jueves, agosto 19, 2010

Contra la globalización cultural USA

Documental Gente Extraordinaria ¿Se puede ser más guarro?: Empiezo a oler fatal. Tengo la menstruación Cirugía plástica con Louis Theroux


Los efectos de no lavarse empiezan a notarse en la vida familiar de Nicky y en las partes pudendas de Tim. Además Nicky visita a la Dra. Phillipa D'Arbey que cree en una relación directa entre el uso de desodorantes y el cáncer de mama en las mujeres

Nicky tiene el periodo y no puede usar los productos habituales. Por eso prueba una alternativa natural: la moon cup. En la comunidad naturista Tinkers Bubble le enseñarán a usarla

¿Se puede ser más guarro? How dirty can I get 2007 BBC

Nicky Taylor, madre de tres niños, ha decidido dejar de asearse para hacer un estudio científico. ¿Cuánto aguantará sin lavarse?

Documento que nos acerca la historia de Nicky Taylor, madre de tres niños, que ha decidido dejar de asearse. Bajo el directo título ¿Se puede ser más guarro?, Gente extraordinaria cuenta la historia de Nicky Taylor, madre de tres niños, que ha decidido dejar de asearse. La razón es que algunos científicos creen que ciertos productos de aseo y limpieza pueden tener efectos perjudiciales para la salud. El cómico Tim FitzHigham también se unirá al experimento. Esta prueba dará cuenta de cuántos microbios y bacterias hay antes y después de empezar; y cuáles son las partes del cuerpo más afectadas. Nicky descubre pronto los efectos de no lavarse en su vida familiar.



Louis Theroux under the knife (bajo el bisuri) En el paraíso de la cirugía plástica Productora: BBC Director: Louis Theroux Duracion: 57 min. Stuart Cabb BBC 2007 Castellano

Argumento:
Cuatro sigue colándose en la vida de Gente extraordinaria. Esta vez, mostrará a los espectadores todos los secretos de las personas que están tan condicionadas por su aspecto físico que no dudan en recurrir a la cirugía estética para mejorar su imagen.
Lipoesculturas, mamoplastias, peelings, implantes, rinoplastias... La importancia de nuestro aspecto físico crece exponencialmente y la cirugía plástica parece haberse convertido en la mejor alternativa para conseguir el físico soñado. El conocido periodista Louis Theroux viaja en esta ocasión hasta la costa oeste de Estados Unidos. En California, lugar de nacimiento de la cirugía plástica, podrá analizar de primera mano la obsesión por conseguir un cuerpo perfecto. Y es que, en este mágico lugar y con unos miles de euros en el bolsillo, se puede ser lo que se quiera a golpe de bisturí. En la actualidad, se practican de modo cotidiano las operaciones que hace unas décadas eran lujos inalcanzables.
En este documental producido por la BBC, podremos conocer a personas que, sin ser estrellas de Hollywood, han decidido conseguir de una manera rápida el cuerpo con el que siempre habían soñado, a pesar de que ello signifique pasar por el quirófano. ¿Conseguirán convencer también a Theroux para que experimente la cirugía plástica en sus propias carnes?

martes, agosto 17, 2010

¿Por qué no soy feliz? BORJA VILASECA EL PAIS SEMANAL

¿Por qué no soy feliz? BORJA VILASECA EL PAIS SEMANAL - 08-08-2010

Pilarín Romero de Tejada "Si tu objetivo es el amor, tu resultado será la felicidad"89 años. Viuda. Jubilada. Gracias a su marido, con quien estuvo casada 60 años, aprendió a "amar incondicionalmente".
"Recuerdo haber sufrido mucho en mi infancia. Mi madre murió cuando yo tenía dos años. Ya en el colegio, les preguntaba a mis amigas qué sentían al abrazar a sus mamás. Y a los 10 años perdí a mi padre, que era mi referente. Además, por aquel entonces estaba llena de carencias y complejos. Me veía muy fea. En comparación con mis hermanas, que eran todas rubias y guapas, me sentía un bicho raro. Y así, huérfana y sin autoestima, me sentía tan triste que lo veía todo negro. Pero esta visión distorsionada cambió a los 17 años, cuando conocí a Alberto, el hombre de mi vida. A su lado comprendí que yo no era feliz porque no me quería a mí misma. Por eso era tan dependiente del amor y la aprobación ajena. Empecé a mimarme y a verme con otros ojos. Dejé de decirme cosas feas y comencé a sentirme más bonita. Y en la medida que me fui sintiendo mejor conmigo misma, me di cuenta de que este bienestar se multiplicaba cuando amaba a las personas que me rodeaban. Así fue como poco a poco mi egoísmo murió de inanición. Alberto falleció en mis brazos hace casi dos años. Entonces pensé que no sería capaz de soportarlo. Que me marchitaría como una flor a la que le han quitado su agua y su luz. Pero no. Viví el duelo con agradecimiento por la maravillosa vida que pasamos juntos. Él ha sido mi gran maestro y mi gran amor. Junto a él aprendí que nadie ni nada puede hacernos tanto daño como nuestros pensamientos. Y que lo importante no es qué pueden hacer los demás por nosotros, sino qué podemos hacer nosotros por los demás. La vida es tan sabia y generosa que no nos da lo que queremos, sino lo que necesitamos para aprender a ser felices por nosotros mismos. Además, si encuentras el bienestar dentro de ti, todo lo demás viene por añadidura. Y esto que es muy fácil de decir, da para unos cuantos años de aprendizaje.
Y por favor, no me creas... Experiméntalo por ti mismo".

Reflexionar acerca del sufrimiento y la felicidad es un asunto tan delicado como sobreexplotado. A ninguno de nosotros nos gusta reconocer que no sabemos cómo liderar nuestra vida emocional de una forma más sana y constructiva. Y nos cuesta todavía más que otras personas señalen nuestros defectos y carencias, tratando de guiarnos para aprender a gestionarla mejor. De ahí que el desarrollo personal suela ser ridiculizado y actualmente tenga tantos detractores.
Sin embargo, la arrogancia de creer que lo sabemos todo y de demonizar cualquier información que nos sea molesta o desconocida tan solo limita nuestra capacidad de ver y comprender las cosas desde una nueva perspectiva. En vez de ponernos a la defensiva, podemos adoptar una actitud más humilde y madura, basada en el reconocimiento de que no sabemos y de que estamos abiertos a aprender. Asumir la propia ignorancia es un trago amargo, pero necesario para poder crecer y evolucionar como seres humanos.
Eso sí, lejos de caer en el dogma y la imposición, es importante que no nos creamos nada de lo que nos digan ni de lo que leamos, incluyendo, por supuesto, la información detallada en este reportaje. Tal y como nos anima Pilarín Romero de Tejada, hemos de verificarla a través de nuestra experiencia. Solo entonces podremos ir más allá de nuestros prejuicios, determinando si dichas reflexiones son útiles o inútiles para mejorar nuestra competencia en el arte de vivir.

Marc Dufraisse "Tenemos de todo, pero ¿nos tenemos a nosotros mismos?"
50 años. Casado, con dos hijos. Consultor. Padecer y superar un cáncer le ha conducido a replantearse su manera de vivir.
"Tras licenciarme en Empresariales, comencé una prometedora carrera profesional como ejecutivo. Durante mucho tiempo, lo que yo creía que era la felicidad estaba vinculado a lo que tenía y a lo que deseaba tener. Y lo cierto es que fui consiguiendo aquello que me proponía. Tenía una familia. Tenía éxito profesional. Tenía estatus social. Y tenía dinero, mucho dinero. Sin darme cuenta, había entrado en una rueda materialista que me proporcionaba seguridad, confort y reconocimiento. Pero tan solo era un espejismo. Vivía dormido, sin darme cuenta de por qué hacía las cosas que hacía. A raíz de un cáncer que casi termina con mi vida, desperté del profundo sueño en el que me encontraba. El proceso médico, las operaciones y los tratamientos me hicieron sentir la fragilidad y la precariedad de la vida en mi propia carne. El sufrimiento destapó mis necesidades, angustias y miedos escondidos. Me conectó con mis emociones y sentimientos reprimidos. Por primera vez desde que era niño fui capaz de llorar. Sobrevivir a esta grave enfermedad me transformó. Me hizo ver la vida como un regalo. Cambié mi escala de valores y prioridades. Abandoné el control y me permití ser diferente. Ya no llevo una existencia puramente materialista. Me he dado cuenta de que las cosas esenciales de la vida son las que no se ven, pues tan solo pueden sentirse cuando vivimos conectados con nuestro corazón. La felicidad no tiene nada que ver con lo que tenemos ni conseguimos. De ahí que jamás la encontraremos en la posesión de bienes materiales ni en la consecución de logros profesionales. La auténtica felicidad está dentro de nosotros mismos. El reto es aprender a conectar con ella. Por eso ya no me distraigo con prioridades erróneas. Sé que suena a tópico, pero he vuelto a nacer. A mis 50 años he redescubierto la vida".

Al igual que le sucedía a Marc Dufraisse, a día de hoy seguimos creyendo que la felicidad está vinculada con lo que tenemos y hacemos, marginando por completo lo que somos. Por eso formamos parte de una sociedad materialista, construida sobre tres pilares: el trabajo, el consumo y el entretenimiento. Sin embargo, esta manera de pensar y de actuar está resultando del todo ineficiente e insostenible. La paradoja es que tenemos más riquezas que nunca, pero somos mucho más pobres. Prueba de ello es que el vacío existencial se ha convertido en la enfermedad contemporánea más extendida, y el Prozac y el Tranquimacín, en dos compañeros de viaje de muchos españoles.
Al guiarnos por una serie de creencias erróneas -como que nuestra felicidad depende de algo externo-, dedicamos casi todo nuestro tiempo, dinero y energía a conseguir todo tipo de metas y objetivos, desatendiendo nuestro mundo interior. Y con el tiempo, esta huida de nosotros mismos suele pasarnos factura. Aunque no se suela hablar de ello en las noticias, al menos seis millones de personas sufren depresión en España, según un reciente estudio del hospital Puerta de Hierro de Madrid.
En paralelo, se han disparado las ventas de antidepresivos en este país. En 1994 se despacharon 7,2 millones de unidades. A finales de 2003, esta cifra creció hasta los 21,2 millones. Y en 2009 superó los 33 millones. La ingesta de tranquilizantes, por otra parte, ha seguido la misma línea ascendente. El año pasado alcanzó los 52 millones de unidades vendidas, según el Ministerio de Sanidad.
Lo alarmante de estos datos es que tan solo se corresponden a las compras realizadas por pacientes del sistema público. No contabilizan las prescripciones efectuadas por las consultas privadas. Eso sí, cabe decir que este espectacular uso de ansiolíticos no siempre guarda relación con los estados depresivos de los pacientes. Estos medicamentos también se emplean para abordar la ansiedad, las fobias, los trastornos alimentarios, el dolor y las adicciones.
Otra estadística tabú en nuestra sociedad es la referente al número de suicidios, una cifra que crece anualmente. Así, la prestigiosa revista de medicina británica The Lancet publicó en 2009 un estudio realizado por los Centros de Investigación sobre el Suicidio de las universidades de Oxford, en el Reino Unido, y de Gand, en Bélgica, que estimaba que un millón de seres humanos se quitan la vida cada año. Y según la Organización Mundial de la Salud, al menos otros 15 millones lo intentan sin conseguirlo.
En España, el suicidio ya es la primera causa externa de muerte (con 3.421 casos en 2008), desbancando a las defunciones por accidentes de tráfico, cuya cifra se situó en 3.021 víctimas mortales, según el Instituto Nacional de Estadística. Algunos sociólogos afirman que estos datos son solo la punta de un gigantesco y oscuro iceberg. A pesar de haberse convertido en un fenómeno normalizado, nuestra sociedad padece una grave enfermedad llamada "infelicidad".

Marta Mariñas López "Aquello que no somos capaces de aceptar es la única causa de nuestro sufrimiento"
31 años. Soltera. Psicóloga social. Trabajar en países en vías de desarrollo le llevó a cuestionar sus creencias acerca de la felicidad.
"Mi forma de comprender la vida y de concebir la felicidad cambió a raíz de salir de mi burbuja social. La experiencia de trabajar en países en vías de desarrollo, así como en barrios en riesgo de exclusión, me ha permitido ver y conocer gente en contextos violentos, teniendo que afrontar situaciones vitales complicadas. Pero más allá de sus circunstancias, muchos de ellos mantienen un brillo de vitalidad en sus miradas y una gran sonrisa en sus rostros. Estas personas me han enseñado que la felicidad está relacionada con la aceptación de la realidad; con confiar en la vida, sacándole siempre la lección de aprendizaje y de superación personal que se esconde detrás de cualquier situación que nos toca afrontar. Eso sí, para alcanzar este nivel de comprensión tuve que pasar por un periodo de profundo sufrimiento. Tras una ruptura sentimental, experimenté mucho dolor, rabia y tristeza. Pero no me permitía sentir esas emociones. Después de presenciar situaciones vitales tan difíciles en otras personas, no me parecía legítimo sufrir por amor, con lo que rechazaba y reprimía lo que sentía. Me llevó varios meses comprender que el dolor forma parte de la experiencia de estar vivo. Así fue como dejé de luchar contra mí misma. Y al aceptarme, dándome el espacio que necesitaba, trascendí el sufrimiento. De pronto sentí una tranquilidad y una serenidad muy especiales. Ahora sé que el secreto de la felicidad reside en la conquista de nuestra responsabilidad y libertad personales, pues podemos ser dueños de la actitud que tomamos frente a nuestras circunstancias".

El cambio realizado por Marta Mariñas López no es un caso aislado. Esta transformación también se está llevando a cabo a nivel colectivo. Existen varios movimientos en todo el mundo -todavía de carácter minoritario- que pretenden situar la búsqueda de la felicidad en el corazón del ámbito político y económico. Esta es una de las áreas de investigación del doctor en Filosofía Jordi Pigem, autor de Buena crisis. Hacia un mundo posmaterialista.
"Si bien para la mentalidad materialista el producto interior bruto (PIB) es la medida más fiable del progreso de un país, tan solo mide transacciones económicas y poco o nada sabe del verdadero bienestar de las personas", sostiene Pigem. Desde hace unas décadas existen indicadores de progreso menos reduccionistas, que miden el bienestar no solo a través del flujo de dinero. Curiosamente, la alternativa más interesante al PIB no ha surgido de los ordenadores de una institución académica, sino de los tranquilos valles de Bután, un enclave budista en el corazón del Himalaya.
En este reino se creó la felicidad interior bruta (FIB), que combina siete ámbitos de bienestar: físico, mental, ambiental, laboral, económico, político y social. Su promotor fue el monarca Jigme Singye Wangchuck, que desde el día de su coronación, en 1974, está apostando por el desarrollo socioeconómico sostenible y equitativo, la preservación y promoción de la cultura, la conservación del medio ambiente y el buen gobierno como pilares de la felicidad nacional.
Es evidente que no es fácil trasladar la experiencia de Bután al resto de economías industrializadas. Sin embargo, Pigem sostiene que este ejemplo nos lleva a reflexionar que "lo que medimos afecta a lo que hacemos". De ahí que "mientras nuestros indicadores solamente midan y valoren lo material y tangible, seguiremos marginando lo verdaderamente esencial de la vida, relacionado con lo que somos y lo que sentimos en nuestro interior".

Alberto Pérez Buj "La vida recompensa aquienes hacen las paces con su pasado"
54 años. Casado, con tres hijos y dos nietas. Posibilitador de aprendizajes en la naturaleza. La quiebra de su empresa le hizo replantearse su vida.
"Tuve una infancia llena de amor. Pero un día, cuando tenía siete años, al volver de la escuela me sentí enfermo. Y aquella enfermedad me hizo pasar tres años en la cama, padeciendo dolor, miedo y soledad. En mi recuperación fue decisiva la ayuda de mi familia, que me transmitió la pasión por la vida y la naturaleza. Más adelante, durante mi juventud, imaginé la felicidad como un estado permanente y la busqué en todas partes. Pero no la encontré. A raíz de la ruptura de mi primer matrimonio, me adentré en la terapia psicoanalítica, lo que me llevó a conocerme más a fondo. Sin embargo, mi auténtico punto de inflexión se produjo al quebrar mi anterior empresa. Tras aquel batacazo me sentía tan desorientado que asumí que no podía seguir viviendo de la manera en la que lo venía haciendo. Fue entonces cuando comencé a comprender el lenguaje de la vida. Me di cuenta de que seguía en guerra con mi pasado. Seguía adoptando el papel de víctima, y esta actitud me llenaba el corazón de rencor. Mi clic llegó cuando dejé de quejarme y de luchar contra lo que me había sucedido y comencé a reinterpretar esos mismos hechos desde una nueva perspectiva. Al asumir esta responsabilidad sentí una gran liberación. Entonces tomé consciencia de que nuestro mayor enemigo para ser felices es nuestro egocentrismo. Es decir, querer que la realidad se adapte constantemente a nuestros deseos y expectativas. En aquel contexto, una persona que considero mi maestra me hizo tres preguntas: ¿cuál es tu pasión?, ¿en qué eres bueno? y ¿qué estás dispuesto a hacer con ello? Esta búsqueda me llevó a encontrar mi vocación de servicio hacia los demás. Así es como he descubierto la felicidad. Después de haber estado perdido y sin rumbo, a día de hoy me siento muy agradecido por todo lo que me ha sucedido. Ahora sé que ha sido lo que he necesitado para encontrar mi lugar en el mundo".
"No puedo seguir viviendo conmigo". A sus 29 años, este pensamiento se repetía una y otra vez en la mente enferma de Eckhart Tolle. Por aquel entonces "vivía en un estado de ansiedad casi constante, salpicado por periodos de depresión suicida". Desquiciado por una "desgarradora angustia existencial", finalmente tocó fondo. Aquella saturación de malestar fue lo que le hizo comprometerse con su "trabajo interior".
Tres décadas más tarde, Tolle se ha convertido en un referente del desarrollo personal. Sus libros El poder del ahora y Un nuevo mundo ahora recogen sus experiencias de aprendizaje y transformación, mostrando a los lectores el camino para conocer el funcionamiento de la mente y el manejo constructivo de los pensamientos. A pesar de ser considerado un gran experto, Tolle afirma con humildad: "Soy un ser humano que a raíz de una insoportable insatisfacción emprendí una búsqueda para comprender la causa última de mi sufrimiento".

Pero ¿qué es el sufrimiento? "Es tensión, vacío, ansiedad, estrés, negatividad, miedo, ira, tristeza y, en definitiva, cualquier emoción y sensación que nos deja un poso de malestar e insatisfacción", explica Tolle. Y según sus investigaciones, el origen de todas estas desagradables experiencias no se encuentra en nuestras circunstancias, sino en nuestros pensamientos.
A juicio de Tolle, "nuestras emociones, sentimientos y estados de ánimo no tienen tanto que ver con lo que nos pasa, sino con la interpretación que hacemos de lo que nos pasa".
La mala noticia es que "no es fácil abandonar el hábito mecánico de ver e interpretar lo que nos sucede de forma egocéntrica y reactiva". La buena es que "cuando aceptamos que somos los únicos responsables de nuestro sufrimiento, nos damos cuenta de que podemos dejar de herirnos, cambiando nuestra manera de pensar y de relacionarnos con nuestras circunstancias".
Eso sí, cabe diferenciar entre el dolor y el sufrimiento. Por ejemplo, si de pronto nos empieza a doler la cabeza, podemos quejarnos o incluso luchar contra él, lo que nos acarreará una dosis de sufrimiento. Por el contrario, podemos aceptar que nos duele la cabeza tumbándonos un rato o tomarnos una aspirina. Así, el dolor es físico, y el sufrimiento, emocional: lo creamos en nuestra mente en función de lo que pensamos acerca de lo que nos pasa. De ahí que el dolor sea inevitable, y el sufrimiento, opcional.
El quid de la cuestión radica en que "no somos dueños de nuestra mente, sino que esta suele operar automáticamente". Y aquí es donde se revela la función biológica y psicológica del sufrimiento: "Hacernos tomar consciencia de que nuestra manera de autogestionarnos es ineficiente y disfuncional". De ahí que, tal y como le sucedió a Alberto Pérez Buj, el malestar nos motive a cambiar. Y "esta necesidad de cambio es lo que generalmente nos lleva a crecer, evolucionar y madurar como seres humanos, alcanzando niveles de mayor bienestar y satisfacción", concluye Tolle.

Albert Figueras "El secreto de la felicidad consiste en valorar tu vida tal como es"
48 años. Vive en pareja y tiene dos hijos. Médico y divulgador. Durante años ha estudiado qué dice la ciencia sobre los pilares del auténtico bienestar.
"Antes solía creer que la felicidad era un estado de gracia que muy pocos podían alcanzar. Y que para ser uno de esos privilegiados tenía que seguir el modelo determinado por la sociedad: estudiar una carrera universitaria, conseguir un buen trabajo, comprar una vivienda, casarme, tener hijos... No es que me sintiera especialmente infeliz, pero mientras iba recorriendo ese camino tenía la sensación de no ocupar todavía 'el podio de los felices'. Mis días estaban marcados por el hastío que te invade mientras esperas, sin saber demasiado bien el qué. Tal vez fue por eso por lo que empecé a interesarme por las bases neuronales de la felicidad. La ciencia dice que percibimos cómo nos sentimos gracias al contraste. Así, cuando alcanzamos cierta riqueza externa es más fácil darnos cuenta de nuestra pobreza interior. He aprendido que la felicidad -quizá provocada por una sustancia llamada oxitocina- consiste en apreciar las pequeñas grandes cosas que nos pasan cada día. Y que esos breves instantes se escapan fácilmente cuando aparece el deseo de querer que suceda algo que no está sucediendo. El deseo pone nuestro centro de atención en lo que no tenemos, en lo que nos falta, en lo que podría ser mejor, causándonos grandes dosis de sufrimiento. El deseo nos lleva a regodearnos en recuerdos pasados y a fantasear con ensoñaciones futuras, perdiéndonos por completo el momento presente, que es el único donde sí podemos conectar con la felicidad. El reto consiste en no dar nada por sentado, valorando todo lo que forma parte de nuestra vida. Más que nada, porque lo que se valora se disfruta mucho más, mientras que lo que no se valora se termina perdiendo".

En la última década se han hecho incontables estudios sobre la felicidad. Y entre otros, Albert Figueras destaca el realizado en 2007 por la Universidad de Wisconsin. Un grupo de neurocientíficos se dedicó a hacer resonancias magnéticas a cientos de voluntarios, conectando sus cerebros a 256 sensores para detectar su nivel de bienestar. La puntación más alta, y con una abultada diferencia, la obtuvo el francés Matthieu Ricard, a quien se le declaró "el hombre más feliz del mundo".
Lo cierto es que esta simpática etiqueta no tiene nada que ver con la casualidad. Este biólogo molecular dejó su carrera profesional hace 30 años para convertirse en un monje budista. Actualmente, a sus 64 años, Ricard es uno de los asesores personales del Dalai Lama y lleva una vida contemplativa en el monasterio nepalí de Shechen.
En su opinión, "solemos confundir la felicidad con el placer y la satisfacción que nos proporciona el consumo de bienes materiales". Y también con "la euforia de conseguir lo que deseamos". De hecho, "la felicidad no está relacionada con lo que hacemos ni con lo que poseemos". Sobre todo porque "no tiene ninguna causa externa: es nuestra verdadera naturaleza", afirma Ricard, autor de En defensa de la felicidad y El arte de la meditación.
Si bien no es fácil definirla con palabras, Ricard sostiene que "la felicidad es la ausencia de lucha, conflicto y sufrimiento". Se dice que somos felices cuando "nos aceptamos tal como somos y sentimos que no nos falta de nada, una percepción subjetiva que está muy vinculada con nuestro estado de ánimo". Por su experiencia, "el bienestar profundo y duradero que todos anhelamos surge como consecuencia de relajar la mente y conectar con el corazón". De ahí que Ricard nos invite a adentrarnos en la meditación. "Nos pasamos la vida haciendo planes y poseyendo cosas, pero ¿cuánto tiempo dedicamos al día a estar solos, en silencio y sin distracciones?".
La frenética actividad a la que muchos de nosotros estamos sometidos suele desgastar por completo nuestra energía vital. Y, a menos que aprendamos a recuperarla, "solemos vivir de forma inconsciente, cayendo en las garras de un peligroso círculo vicioso". No en vano, "en este estado funcionamos con el piloto automático y somos guiados por nuestro instinto de supervivencia, cuyos rasgos más distintivos son el egocentrismo, el miedo, el victimismo y la reactividad emocional". Es entonces cuando, saturados por el malestar, muchos concluyen que el negro es el color de la existencia o que hemos venido a este mundo a sufrir.
Pero nada más lejos de la realidad. Al igual que cargamos el móvil cuando se le agota la batería, los seres humanos podemos cargarnos de energía, y no solo por medio de la meditación. Si bien cada ser humano es único, a todos puede beneficiarnos el ejercicio físico, la naturaleza y el baile, así como quedar con personas alegres y positivas e incorporar en nuestra dieta alimentos más sanos y naturales. El reto es encontrar el equilibrio entre la actividad, el descanso y la relajación.


Anna Sánchez Turné "Cuando eres feliz surge la vocación de hacer felices a los demás"
52 años. Vive con su hijo y tiene pareja. 'Coach' ejecutiva. Su 'despertar' comenzó a raíz de la crisis en su matrimonio.
"Hace 12 años, a raíz de la crisis y posterior ruptura de mi matrimonio, sentí que tocaba fondo y que debía reinventarme. Movida por esta inquietud empecé a hacerme las típicas preguntas existenciales: ¿quién soy?, ¿cómo quiero vivir la vida?, ¿cuál es mi misión?... Por el camino he conectado con mi autenticidad y con mis valores esenciales, lo que me ha llevado a cambiar lamanera de relacionarme con mi entorno. Este proceso de autoconocimiento me ha regalado la oportunidad de desarrollar una actitud más positiva y optimista frente a la vida. Ylo mejor de todo es que también me ha revelado mi propósito vital. Así fue como decidí cerrar la empresa que había creado años atrás y que me permitía vivir cómodamente. Movida por algo que nutriera mi verdadera esencia, empecé a formarme para ejercer una profesión que me hace vibrar y que me apasiona. A día de hoy me siento en paz conmigo misma y con la existencia. He aprendido la importancia de desarrollar el amor y la confianza hacia uno mismo, para luego poder compartirlos con los demás. Y que la mayor causa de mi sufrimiento se encuentra en mis pensamientos negativos y limitantes. He integrado en mi rutina la meditación, que me ayudaa vivir más conscientemente. He comprobado que cuando cambias tú, cambia todo lo demás. Y que cuando uno aprende a ser feliz por sí mismo ya no se mueve solamente por el interés personal, sino que se embarca en proyectos que persiguen el bien común".

Si la felicidad es nuestra verdadera naturaleza y ya está en nuestro interior, ¿por qué nos cuesta tanto ser felices? ¿Por qué nos empeñamos una y otra vez en seguir los dictados de nuestros deseos? ¿Por qué nos aferramos a hacer realidad nuestras expectativas? "Si no somos felices es porque ahora mismo, debido a cómo hemos sido condicionados por la sociedad, este verdadero bienestar no es nuestra principal prioridad". Son palabras del reconocido doctor en psicología Martin Seligman, uno de los impulsores del movimiento conocido como psicología positiva.
Avalado por estudios científicos, Seligman ha descubierto que "el primer paso para conectar más a menudo con la felicidad es asumir la responsabilidad y cultivar la sabiduría". Y esta pasa por comprender que "nuestra felicidad solo depende de nosotros mismos". Dado que es un aspecto tan intangible, este experto nos invita a concebirla como un "músculo" que podemos ejercitar cada día. Y no hay mejor gimnasio que nuestra propia vida.
"Las personas que se responsabilizan de lo que piensan y de la actitud que toman frente a sus circunstancias suelen desarrollar una mayor comprensión de quiénes son y de cómo pueden relacionarse más constructivamente con lo que les pasa", sostiene Seligman, autor de La auténtica felicidad. Y como en cualquier otra área de conocimiento, existen técnicas, métodos y herramientas que favorecen y aceleran este proceso de aprendizaje. Por eso cada vez más personas, como Anna Sánchez Turné, están interesándose por el desarrollo personal.
"Tras la asunción de la responsabilidad personal, empezamos a ejercitar el músculo de la aceptación, que, a diferencia de la resignación, está basada en una profunda comprensión de las leyes que rigen la existencia", señala Seligman. "Así es como gradualmente dejamos de luchar y de entrar en conflicto con lo que nos sucede, preservando un estado de paz en nuestro interior".
Según sus investigaciones, "no hay mayor experiencia de felicidad que la que podemos sentir cada uno cuando fluimos con el momento tal y como es". Este aprendizaje nos lleva a ejercitar otro músculo, seguramente el más importante de todos: "la consciencia". Al darnos cuenta de que todo lo que necesitamos para ser felices ya está dentro de nosotros, empezamos un nuevo y apasionante entrenamiento, que Seligman define como "dar lo mejor de nosotros mismos frente a cualquier situación".
En caso de no saber todavía cómo hacerlo, por lo menos ya sabemos lo que nos falta por aprender. "La felicidad no es una meta a conseguir, sino un camino a recorrer", afirma este científico de la psique humana. Y concluye: "Y por más que nos lo sigan haciendo creer, se trata de un viaje de aprendizaje donde no caben las trampas ni los atajos".

IMPRESCINDIBLES
1. LIBRO. 'Fluir'. Una psicología del felicidad', de Mihaly Csikszentmihalyi (Kairós). Un ensayo escrito para un público exigente, crítico y escéptico, en el que se describe, desde un punto de vista científico, de qué manera podemos desarrollar nuestra capacidad de fluir con nuestras circunstancias. Según las investigaciones y los estudios presentados en este libro, todos podemos crear esta experiencia óptima en nuestro interior. Para lograrlo es imprescindible asumir la responsabilidad personal y entrenar el músculo de la consciencia.
2. PELÍCULA. ¡Qué bello es vivir!, de Frank Capra. Este clásico del cine narra la historia de George Bailey, un joven cuyo mayor sueño es abandonar el pequeño pueblo en donde nació para viajar por todo el mundo y estudiar una carrera universitaria. Sin embargo, por su camino se cruzan una serie de circunstancias que le llevarán a trascender su propio interés personal en favor del bien común de su familia y de los habitantes de su pueblo. Después de vivir para y por los demás, George terminará recogiendo los frutos de su altruismo, siendo recompensado con la mayor riqueza de todas: su propia felicidad.


Psicología de la felicidad ÁNGEL RUPÉREZ EL PAÍS - Opinión - 05-07-2010

Qué ocurre cuando nos intentan convencer ciertos psicólogos de que está en nuestras manos el control absoluto de nuestras vidas y que, por ello mismo, podemos desterrar de su horizonte cualquier sufrimiento que la avasalle? Una cierta incredulidad nos invade, quizás porque estemos acostumbrados a leer libros cuyo tema esencial es el sufrimiento humano, del que los autores de esos libros parecen saber bastante, puede que por experiencia propia o por esa asombrosa capacidad de simbiosis con lo ajeno de la que dispone su cerebro creador, esencialmente adivinador, esencialmente certero, esencialmente comprehensivo de la naturaleza humana.

¿Estarán todos esos escritores equivocados o acertarán, al menos en cuanto que detectan un rasgo esencial de la condición humana, de por sí tan frágil, tan vulnerable, tan mortal? Para la psicología del optimismo sin duda estarán equivocados y su insistencia en el sufrimiento como condición no infrecuente del hombre será expresión de su condición patológica antes que de su perspicacia crítica y de su sabiduría empática (en tanto que saben no solo de sí mismos, sino de los demás, y, en ocasiones, aun antes de los demás que de sí mismos).
Dos ideas angulares difunden esas filosofías: la felicidad está al alcance de la mano de cualquiera y el sufrimiento es una perfecta inutilidad, algo así como un absurdo capricho que se conceden ciertos hombres irresponsables que juegan con él como juegan con su salud cuando fuman o con su dinero cuando juegan o con... Sin duda la literatura, muchas veces encargada de difundir una idea atribulada y sufriente, cuando no mísera, de la condición humana, es un error. Los artistas juegan, no son serios, fingen, no hablan de la verdad. En las ficciones todo está permitido y los poetas, los menos ficcionales de los escritores, hablan de cosas irreales que solo caben en psicologías complicadas, poco representativas del hombre común. Si alguien dice que su existencia no sabe de dónde viene ni adónde se dirige, y que las piedras son mucho más afortunadas que los hombres porque no conocen el placer ni el sufrimiento, ni saben nada de la muerte, ese puede ser un buen poeta -¡y era buenísimo!- pero sin duda estaba mal de la cabeza porque ¿acaso la existencia es tan compleja y carente de sentido como para desear ser piedra antes que hombre?
Pero hay más. Esa filosofía de la dicha al alcance de la mano presupone que la felicidad es el único objetivo de la existencia, el más loable de todos, sin ponerse a pensar en el perfil endiosado de esa palabra, tal vez engañosa por prometer demasiado, puede que exactamente lo inalcanzable, en vez de prometer lo posible real, la normalidad sin vuelos extáticos pero capaz de engancharse a la vida sin padecimientos excesivos y con bienestares modestos, acarreando dignamente con las incertidumbres que el hecho de vivir y morir trae consigo. Por sus excesos prometedores, tan poco realistas a veces, es más que probable que esa felicidad sea un engaño, una ridícula e irreal abstracción, y prometerla puede que sea también parte del engaño y no digamos si, además, se anuncia como empresa fácil, con no más que unas pildoritas aquí y allá de psicología cognitiva-conductual, que es la que ha inventado el sueño americano de la felicidad al alcance de la mano para cualquier visitante de un gran centro comercial en un día de domingo.
Pero, además, ¿y si hubiera otros objetivos en la vida que no estuvieran marcados por El Dorado de la felicidad? Imaginemos que no existe tal cosa, o que designa un terreno vago irreal, ¿qué hace tanta gente en su busca, a cambio de buenos dineros, si lo que va encontrar, como mucho, es una mayor aceptación de sus frustraciones, un mayor amor a sí mismo y un control racional de la jungla caótica de su mente? Muchos dirán: ¿te parece poco? No, no es poco, incluso es mucho, pero a eso es mejor no llamarlo felicidad, sino algo parecido a autocontrol, realismo, capacidad de adaptación, equilibrio y sensatez.
Puede que bienestar fuera la palabra adecuada, la mejor de todas. Sentirse bien consigo mismo durante buena parte de los días de la existencia: no está nada mal, pero no suena a éxtasis, a nirvana, a cosas así de lejanas. Y no solo eso, sino también hacerse cargo del sufrimiento propio y ajeno, sin estar encerrados en la cápsula individual que protege nuestros grandes bienes, como pequeños capitalistas que somos todos, guardianes de nuestra empresa, y ciegos a los sufrimientos ajenos, puesto que no forman parte de nuestra felicidad, y encabronados con los propios puesto que nos han dicho que el sufrimiento es algo inútil. Con tal de que no sea devastador y espantosamente autodestructivo, el sufrimiento es parte de la existencia humana y como tal debemos aceptarlo, cuando así sea necesario: cuando alguien sufre a nuestro lado, cuando perdemos pie, cuando la existencia naufraga, cuando mueren los otros, cuando...

No puedo con tu madre XAVIER GUIX EL PAIS SEMANAL

No puedo con tu madre XAVIER GUIX EL PAIS SEMANAL - 08-08-2010
Quisiera anticiparme a decir que el mito de la suegra es más mito que realidad. Por regla general, las relaciones tempestuosas con los suegros dan para mucho chiste y jolgorio popular, excepto de puertas para dentro, donde reina la cordura y la buena fe. Eso sí, allá donde el mito se encarna puede llegarse a vivir un auténtico infierno.

Juana, sentada ante mí en la consulta, proclama a los cuatro vientos que no puede más:
–¡No soporto a mi suegra! Si las cosas siguen así, te juro que me separo.
–¿Has intentado hablar con ella?
–Es imposible. Si le dices algo, se pone enferma, se lo toma a la tremenda y tenemos drama para toda la semana. Pasa de perseguidora a víctima en un santiamén.
–¿Y tu marido que hace?
–Nada. Se limita a decirme: “Entiéndelo, cariño, es mi madre”. Cuando ella le pide algo, le faltan piernas. Si se lo pido yo, todo son excusas.
Probablemente algunas personas se sentirán retratadas ante esta situación. Otras quizá la hayan pasado. El caso es que la relación con los suegros en general, y con las suegras en particular, es de las más complejas que existen.

¿Dónde están los límites? Aquella es bien casada, que no tiene suegra ni cuñada (anónimo)
Es curioso que a los yernos y las nueras se les apode “hijos políticos”. Es una excelente definición que hinca el diente en una doble dirección: son como hijos, aunque políticos, es decir, más legítimos que legales. Toca quererlos, sin haberlos votado. Según como vaya, se les puede llegar a amar, como dicen algunos, más que a los propios hijos. Si las cosas van mal, pueden convertirse en el chivo expiatorio de todas las calamidades, actuales y pasadas, del clan familiar.
Adentrarse en un sistema de parentesco no deja de ser entrometerse en una constelación de relaciones, afectos, hábitos, rituales y comportamientos establecidos. Ante tamaña telaraña, si no se ha huido antes, cabe enraizarse progresivamente, aprender a amar lo que es y desvelar los límites que bordean el sistema y sus relaciones. Hay organizaciones familiares más abiertas, las hay más cerradas e incluso fundamentalistas. Recuerdo a un amigo que el mismo día de su casamiento recibió este mensaje: “Ahora ya eres de los nuestros”.
Todo cambio en una familia acaba afectándola por completo. A no ser que el recién llegado sea como una figura del pesebre, nada será igual a partir de entonces. Aparecen las disidencias, las resistencias y también las complicidades, las lealtades y las alianzas. La relación con la suegra, empero, acaba siendo determinante en la paz o en la guerra familiar.

Agradar o competir “Acuérdate, nuera, de que también serás suegra”. “Acuérdate, suegra, que fuiste nuera” (anónimo)
Todo necesita su tiempo. Las relaciones, aún más. Ocurre, sin embargo, que en esta relación pueden aparecer dos mecanismos de interacción: pretender gustar o pretender competir. Tanto lo uno como lo otro es reactivo, fuente de inseguridad y de miedos, y caldo para los conflictos. El exceso de agrado destapa sospechas. La competición radicaliza posturas y pierde de vista los intereses mutuos.
Sería mejor no crear tantas expectativas. Actuar con naturalidad y entender que conocer al otro y llegarlo a amar, o al menos a vivir afectuosamente, lleva su tiempo y ocurre si hay interés por las dos partes. La competición puede nacer ante la idea de “¿quién lo va a querer mejor que yo?”. Suegros, yernos y nueras se muestran convencidos de poseer un conocimiento inequívoco de aquel o aquella a la que aman, siendo por ello insustituibles. Cada uno tiene su razón, solo que a menudo olvidan un detalle.
Los contextos son muy condicionantes en nuestras vidas, lo son mucho más de lo que pensamos. No somos los mismos en todos los contextos, ni en todas las relaciones. Nadie como la madre conoce al hijo en casa. En cambio, lo desconoce fuera de ella. Nadie conoce al marido o a la esposa tanto como aquel o aquella con quien convive. En cambio, lo desconoce en casa de sus padres. Por eso hay quien no entiende el comportamiento tan diferente de su pareja cuando está en casa o cuando está en la de los padres.

El tercero en discordia.
Llegados al extremo de la discordia, suele ocurrir que dos almas enfrentadas reclaman que aparezca el sujeto por quien sufren y resuelva con puño firme la complicada situación. Zarandean al marido-hijo para que se decante por una o por la otra. Sin embargo, el afectado quiere quedar bien con todo el mundo. No quiere saber demasiado del asunto y procura navegar entre dos aguas remando según sopla el viento. Sin duda, no es fácil estar en medio, pero la decisión de mostrarse pasivo o reducirlo todo a un problema personal (“el problema lo tienes tú”) contribuye a su mantenimiento. Lo perpetúa.
En eso, hombres y mujeres tenemos funcionamientos desiguales. La visión femenina de la existencia es holística, incluyente, preserva por encima de todo al sistema y sus relaciones. Por eso la visión masculina, que suele centrarse más en lo concreto, reduce el conflicto a un tema de caracteres incompatibles. En cambio, el tema es más profundo. Atañe al sentido del vínculo, que va más allá de la pareja. El árbol familiar no puede crecer con fortaleza si tiene raíces contaminadas o cortadas de cuajo.
Si uno se queda en medio, atorado, inerte, consigue todo lo contrario de lo que pretende en este caso: que las cosas se arreglen solas. No hacer nada solo va a servir para obstaculizar la fluidez. Aparecen entonces los chantajes emocionales, las comidas de coco y las decisiones radicales. Vale la pena recordar que, en todo sistema, un problema de relación lo tiene y lo sufre el sistema entero y no solo sus partes. Por eso hay que resolverlo, de un modo u otro, para que no se convierta en una manzana podrida que destruya el cesto entero.

El amor en orden.
Suegros, yernos y nueras forman parte también de la constelación familiar, y para que todo fluya, cada uno debe estar en su sitio. Bert Hellinger apuesta por los órdenes del amor, es decir, por dar importancia al respeto al lugar que cada uno ocupa dentro de la constelación. La nuera no debe destronar a la madre, por ejemplo, ni la madre debe entrometerse entre su hijo y su esposa. En el orden del amor existen jerarquías que hay que considerar, si se quiere mantener intacto el sentido de pertenencia y una sana compensación entre el dar y en el recibir.
Lo contrario, el desorden afectivo, puede acarrear la aparición de nuestras peores sombras. A menudo, esos personajes arquetípicos, como las suegras, despiertan algo más que una relación complicada. Hacen aflorar de nuestro inconsciente temores atesorados: capítulos de abandono, amenazas, malos tratos, rechazos cruentos. Hay que recordar que lo que nos molesta de los demás es una proyección de todo lo que todavía no hemos resuelto de nosotros mismos. Las suegras se convierten, así, en maestras para nuestro propio aprendizaje.

El arte de entenderse
1. Películas — ‘Suegra al ataque’, de Vince Di Meglio. — ‘Chocolat’, de Lasse Hallström. Ideal como metáfora sobre los sistemas humanos. — ‘Una suegra de cuidado’, de Robert Luketic.
2. Libros — ‘La joven de la perla’, de Tracy Chevalier. Alfaguara, 2004. — ‘El amor brujo’, de Roberto Godofredo Christophersen Arlt. 1932 — ‘Las constelaciones familiares’, de Peter Bourquin. Descleé De Brouwer, 2007.

Los insectos muertos MARUJA TORRES Mala gente daña sin descanso... Contra los malasombras (que rabian por la victoria de "la Roja") Nacionalismo kaput

PERDONEN QUE NO ME LEVANTE Los insectos muertos MARUJA TORRES EL PAIS SEMANAL - 08-08-2010
Debo reconocer que me ha colmado de satisfacción que Ingrid Betancourt se haya precipitado al vacío de la impopularidad. Es un sentimiento, el mío, de índole algo pútrida, que permanece agazapado en mí desde la niñez, y que ha sido alimentado a lo largo de mi vida por lo que voy a denominar los insectos muertos. Llamar mosquitas muertas a elementos que, como sabéis, pertenecen a todos los sexos, me parece no solo injusto para las mujeres; me parece una recia inexactitud.
Mosquitas y mosquitos los ha habido, los hay y los habrá, y causan un sufrimiento indecible en las personas de carácter sincero y fondo noble. En algunos casos, a estos especímenes aparentemente inofensivos los psiquiatras los llaman pasivos-reactivos. La voz popular tiene frases hechas que se les pueden aplicar: “Parece que nunca haya roto un plato” y “A Dios rogando y con el mazo dando”. “Aquest té cops amagats”, decimos en catalán. “Ese tiene doble despensa”, podría ser la traducción libre, o más bien desenfrenada.
Existe el insecto muerto (de cualquier sexo) que se cuelga de la vida de una como si fuera un corcho y que, cuando adivina cuál es tu flotador, lo pincha y espera a ver cómo te hundes. Esta es la clase de bicho más dañino, porque es el más miserable. No intenta hundirnos por autodefensa, que este sería solo un medio bicho, o un desinformado. Tampoco lo hace para divertirse, en cuyo caso estaríamos refiriéndonos a un, o una, capullo. Del mismo modo, el insecto muerto que nos desarbola para presumir de lo listo que es se coloca, al hacerlo, en evidencia. Pero el malo-malo, ese que nos da donde más nos duele y nos duele más porque no lo esperábamos, puede hacerlo por tres debilidades cardinales que me parecen muy significativas.
En primer lugar, la envidia y el deseo de ocupar el lugar del otro. Recuerden Eva al desnudo. Entre otras muchas cualidades, esa peli tuvo el mérito de institucionalizar el personaje del bicho pérfido pero talentoso que deliberadamente mata a quien se sienta en la silla que desea para sí.
En segundo lugar, el mero placer. Hay gente, ustedes lo saben también, que disfruta haciendo daño. Les enseñas una foto y lo primero que te dicen es que te tendrías que blanquear los dientes, o no, mejor cambiarte la dentadura entera. Si adelgazas, no te felicitan: fingen preocupación y te preguntan si tienes cáncer.
Hay que ponerse a salvo de insectos como esos, que parecen muertos y sin embargo pican y llevan veneno dentro. Pero existe un tercer bicho todavía peor, porque a este aún se le notan menos las intenciones. El tercer bicho es aquel que solo cuando te ha pisado el cráneo siente que camina un poco más seguro. El camino en la vida de muchos hombres y no pocas mujeres de poco mérito se halla empedrado con los cráneos de personas que valían más. Cuando un mediocre hunde su bota en el cráneo de alguien muy superior a él (o ella; ya puestos, o ello), bien sea un colega, un compañero de trabajo, un amigo o un amante, su paso se vuelve más airoso. Lo malo de los anodinos y de quienes les aguantamos es que necesitan pisar a menudo, de lo contrario quedarían muy pronto al descubierto.
Esa gentuza nos hace sufrir, y no hablo solo al pedazo de torta que nos llevamos al despertar. A mí me hace daño que esas alimañas ayuden a consolidarse el sentimiento pútrido del que les hablaba al principio. Ver cómo muchos insectos muertos que han fastidiado a gente respetable se van de rositas: eso sí que es un espectáculo dantesco.
He de decir que aún no sé a qué clase de coleóptero o chupóptero aparentemente difunto pertenece Ingrid Betancourt. Pero seguro que la dama tiene poderes. Pues, al igual que ha convertido en despreciable su antes impoluto torreón moral, con el pedazo de suspiro que hemos soltado quienes siempre la consideramos una mosquita muerta nos ha regalado un exorcismo como una selva, dicho sea sin intención.
Pero no se fíen, que los otros andan sueltos, como la abeja muerta que, en el pasado, convirtió en alcohólico al Walter Brennan de Tener y no tener.

LA ZONA FANTASMA Contra los malasombras JAVIER MARÍAS EL PAIS SEMANAL - 25-07-2010
Carme es barcelonesa de Gràcia y vive en su ciudad, siempre le ha gustado el fútbol y es del Barça con una pasión que sólo he visto superada por la de mi editor Joan Díaz, que le añade irracionalidad. Como quizá es sabido, yo soy madrileño de Chamberí y vivo en esta capital detestada por quienes son sus peores enemigos, sus propios alcaldes, y soy desde siempre del Real Madrid. A lo largo de cada temporada Carme y yo tenemos varios roces por culpa del fútbol, cuando no directamente una agarrada que incluso nos ha llevado a procurar no hablarnos durante un par de días en alguna ocasión. Tampoco nos quedan ganas de hablarnos cuando vemos por separado –cada uno en su ciudad– un Madrid-Barça o un Barça-Madrid. Aquel cuyo equipo ha perdido se siente demasiado mohíno para asistir a la euforia del otro, o aun para “notarla”, si ese otro tiene la delicadeza de fingir que no ha existido ese partido y ahorrarse toda referencia a él. Si ha habido una jugada o decisión polémica, el silencio se hace imposible y acaban saltando chispas en la línea telefónica. Hasta puede que uno u otro cuelgue de mala manera, para disculparse al día siguiente por la brusquedad. Dos o tres veces nos ha tocado ver juntos uno de esos encuentros “sensibles”. Como ella es provocadora y tiene sentido del humor, planta sobre la televisión (fuera de la pantalla, claro está) un gran escudo adhesivo del Barça. Yo simulo no haberlo visto, no me inmuto, no digo nada, pero aprovecho cualquier instante en que ella salga del salón para poner el escudo cabeza abajo (kaputt), de lo cual no se suele dar cuenta hasta bastante rato después, con tanta risa como indignación. A los dos nos extraña y molesta que, llevándonos bien en general y estando de acuerdo en bastantes cosas, cada uno celebre los goles que al otro le sientan como una flecha en el pulmón. Intentamos moderar la alegría que supone la tristeza de quien queremos bien, pero resulta imposible no levantar un poco los brazos y musitar “Gol”.
La selección española acaba de ganar la Copa del Mundo en Sudáfrica, y durante el mes que ha durado el Campeonato Carme y yo hemos ido con el mismo equipo y hemos sentido cierto alivio al compartir los nervios y las alegrías futboleras, lo que normalmente nos está vedado. No hemos sido tan sentimentales como para comentarlo, pero sospecho que a los dos nos ha encantado ver jugar juntos a “enemigos irreconciliables” como Casillas, Puyol, Ramos, Piqué, Xavi, Alonso, Iniesta, Arbeloa y Busquets. Seguramente se nos ha hecho un poco raro –pero sin duda nos ha agradado– contemplar cómo se abrazaban y bromeaban entre sí, cómo se agradecían una parada o un gol, acompañados por otros jugadores de rivalidad menos sangrante, como Villa –aún no ha vestido la camiseta del Barça–, Navas, Llorente o Torres.
Creo que a la mayoría de la gente le ha ocurrido lo mismo. Los del Madrid o el Athlétic nos hemos sorprendido pensando: “Venga, Xavi, que tú eres genial”. Los del Barça o el Atleti han murmurado o gritado: “Bien, Iker, bendito seas”. Por eso llama tanto la atención lo malasombras que pueden ser bastantes políticos y periodistas, a los que se ha notado que no iban a permitirse ser como la gente normal. A los españolistas más patrioteros se veía que los éxitos de la selección no les provocaban excesiva felicidad (incluidos dirigentes del PP) por el elevado número de futbolistas catalanes o del Barça a quienes debíamos gratitud, como si los nativos de su territorio fueran menos españoles que otros. Ya se le escapó una vez a Esperanza Aguirre (¿se le escapó?), cuando, ante la posible compra de no recuerdo qué empresa por otra catalana, dijo que aquélla no debía pasar “a manos extranjeras” o algo así, y a continuación mostró su preferencia por otra candidata a adquirirla … alemana. Los nacionalistas catalanes más zafios y malasombras han aprovechado, por su parte, para soltar frases como “Sin nuestros jugadores España sería poca cosa”, olvidando que a su frente estaba un viejo castellano como Del Bosque, o para lamentarse sin ambages de los triunfos de la selección … pese a la decisiva contribución catalana, algo en verdad para enorgullecerse. Y el señor Urkullu, del PNV, no osando decir a las claras que le sentaban como un tiro esos triunfos, recurrió a la más gastada bobada: “Yo sólo animo al que juegue mejor. Entre España y Holanda, se verá” … aunque en España hubiera dos futbolistas del Athlétic de Bilbao y un guipuzcoano: claro que, al llamarse Llorente, Martínez y Alonso, quizá no los reconoció.
¿Por qué en este país muchos políticos y periodistas todavía no han aprendido que ellos no son el centro del mundo y que no siempre han de intentar manipular a la gente, sino limitarse a acompañarla las más de las veces y dejarla disfrutar cuando hay motivo? ¿Por qué no saben comportarse como las personas normales, a las que, al menos durante un mes, han traído sin cuidado el lugar de nacimiento de los futbolistas y el equipo en que militan, para dedicarles todo su afecto y manifestarles su agradecimiento enorme, a todos sin distinción? ¿Por qué no han podido ser, sin ir más lejos, como Carme y yo? En estas semanas la he oído decir: “No sabes cuánta confianza me da Ramos”. Y ella a mí: “Cada vez que Iniesta coge el balón, tengo la sensación de que la cosa acabará en gol nuestro”. ¿“Nuestros”, una parada de Casillas o un gol de Puyol? Extrañamente nuestros, sí. Esa es la gracia que demasiados políticos y periodistas, con su imperecedera mala sombra, han sido incapaces de percibir.

Dos de cada diez alumnos de 2º y 3º ESO son fumadores en Zaragoza

Agresión sexual en grupo a dos niñas en el autobús escolar

Agresión sexual en grupo a dos niñas en el autobús escolar . Diez menores abusan de compañeras - El chófer no hizo nada ante los gritos de las chicas. F. JAVIER BARROSO - Madrid EL PAÍS - 29-10-2009
El viaje de regreso desde el instituto Atenea de Villalbilla hasta Loeches (6.200 habitantes) se convirtió el pasado jueves en un auténtico suplicio para dos niñas. Las dos menores, de 12 y 13 años, fueron sujetadas por las muñecas y los pies por una decena de compañeros. Después las sometieron a tocamientos en sus partes íntimas, sin que el conductor del autocar hiciera nada para impedirlo, según la versión de las niñas. Los padres han denunciado los hechos y piden responsabilidades al chófer por no haber evitado la agresión que sufrieron las adolescentes.
Los hechos ocurrieron por la tarde, cuando se montaron en el autobús 17 alumnos del instituto Atenea, en Villalbilla. El regreso a Loeches, donde viven todos estos jóvenes, supone media hora de trayecto. Aún no había arrancado el autocar cuando empezaron los problemas para las niñas. Dos de sus compañeros gritaron "¡Vamos, a por las dos!". Y un grupo de unos diez chicos las rodearon y las inmovilizaron. Una de ellas, la mayor, intentó zafarse de sus atacantes. Se levantó y salió hacia el pasillo, mientras se defendía a patadas. De poco le sirvió. Al igual que la otra víctima, la sujetaron por las muñecas y los pies y le impidieron que se moviera. "Además del trauma, mi hija tiene ahora moratones por las piernas de cuando intentó defenderse", explica Dora, la madre de la chica de 13 años.
Todos los chavales, excepto cinco, se arremolinaron en torno a las dos chicas, que estaban en asientos distintos. Los 10 agresores comenzaron a turnarse en los tocamientos que sufrieron las niñas. Las sobaron en sus partes íntimas e incluso obligaron a las niñas a tocar los órganos genitales de sus compañeros, según el relato de las menores. "Quita que ahora me toca a mí", se decían unos a otros mientras una parte de los atacantes se aseguraban de que las niñas no se movieran de los asientos.
Cuando el conductor subió al autocar no puso orden, pese a que los chavales estaban fuera de sus asientos, algunos de ellos de pie. Dos de los alumnos que no participaron en el abuso intentaron contarle lo ocurrido. Los compañeros se lo impidieron. "Como digáis algo, os partimos la cabeza", les amenazó el resto. Los chicos quedaron amedrentados y no pudieron hacer nada.
El chófer se detuvo a mitad de camino para que se bajaran dos alumnos, antes de llegar a Loeches. En esa ocasión tampoco puso orden y continuó su recorrido. "¿Cómo es posible que parara y no mirara siquiera por el retrovisor interno lo que estaba pasando? ¿Es que no oía los gritos de las niñas y el barullo de todo lo que estaba ocurriendo?", se pregunta José Manuel, el padre de la niña de 12 años.
Las muchachas se bajaron del autocar, perteneciente a una empresa de Alcalá de Henares, y no dijeron nada a sus padres. Estaban muy asustadas y avergonzadas por lo ocurrido. También tenían sentimiento de culpabilidad, según sus padres. Gracias a que la mayor de las víctimas se lo contó a una hermana, se descubrió todo.La hermana de la chica contó todo a sus padres, que acudieron a la mañana siguiente al instituto. Allí denunciaron lo ocurrido al director y a los profesores. Los tutores entrevistaron a las niñas, por lo que pudo descubrirse cómo se desarrolló la agresión.
La dirección del instituto no tomó hasta ayer ninguna decisión. Han tenido que pasar cuatro días lectivos para que expulsara cautelarmente a los 10 implicados durante cinco días de clase. "Es una vergüenza que el instituto haya tardado tanto. Estos días han tenido que estar con los chicos que las atacaron como si tal cosa", se quejaba José Manuel. "En el colegio no han hecho nada. Las niñas lo están pasando muy mal", añadió Dora.
La dirección del instituto ha abierto un expediente para ver si expulsa definitivamente a los alumnos. Ha pedido interrogar de nuevo a las niñas. "No voy a permitir que mi hija tenga que pasar de nuevo por contar lo que les ha ocurrido. Que cojan la declaración ante la Guardia Civil", se quejaba José Manuel.
Este periódico intentó recabar, sin éxito, la versión de la dirección del instituto.
Omisión de socorro
Los padres denunciaron los hechos ante la Guardia Civil de Loeches, que ha pasado el caso al equipo de Policía Judicial de Arganda del Rey. Los investigadores han pedido el listado de los alumnos que iban en el autocar para comprobar sus edades. Los menores de 14 años quedarán impunes, desde un punto de vista legal. Al resto se les iniciará un procedimiento que tendrá que conocer la Fiscalía de Menores.
Los padres han ampliado la denuncia al conductor del autocar, al que acusan de un delito de omisión del deber de socorro. Éste puede ser penado hasta con una multa de 12 meses, según el artículo 195 del Código Penal. "Es imposible que en un trayecto de media hora no viera ni escuchara nada, y más cuando subió al autocar, antes de iniciar el trayecto. Deberá responder por lo que ha hecho", explicaron los padres.
"Todos somos de Loeches y nos conocemos. Algunos de los niños van por ahí presumiendo de lo que han hecho. Encima, algunos padres le están quitando importancia, como si no fuera para tanto", se quejaban los familiares de las agredidas.
El defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, Arturo Canalda, ha abierto una investigación y tiene previsto entrevistarse con las familias.
Las menores fueron agredidas en el autobús escolar que las llevaba a Loeches
El padre de una de las víctimas ha denunciado la pasividad del conductor
- Los alumnos acusados no coincidían en la ruta escolar ordinaria con la víctima pero sí lo hacían en la ruta extraescolar de los Campeonatos
El conductor era guardia civilNo se tomaron medidas hasta que se hicieron públicos los hechos

Casi dos de cada tres ciudadanos, el 63,4 por ciento, son partidarios de la prohibición de fumar en lugares públicos cerrados

La mayoría de los ciudadanos dicen adiós al tabaco en los bares ANDREA ARMESTO / EFE - 26-03-2010 Los fumadores tendrán que fumar en la calle.

Casi dos de cada tres ciudadanos, el 63,4 por ciento, son partidarios de la prohibición de fumar en lugares públicos cerrados, frente a algo menos de uno de cada cuatro (23,2 %) que se pronuncian en contra, y el resto no se decanta por ninguna de las dos posturas.

Así se desprende del último índice de opinión pública de Simple Lógica, empresa que ha realizado una encuesta entre más de mil personas sobre consumo de tabaco.

El 41,3% de los ciudadanos consideran bajo o muy bajo el nivel de cumplimiento de la normativa actual que limita el consumo de tabaco, el 33,8% lo califica como medio y el 21,3% como alto o muy alto.

El porcentaje de quienes se declaran a favor de que se prohíba fumar en lugares públicos cerrados es significativamente superior entre quienes nunca han fumado (66,4%) o lo han dejado (72,5%) con respecto al que se registra entre los fumadores actuales (50,6%).

Por el contrario, en este colectivo es significativamente superior el porcentaje de quienes están en contra de la prohibición hasta situarse en el 36,3%.

Entre quienes tienen estudios primarios o un nivel inferior de instrucción, un 58,4% se muestran partidarios de la prohibición y un 28,7% se declaran en contra. Sin embargo, entre quienes tienen estudios universitarios la proporción de los favorables se sitúa en el 74,1% y la de los contrarios se queda en el 12,3%.

Desde el punto de vista político-ideológico, el grado de aceptación entre los votantes del PSOE (71,1%) es significativamente superior al que se observa entre los del PP (58,4%).

Cuatro de cada diez entrevistados señalan que el nivel de cumplimiento de la actual normativa antitabaco es bajo (25,8%) o muy bajo (15,5%), frente a dos de cada diez que suponen los que lo califican de alto (16,0%) o muy alto (5,3%). Una tercera parte de los informantes lo califican como medio (33,8%).

Según la encuesta, representan algo menos de la mitad de la población el colectivo de quienes declaran que nunca han fumado (45,4%), mientras uno de cada cuatro (25,8%) alegan que han sido fumadores y un porcentaje algo superior que lo son en la actualidad.

Son menores y no significativas las diferencias entre los porcentajes de fumadoras (27,3%) y fumadores (30,5%).

El incremento del tabaquismo entre las mujeres es claro si se tiene en cuenta que entre las mayores de 65 años el conjunto de ex fumadoras y fumadoras actuales representa un 20,4%, y entre las que tienen entre 18 y 24 se sitúa en el 43,4%.

Dejar de fumar no sólo protege al bebé de algún problema de salud como también puede evitar las complicaciones durante el parto. Es más, dejar de fumar ya está científicamente probado que mejora la salud de la madre a largo plazo. Y yo me pregunto: "¿por qué las mujeres siguen fumando durante el embarazo?"
Los datos de un estudio realizado en consultas de Atención Primaria y que se presenta en el marco del Congreso de laSociedad Española de Medicina Familia y Comunitaria (semFYC), son claros. El 80 por ciento de las mujeres que fuman no dejan de hacerlo durante el embarazo y sólo casi un 20 por ciento abandona el hábito al confirmar su embarazo, cifra que aumenta poco, hasta un 20,84 por ciento en el cuarto mes de gestación.
Los médicos insisten que las embarazadas constituyen uno de los grupos de población en que el abandono del tabaco es primordial. Fumar es un factor de riesgo no solo para ellas, como también para la salud de su bebé. El estudio también revela que las mujeres embarazadas todavía no están concienciadas del peligro real del tabaco durante la gestación. Además, son pocas las que pueden contar con el apoyo de su pareja. Los investigadores revelan que las embarazadas que cuentan con el apoyo y el empeño de su pareja para lograr dejar de fumar tienen más posibilidades de éxito. Ellos hacen hincapié en que los médicos y todo el personal vinculado a la salud de la mujer, deberían esforzarse más y mejor en este sentido.

Nacimiento prematuro, bajo peso y muerte súbita del lactante, son apenas algunos de los episodios a que pueden estar afectados los bebés de madres fumadoras. Los bebés, así como los niños, no pueden evitar voluntariamente la exposición al humo del tabaco. Son víctimas pasivas del tabaquismo de su madre y como consecuencia pueden presentar problemas digestivos y nutricionales, complicaciones de oído, de vías respiratorias inferiores, alteraciones inmunitarias, vasculares, cáncer, alteraciones neurológicas y psicológicas, etc. Por todo eso, creo que el hecho de que los padres expongan a sus hijos al humo del tabaco es una actitud irresponsable y egoísta.

Vilma Medina. Editora de GuiaInfantil.com

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