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domingo, diciembre 01, 2013

¿Nos hacemos follamigos?


¿Nos hacemos follamigos?



Me hace mucha gracia, me parto y me mondo con el neologismo follamigo, vamos el amigo con derecho a roce de toda la vida que se usaba en los 90.
Un follamigo es básicamente un amigo/colega con el que se practica sexo sin compromiso. Punto pelota. Hasta aquí está claro. Claro no, clarísimo.
Parece simple ¿verdad? Pues no lo es.
He aquí el famoso contratito sobre los follamigos que pulula por internet . Para los que no estéis familiarizados con el mundo de la follamistad, básicamente viene a establecer los derechos y obligaciones de las partes. Leed, leed, pues el saber no ocupa lugar.
¿Qué os parece? Yo me río por no llorar, aunque imagino que a más de 1 le gustaría que la vecina, el de la tienda de enfrente, el primo de su amiga, la amiga de la novia de su mejor amigo le firmara el susodicho contratito. ¿Un chollo no?
Pero querid@s lector@s, las cosas no son lo que parecen. Le he mostrado el follacontrato a mi hermana, que es abogada y de las buenas, y entre otras cosas me indica que hay vacíos legales, supuestos futuribles sobre los que no hay control alguno, faltan cláusulas, etc… No voy a deciros por donde me paso yo este contrato y cada una de sus clausulas. De todas formas, esto es como cualquier ley, norma o contrato, está para infringirlo. Qué bien sienta un poco de Wild Side de vez en cuando.
¿POR QUÉ FOLLAMIGO, POR QUÉ?

1. 
Eres solter@: No tienes pareja estable, realmente ni estable ni inestable, directamente no tienes pareja. Salvo que seas un pillador nato, una rompecorazones, un crack del ligue, una inagotable castigadora e insaciable devora hombres (que es mi caso), seguramente pasarás más de tres, cuatro o más fines de semana, en el peor de los casos, meses, sin compartir cama con alguien del sexo opuesto o de tu mismo sexo. Tu día a día como solter@ lo llevas con excelente maestría, estás orgulloso de tu brillante soltería. Pero ¡ay!, cuando llega el fin de semana, la noche, cuando todos los gatos son pardos, ese ansiado y deseadísimo Friday o Saturday night, eso ya es otro cantar. Ya no te hace tanta gracia ser el soltero o la soltera de oro. Entre otras cosas, no eres Tony Manero!
2.       Un calentón que quieres apagar: Esa noche sales pensando que de esa noche no pasa, que hoy pillas fijo. Quedas con tus amigas, con tus colegas, dispuest@ a triunfar como la Coca Cola. Como un@ estrateg@ del pille recorres el garito con tu mirada felina y el radar pilla cacho activado. Los cuatro puntos cardinales controlados, una puti vuelta en el caso de ellas, una ronda guarra en el caso de ellos para hacer una prospección del terreno, tanteando el garito, viendo tus posibilidades y analizando a la competencia, buscando si eres el tipo más atractivo del bar. Un DAFO en toda regla.
Una vez decidido el objetivo, intentas pillar con es@ en quien has puesto el ojo y la bala, los tanques y la US Army al completo. Pa fuera telarañas que de esta noche NOOOOO pasa. Desgraciadamente, y una vez más, tu objetivo en cuestión pasa de ti. Un chupito, otra copa, otro baile, intentas estirar la noche. Pasan las horas y ves que tu objetivo está cada vez más lejos, se ha decantado por otr@ o ha abandonado el garito. Huele a tragedia, a seguir pasando la mano por la pared, ano pillar ni un constipado, a no comerte ni un colín. Suma un día más a tu tristísima y paupérrima vida sexual.
3. Tus hormonas empiezan a traicionarte y tu calentón cada vez es más intenso y evidente…y el maldito reloj marca las siete de la mañana. Que ligues ahora es ciertamente Misión imposible. Es una hora clave, a esas horas tienes dos opciones. La primera es seguir intentándolo. Seguramente tu estado etílico será considerable y tu estado físico, mental y verbal lamentables, a lo que se suma que tu capacidad de resolución sexual seguramente sea igualmente nula.
Estás en un estado de alarma, un estado de sitio, un SOS en toda regla. ¿Cuál es la segunda opción?
Una llamada picante, sugerente y disfrazada de ingenuidad, así como quien no quiere la cosa. Desesparad@ cruzas los dedos para que tu follamigo escuche tu llamada de EMERGENCIA! ¡¡BINGO!! Descuelga el teléfono, y si ha corrido la misma suerte que tú, o mejor dicho la misma mala suerte, estará 100% disponible, y como un roto para un descosido, como Zipi y Zape, como Pin y Pon, como los amantes de Teruel os iréis felizmente de la mano a la cama.
Teniendo en cuenta la hora y tu/su/vuestro estado etílico, es muy probable que el polvo no sea lo que esperabas, ni de lejos. Es más, es más que probable que el polvo sea nefasto, pero ¿quién dijo que el sexo con un follamigo fuera perfecto?
¿HAPPY ENDING?
Nada es para siempre, y como cualquier otra relación, la relación con el follamigo siempre llega  a su fin. Veamos las causas de tan angustioso drama:
1.Uno se pilla y el otro no: Algunas veces serás la víctima y otras el verdugo, pero siempre es una faena, por que en cualquier caso te quedas sin ese polvo con el que contabas con total seguridad en esas noches en las que tus hormonas te piden guerra y sexo y no hay nadie más disponible para saciarte. Mi consejo, uno de eso que no doy ni vendo por que para mí no tengo, es que en cuantico aparezca el mínimo síntoma de encoñamiento, pensamientos moñas, alelamiento, maripositas en el estómago, ganas de estar con el follamigo de turno más allá de ese polvo maldito y otros momentos dubitativos y titubeantes, véanse a) ¿Por qué no me llama?, b) ¿Y si le llamo yo? Ante todo somos amigos, c) Quieres que te coja de la mano o abrazarle por qué sí, d) Proponerle ir una noche a cenar o ver la última de Woody Allen.
Amig@ de mi alma y de mi corazón, esos son muy  malas noticias. Me lo temía. ¡Te estás enamorando, te estás encoñando, te estás pillando de tu follamig@! Y ENAMORARSE es lo único que no está permitido. Corta por lo sano, ya mismo, ahora.
2. De nuevo los enemigos públicos Nº 1, Cupido y su primo San Valentín. Uno de los dos se enamora o conoce a alguien especial, con el que además de sexo, quiere compartir otras cosas. En ese caso, creo que más dramático que el primero, es un adiós definitivo.
Un follamigo es un apaño, un torniquete, una solución temporal a tus calentones nocturnos, diurnos o del tipo que sean. Sacia tu apetito sexual en momentos muy puntuales, pero el follamigo es alguien con quien tienes muy claro que NO quieres mantener ningún otro tipo de relación, por que sencillamente esperas encontrar a ALGUIEN MEJOR.
Y es que ser deseable físicamente, follable para ser más claros, no es lo mismo que ser amable, que no simpático, sino querible. A un follamigo se le tiene cariño, aprecio, se le quiere un huevo tío/tronco/tía/tronca como amigo que es, pero no hay nada más. De ahí al AMOR del bueno, ese que sale en las pelis románticas, hay un buen trecho.
3. Uno de los dos se cansa o los dos acabáis hasta el moño el uno del otro: Al ser el sexo el único vínculo, llega un momento que tu follamigo deja de ponerte o interesarte, o vice versa. Sólo sexo, es lo que tiene, muy poco vínculo para que perdure en el tiempo. Los follamigos siempre tienen fecha de caducidad, le pese a quien le pese.
Ante estos tres posibles endings la solución siempre es la misma, un clavo saca otro clavo, a follamigo muerto, follamigo puesto. Lo importante es que no dramatices, búscate uno nuevo y a vivir.
El follamigo NO es un GRAN AMOR, así que no veo necesario montar una escena a lo Lo Que El Viento se Llevo. La ruptura con un follamigo se limita a ni enviar ni contestar mensajes, llamadas, whatsapps o borrarle del Facebook. Aunque quizás eliminarle del Facebook sea demasiado, igual tu ex follamigo puede pensar que estás dolido, resentido o peor, ¿Enamorado? ¿Otra vez?

CONTRAINDICACIONES
No olvidemos las desventuras, contraindicaciones y putadillas varias que suelen aparecer en forma de daños colaterales en una relación follamistosa.
De toda la vida, el roce hace el cariño. Los más románticos opinan que un polvo es un polvo, y dos ya son una relación. Hay otros que afirman que si se repite es por algo. Otros sin embargo, los más prácticos, piensan que el sexo es sólo sexo, y por lo tanto un follamigo es sólo un follamigo. Independientemente de las distintas opiniones, la única verdad es que 1 polvo es 1 polvo y  1 polvo + 1 polvo siempre serán 2, ni más ni menos, ni menos ni más. Pero eso sí, salvo que se tengan las cosas muy claras, seas una femme fatale o un tipo duro, insisto, el roce hace el cariño.
El mismo olor, la misma voz, el sabor de siempre, la piel de siempre, los mismos brazos, la confianza pueden engañar a tu cerebro, implicarte más de la cuenta y hacer que te montes tu propia película de ciencia ficción. En las relaciones follamistosas no hay domingos por la tarde, y si los hay no son como te imaginabas o desearías, no hay paseítos cogidos de la mano, no hay planes de sofá, manta viendo alguna peli injustamente olvidada de Billy Wilder, no hay besitos ni cariñitos. JUST SEX.
Como mucho, fumáis el cigarrillo a medias…, eso no se le puede negar ni a tu pero enemigo. Pero si eres de los que quiere algo más, quizás sea mejor que lo pienses antes de lanzarte al excitante y peligroso mundo de las follamistades.
He aquí un test (in English) para saber si estas preparado O no para tener un@ follamig@o, ser un follamigo ejemplar y no morir en el intento.
LA EXCEPCION QUE CONFIRMA LA REGLA
Puede ocurrir, aunque en el menor de los casos, que sorprendente y a pesar de que los dos lo tengan muy claro, una relación follamistosa evolucione hacia una relación. Torres altísimas he visto caer, auténticos bloques de hielo que negaban sentimiento alguno hacia su follamigo, y que por arte de magia han caído fulminantes en las temidas redes de cupido y ahora celebran el día de los enamorados con flores, cena y toda la parafernalia.
Me despido con esta frase:
 No digas de esta agua no beberé o este cura no es mi padre o esta polla no me cabe.
Continuará…¡Feliz Sexo! 







SEXO SÍ, AMOR NO

¿Amigos con derecho a roce? Las claves para que funcione 'la relación'

Todas las personas han tenido alguna vez en su vida un amigo con derecho a roce. Ahora bien, ¿cómo hay que tomarse la relación para que salga bien la cosa?
Chico besando a una chica
Una pareja de amigos besándose cariñosamente

¿Quién no ha tenido alguna vez a lo largo de su vida un amigo con derecho a roce? Esta situación puede convertirse en algo muy divertido o, por el contrario, puede acabar siendo una auténtica pesadilla si no se sabe cómo actuar.

No puedes exigirle ciertas cosas de pareja
Desde Bekia Pareja te queremos dar algunos consejos si decides aventurarte e ir más allá con alguno de tus amigos yempezar a mantener encuentros sexuales con esa persona con más o menos frecuencia. Pero, ante todo, ten muy clara una cosa: sexo sí, amor no.

Ésa es la clave principal e inamovible de los, comúnmente llamados, 'follamigos'. Y es que si se deja de hablar el mismo idioma... comenzarán los problemas y se terminará esa relación de amigos con derecho a roce. Ahí van las cinco claves para que tu 'relación' funcione.

Dos personas durante un encuentro sexual
Los preliminares también existen en los amigos con derecho a roce

1. Pensamientos claros y transparentes: sexo sin compromiso


Antes de que comience vuestra relación de 'follamigos', es importante que las dos partes tenga las cosas muy claras. Es decir, disfrutar de vuestros encuentros sexuales al máximo y repetirlo tantas veces como queráis pero... sin pedir nada a cambio. En el momento en el que uno de los dos exige algo más que sexo, hay que replantearse la situación.

Si estás celosa, has pasado la barrera del 'sólo sexo' y está surgiendo el amor

2. Nada de sentimientos: prohibida la implicación emocional


Cuando se comienza una relación de este tipo, el mayor riesgo es que afloren ciertos sentimientos más allá de la necesidad de una relación sexual. Lógicamente, tras el encuentro sexual, siempre se crea una situación de cariño con besos o abrazos.

Ahora bien, no confundas nunca ese momento cariñoso que surge, normalmente, tras el coito, con algo más. Si lo haces, error. Una cosa es el cariño que, de por sí, os tenéis por el hecho de ser amigos, y otra cosa es que ese cariño lo empieces a confundir con amor de pareja.

Encuentro sexual entre una pareja de adultos
Encuentro sexual entre una pareja

3. Nada de citas románticas: sólo son encuentros sexuales


Otro punto a tener en cuenta es el concepto de cita. Evidentemente, dos amigos quedan, se toman algo juntos o van al cine pero, si tu amigo ha traspasado la frontera y ahora es un amigo con derecho a roce, lo mejor es que abandonéis este tipo de citas a solas, para evitar la confusión de sentimientos.

Sólo sexo, nunca amor
Y es que, lo queramos o no, al final uno de los dos termina por empezar a confundir sus sentimientos y a pensar que, además de esos encuentros sexuales, está empezando a surgir un cariño especial. Si pasa eso, replantéate la situación.

4. No acaparar la atención más de lo necesario: no es tu pareja, sólo tu amigo


Continuando con el hecho de que no debes confundir amistad con pareja en ningún momento, no puedes exigir a la otra persona más de lo necesario. Esto es, es tú amigo y, como tal, puedes contarle tus problemas o tus inquietudes porque, más allá del sexo, es eso, tu confidente. Pero sin excederse, todo en su justa medida, sin agobios.

¿Amigos con derecho a roce? Las claves para que funcione 'la relación'
Los encuentros sexuales son más o menos esporádicos

Y, sobre todo, si no te ha llamado algún día o no te ha escrito o no sabes nada de él, nunca puedes echárselo en cara... ¡qué solo es tu amigo y no te tiene que dar explicaciones de lo que hace o deja de hacer cada minuto del día!

5. Relaciones con terceros: no olvides que no es 'de tu propiedad'


Evidentemente, al hilo de todo lo dicho anteriormente, tú no mantienes una relación con esa persona, simplemente es un amigo con el que mantienes encuentros sexuales esporádicos. Por ello, es lógico que tanto tú como tu amigo quedéis con otras personas.

Si surgen sentimientos, la 'amistad' se está transformando en amor
Si se da esta situación, aquí tienes la oportunidad de medir hasta donde llegan tus sentimientos hacia tu 'follamigo'. Si has sentido el más mínimo rastro de celos o estás algo incómoda con el hecho de que el otro quede con un tercero, ponte en alerta, has traspasado la frontera.

Con estos pequeños consejos podrás detectar el momento exacto en el que has pasado la barrera del 'follamigo' para adentrarte en una relación. Un noviazgo que saldrá adelante si a la otra parte le ha pasado lo mismo, o que deberá terminar para evitar un sufrimiento mayor en el futuro.
 Isabel Gómez Lunes, 14 de Mayo de 2012


Un buen follamigo no lo es cualquiera

Y parecía el chollo del siglo ¿verdad chicos? Pues resulta que no, que incluso para ser follamigo sin compromisos, y sin darle demasiadas vueltas al tema, os lo tenéis que currar un poquito. Sólo un poquito. Ahí van algunas pautas.


1 - Un buen follamigo te quiere, y te quiere porque te valora. ¡Sorpresa! pero ¡aquí estamos hablando de follar, no de amor! Evidentemente, pero es que hay cosas que no están reñidas. Y entendámonos, el follamigo no está enamorado, puede vivir sin ti, no pretende que le invites a casa de tus padres a tomar el té, ni casarse contigo y que seas la madre de sus quintillizos. No. Pero te quiere como se quiere a los amigos, con franqueza, con alegría, desde el corazón, sin dobleces y sin recelos. No es de ésos que van diciendo por ahí que tú eres una guarra y él un machote, después de haber hecho exactamente lo mismo. Cuando habla de ti lo hace con respeto, y posiblemente con cariño. Sabe que una relación de sexo sin convivencia, sin compromisos y en libertad, es lo que desean muchos hombres, y él lo tiene gracias a ti. Eres uno de sus mejores tesoros y está orgulloso y agradecido de que estés en su vida.

2 - Un buen follamigo folla bien. Parece evidente, pero en la práctica no lo es tanto. “Follar bien” quiere decir que los dos os divertís y disfrutáis mucho de vuestros encuentros. Que él se preocupa de tu placer siempre antes que del suyo (del suyo ya te ocuparás tú, que eres una buena follamiga). Que suele tomarse su tiempo, pero de vez en cuando te empotra contra la pared de la ducha como si no hubiera un mañana. Le gusta jugar, tener imaginación, probar cosas nuevas. Nunca te aburres con un buen follamigo, garantizado.


3 - Un buen follamigo te hace sentir deseada. Con él no te sientes sólo un agujero, o una muñeca hinchable, te sientes una mujer hermosa, atrevida y salvaje. Te sientes importante y especial. Cada encuentro con él dispara tu autoestima hasta la estratosfera. El follamigo no te tiene miedo aunque seas una mujer de armas tomar; no le importa si tienes más experiencia que él, o menos; le gusta verte tomar las riendas y hacer cosas que no haría una mujer decente. Te corresponde y te lo agradece. Si un follamigo no se lo monta, de la manera que sea, para hacerte sentir así, se convertirá muy pronto en un ex-follamigo.

4 - Un buen follamigo es un buen amigo. Sabe estar a tu lado. Si un día habéis quedado, y las hormonas te traicionan, y te da la llorera, pues el follamigo te pone el hombro, te pasa los pañuelos y se aguanta las ganas. Sí, es una putada para él, ¡pero para ti más! así que sin reproches. Eso sí, mucho cuidado chicas, un follamigo no es un paño de lágrimas. Puede (y debe) comportarse como tal en un momento puntual, pero las lloreras habituales mejor pasarlas a solas, o con el amigo gay, que entiende mejor esas cosas y no te está abrazando con la chorra tiesa a la vez que piensa “¡mierda! tenía que pasarle esto ahora..” Un exceso de crisis hormonales femeninas, puede llevar de nuevo a que nuestro querido follamigo se convierta en ex-follamigo, y nosotras no queremos eso, así que cuidado.


Y bien, ¿ha quedado más o menos claro? Ser un buen follamigo no es tan fácil, peropuede conseguirse con un poquito de esfuerzo. Vosotros, hombres del mundo, valoraréis si vale la pena el esforzarse o no.








El Contrato de Follamigo


Hacer el amor es algo muy íntimo, es una conexión muy especial con la otra persona. Pero para follar sólo hace falta satisfacer nuestras puras necesidades primitivas. No importa si es amigo o desconocido, vamos con un objetivo y esperamos conseguirlo. Lo bueno de esto es que él no lo ve como que lo estoy utilizando, porque también está buscando lo mismo. De hecho, es más bien un contrato mutuo donde los dos estamos de acuerdo y nos utilizamos únicamente para sexo. Personalmente, me gusta saber que tengo a unos cuantos “amigos” con los que puedo contactar en estos casos. No es recomendable depender sólo de uno, porque es muy fácil que tenga otros planes y tengas que acabar “jugando al solitario”.
Ahora bien, considero que hay que tener un mínimo de complicidad con la otra persona. Está muy bien que le veas y te entren ganas de lanzarte encima, pero también debe atraerte su forma de hablar, de expresarse y de ver la vida . Algunos pensaréis que este requisito estaría más ligado a una pareja, pero no lo veo así. He conocido chicos que físicamente me atraían mucho, sin embargo, veía que no me aportaban nada y mi libido acababa por notarlo. Con algunos de ellos he tenido encuentros, todos tenemos necesidades, pero al final dejas de llamarlos. Se trata de una atracción tanto física como psíquica.
Los follamigos necesitan tener un cierto grado de madurez sexual, debemos tener cuidado de escogerlos bien y ver si realmente pueden llevar esta situación. Un amigo me comentaba: “Es que ninguna queréis ser el segundo plato”, a lo que le respondí: “Si te dicen eso es porque están pilladas”. Evidentemente que podemos ver a otras personas, es una relación completamente abierta y, por lo tanto, infiel. Muchas veces, detrás del follamigo hay otra intención. Lo ideal sería encontrar un equilibrio entre ambas partes y poder mantenerlo durante mucho tiempo. La realidad es que, en la mayoría de los casos, siempre hay uno de los dos que acaba pillándose. Y al no conseguir una relación, se conforman con ser su follamiga/o. Es una situación triste porque nos hacemos daño, no somos felices y estamos perdiendo el tiempo proyectando una esperanza en alguien que no está interesado en nosotros. Todavía recuerdo (en mis inicios de vida sexual) cuando a uno de ellos le dije: “Te quiero”. Yo era joven y estaba ilusionada con esa aventurilla. Supongo que no acabé de entender el concepto. Por eso, es muy importante que por un lado haya falta de romanticismo y que por el otro, haya una buena comunicación entre ambos. ¡Ojo! Un ex jamás debe ser tu follamigo. Este es un error que cometemos para intentar retener a esa persona, y lo que conseguimos es  remover sentimientos y estancarnos en el pasado.

Quiero compartir con vosotros un video llamado “Cómo conseguir amigos con derecho a roce”. Me parece gracioso y a la vez claro, puede servir de guía para muchos:

Una cosa sí que tiene que quedar clara: los dos tenemos derecho a gozar, por lo que el placer debe ser mutuo. Por experiencia propia, algunos sólo buscan el propio placer en la cama; ese yo-yo en los encuentros ocasionales me parece realmente egoísta. Que la chica/o no te importe no implica que no se merezca pasárselo bien y llegar al orgasmo.
Atención a esta reflexión que comparten desde el Blog 20- y donde nos relatan la visión de la mujer y el hombre follamigos, visto precisamente por los propios amigos.
“Ella reconoce, delante de sus amigas, que se folla a un tipo que no le importa demasiado. Las demás ­–que follan poco o nada– piensan que es una zorra, pero se lo callan y sonríen con aprobación. Ella prosigue diciendo que las dos partes tienen muy claro que su relación se basa casi únicamente en follar y que no hay problema porque nunca se enamorarán ni nada de eso. Mientras habla, se siente un poco profeta; sus amigas, que son unas catetas, nunca podrán entender este grado de relación que ella ha alcanzado. Cada vez que menciona el neologismo “follamigo” lo paladea, lo disfruta desde la efe donde sus dientes presionan el labio superior hasta la o, que convierte su boca en una perfecta circunferencia, sintiéndose evolutivamente superior a las demás.
Él comenta la tarde anterior. Desglosa las posturas en las que se folló a su follamiga mientras los demás –que follan poco o nada– piensan que es un cabrón y que no se merece lo que ha conseguido porque, en el fondo, ellos son mucho mejores que él y el día en que las mujeres puedan ver al chico sensible que hay dentro de cada uno de ellos descubrirán que, realmente, merecen mucho más la pena que su amigo, que no para de follar. Uno le pregunta si no acabará enamorándose de ella y él, con cierta sonrisilla de superioridad, responde que no, que eso es imposible, que las dos partes tienen muy claro que su relación se basa casi únicamente en follar y que no hay problema porque nunca se enamorarán ni nada de eso. Otro amigo le pregunta por qué pasaría si ella se folla a otro y él contesta que nada, que no pasaría nada porque no es su novia, pero en seguida se le viene a le mente una imagen fugaz y filosa en la que ella, con su cara delgada y sus ojos redondos y negros, está llegando al orgasmo con otro tío –un imbécil, un chico mucho peor y menos sensible que él– y eso le produce una desazón terrible, una angustia íntima que en los siguientes minutos se concentra en reprimir.”
Dependiendo del momento en el que te encuentres de tu vida, te apetecerá compartir tu día a día con alguien especial o simplemente tener relaciones esporádicas. Ambas decisiones son perfectamente respetables y no hay que juzgar a las personas por ello.  El sexo es una experiencia muy liberadora, debemos sacar a esa animal que llevamos dentro. ¿Quien sabe? Quizás después de esta entrada recibo alguna proposición indecente…

domingo, septiembre 09, 2012

Educación sexual en adolescentes


La importancia de la comunicación


adolescentes
La adolescencia es el periodo de nuestra vida que va desde los once a los diecinueve años, aproximadamente. Supone un proceso de cambios muy significativos en el desarrollo de una persona, tanto físicos, como piscológicos y, por supuesto, sexuales.

Concretamente, este desarrollo sexual ocurre en el llamado proceso de pubertad (entre los once y los trece años). Ocurre en un momento complicado, puesto que ni se es completamente niño, ni mucho menos adulto, por lo que requiere mucha atención por parte de los padres. Cuánta mayor comunicación con los hijos, mucho mejor, los adolescentes ante todo deben conocer, para saber manejarse y poder prevenir posibles problemas en el terreno sexual.

Primeros cambios


Los primeros síntomas que determinan el desarrollo sexual en un adolescente, son los cambios físicos. A partir de los diez años, el crecimiento de las niñas evoluciona muy rápidamente. Además de la altura, poco a poco irán creciendo sus huesos, hasta el momento en que aparezca su primera menstruación, que llega cargada de miles de hormonas femeninas, que son las que causarán los principales cambios sexuales. La aparición de vello púbico y el crecimiento de los senos, completará la transformación de estas niñas en 'pequeñas mujeres'. Es un proceso de apenas 4 o 5 años, transcurre muy rápidamente, por eso es importante que los padres lo detecten y acompañen al adolescente en todo momento.

pubertad
                                             


En lo que respecta a los niños, su desarrollo transcurre algo más despacio. Existirán cambios desde la propia voz hasta los apartos genitales. El cuerpo del niño se irá preparando poco a poco para la madurez sexual, a través del desarrollo de abundantes hormonas masculinas.

Todos estos cambios físicos afectan a la actitud psicológica del adolescente. Poco a poco, aparece un cierto interés por el atractivo de otroa y por el propio atractivo. El niño va formando su propia identidad al unir sus propios cambios con un cierto interés por saber sobre el sexo, experimentar nuevas sensaciones. Este es el momento en el que deben actuar los padres, ayudando en que todo lo que aprendan sobre el sexo sea correcto.

Relaciones sexuales


Obviamente, las relaciones sexuales pertenecen a la intimidad de las personas y los adolescentes no tienen ni mucho menos la obligación de compartirlas con sus padres. Además, suele ser un tema 'tabú' que en muy pocos casos se habla en familia con libertad, ya sea por vergüenza, tímidez o rechazo por otros motivos.

¿Cuándo deberían iniciarse las relaciones sexuales? Seguramente si realizásemos esta pregunta a muchos padres preferirían que sus hijos comenzarán una vez cumplida la mayoría de edad. Sin embargo, la realidad es muy diferente. Actualmente, la media de edad en los jóvenes españoles para tener su primera relación sexual son losdieciséis años. ¿Es demasiado pronto? En realidad, no hay una respuesta general para esto. Lo ideal es que la primera relación sexual ocurra cuando el jóven esté preparado psicológicamente y que el acto sea considerado deresponsabilidad y con libertad y para que esto ocurra es fundamental la educación sexual, tanto en los centros educativos como en casa.

relaciones sexuales
                                          


Lo más importante en las relaciones sexuales entre adolescentes es la precaución. Básicamente la educación sexual se orienta a que los jóvenes disfruten del sexo con su pareja siempre de forma segura. Es decir, no es necesario que expliquemos a nuestros hijos cómo hay que hacer el acto sexual, sino a qué enfermedades se arriesgan y cómo poder evitarlas, así como los métodos que existen para evitar los posibles embarazos no deseados. A los padres en general, les cuesta bastante considerar a sus hijos 'seres sexuales', pero es necesario que esto ocurra para poder llegar a educarles.

Cómo educar a nuestros hijos


Para casi todos los padres, hablar de sexo a sus hijos resulta bastante incómodo, pero inevitablemente debemos afrontar este tema si queremos ayudarles a emprender el camino sexual de la forma más segura posible. Lo mejor para esto es establecer un buen canal de comunicación con los niños desde que son pequeños, para que cuando llegue el momento exista la confianza necesaria para ello.

conversacion madre e hija
                                     


Los padres deben educar sexualmente a sus hijos de pequeños. Esto no quiere decir que, ya, con siete años, deban explicarles con detalle todo lo que conlleva un acto sexual, sino que se deben responder con honestidad todas las preguntas que ellos tengan, debemos evitar hablarles de los 'mitos' de la cigüeña o de la llegada de los niños desde París. Hay que explicarles las cosas adecuándonos a su edad, por ejemplo, diciéndoles desde el principio que ellos crecieron en el vientre de su mamá.

Una vez que llegan a la adolescencia, comienza el gran reto. La conversación debe encararse con mucha normalidad. Se tiene que utilizar un tono claro y establecer muchas preguntas para conocer cuáles son las dudas de nuestros hijos y qué opinan sobre las relaciones sexuales. Ante todo, es importante establecer la relación entre el amor y el sexo e inculcar el concepto de responsabilidad y siempre demostrarles que ante cualquier problema, podrán contar con sus padres sin dudarlo.

sábado, abril 28, 2012

Killing Us Softly. La imagen de la mujer en publicidad. (Español)


Hace unos años, vi un anuncio que cambió mi vida.

En aquella época trabajaba poniendo anuncios en una publicación médica. Este anuncio era sobre las pastillas anticonceptivas Ovulen 21, y decía: Ovulen 21 trabaja igual que las mujeres piensan; por días de la semana... no por días del ciclo.

La sonriente mujer como veis tiene cajas en la cabeza. cada caja representa un día de la semana; lunes es día de colada, martes día de planchar... Esto fue tiempo atrás, pero supe que algo no estaba bien en este anuncio,

aunque no sabía exactamente qué.

Me lo llevé a casa y lo colgué en la nevera con un imán, e hice lo mismo con muchos otros anuncios. Pronto tenía un collage de anuncios. Los amigos venían y decían; ¿Que es esto? -¡Dímelo tú! Y, empezamos a estudiar las imágenes, y vimos que había un patrón en ellas, una especie de declaración de lo que significa ser mujer en esta cultura.

Pero me interesé en los temas de belleza, de imagen, en cuánto poder da a las mujeres jóvenes, pero qué breve e insatisfactorio es a fin de cuentas. Y continué reuniendo más... En 1979 hice mi primer film (Killing us softly) "Matándonos suavemente", y en 1987 hice una nueva versión con el mismo titulo. 
Ahora al principio del nuevo milenio me gustaría revisar los films anteriores, ver que ha cambiado y que está aún igual.

Historia de un joven homosexual con final feliz a pesar del Opus Dei y la psiquiatría homófoba



Varias veces se me ha pasado por la cabeza escribir una carta para este blog, pero pienso que igual no interesa lo que voy a escribir y lo dejo. Últimamente, se han publicado varias noticias sobre miembros y simpatizantes del Opus Dei y me apetecía contar cómo crecí en una familia que pertenece a esa organización. Como veréis más adelante, el modelo de familia que algunos defienden como el ideal para los niños no lo fue en mi caso. También he escrito esta carta porque acabo de cumplir 25 años y quería dar las gracias a las personas que han contribuido a que esté viviendo un momento muy feliz en mi vida. Espero que si algún chaval lo está pasando mal, al leer esta carta se sienta más fuerte y con esperanza de vivir un futuro mejor.
Nací en la primavera de 1984 en una familia tradicional y muy religiosa (a Rouco se le caería la baba). Mi padre era el hombre más feliz del mundo porque Dios había escuchado sus oraciones y le había regalado un hijo varón. Aunque a algunos les pueda parecer extraño, para mis padres, yo era un regalo de Dios. Cuando tenía 4 meses, mis padres viajaron al Vaticano para que Juan Pablo II me bendijese. El Papa me cogió en sus brazos y me bendijo. Todavía ahora, cuando voy a casa de mi madre y veo la foto, no puedo evitar sonreír al ver al Papa con un bebé mariquita en sus brazos. Mis padres eran miembros del Opus Dei y querían evitar a toda costa que “la sociedad moderna y decadente” corrompiese mi vida.
Durante los primeros años de mi vida, era un niño feliz y sentía una admiración sin límites hacia mi padre. Éramos inseparables y hacía todo lo posible para complacerle y que se sintiese orgulloso de su hijo. Mis padres me inscribieron en el colegio Torrevelo (un centro del Opus Dei en Santander) y estaban encantados porque era uno de los alumnos más brillantes. Dios estaba omnipresente en el hogar en que pasé mi infancia y adolescencia. Crecí muy aislado de la sociedad. Todas las actividades extraescolares en las que participé eran organizadas por grupos vinculados al Opus Dei. Los niños no podíamos ver la tele ni jugar con videojuegos. A muchos os podrá parecer muy raro, pero como casi todos los niños con los que me relacionaba vivían en las mismas condiciones, a mi me parecía normal.
A partir de los 8 años, mi primo Jesús y yo empezamos a ir a un campamento de verano organizado por La Obra. Mi primo era mi mejor amigo y, para los dos, el campamento era uno de los momentos más esperados del año. A los 13 años mi primo y yo empezamos a masturbarnos juntos. Los dos nos sentíamos culpables y decíamos que no lo volveríamos a hacer pero seguimos pajeándonos todas las noches. Cinco días antes de que terminase el campamento mi padre y mi tío vinieron a recogernos. No sabía que había pasado pero al ver la cara de mi padre me di cuenta que era algo grave. Nunca olvidaré la frialdad de mi padre al decirme “recoge tus cosas que nos vamos”. Le pregunté inquieto que si había pasado algo y el me respondió “tú sabrás si has hecho algo malo”. Me quedé helado. Entré con mi primo en la tienda de campaña para recoger nuestras cosas, y me dijo que le había confesado a uno de los sacerdotes lo que habíamos hecho. Mi mundo se vino abajo. Me puse a llorar como nunca había llorado. No podía controlarme y me hice pis. Al verme en ese estado de desesperación, mi primo salió a buscar a mi padre. Cuando mi padre entró en la tienda, yo estaba tirado en el suelo llorando. Mi padre me dijo en tono serio que me levantara. Me levanté llorando y pidiéndole perdón. El me dijo que dejase de llorar y que ya hablaríamos en casa. Estaba hecho polvo y nada más entrar en el coche me quedé dormido. Al llegar a casa, nada más abrir la puerta, vi a mi madre que nos estaba esperando. Al verla, rompí a llorar y le pedí perdón por lo que había hecho. Mi madre me abrazó y me decía cosas cariñosas para intentar consolarme. Mi padre interrumpió ese abrazo con mi madre pronunciando una frase que nunca olvidaré: “sigue tratándole así que nos va a salir maricón, como tu hermano”. Me quedé helado. Mi padre me ordenó que me fuese a la cama y me dijo que ya hablaríamos. Me metí en la cama y en lo único que podía pensar era que mi tío Miguel, al que sólo había visto un par de veces en mi vida, era maricón. Aunque en esa época de mi vida no hubiese reconocido de ninguna manera que era homosexual, me sentí inmediatamente identificado con mi tío Miguel. La revelación de la homosexualidad de mi tío despertó en mi una gran curiosidad hacia ese familiar que vivía en Inglaterra y del que se evitaba hablar en nuestra familia. Pasé casi toda la noche pensando en él y tardé mucho en poder dormir. Esa noche no podía imaginarme lo mal que lo pasaría los próximos cuatro años y lo importante que sería en mi vida mi tío Miguel.
La mañana siguiente me sentía fatal. No había dormido casi nada y presentía que el día iba a ser muy duro. Mi padre, como todas las mañanas, salió a desayunar y leer la prensa al bar de siempre. Mi madre y yo estábamos acabando de desayunar cuando llegó mi padre. Entró en el salón y me dijo que me diese prisa porque nos íbamos, ya que teníamos que hablar de muchas cosas “entre hombres”. Recuerdo que era la cosa que menos me apetecía del mundo. Me sentía sin fuerzas y, francamente, estaba acojonado. Mi madre debió de darse cuenta porque, antes de salir por la puerta, me abrazó y me susurró al oído que me tranquilizase porque lo hacían por mi bien. Mi padre era psiquiatra y me llevó a su despacho. Os ahorraré los detalles del sermón que me soltó. El caso es que, al cabo de una hora de contarme lo horrible que es la homosexualidad y lo infelices que eran sus pacientes homosexuales, me hizo jurar con la mano sobre el crucifijo de mi primera comunión que no volvería a ceder a las pulsiones homosexuales. Nos arrodillamos y rezamos juntos, y al levantarnos puso su brazo sobre mi hombro y dijo“mi hijo será un hombre como Dios manda, de eso me encargo yo”.
Lo cierto es que la relación entre mi padre y yo nunca volvió a ser la misma. Por mucho que rezaba y que juraba que nunca lo volvería a hacer, cada vez me sentía más atraído por los hombres. Cuando me quedaba solo me pajeaba como un condenado. Cuanto más me reprimía más salido estaba. No paraba de mirar los culos y los paquetes de los compañeros de clase. Me volvía loco en el vestuario viéndoles en calzoncillos y luego me mataba a pajas. Me imagino que la mayoría de los chicos de mi clase también harían lo mismo pensando en las chicas, pero la diferencia es que yo me sentía sucio y culpable. Según pasaba el tiempo, me sentía cada vez más solo. Sabía que no podía contar con mis padres para ayudarme y en el colegio la situación se volvió insoportable. Alguien divulgó el rumor de que era maricón y los compañeros de clase empezaron a putearme. Al principio eran insultos en el recreo y pintadas “Fernando maricón”. Yo sabía que si les decía algo a mis padres podrían sospechar y no les dije nada. Pero un grupo de chicos se propuso hacerme la vida imposible. Pasaron de los insultos a las collejas y las patadas. Un día, al entrar en clase vi como todos me miraban y se reían. Al ir a sentarme vi que habían dibujado una polla en mi silla. Hice como si no lo hubiese visto y me senté mientras se reían. Durante la clase oía los comentarios homófobos y las risas. Yo era un chico muy tímido y reprimido. La única visión de la vida que tenía era la que me habían enseñado en casa y en el colegio. Recuerdo, por ejemplo, que cuando empezaron a salirme pelos en los sobacos y los genitales me sentía sucio y muy avergonzado. En el fondo, me parecía normal ser humillado por mis compañeros por ser homosexual.
Fueron unos años horrorosos que destrozaron mi autoestima. Un día, me rodearon unos chicos en el recreo y me dijeron que tenía que pelearme con uno de ellos. Como me negué a hacerlo, se tiraron todos sobre mí y me dieron una paliza. Estaba desesperado y necesitaba hablar con alguien. Al llegar a casa, busqué en la libreta de mi madre el teléfono de mi tío Miguel. Cogí dinero y salí a una cabina para llamarle. Entré en la cabina y me costó marcar el número porque me temblaban los dedos. Entre llantos, pude hablar con mi tío y contarle lo que me estaba pasando. Mi tío se quedó muy preocupado y me dijo que vendría a Santander el sábado para verme. Al día siguiente me llamó a casa cuando mis padres no estaban y pudimos hablar más tranquilos. Quedamos que nos veríamos en un bar, sin que lo supiesen mis padres.
Llegó el sábado y fui a la cita con mi tío. Al llegar al bar le vi esperando en la puerta. Me acerqué tímidamente y le di la mano, pero el dijo “dame un abrazo, coño, que somos familia. Joder como has crecido”. Enseguida me sentí cómodo con él. Le conté lo que me estaba pasando y noté como su sonrisa desaparecía de sus labios y cada vez parecía más indignado. Le conté que mi padre me dijo que sus pacientes homosexuales no eran felices. El me dijo que no le extrañaba porque ser homosexual y paciente de mi padre era para pegarse un tiro. Pero también me dijo que hay muchos homosexuales felices y que los que de verdad no son felices son los que no se aceptan. Me contó cosas sobre su casa en Brighton, su novio Jim, su trabajo, etc. Mi tío me dijo que podía contar con él para lo que necesitase. Pasé unas horas inolvidables con él. Volví a casa sobre la ocho y mi padre me preguntó que dónde había estado tanto tiempo. Le dije que por ahí. El dijo “ay pillín, con una chica”. El mundo de mi padre y el mío estaban cada vez más distantes.
El haber podido compartir con mi tío lo que estaba viviendo, el sentir que me comprendía y me apoyaba me dio mucha fuerza. Durante las semanas posteriores a nuestro primer encuentro hablamos mucho por teléfono y vino a verme en 2 ocasiones, una de ellas con Jim. Al ver lo mal que lo estaba pasando, me dijeron que si me apetecía podía irme a vivir con ellos a Brighton. Mi tío me explicó que, teniendo yo 17 años, mis padres no podían obligarme a vivir en casa. Para mí, la oferta de Jim y Miguel, supuso la oportunidad de abandonar una realidad oprimente y empezar una nueva vida. Quería irme ya, pero me convencieron de que era mejor hablar con mis padres e intentar hacer las cosas por las buenas. Decidimos que el sábado 24 de marzo 2001 (nunca olvidaré esa fecha), aprovechando la celebración de mi decimoséptimo cumpleaños, mi tío vendría a comer a casa de mis padres y hablaríamos con ellos. Para que la cosa fuese más fácil, decidí escribirles una carta a mis padres en la que les decía que era homosexual, les contaba lo mal que lo estaba pasando en el colegio y les decía que me iba a vivir a Brighton con Miguel. También les decía que les quería mucho y que esperaba que siguiésemos unidos a pesar de la distancia. Fue una carta que me costó mucho escribir. Derramé muchas lágrimas y la escribí varias veces para intentar encontrar las palabras más apropiadas para decirles lo que sentía.
Finalmente, llegó el día tan esperado y temido. Pasé la noche casi sin dormir por mi estado de nerviosismo. Mi tío llegó a las 12. Recuerdo que me impactó lo contenta que estaba mi madre de volver a ver a su hermano y la frialdad – por no decir el desprecio – del saludo de mi padre. Como habíamos planeado, mi tío hizo como si no me hubiese visto desde hace años. Sólo cuando leyesen mi carta conocerían la verdad. Una vez en el salón, mi madre propuso que abriese los regalos, pero les dije que antes tenía yo una cosa para ellos. Al ir a mi cuarto a buscar las cartas, vi la cara de sorpresa de mi tío. Habíamos convenido que se las entregaría después de la comida, pero no podía aguantar más la situación y decidí precipitar los acontecimientos. Todo fue muy rápido. Saqué las cartas del bolsillo de mi chaqueta y le di una a mi madre y otra a mi padre. Empezaron a leerla y mi madre rompió a llorar. Mi padre la leía con aspecto serio y no decía nada. Cuando acabó de leerla, mi madre vino a abrazarme llorando. No paraba de decir “mi ratoncito, mi ratoncito” (así es como me llama desde pequeño). Sin decir nada, mi padre se levantó del sillón y se fue a su habitación. Mi madre y yo estuvimos abrazados y llorando durante unos minutos hasta que vi volver a mi padre con mi pasaporte en la mano. Se dirigió a mí con un tono muy frío y distante para decirme que no me iba a retener, pero que antes de irme tenía que escucharle. Me dijo que Dios nos pone a todos a prueba y que la tentación homosexual era mi prueba. Se acercó a mí y me dijo, mirándome a los ojos, que sabía que resistir a la tentación sería difícil, pero que era la única posibilidad que tenía de ser un hombre de Dios. Añadió que si escogía sacrificarme me apoyaría y me daría todo lo que necesitase, pero que si cedía a la tentación dejaría de ser su hijo. Mi madre le pidió que no dijese eso. Y él respondió “la homosexualidad no es el camino de Dios y no le acompañaré si toma ese camino”. Recuerdo perfectamente esa frase porque esas fueron las últimas palabras que escuché de mi padre. Dejó el pasaporte encima de la mesa y se encerró en su habitación. Mi madre me pidió llorando que me quedase. Mi tío y yo le explicamos que necesitaba irme para poder reconstruir mi vida y ser feliz. Mi tío prometió a mi madre que se ocuparía bien de mí y yo le prometí que la llamaría por teléfono todos los días, cosa que hago desde ese día. Nunca olvidaré la desgarradora imagen de mi madre llorando al despedirse de mí. Una vez en el coche que había alquilado mi tío, rompí a llorar. Miguel me abrazó y me dijo que tenía que estar orgulloso porque había sido valiente. Nos fuimos a comer y Mi tío aprovechó para darme un regalo de él y Jim. Era una cinta de vídeo de la película “Beautiful Thing”.
Al día siguiente viajamos a Brighton. En el avión, Miguel me dijo que Jim estaba muy ilusionado que fuese a vivir con ellos y que había estado preparando minuciosamente mi cuarto para que me sintiese cómodo. Efectivamente, al llegar a casa, Jim nos estaba esperando loco de contento. Me enseñaron la casa y mi cuarto. Durante los años que viví con mis tíos, Jim se ocupó de mí como de un hijo. Tenía una capacidad de darse cuenta de mi estado anímico que nunca tuvo mi propio padre. Cuando notaba que estaba mal, me ponía la mano en el hombro y me decía “are you alright?” Recuerdo con especial cariño cuando veíamos juntos “Big Brother” (Gran Hermano), comiendo helado. Nos reíamos mucho viendo el programa y cuando mi tío Miguel se enfadaba porque veíamos esas gilipolleces. El cariño de Jim fue esencial para sentirme bien y dejar atrás el sufrimiento pasado.
En Brighton pasé cinco años maravillosos. Fueron unos años de formación personal y profesional que me permitieron reconstruir mi vida. Conocí a otros chicos y chicas lgtb con los que compartí amistad y de los que aprendí mucho. Conocí a mi primer novio, Dale (pronunciado Deil, no seáis malpensados). Nada más verle me enamoré de él. Era muy guapo, pero lo que más me atrajo fue esa sonrisa que tenía y la confianza con la que iba por la vida. Era la prueba viviente que se podía ser joven, gay y feliz. Con Dale hice el amor por primera vez y aprendí a ir por la vida sin miedo. Con él también aprendí lo que duele una ruptura amorosa. Durante esos años, me di cuenta de lo oprimente que había sido mi educación y aproveché al máximo la libertad que tenía viviendo en casa de mis tíos. Tuve una época, después de la ruptura con Dale, en la que follaba más que un conejo. A mis tíos les hacía gracia asistir a la transformación del chaval tímido y reprimido en un follador insaciable. El calentón duró unos meses, hasta que me volví a enamorar. El único momento difícil que viví durante mi estancia en Brighton ocurrió cuando me enteré que a mi padre le diagnosticaron un cáncer. Ocurrió unos meses después de irme de casa y la familia de mi padre me acusaba de ser el responsable de su estado de salud. Mi padre sólo aceptaba hablar conmigo si le pedía perdón y le prometía que iba a cambiar. No lo hice. Mi padre murió en 2003. No asistí a su funeral y no he ido a visitar su tumba. Aunque a algunos les pueda parecer una salvajada, no echo de menos a mi padre. Tampoco siento rencor hacia él, pero no siento su ausencia en mi vida cotidiana. Tras la muerte de mi padre, la relación con mi madre mejoró mucho. Pude visitarla en varias ocasiones y mi tío Miguel y yo la convencimos para que viniese a Brighton a pasar unos días con nosotros. Mi homosexualidad y la muerte de mi padre permitieron a mi madre cambiar y, desde entonces, nos llevamos muy bien.
En 2006, decidí ir a Paris para perfeccionar mi francés y conocí a Alain, mi novio. Tiene 16 años más que yo y, aunque físicamente no corresponde a la imagen que tenía en la cabeza cuando me imaginaba a mi príncipe, somos muy felices. Disfrutamos mucho haciendo la compra juntos, viendo una peli juntitos en el sofá de casa, paseando o, simplemente, quedándonos en la cama los domingos por la mañana. La relación con Alain me ha aportado mucha serenidad y paz interior. Es difícil creer que ese adolescente que sufrió tanto la homofobia de su entorno que rezaba por la noche para no despertar la mañana siguiente vivo pueda ser hoy un hombre feliz. Pero, por muy feliz que sea, nunca olvidaré a ese niño de 13 años que lloraba desconsolado y se hizo pis porque era homosexual y su padre no le aceptaba. No quiero olvidarme de él ni de los chicos que lo estén pasando mal en la actualidad.

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