenientemente informados sobre las prácticas inaceptables de los bancos es el primer paso y conocer la opción de banca ética puede ser el siguiente. Proyecto FIARE y Triodos Bank son opciones que proporcionan mayor transparencia en las operaciones y la garantía de que con sus ahorros no se están financiando actividades ilícitas ni proyectos controvertidos.

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