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jueves, diciembre 20, 2012

Bruselas pide prohibir el tabaco de sabores y que el 75% de la superficie de las cajetillas sean advertencias

Bruselas pide prohibir el tabaco de sabores y que el 75% de la superficie de las cajetillas sean advertencias




Europa Press  |  Publicado: 


La Comisión Europea ha propuesto este miércoles que las advertencias sobre los riesgos de fumar -combinando texto e imágenes- cubran el 75% de la superficie de las cajetillas de tabaco que se venden en la UE, casi el doble del 40% que es obligatorio en la actualidad.
Bruselas quiere también prohibir los cigarrillos con sabores, como fresa o vainilla, que han surgido en los últimos años con el objetivo de atraer a los más jóvenes. Además, exigirá que los cigarrillos electrónicos sin humo avisen también de que son perjudiciales para la salud.
Estas son las principales novedades incluidas en la reforma de la directiva sobre productos del tabaco, cuya tramitación ha durado años y ha costado la dimisión del ex comisario de Salud. El maltés John Dalli se vio forzado a dejar el cargo en octubre por acusaciones de aceptar un soborno para levantar la prohibición vigente en la UE sobre el 'snus', un tipo de tabaco de uso oral.
La propuesta final del Ejecutivo comunitario mantiene la prohibición del 'snus' en territorio comunitario salvo en Suecia, que goza de una derogación especial.
El nuevo comisario de Salud, Tonio Borg, ha presumido de que la Comisión "ha cumplido" sus compromisos pese al escándalo Dalli. "Prometió una propuesta sobre productos del tabaco a finales de 2012 y eso es lo que estoy presentando a los ministros de Salud y al Parlamento Europeo", ha dicho.
La propuesta debe ser discutida ahora por los Gobiernos y por la Eurocámara. El Ejecutivo comunitario espera que se adopte en 2014 y que entre en vigor en 2015-2016.
"Teniendo en cuenta que el 70% de los fumadores empiezan antes de los 18 años, la ambición de esta propuesta es hacer que los productos del tabaco y fumar resulten menos atractivos y desincentivar así la iniciación al tabaco entre los jóvenes", ha dicho Borg.
"No debe engañarse a los consumidores: los productos del tabaco deben parecer y tener el sabor de productos del tabaco y esta propuesta garantiza que un empaquetado atractivo y los aromatizantes no se usen como estrategia de marketing", ha resaltado.
LA CAJETILLA GENÉRICA, OPCIÓN PARA LOS ESTADOS MIEMBROS
Además de aumentar del 40% al 75% el tamaño de las advertencias sobre los riesgos de fumar en las cajetillas, espacio en el que no podrá haber elementos promocionales, la nueva norma obligará a incluir tanto un mensaje de texto como una imagen. En la actualidad, los paquetes con imágenes o fotografías se venden sólo en diez Estados miembros, incluida España.
No obstante, el Ejecutivo comunitario ha renunciado a proponer la llamada 'cajetilla genérica' que estandariza el color, logo y otros contenidos de promoción del fabricante. Este modelo, introducido en Australia, ha sido denunciado por las compañías ante la Organización Mundial del Comercio.
La norma se limita a señalar que los Estados miembros tendrán libertad para introducir la 'cajetilla genérica' en "casos debidamente justificados".
La prohibición de aromatizantes se aplicará no sólo a los cigarrillos sino también al tabaco para liar y al tabaco sin humo. Bruselas también prohíbe nuevos ingredientes con mayor toxicidad y capacidad adictiva y quiere crear un formato electrónico de información sobre ingredientes y emisiones.
El campo de aplicación de la directiva se extiende para cubrir por primera vez a los cigarrillos electrónicos, que seguirán estando autorizados por debajo de un determinado umbral de nicotina, pero deberán incluir también advertencias sobre los riesgos para la salud, al igual que el resto de tipos de tabaco sin humo.
Por encima de este umbral, los cigarrillos electrónicos sólo estarán autorizados para fines medicinales, como terapias de sustitución de la nicotina. Los cigarrillos herbales también deberán llevar advertencias sanitarias.
COMERCIO ILÍCITO
La norma introduce un mecanismo de verificación de edad para las ventas transfronterizas por Internet para los minoristas con el fin de garantizar que los productos del tabaco no se vendan a niños y adolescentes.
Finalmente, se prevén nuevos mecanismos de control y seguridad (por ejemplo hologramas) para garantizar que sólo los productos que cumplan la directiva puedan venderse en la UE.

lunes, julio 23, 2012

Fumar no sale a cuenta (tampoco a Don Draper)


María A. Blasco

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Fumar no sale a cuenta (tampoco a Don Draper)

Publicado: 23/07/2012 07:00

Fumar provoca cáncer
Hace más de medio siglo que sabemos que fumar perjudica gravemente la salud. La primera escena deMad Men, la exitosa serie de TV estadounidense que cuenta la vida de un grupo de publicistas en la calle Madison de Nueva York, se sitúa en un bar de la ciudad, a comienzos de 1960, atestado de personas fumando. Entre ellos está el director creativo Don Draper (interpretado por Jon Hamm), que en ese momento está trabajando en una campaña publicitaria para una conocida marca de cigarillos, principal cliente de su agencia, después de que la comisión de comercio del Gobierno de EEUU haya prohibido seguir publicitando que fumar es sano. Ese episodio piloto, Smoke Gets In Your Eyes (el humo ciega tus ojos), termina con Draper seduciendo al dueño de la tabaquera con un eslogan que ignora elegantemente que fumar es peligroso.
Cincuenta años más tarde, el tabaco mata cada año a 5 millones de personas en el mundo, 1 de cada 10 del total de adulto fallecidos, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). El cáncer de pulmón es la segunda causa de muerte en los países industrializados y la primera por tumores,como recoge Globocan. El tabaco causa cerca del 90% de los cánceres de pulmón en hombres, y entre el 55% y el 80% en mujeres (este porcentaje se ha disparado en los últimos 30 años, segúnChest Journal). El 10% de los accidentes cardiovasculares se atribuye al consumo de tabaco. La incidencia de cáncer de mama y vejiga, entre otros, también se acelera por el consumo de tabaco.
En España, se registran cada año cerca de 20.000 casos de cáncer de pulmón, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). La supervivencia de los afectados al cabo de 5 años es inferior al 15%, como recoge la Encuesta Nacional de Salud (ENS). Esto supone la muerte de decenas de miles de fumadores españoles todos los años, entre ellos, muchos fumadores pasivos.
En las últimas semanas, en medio de la vorágine de noticias sobre la crisis economómica, sus consecuencias y las propuestas para superarla, volvió a colarse en el debate público la idea de suavizar la prohibición de consumir tabaco en lugares públicos. Cualquier posibilidad de marcha atrás reguladora en este sentido parece, sin duda preocupante. Por poner un ejemplo, ¿reconsideraría alguien el uso de asbestos en la construccion?


Fumar acelera el envejecimiento de las células
Fumar genera sustancias químicas nocivas para el material genético de nuestras células, lo que produce mutaciones que pueden favorecer tanto la aparición del cáncer como el envejecimiento. Recientemente se ha visto que fumar es uno de los factores que más acelera el envejecimiento del organismo; y esto lo hace, en parte, haciendo que perdamos más rápido las estructuras que protegen nuestros cromosomas, los llamados telómeros.
En otras palabras, los fumadores tienen telómeros mas cortos y una edad biológica mayor que la correspondiente a su edad cronológica. Esto aumenta su riesgo de padecer cualquier enfermedad asociada al envejecimiento y de acortar su vida de manera proporcional al número de paquetes de cigarillos fumados.
Fumar no es rentable, ni para las familas ni para la sociedad
Quizás saber que un determinado hábito es nefasto para la salud no es suficiente para que lo abandonemos. Al fin y al cabo, es muy fácil conseguir cigarillos, y en nuestro país aún perdura una cierta asociación entre fumar y una vida glamurosa, libre, aventurera, divertida. El tabaco es aún un gran negocio para algunos sectores de la sociedad, pero es importante dejar claro que también es prejudicial económicamente para la economía nacional y para la economía familiar.
El coste económico particular del consumo de tabaco es tremendo. Numerosos estudios han revelado que en los hogares más pobres de algunos países de bajos ingresos los productos del tabaco representan hasta un 10% de los gastos familiares. Además de los elevados gastos de salud pública relacionados con el tratamiento de enfermedades causadas por el tabaco, como la EPOC (enfermedad pulmonar obstructiva crónica), el tabaco mata a las personas en la cúspide de su vida productiva, privando a las familias de su sustento y a las naciones de una fuerza de trabajo sana. Los consumidores de tabaco son, además, menos productivos durante su vida, principalmene por su mayor vulnerabilidad a las enfermedades.
Una amenaza en aumento para las mujeres fumadoras
En 1964 -cuatro años después de que Don Draper consiguiera con éxito seguir publicitando de manera positiva su cuenta de la conocida marca de cigarrillos-, el Surgeon General de EEUU, el principal portavoz en materia de salud pública de la nación, emitió un histórico informe tituladoSmoking and Health (fumar y salud), cuya principal conclusión es que fumar produce cáncer.
Algunos países reaccionaron con firmeza al conocer este hecho científico. Por ejemplo, el Reino Unido, donde ya en 1965 se prohibió emitir anuncios de tabaco en televisión. Sin embargo, no fue hasta finales de la década de 1990, de nuevo en EEUU, cuando se empezó a limitar en serio el consumo de tabaco en cafés, bares y otro tipo de espacios públicos. Nueva York fue pionera en 2003 prohibiendo fumar en prácticamente todos los espacios públicos de la ciudad. Esta misma norma ha llegado a la mayor parte de los países del primer mundo ya entrado el siglo XXI; en España entró en vigor el año pasado.
Costó medio siglo, pero al final la evidencia científica y la preocupación por la salud se impuso a otro tipo de intereses. No obstante, aún hay motivos de alarma. Desde 1964, coincidiendo con el inicio de las restricciones, los hombres, que entonces eran los principales consumidores de tabaco, empezaron a abandonar el hábito progresivamente (antes de la Segunda Guerra Mundial el 65% de los hombre eran fumadores, ahora, son el 22%), pero en cambio las mujeres empezaron a adquirirlo.
En los últimos años ha disminuido progresivamente la incidencia de cáncer de pulmón en hombres, pero se ha duplicado en mujeres. Se prevé, como consecuencia, que en 2020 el cáncer de pulmón sea ya el más mortal entre las mujeres, por delante del de mama. Esto ha sido consecuencia de sofisticadas estrategias comerciales iniciadas en las décadas de 1950 y 1960 del siglo pasado en las que la mujer que fuma aparece como una mujer glamurosa, libre y sofisticada -como antes se vendía solo a los hombres-, sin importar incluso que estuviese embarazada.

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Fumar está hoy día asociado a la incultura y la pobreza en EE UU
¿De verdad que el tabaco es glamuroso? El tabaco, la incultura y la pobreza están ya indisolublemente ligados en países como EE UU, donde fumar ya no está bien visto entre las clases sociales de mayor nivel cultural y económico. No obstante, también allí la batalla contra el tabaquismo sigue en pie. En Nueva York, poco después de entrar en vigor la prohibición de fumar en espacios públicos, empezaron a proliferar los llamados smokeasis, locales aptos para fumadores, forzando a las autoridades a desarrollar hasta hoy nuevas formas de prohibición para defender la salud pública.
Los guionistas de Mad Men volvieron a emplear la palabra smoke (humo) en el título de un capítulo en la cuarta temporada. En el episodio 12 -50 capítulos después del piloto-, tituladoBlowing smoke (echando humo), Draper y lo suyos, ya en 1964, sufren a su modo las consecuencias del informe Smoking and Health del Surgeon General de EE UU. La tabaquera que sustentaba su negocio (advierto de que viene un spoiler) abandona la agencia, tras 25 años de colaboración, dejándoles al borde de la ruina. La reacción de Draper, tras encontrarse con una examante que aparecía también en aquel episodio piloto y que ahora está arruinada por el consumo de drogas, es publicar una carta-anuncio a toda página en The New York Times.
Draper titula su texto Why I'm Quitting Tobacco (por qué dejo el tabaco), aunque mientras lo escribe, fuma (los personajes de Mad Men beben y fuman constantemente, como parte de la ambientación de época, o quizás una innovadora forma de distinguirse ahora que casi nadie fuma o bebe en el cine y la televisión). En su manifiesto, el ingenioso publicista describe el tabaco como "un producto que nunca mejora, que provoca enfermedades y que hace a la gente infeliz", y reconoce que del mismo modo que a los fumadores les cuesta dejarlo, a él le costaba renunciar al dinero que le hacía ganar.
En 2012 ya sabemos de sobra que el tabaco, además de matar a los ciudadanos, no es rentable ni para las economías familiares ni para ninguna administración. No tiene ninguna justificación que favorezcamos de nuevo su consumo. No tiene ningún sentido que retrocedamos medio siglo atrás.

sábado, enero 21, 2012

La importancia de cenar en familia


Es el momento más relajado del día, cuando no hay que mirar el reloj y se puede pasar un rato con los niños. Varios estudios científicos demuestran que cenar en familia tiene una incidencia directa sobre el comportamiento de los más pequeños, sus notas y hábitos alimentarios. Eso sí, se deben seguir ciertas pautas. Compartimos mesa con ocho familias españolas.

Cenar en familia,algo aparentemente sencillo, puede hacer más felices a sus hijos, ayudar a que se sientan más seguros, a que sean mejores estudiantes y menos propensos a fumar, beber alcohol o a drogarse. Pero, cuidado, tampoco es mano de santo. Sentarse a la mesa por obligación, con la idea de que se sacrifica para ajustarse al horario de los niños, preocupado por imponer pautas rígidas de conducta y creyendo, además, que debe desarrollar conversaciones constructivas puede ser incluso contraproducente. Disfrutar y relajarse, por más cansado que uno se sienta al final del día de trabajo, son dos factores decisivos para convertir ese encuentro familiar en un estímulo que contribuya al desarrollo de las habilidades sociales, emocionales e interpersonales de su prole. La regularidad es otro factor importante. Lo han comprobado los investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Minnesota y lo han corroborado expertos del Centro de Adicciones y Abuso de Sustancias de la Universidad de Columbia, en EE.UU. Según ambos estudios, cenar habitualmente -al menos cinco veces por semana- reduce la propensión a las adicciones. La investigación de Columbia llega a asegurar que de esta manera se reducen en un 42 por ciento las posibilidades de que los adolescentes beban alcohol, en un 59 de que fumen tabaco y en un 66 por ciento de que prueben marihuana. `Cuanto más tiempo de calidad se comparte entre padres e hijos, menos factores de riesgo y más de protección se desarrollan ante conductas negativas y ante patologías como depresión, ansiedad o problemas de comunicación´, explica Guillermo Fouce, doctor en Psicología y profesor de psicología social de la Universidad Carlos III. `Tener una buena relación con los padres, una buena afectividad y contacto es sumamente importante como factor de prevención´.

Curiosamente, frente a la creencia de quienes consideran que cenar en familia es un lujo en estos tiempos gobernados por el estrés y las prisas, lo cierto es que -el dato figura entre las conclusiones del estudio de Columbia- el porcentaje de familias que acaban así la jornada ha subido en los últimos años. Si en 1998 era del 47 por ciento, ahora ya alcanza al 59.

La cena tiene un valor especial con respecto al resto de las comidas, porque es al final del día cuando uno más se relaja y hay más propensión al diálogo. `Pero se debe procurar no hacer de la cena una ocasión para tratar asuntos serios. Eso tiene que surgir´, afirma Esteban Cañamares, psicólogo clínico especializado en la familia. El niño, dicen los expertos, acaba viendo una oportunidad natural para hablar de asuntos importantes para él de su día a día, ya sea porque le han llamado la atención, porque le preocupan dichos asuntos o porque le causan malestar. La televisión, conviene subrayar, es incompatible con este tipo de hábitos, lo mismo que todo aquello que entorpezca las relaciones interpersonales (juguetes, móviles, revistas, auriculares...) y si se pone música de fondo, el consenso es fundamental. `Por regla general es mejor no coger el teléfono durante la cena, a no ser, por supuesto, que se espere una llamada importante, y que nadie se levante hasta que todos hayan acabado´, matiza Cañamares, que recalca también la importancia de la sobremesa, aunque sea breve.

Esas pocas reglas, sin embargo, deben imponerse con suavidad para no crear, en ningún momento, un clima rígido. `Que no parezca que se está en un cuartel, sino en una reunión entre amigos´, deja claro el psicólogo. No se debe olvidar, en todo caso, que el motivo último de dicha reunión es alimentarse. Es decir, no se trata de ser condescendiente si el niño se niega a comer o empieza a jugar con la comida. `Entonces se ha de hablar con claridad y concisión, según la edad y sus características. Por ejemplo, es mejor decir enfáticamente `deja el plato en la mesa´ que `si no te portas bien y sigues molestando, te quedas sin postre´, aconseja Valentín Martínez-Otero, doctor en Psicología y Pedagogía. Está comprobado que en las cenas familiares los niños suelen comer mejor que cuando lo hacen solos o ante la televisión. El estudio de la Universidad de Minnesota asocia las cenas familiares con un menor porcentaje de trastornos alimentarios y mejores notas. Otra investigación similar comprobó que cenar en familia más de cinco veces a la semana, unido a dormir diez horas cada noche y ver la televisión menos de dos horas al día, están directamente relacionados con una menor incidencia de obesidad infantil. `Es importante compartir los momentos a la mesa con nuestros hijos y aprovechar para hacer una correcta educación alimentaria no solo de palabra, sino con el ejemplo´, afirma el nutricionista Juan Revenga. `Les estamos dando mensajes contradictorios si, por ejemplo, les decimos que coman fruta o verdura y nosotros no lo hacemos. Ya decía Einstein que educar con el ejemplo no es una forma más de educar, es la única´.
Priscila Guilayn y Virginia Drake

La importancia de lo insignificante

Comer en familia previene adicciones. Júntarse en la mesa en familia produce hijos sanos
Un estudio del National Center on Addiction and Substance Abuse at Columbia University (CASA, Centro Nacional de Adicciones y Abuso de Sustancias de la Universidad de Columbia) revela que las familias que cenan juntas al menos cinco veces a la semana reducen el riesgo de que sus chicos fumen, beban y se droguen.

domingo, agosto 14, 2011

El otro Estado MARIO VARGAS LLOSA Habrá cultivo y tráfico de drogas mientras haya consumo. La despenalización es el único remedio

El otro Estado MARIO VARGAS LLOSA EL PAÍS - Opinión - 10-01-2010
PIEDRA DE TOQUE. La experiencia de México lo confirma: no es posible derrotar militarmente al narcotráfico. Habrá cultivo y tráfico de drogas mientras haya consumo. La despenalización es el único remedio

Hace algún tiempo escuché al presidente de México, Felipe Calderón, explicar a un grupo reducido de personas, qué lo llevó hace tres años a declarar la guerra total al narcotráfico, involucrando en ella al Ejército. Esta guerra, feroz, ha dejado ya más de quince mil muertos, incontables heridos y daños materiales enormes.

El panorama que el presidente Calderón trazó era espeluznante. Los cárteles se habían infiltrado como una hidra en todos los organismos del Estado y los sofocaban, corrompían, paralizaban o los ponían a su servicio. Contaban para ello con una formidable maquinaria económica, que les permitía pagar a funcionarios, policías y políticos mejores salarios que la administración pública, y una infraestructura de terror capaz de liquidar a cualquiera, no importa cuán protegido estuviera. Dio algunos ejemplos de casos donde se comprobó que los candidatos finalistas de concursos para proveer vacantes en cargos oficiales importantes relativos a la Seguridad habían sido previamente seleccionados por la mafia.
La conclusión era simple: si el gobierno no actuaba de inmediato y con la máxima energía, México corría el riesgo de convertirse en poco tiempo en un narco-estado. La decisión de incorporar al Ejército, explicó, no fue fácil, pero no había alternativa: era un cuerpo preparado para pelear y relativamente intocado por el largo brazo corruptor de los cárteles.
¿Esperaba el presidente Calderón una reacción tan brutal de las mafias? ¿Sospechaba que el narcotráfico estuviera equipado con un armamento tan mortífero y un sistema de comunicaciones tan avanzado que le permitiera contraatacar con tanta eficacia a las Fuerzas Armadas? Respondió que nadie podía haber previsto semejante desarrollo de la capacidad bélica de los narcos. Éstos iban siendo golpeados, pero, había que aceptarlo, la guerra duraría y en el camino quedarían por desgracia muchas víctimas.
Esta política de Felipe Calderón que, al comienzo, fue popular, ha ido perdiendo respaldo a medida que las ciudades mexicanas se llenaban de muertos y heridos y la violencia alcanzaba indescriptibles manifestaciones de horror. Desde entonces, las críticas han aumentado y las encuestas de opinión indican que ahora una mayoría de mexicanos es pesimista sobre el desenlace y condena esta guerra.
Los argumentos de los críticos son, principalmente, los siguientes: no se declaran guerras que no se pueden ganar. El resultado de movilizar al Ejército en un tipo de contienda para la que no ha sido preparado tendrá el efecto perverso de contaminar a las Fuerzas Armadas con la corrupción y dará a los cárteles la posibilidad de instrumentalizar también a los militares para sus fines. Al narcotráfico no se le debe enfrentar de manera abierta y a plena luz, como a un país enemigo: hay que combatirlo como él actúa, en las sombras, con cuerpos de seguridad sigilosos y especializados, lo que es tarea policial.
Muchos de estos críticos no dicen lo que de veras piensan, porque se trata de algo indecible: que es absurdo declarar una guerra que los cárteles de la droga ya ganaron. Que ellos están aquí para quedarse. Que, no importa cuántos capos y forajidos caigan muertos o presos ni cuántos alijos de cocaína se capturen, la situación sólo empeorará. A los narcos caídos los reemplazarán otros, más jóvenes, más poderosos, mejor armados, más numerosos, que mantendrán operativa una industria que no ha hecho más que extenderse por el mundo desde hace décadas, sin que los reveses que recibe la hieran de manera significativa.
Esta verdad vale no sólo para México sino para buena parte de los países latinoamericanos. En algunos, como en Colombia, Bolivia y Perú, avanza a ojos vista y en otros, como Chile y Uruguay, de manera más lenta. Pero se trata de un proceso irresistible que, pese a las vertiginosas sumas de recursos y esfuerzos que se invierten en combatirlo, sigue allí, vigoroso, adaptándose a las nuevas circunstancias, sorteando los obstáculos que se le oponen con una rapidez notable, y sirviéndose de las nuevas tecnologías y de la globalización como lo hacen las más desarrolladas transnacionales del mundo.
El problema no es policial sino económico. Hay un mercado para las drogas que crece de manera imparable, tanto en los países desarrollados como en los subdesarrollados, y la industria del narcotráfico lo alimenta porque le rinde pingües ganancias. Las victorias que la lucha contra las drogas pueden mostrar son insignificantes comparadas con el número de consumidores en los cinco continentes. Y afecta a todas las clases sociales. Los efectos son tan dañinos en la salud como en las instituciones. Y a las democracias del Tercer Mundo, como un cáncer, las va minando.
¿No hay, pues, solución? ¿Estamos condenados a vivir más tarde o más temprano, con narco-Estados como el que ha querido impedir el presidente Felipe Calderón? La hay. Consiste en descriminalizar el consumo de drogas mediante un acuerdo de países consumidores y países productores, tal como vienen sosteniendo The Economist y buen número de juristas, profesores, sociólogos y científicos en muchos países del mundo sin ser escuchados. En febrero de 2009, una Comisión sobre Drogas y Democracia creada por tres ex-presidentes, Fernando Henrique Cardoso, César Gaviria y Ernesto Zedillo, propuso la descriminalización de la marihuana y una política que privilegie la prevención sobre la represión. Éstos son indicios alentadores.
La legalización entraña peligros, desde luego. Y, por eso, debe ser acompañada de un redireccionamiento de las enormes sumas que hoy día se invierten en la represión, destinándolas a campañas educativas y políticas de rehabilitación e información como las que, en lo relativo al tabaco, han dado tan buenos resultados.
El argumento según el cual la legalización atizaría el consumo como un incendio, sobre todo entre los jóvenes y niños, es válido, sin duda. Pero lo probable es que se trate de un fenómeno pasajero y contenible si se lo contrarresta con campañas efectivas de prevención. De hecho, en países como Holanda, donde se han dado pasos permisivos en el consumo de las drogas, el incremento ha sido fugaz y luego de un cierto tiempo se ha estabilizado. En Portugal, según un estudio del CATO Institute, el consumo disminuyó después que se descriminalizara la posesión de drogas para uso personal.
¿Por qué los gobiernos, que día a día comprueban lo costosa e inútil que es la política represiva, se niegan a considerar la descriminalización y a hacer estudios con participación de científicos, trabajadores sociales, jueces y agencias especializadas sobre los logros y consecuencias que ella traería? Porque, como lo explicó hace veinte años Milton Friedman, quien se adelantó a advertir la magnitud que alcanzaría el problema si no se lo resolvía a tiempo y a sugerir la legalización, intereses poderosos lo impiden. No sólo quienes se oponen a ella por razones de principio. El obstáculo mayor son los organismos y personas que viven de la represión de las drogas, y que, como es natural, defienden con uñas y dientes su fuente de trabajo. No son razones éticas, religiosas o políticas, sino el crudo interés el obstáculo mayor para acabar con la arrolladora criminalidad asociada al narcotráfico, la mayor amenaza para la democracia en América Latina, más aún que el populismo autoritario de Hugo Chávez y sus satélites.
Lo que ocurre en México es trágico y anuncia lo que empezarán a vivir tarde o temprano los países que se empeñen en librar una guerra ya perdida contra ese otro Estado que ha ido surgiendo delante de nuestras narices sin que quisiéramos verlo.

viernes, febrero 18, 2011

De prohibir el tabaco a prohibir el fumador. Un grupo de empresas hospitalarias de Massachusetts no contratará con nicotina en sangre u orina

De prohibir el tabaco a prohibir el fumador. Un grupo de empresas hospitalarias de Massachusetts no contratará a los que tengan nicotina en su sangre, saliva u orina. DAVID ALANDETE - Washington ELPAIS.com - Sociedad - 17-02-2011
Ya no basta con prohibir el tabaco en cualquier espacio interior compartido. A partir de ahora, algunas empresas norteamericanas van más lejos: muchas de ellas han decidido rechazar a aquellos solicitantes de empleo que fumen. Y no bastará con que alguien diga "no fumo" en la entrevista de trabajo. Habrá análisis de orina, sangre o saliva de por medio. Los médicos han relacionado tradicionalmente el tabaco a numerosas dolencias, como cáncer de garganta y pulmón. Ahora, diversos empresarios de Estados Unidos le lanzan un mensaje a los fumadores: fuman a su propia cuenta y riesgo. Y ellos no les van a emplear.
La prohibición, iniciada por algunos centros médicos privados hace cuatro años y que ha retomado un grupo de empresas hospitalarias de Massachusetts, ha causado una polémica de dimensiones nacionales. En EE UU, uno de cada cinco ciudadanos fuma: 46 millones de personas en total. Muchas de las empresas suelen pagar las pólizas del seguro médico de sus empleados. El 14% ofrecen programas para dejar de fumar, según un reciente estudio de la consultora Principal Financial Group. Poco a poco, además, están convirtiendo la adicción al cigarrillo en un estigma.
Hay una lógica empresarial tras esta decisión: dejar el tabaco significa menos ausencias del puesto de trabajo para fumar un pitillo, más productividad, menos inversión en pólizas de seguros médicos y menos bajas médicas. La Clínica Cleveland, una de las más prestigiosas del país, fue pionera a la hora de prohibir la contratación de fumadores en 2007. Con el nuevo año ha seguido su ejemplo la Asociación de Hospitales de Massachusetts, que engloba a 90 clínicas y centros médicos de ese Estado.
"El efecto nocivo del tabaco en nuestro sistema de salud está muy bien documentado", explica Lynn Nicholas, consejera delegada de la Asociación. "Sólo aquí en Massachusetts, el tabaco es la primera causa de muertes y enfermedades prevenibles. Más de 8.000 ciudadanos del Estado mueren cada año a causa de complicaciones relacionadas con el tabaco". La nueva política no afecta a aquellos empleados contratados antes del uno de enero de este año.
El pasado jueves, después de que el diario The New York Times se hiciera eco de la prohibición en Massachusetts, la red de hospitales del Estado de Washington Franciscan Health System anunció una medida similar. Desde entonces, en sus solicitudes de trabajo incluye la siguiente advertencia: "Si tiene nicotina en sus sistema, desde el día uno de marzo, no podrá obtener un trabajo en esta empresa". La compañía contrata a 8.100 trabajadores. Normalmente, un test de orina detecta la nicotina consumida en los pasados cuatro días. El de sangre puede abarcar un espacio mayor, de hasta una semana. Si la prueba efectuada es de saliva abarca 10 días.
Los defensores del derecho de los ciudadanos a fumar -dado que el tabaco es una sustancia legal en EE UU- han criticado duramente la medida. El país se halla dividido, al menos de forma legislativa: de los 50 Estados que conforman la Unión, 29, junto con la capital federal, cuentan con leyes que impiden la discriminación laboral contra los fumadores. En el resto, las empresas pueden actuar según su propio criterio.

jueves, enero 20, 2011

Un estudio constata que las restricciones al tabaco suponen menor consumo

Un estudio constata que las restricciones al tabaco suponen menor consumo. Los expertos sostienen que la subida de precios es la mejor forma de disminuir el tabaquismo. EFE 20/01/2011
HOSPITALET DE LLOBREGAT.- Más restricciones al tabaco comportan menos consumo, según un estudio realizado por los 27 países de la Unión Europea, en el que ha colaborado el Instituto Catalán de Oncología (ICO).
El estudio, que publica la revista especializada Plos One, confirma la hipótesis de que cuantas más restricciones se aplican al tabaco, menos consumo y exposición pasiva al humo.
Según afirmó el coautor del estudio y jefe de la Unidad de Control del Tabaquismo del ICO, Esteve Fernández, "los países que tienen más políticas activas de control tienen una prevalencia menor de consumo, y la población expuesta al humo, tanto en casa como en el trabajo o en la calle, también es menor".
Los expertos destacan las medidas que se han tomado en España a raíz de la aplicación de la nueva Ley del Tabaco pero apuntan como problema el precio del tabaco.
"Es uno de los países de Europa donde el tabaco es más barato", dice Fernández, que considera que "está demostrado que el aumento del precio del tabaco es la medida más eficaz para reducir el consumo".
En España, la exposición pasiva al tabaco produce entre 1.200 y 3.200 muertos al año por cáncer de pulmón e infarto de miocardio.
En países como el Reino Unido, Irlanda, Malta o Suecia, que tienen más medidas de control, la prevalencia del consumo es inferior al 28,8%, igual que la prevalencia de la exposición al humo de tabaco, que es del 13,8% en las casas y de 23,4% en el trabajo.
En la República Checa, Alemania, Luxemburgo, Grecia y Austria, donde hay menos medidas restrictivas, la prevalencia del tabaquismo es "relativamente alta", de más del 30%, así como la prevalencia al humo, que es de entre el 15 y el 30% en casa y de entre el 15 y el 36% en el trabajo.



Informe sobre el tabaquismo

viernes, enero 07, 2011

El tabaco como demostración de la falta de civismo de algunos españoles. Carlos Carnicero

El tabaco como demostración de la falta de civismo de algunos españoles. Carlos Carnicero. 07 ene 2011
En contra de lo que pudiera parecer por las declaraciones desproporcionadas de algunos líderes sociales, no somos pioneros en el mundo en una regulación estricta del consumo de tabaco. Hace muchos años, casi veinte, que no se puede fumar en ningún punto de los aeropuertos norteamericanos ni en los lugares públicos de ese país y del Reino Unido. En la mayor parte de los países europeos las normas son tan estrictas cómo la recién aprobada en España.
Los avances de la ciencia médica en la precisión sobre las consecuencias negativas del humo del tabaco para los consumidores y para los fumadores pasivos han sido determinante de las restricciones. No hay ninguna controversia médica sobre la gravedad de las consecuencias de fumar o de estar cerca de quienes lo hacen.
En todos los países la transición se hizo sin discusión, porque en los lugares donde la democracia está asentada existe un consenso básico de respeto a la ley y en que el derecho a la salud prima sobre el derecho a fumar. En caso de colisión, como ocurre en muchas otras esferas, el interés general prima sobre el minoritario. Quien se compra un deportivo de lujo puede invocar su derecho a circular a toda la velocidad que permite su automóvil, puesto que está a la venta con esas prestaciones. Sin embargo, el interés general de la seguridad vial hace legítimo que se legisle un límite de velocidad y se sancione a quien lo incumple. El alcohol es un producto permitido, pero está sancionado conducir con exceso de ese producto en el cuerpo por el peligro que supone para los demás. Cosas tan de sentido común han sido aceptadas socialmente. Sin embargo con el tabaco hay bronca.
En España hemos tardado mucho tiempo en hacer prevalecer el derecho a la salud de quienes no fuman sobre el derecho a fumar de quienes lo hacen. Y ahora, las amenazas de insumisión, las agresiones y el cuestionamiento de la legitimidad de la ley se adoba con todo tipo de razones. Algunas tienen fundamento transitorio: es cierto que algunos establecimientos de restauración y gastronomía pueden sufrir momentáneamente las consecuencias colaterales de la ley en sus economías. Lo mismo se podría decir de las limitaciones de velocidad y de las sanciones a quienes cometen una infracción de tráfico en relación a la venta de automóviles potentes. O con la venta de alcohol en los restaurantes donde los conductores dejan de hacerlo para no ser sancionados.
El perjuicio económico a los establecimientos de hostelería durará hasta que la sociedad asuma su vigencia y los fumadores que quieran seguir siéndolo se acostumbrarán a hacerlo en sus ámbitos privados. Entonces sencillamente se irá al bar y no se fumará o se saldrá a la calle para hacerlo. Indirectamente, mucha gente atrapada por el tabaco agradecerá la ayuda indirecta que recibe al hacerle más difícil encontrar espacios para fumar.
Lo que no es de recibo es que una norma que está socialmente asentada en todo el mundo civilizado sea utilizada aquí como un elemento de agresión al estado de derecho, de reto a la legitimidad de la soberanía popular y que encima se utilicen comparaciones tan indignantes como las que se han hecho algunos individuos con la persecución de los judíos por el III Reich. La derecha más dura de este país sigue utilizando cualquier asunto, incluso los relacionados con la salud, para tratar de erosionar al Gobierno.
Es cierto, que a preguntas de un periodista, la ministra de Sanidad, Leire Pajín, dijo que todo ciudadano tenía la posibilidad de denunciar a quien infrinja la ley. Y la traducción de esa afirmación, en una simplificación de lo que probablemente quiso decir la responsable de sanidad, se equiparó a una invitación a la delación.
El estado está para hacer cumplir la ley; no es obligación de los ciudadanos hacer de policías de nadie. Pero si es cierto que los responsables de cada establecimiento tienen que hacer cumplir la ley en su ámbito y en su caso avisar de que hay alguien que no cumple con una norma obligatoria para todos.
Es cierto que la ley del tabaco va a promover un cambio de costumbres sociales. Para unos, para la mayoría que no fuma, se establece la protección de su salud. Para otros, se les priva del placer de poder fumar en lugares de reunión contaminando el aire y dando satisfacción a su deseo de perjudicar su salud e indirectamente la de los demás. Es normal que estén disgustados. Pero es inaceptable la posibilidad de la insumisión y la rebeldía contra una norma que protege el derecho a la salud de todos los ciudadanos.
Como siempre la derecha más extrema aprovecha cualquier oportunidad para hacer demagogia y tratar de desprestigiar a un gobierno que sólo cumple con la normativa comunitaria al llevar al Parlamento y sancionar con valor legal una ley beneficiosa para la salud de los españoles.

miércoles, diciembre 29, 2010

Confesiones de un ex fumador. JAVIER CERCAS EPS Hace año y medio dejé de fumar

PALOS DE CIEGO Confesiones de un ex fumador. JAVIER CERCAS. EL PAIS SEMANAL - 17-10-2010
Hace año y medio dejé de fumar. Nunca imaginé que escribiría esa frase, pero ahí está: Hace año y medio dejé de fumar. Nunca lo imaginé porque fumo desde los 13 o 14 años y porque siempre he pensado que fumar estaba tan unido a mi identidad como mis huellas digitales, porque era incapaz de imaginarme a mí mismo sin fumar, porque yo me sentía un fumador nato que había nacido en un país de fumadores natos, un país donde todo el mundo fumaba a todas horas en todas partes, y adonde nunca llegaría la campaña antitabaquista desencadenada en el mundo desde los años ochenta. Pero me equivoqué, me equivoqué de arriba abajo: la campaña antitabaquista llegó, los antaño victoriosos fumadores patrios se baten en retirada convertidos en apestados mientras el Congreso se apresta a debatir un endurecimiento de la ley antitabaco que prohibirá fumar en todos los bares y restaurantes, y hace año y medio yo dejé de fumar.
¿Qué ha ocurrido? No lo sé; lo único que sé es lo que me ha ocurrido a mí. A continuación paso a contarlo, no porque aspire a emular a los grandes narradores del vicio del tabaco –de Svevo a Ribeyro–, sino porque mi experiencia es más bien rara, tan rara que, hasta donde recuerdo, no se parece a la de ninguno de ellos. De entrada diré que empecé a fumar por la misma razón por la que he hecho la mayor parte de las cosas que he hecho en mi vida: por mi falta absoluta de personalidad. Quiero decir que empecé a fumar porque en mi adolescencia fumar era un rito de paso y no se podía ser un hombre de verdad si no se fumaba; esta idiotez se complementaba con otra idiotez según la cual era imposible ligar sin fumar, lo que me convirtió a mis 15 años en una verdadera chimenea, por cierto sin el menor éxito. A partir de entonces mi vida de fumador transcurrió durante un tiempo con placidez. Sin embargo, en la segunda mitad de los ochenta, cuando empezaba en USA la campaña antitabaquista, tuve la ocurrencia peregrina de mudarme a ese país; allí no gané para disgustos, hasta el punto de que más de una noche me sorprendí aferrado a mi cigarrillo en medio de una tormenta de nieve y a 15 grados bajo cero, a la puerta de una fiesta universitaria, sufriendo con la mayor entereza posible que en el interior de la casa los varones no fumadores disfrutaran sin escrúpulos de abundante compañía femenina y de vino abundante. Así que no me quedó más remedio que volver a España, donde todo por fortuna seguía como siempre. La alegría no duró: justo entonces empezó lo peor. Tuve un hijo, y lo primero que le oí a su pediatra fue que el humo del tabaco era una de las causas de la llamada muerte súbita de los bebés, cosa que me provocó tal ataque de ansiedad que solo volví a fumar en mi casa exiliándome en el balcón; luego, conforme en España los fumadores nos convertíamos poco a poco en apestados, mi hijo se hizo mayor y, totalmente intoxicado por la campaña antitabaquista, empezó a acosarme. Su argumento era único aunque demoledor: no entendía que su padre se metiese entre pecho y espalda dos paquetes diarios de veneno; yo traté de defenderme, pero, pese a que desplegué toda mi capacidad dialéctica, al final no tuve más remedio que aceptar una evidencia: o estrangulaba a mi hijo y lo tiraba por el balcón o dejaba de fumar. Mi falta de personalidad hizo el resto, y prometí dejar de fumar cuando terminara el libro que estaba escribiendo. Convencido de que no merecía la pena vivir sin fumar, postergué al máximo el final de mi trabajo, pero cuando ya no pude quitar ni añadir una coma tuve que entregar el libro y afrontar mi compromiso. Como no me sentía capaz de cumplirlo, pedí ayuda a un brujo, que me mostró una foto espeluznante de los pulmones podridos de un fumador y me hipnotizó. Fue entonces cuando ocurrió.
Lo que ocurrió no fue sólo que aquel mismo día dejé de fumar sin sufrir lo más mínimo y sin sentir desde entonces la más mínima nostalgia del tabaco; eso quizá no sería tan raro: lo raro es que aquel mismo día comprendí con una claridad por completo exenta de dudas que nunca me había gustado fumar y que no era yo quien había estado fumando tabaco durante más de 30 años sino el tabaco quien me había estado fumando a mí. Ya lo sé: no me creen; creen que esa afirmación es una chifladura fanática de converso al antitabaquismo; creen que fue el brujo. Pero no fue el brujo, porque, salvo en las películas de Woody Allen, los brujos ya no embrujan; tampoco es el antitabaquismo, porque yo sigo pensando que todo el mundo tiene derecho a envenenarse como le venga en gana, y que los fumadores no son una excepción. Esto es lo que es: el descubrimiento perplejo de que llevaba toda la vida haciendo algo que no me gustaba hacer y que nadie me obligaba hacer, algo que era facilísimo dejar de hacer y que me estaba matando. Desde entonces me pregunto a menudo cuántas cosas como esa sigo haciendo. Por supuesto me respondo que, si algún día puedo contestar a esa pregunta, ya será tarde.

miércoles, diciembre 22, 2010

Aprobada la ley que prohíbe fumar en espacios públicos cerrados

Aprobada la ley que prohíbe fumar en espacios públicos cerrados . Entrará en vigor el 2 de enero e impedirá fumar en los accesos de los hospitales y en los parques infantiles. MARÍA R. SAHUQUILLO - 484 comentarios

Ya no hay propósito de año nuevo que valga. 2011 llegará acompañado de una novedad sin humo. El día de año nuevo se salva, pero a partir del 2 de enero el tabaco estará vetado en todos los locales públicos de ocio. No se podrá fumar en restaurantes, bares ni discotecas. No habrá distinción entre bares de fumadores y libres de humo. Tampoco cubículos para fumadores. El Congreso de los Diputados aprobó este martes la nueva ley antitabaco tras un año de debates y enmiendas. Con ella, España endurece su norma. Además del veto en discotecas y restaurantes, se eliminan los puntos de fumadores en aeropuertos y llega, por ejemplo, la prohibición a las puertas de los hospitales, los parques o los colegios. Se extiende el veto a bingos y casinos.

Estas medidas convierten a España en uno de los países más restrictivos contra el tabaco. Solo algunos Estados de EE UU prohíben fumar en determinados lugares al aire libre, veto que no ha llegado a los países de Europa en los que la ley antitabaco funciona desde hace años. La norma española ha estado envuelta en polémica desde el inicio.

Sus detractores sostienen que no cumplirá su función de ayudar a abandonar el hábito a los que quieran dejar de fumar y que, por el contrario, perjudicará al sector de la hostelería, que perderá miles de clientes y puestos de trabajo. También se quejan de un "exceso de proteccionismo" de un Estado-padre al que, dicen, ahora le ha dado por perseguir al fumador. "No se ha contado con los 12 millones de fumadores adultos, que consumen ese producto que nos vende el Estado", critica Javier Blanco, presidente del Club de Fumadores por la Tolerancia.

Sin embargo, los partidarios de la ley contradicen esos argumentos punto por punto. En Reino Unido, Irlanda o Italia los bares no solo no han perdido clientes con la prohibición, sino que estos han aumentado, asegura la ministra de Sanidad, Leire Pajín. "La ley es necesaria por una cuestión de salud pública. El tabaco mata también a los fumadores pasivos y a los cientos de trabajadores de la hostelería que no pueden elegir si fumar o no fumar", afirma el presidente de la Organización Médica Colegial, Juan José Rodríguez Sendín.

Una opinión similar a la de Rodrigo Córdoba, del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT), que cree que la norma aún vigente desprotege a esos trabajadores: "El tabaquismo pasivo mata. Esta ley no va contra los fumadores, sino que protege a los que no fuman. Un sector de la sociedad está empeñado en cuestionar lo científicamente comprobado: que el humo del tabaco es cancerígeno. Dañino".

El tabaco es, según datos de Sanidad, la primera causa de muerte evitable en España. Cada año fallecen unas 60.000 personas; 1.500 de ellas son fumadores pasivos. Evitar esas muertes y el catálogo de enfermedades que lleva aparejado el tabaquismo es, según Gaspar Llamazares, diputado y presidente de la Comisión de Sanidad del Congreso, el propósito de la norma. "Ya no habrá trampas ni juegos. No se podrá fumar en lugares públicos cerrados y se acabó", zanja el diputado.

Pero el sector hostelero insiste en que la ley -aplaudida por las sociedades científicas, colegios de médicos, enfermeros y asociaciones de pacientes— impactará negativamente en un sector que genera un 7% del PIB y emplea a 1,5 millones de personas.

El Congreso rechazó, además, la enmienda que proponía ayudas para los hosteleros que habían hecho un desembolso para adaptar sus locales a la ley actual. El presidente de la Federación Española de Hostelería y Restauración (FEHR), Juan Luis Guerra, vaticina que la prohibición total provocará una caída de las ventas de bares, restaurantes, y cafeterías de hasta un 10%. "Supone un impacto superior a los 7.000 millones de euros en el conjunto del sector y una pérdida de empleo de entre el 3% y el 3,5%", dice. Esto son alrededor de 50.000 puestos de trabajo en plena crisis.

Sanidad les contradice. "Son lógicas sus dudas y legítimas. Hay cambios en esta ley que supondrán modificaciones en el sector de la hostelería", afirmó ayer la ministra Pajín: "Pero decir que los bares y restaurantes libres de humo se quedarán sin clientes es como decir que se llenan porque en ellos se pueden fumar. No se quedarán sin clientes".

La Comisión de Sanidad del Congreso escuchó a un nutrido grupo de economistas y expertos que expusieron varios ensayos realizados en Cataluña e Irlanda (donde la ley prohíbe fumar en todos los restaurantes, bares y discotecas) que dicen que el veto al tabaco no conllevó pérdidas de clientes, sino al contrario. En Irlanda, donde los hosteleros predecían pérdidas del 25%, las ventas cayeron ligeramente en los primeros meses de su ley antitabaco. Después repuntaron.

Pero más allá de pérdidas económicas, también son numerosas las voces que se han lanzado a criticar una ley que tachan de inútil. "La normativa de 2006 no sirvió para que los fumadores lo dejasen. Tampoco ha fomentado las ayudas para ello", critica el portavoz de Fumadores para a Tolerancia, Javier Blanco.

La ley que entró en vigor el 1 de enero de 2006 permitía a los locales escoger entre ser para fumadores o no. La gran mayoría (el 95%) permitió el tabaco, a pesar de que el 65% de los ciudadanos no fuma. Así, la norma, que cambiará el 2 de enero y que apostaba por la convivencia entre los dos tipos de locales, fomentaba incumplimientos claros, según Rodríguez Sendín. "Era mejor no tener ley que hacerla descafeinada", asegura. Además, esa ley a medias no logró que los españoles abandonaran el tabaquismo. Según el último Eurobarómetro, el número de fumadores en España no ha bajado, sino subido un punto, hasta el 35%. España se aleja, además, de la media europea donde la tasa bajó del 32% al 29%.

Fuentes de la Asociación Empresarial del Tabaco explican que una vez que la nueva ley se apruebe y entre en vigor harán sus cálculos y analizarán su impacto. Solo entonces hablarán. Pero una de sus empresas, Altadis —filial de Imperial Tobacco y la principal tabacalera de España— sí ha opinado. Hace un mes su presidente, Dominique Brisby, definía la norma española como "una de las más radicales del mundo" en una entrevista con este periódico. En ella aseguraba que la ley causará un enorme daño económico.

Los expertos no comparten la opinión de Brisby. "La ley sí va a funcionar y mejor que la de 2006. Esta es mucho más clara", sostiene Rodrigo Córdoba, del CNPT. "Además, los ciudadanos presionarán para que se cumpla", opina. Las sanciones para los que no lo hagan irán desde los 30 euros para las infracciones leves a los 600.000 para las muy graves.

El Club de Fumadores por la Tolerancia y la industria hostelera tienen esperanzas de que la ley fracase. "Puede que ocurra como en algunos países como Holanda o Grecia, donde ahora se replantean revertir la ley para que haya espacios para todos", dice Blanco.

Lo que sí está claro para muchos es que la ley propiciará un nuevo fenómeno al que llaman el cigarrón: decenas de pesonas que se agolpan a las puertas de bares y discotecas fumando un pitillo —como ya ocurre en otros países—. Esto, según Blanco, provocará molestias a los vecinos y contaminación acústica. Los expertos aguardan ahora para ver otros resultados. "La reducción de ingresos hospitalarios por infarto de miocardio y la reducción de crisis asmáticas, sobre todo en niños, por ejemplo", apunta Córdoba.

Aquí sí se fuma, aquí no se fuma

Bares, restaurantes... La nueva ley prohíbe fumar en todos los locales públicos de ocio. No habrá cubículos para fumadores, como quería el PP.

Hospitales y centros de salud. No se podrá fumar tampoco en sus proximidades, ni en la puerta.

Colegios y parques. A pesar de que están al aire libre, se prohíbe fumar en la puerta y perímetro de colegios y parques infantiles.

Hoteles. Podrán reservar el 30% de sus habitaciones para fumadores. Siempre las mismas.

Clubes de fumadores. Deben ser lugares sin ánimo de lucro, con estatutos y sin personal. Solo podrán acceder los socios, que han de estar censados. No se podrá vender ningún producto.

Aeropuertos y estaciones. Desaparecen los puntos para fumadores en estaciones y aeropuertos. No se podrá fumar en taxis, trenes, ni siquiera en los autobuses turísticos en los que el piso superior está al aire libre.

Plazas de toros y estadios deportivos. Se podrá fumar pero solo si están al descubierto.

Universidades. Solo se permite fumar fuera de los recintos. También está permitido en la puerta.

Psiquiátricos y prisiones. Habrá espacios habilitados para fumadores.

Terrazas. Sí se puede fumar. Pero, ¿qué es una terraza? Según la ley, solo se podrá fumar en aquellos lugares que tengan, como mucho, dos paredes y un techo.

Bingos y casinos. Se impide fumar en espacios de juego.



martes, noviembre 30, 2010

Todo está lleno de colillas, la playa y la montaña. ¡Qué prohiban fumar ya! Cecilia Jan

¡Que prohíban fumar ya! Por: Cecilia Jan

El periodista Javier Martín recoge colillas en el lago de Sanabria en 2007

Aunque el tiempo no acompañe, os propongo un pequeño juego:
encontrar un sitio al aire libre sin una colilla. Lo cierto es que en esto, los fumadores no discriminan: ni playa ni montaña, ni el parque natural más protegido ni la calle más fea, ningún espacio se libra.

Y no iban a ser menos las zonas infantiles. La nueva ley antitabaco, que prohibirá a partir de enero fumar en parques y puertas de colegios para no dar mal ejemplo, puede parecer excesiva a algunos. Pero seguro que los padres que han visto a sus hijos jugar en la arena y encontrarse con que hay casi más colillas que cáscaras de pipas (otro clásico, pero al menos ni tóxico ni maloliente) han visto la luz.

¡Qué exagerada!, diréis algunos. Pues no. Primero le quitas a la pequeña una colilla que iba ya de camino a la boca, y le dices al mayor, que está haciendo una montaña con ellas, que no se cogen. Pero claro, ¿con qué van a jugar, si están rodeados? Y entonces intentas expulgarlas tú misma. Y te das cuenta de que a sólo dos metros hay una papelera. Pero claro, comprendes que algunos pobres padres o madres fumadores ni se molesten en levantarse del banco porque total, igual la colilla se cae porque la papelera es de rejilla, así que lo mejor es tirarla allí mismo, donde hay tres o cuatro niños jugando con sus cubos y palas, que así aprenden a reciclar. Al final abandonas cuando ves que no hay forma de acabar con ellas. Por muchas que tires, siempre vuelven. Lo mismo vale para cualquier playa.

A ver, que yo comprendo que fumar puede ser una adicción o un placer, y que algunos incluso lo necesiten para sobrellevar una tarde en los columpios con sus hijos, pero ¿es tan difícil buscar una papelera? O en su ausencia, ¿es tan complicado llevar encima un cenicero portátil -se pusieron de moda cuando la prohibición de fumar en las oficinas- para guardarse la colilla? En caso de que no se encuentre, vale un botecito de plástico como los de los carretes de fotos, como he visto hacer a algún fumador responsable (por desgracia, o son pocos, o los que pasan de todo fuman más).

(Foto: Reuters) Una colilla puede tardar entre varios meses y varios años en degradarse, según las distintas fuentes. Y aparte de lo feo que queda, contiene elementos tóxicos, pues el filtro está hecho precisamente para retener los químicos más nocivos del cigarrillo. Según una "estimación prudente" hecha por la ambientóloga Vanessa Sánchez en un artículo, en España pueden acabar en el suelo unos 4.000 millones de colillas al año. Casi nada. Es decir, aparte de las 600.000 muertes que se producen al año en el mundo por aspirar el humo de otros, los residuos de fumar, en forma de filtros, suponen una grave amenaza a los ecosistemas donde suelen acabar (campos, ríos o mares).

Así que aparte de porque me apetece entrar con mis peques a tomar algo en un bar sin que nos ahumen (al final casi nunca lo hacemos, porque en nuestro barrio ningún hostelero ha tenido la visión de declarar su local libre de humos para captar a las numerosísimas familias con niños), estoy impaciente por que aprueben la ley y pueda dejar de recoger colillas ajenas en el parque.

Y a tí, ¿te molestan las colillas? Si eres fumador, ¿qué haces con ellas?

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