jueves, diciembre 20, 2012
Bruselas pide prohibir el tabaco de sabores y que el 75% de la superficie de las cajetillas sean advertencias
lunes, julio 23, 2012
Fumar no sale a cuenta (tampoco a Don Draper)
sábado, enero 21, 2012
La importancia de cenar en familia
La importancia de lo insignificante
Comer en familia previene adicciones. Júntarse en la mesa en familia produce hijos sanos
Un estudio del National Center on Addiction and Substance Abuse at Columbia University (CASA, Centro Nacional de Adicciones y Abuso de Sustancias de la Universidad de Columbia) revela que las familias que cenan juntas al menos cinco veces a la semana reducen el riesgo de que sus chicos fumen, beban y se droguen.
domingo, agosto 14, 2011
El otro Estado MARIO VARGAS LLOSA Habrá cultivo y tráfico de drogas mientras haya consumo. La despenalización es el único remedio
viernes, febrero 18, 2011
De prohibir el tabaco a prohibir el fumador. Un grupo de empresas hospitalarias de Massachusetts no contratará con nicotina en sangre u orina
Ya no basta con prohibir el tabaco en cualquier espacio interior compartido. A partir de ahora, algunas empresas norteamericanas van más lejos: muchas de ellas han decidido rechazar a aquellos solicitantes de empleo que fumen. Y no bastará con que alguien diga "no fumo" en la entrevista de trabajo. Habrá análisis de orina, sangre o saliva de por medio. Los médicos han relacionado tradicionalmente el tabaco a numerosas dolencias, como cáncer de garganta y pulmón. Ahora, diversos empresarios de Estados Unidos le lanzan un mensaje a los fumadores: fuman a su propia cuenta y riesgo. Y ellos no les van a emplear.
La prohibición, iniciada por algunos centros médicos privados hace cuatro años y que ha retomado un grupo de empresas hospitalarias de Massachusetts, ha causado una polémica de dimensiones nacionales. En EE UU, uno de cada cinco ciudadanos fuma: 46 millones de personas en total. Muchas de las empresas suelen pagar las pólizas del seguro médico de sus empleados. El 14% ofrecen programas para dejar de fumar, según un reciente estudio de la consultora Principal Financial Group. Poco a poco, además, están convirtiendo la adicción al cigarrillo en un estigma.
Hay una lógica empresarial tras esta decisión: dejar el tabaco significa menos ausencias del puesto de trabajo para fumar un pitillo, más productividad, menos inversión en pólizas de seguros médicos y menos bajas médicas. La Clínica Cleveland, una de las más prestigiosas del país, fue pionera a la hora de prohibir la contratación de fumadores en 2007. Con el nuevo año ha seguido su ejemplo la Asociación de Hospitales de Massachusetts, que engloba a 90 clínicas y centros médicos de ese Estado.
"El efecto nocivo del tabaco en nuestro sistema de salud está muy bien documentado", explica Lynn Nicholas, consejera delegada de la Asociación. "Sólo aquí en Massachusetts, el tabaco es la primera causa de muertes y enfermedades prevenibles. Más de 8.000 ciudadanos del Estado mueren cada año a causa de complicaciones relacionadas con el tabaco". La nueva política no afecta a aquellos empleados contratados antes del uno de enero de este año.
El pasado jueves, después de que el diario The New York Times se hiciera eco de la prohibición en Massachusetts, la red de hospitales del Estado de Washington Franciscan Health System anunció una medida similar. Desde entonces, en sus solicitudes de trabajo incluye la siguiente advertencia: "Si tiene nicotina en sus sistema, desde el día uno de marzo, no podrá obtener un trabajo en esta empresa". La compañía contrata a 8.100 trabajadores. Normalmente, un test de orina detecta la nicotina consumida en los pasados cuatro días. El de sangre puede abarcar un espacio mayor, de hasta una semana. Si la prueba efectuada es de saliva abarca 10 días.
Los defensores del derecho de los ciudadanos a fumar -dado que el tabaco es una sustancia legal en EE UU- han criticado duramente la medida. El país se halla dividido, al menos de forma legislativa: de los 50 Estados que conforman la Unión, 29, junto con la capital federal, cuentan con leyes que impiden la discriminación laboral contra los fumadores. En el resto, las empresas pueden actuar según su propio criterio.
jueves, enero 20, 2011
Un estudio constata que las restricciones al tabaco suponen menor consumo
HOSPITALET DE LLOBREGAT.- Más restricciones al tabaco comportan menos consumo, según un estudio realizado por los 27 países de la Unión Europea, en el que ha colaborado el Instituto Catalán de Oncología (ICO).
El estudio, que publica la revista especializada Plos One, confirma la hipótesis de que cuantas más restricciones se aplican al tabaco, menos consumo y exposición pasiva al humo.
Según afirmó el coautor del estudio y jefe de la Unidad de Control del Tabaquismo del ICO, Esteve Fernández, "los países que tienen más políticas activas de control tienen una prevalencia menor de consumo, y la población expuesta al humo, tanto en casa como en el trabajo o en la calle, también es menor".
Los expertos destacan las medidas que se han tomado en España a raíz de la aplicación de la nueva Ley del Tabaco pero apuntan como problema el precio del tabaco.
"Es uno de los países de Europa donde el tabaco es más barato", dice Fernández, que considera que "está demostrado que el aumento del precio del tabaco es la medida más eficaz para reducir el consumo".
En España, la exposición pasiva al tabaco produce entre 1.200 y 3.200 muertos al año por cáncer de pulmón e infarto de miocardio.
En países como el Reino Unido, Irlanda, Malta o Suecia, que tienen más medidas de control, la prevalencia del consumo es inferior al 28,8%, igual que la prevalencia de la exposición al humo de tabaco, que es del 13,8% en las casas y de 23,4% en el trabajo.
En la República Checa, Alemania, Luxemburgo, Grecia y Austria, donde hay menos medidas restrictivas, la prevalencia del tabaquismo es "relativamente alta", de más del 30%, así como la prevalencia al humo, que es de entre el 15 y el 30% en casa y de entre el 15 y el 36% en el trabajo.
Informe sobre el tabaquismo
viernes, enero 07, 2011
El tabaco como demostración de la falta de civismo de algunos españoles. Carlos Carnicero
En contra de lo que pudiera parecer por las declaraciones desproporcionadas de algunos líderes sociales, no somos pioneros en el mundo en una regulación estricta del consumo de tabaco. Hace muchos años, casi veinte, que no se puede fumar en ningún punto de los aeropuertos norteamericanos ni en los lugares públicos de ese país y del Reino Unido. En la mayor parte de los países europeos las normas son tan estrictas cómo la recién aprobada en España.
Los avances de la ciencia médica en la precisión sobre las consecuencias negativas del humo del tabaco para los consumidores y para los fumadores pasivos han sido determinante de las restricciones. No hay ninguna controversia médica sobre la gravedad de las consecuencias de fumar o de estar cerca de quienes lo hacen.
En todos los países la transición se hizo sin discusión, porque en los lugares donde la democracia está asentada existe un consenso básico de respeto a la ley y en que el derecho a la salud prima sobre el derecho a fumar. En caso de colisión, como ocurre en muchas otras esferas, el interés general prima sobre el minoritario. Quien se compra un deportivo de lujo puede invocar su derecho a circular a toda la velocidad que permite su automóvil, puesto que está a la venta con esas prestaciones. Sin embargo, el interés general de la seguridad vial hace legítimo que se legisle un límite de velocidad y se sancione a quien lo incumple. El alcohol es un producto permitido, pero está sancionado conducir con exceso de ese producto en el cuerpo por el peligro que supone para los demás. Cosas tan de sentido común han sido aceptadas socialmente. Sin embargo con el tabaco hay bronca.
En España hemos tardado mucho tiempo en hacer prevalecer el derecho a la salud de quienes no fuman sobre el derecho a fumar de quienes lo hacen. Y ahora, las amenazas de insumisión, las agresiones y el cuestionamiento de la legitimidad de la ley se adoba con todo tipo de razones. Algunas tienen fundamento transitorio: es cierto que algunos establecimientos de restauración y gastronomía pueden sufrir momentáneamente las consecuencias colaterales de la ley en sus economías. Lo mismo se podría decir de las limitaciones de velocidad y de las sanciones a quienes cometen una infracción de tráfico en relación a la venta de automóviles potentes. O con la venta de alcohol en los restaurantes donde los conductores dejan de hacerlo para no ser sancionados.
El perjuicio económico a los establecimientos de hostelería durará hasta que la sociedad asuma su vigencia y los fumadores que quieran seguir siéndolo se acostumbrarán a hacerlo en sus ámbitos privados. Entonces sencillamente se irá al bar y no se fumará o se saldrá a la calle para hacerlo. Indirectamente, mucha gente atrapada por el tabaco agradecerá la ayuda indirecta que recibe al hacerle más difícil encontrar espacios para fumar.
Lo que no es de recibo es que una norma que está socialmente asentada en todo el mundo civilizado sea utilizada aquí como un elemento de agresión al estado de derecho, de reto a la legitimidad de la soberanía popular y que encima se utilicen comparaciones tan indignantes como las que se han hecho algunos individuos con la persecución de los judíos por el III Reich. La derecha más dura de este país sigue utilizando cualquier asunto, incluso los relacionados con la salud, para tratar de erosionar al Gobierno.
Es cierto, que a preguntas de un periodista, la ministra de Sanidad, Leire Pajín, dijo que todo ciudadano tenía la posibilidad de denunciar a quien infrinja la ley. Y la traducción de esa afirmación, en una simplificación de lo que probablemente quiso decir la responsable de sanidad, se equiparó a una invitación a la delación.
El estado está para hacer cumplir la ley; no es obligación de los ciudadanos hacer de policías de nadie. Pero si es cierto que los responsables de cada establecimiento tienen que hacer cumplir la ley en su ámbito y en su caso avisar de que hay alguien que no cumple con una norma obligatoria para todos.
Es cierto que la ley del tabaco va a promover un cambio de costumbres sociales. Para unos, para la mayoría que no fuma, se establece la protección de su salud. Para otros, se les priva del placer de poder fumar en lugares de reunión contaminando el aire y dando satisfacción a su deseo de perjudicar su salud e indirectamente la de los demás. Es normal que estén disgustados. Pero es inaceptable la posibilidad de la insumisión y la rebeldía contra una norma que protege el derecho a la salud de todos los ciudadanos.
Como siempre la derecha más extrema aprovecha cualquier oportunidad para hacer demagogia y tratar de desprestigiar a un gobierno que sólo cumple con la normativa comunitaria al llevar al Parlamento y sancionar con valor legal una ley beneficiosa para la salud de los españoles.
miércoles, diciembre 29, 2010
Confesiones de un ex fumador. JAVIER CERCAS EPS Hace año y medio dejé de fumar
¿Qué ha ocurrido? No lo sé; lo único que sé es lo que me ha ocurrido a mí. A continuación paso a contarlo, no porque aspire a emular a los grandes narradores del vicio del tabaco –de Svevo a Ribeyro–, sino porque mi experiencia es más bien rara, tan rara que, hasta donde recuerdo, no se parece a la de ninguno de ellos. De entrada diré que empecé a fumar por la misma razón por la que he hecho la mayor parte de las cosas que he hecho en mi vida: por mi falta absoluta de personalidad. Quiero decir que empecé a fumar porque en mi adolescencia fumar era un rito de paso y no se podía ser un hombre de verdad si no se fumaba; esta idiotez se complementaba con otra idiotez según la cual era imposible ligar sin fumar, lo que me convirtió a mis 15 años en una verdadera chimenea, por cierto sin el menor éxito. A partir de entonces mi vida de fumador transcurrió durante un tiempo con placidez. Sin embargo, en la segunda mitad de los ochenta, cuando empezaba en USA la campaña antitabaquista, tuve la ocurrencia peregrina de mudarme a ese país; allí no gané para disgustos, hasta el punto de que más de una noche me sorprendí aferrado a mi cigarrillo en medio de una tormenta de nieve y a 15 grados bajo cero, a la puerta de una fiesta universitaria, sufriendo con la mayor entereza posible que en el interior de la casa los varones no fumadores disfrutaran sin escrúpulos de abundante compañía femenina y de vino abundante. Así que no me quedó más remedio que volver a España, donde todo por fortuna seguía como siempre. La alegría no duró: justo entonces empezó lo peor. Tuve un hijo, y lo primero que le oí a su pediatra fue que el humo del tabaco era una de las causas de la llamada muerte súbita de los bebés, cosa que me provocó tal ataque de ansiedad que solo volví a fumar en mi casa exiliándome en el balcón; luego, conforme en España los fumadores nos convertíamos poco a poco en apestados, mi hijo se hizo mayor y, totalmente intoxicado por la campaña antitabaquista, empezó a acosarme. Su argumento era único aunque demoledor: no entendía que su padre se metiese entre pecho y espalda dos paquetes diarios de veneno; yo traté de defenderme, pero, pese a que desplegué toda mi capacidad dialéctica, al final no tuve más remedio que aceptar una evidencia: o estrangulaba a mi hijo y lo tiraba por el balcón o dejaba de fumar. Mi falta de personalidad hizo el resto, y prometí dejar de fumar cuando terminara el libro que estaba escribiendo. Convencido de que no merecía la pena vivir sin fumar, postergué al máximo el final de mi trabajo, pero cuando ya no pude quitar ni añadir una coma tuve que entregar el libro y afrontar mi compromiso. Como no me sentía capaz de cumplirlo, pedí ayuda a un brujo, que me mostró una foto espeluznante de los pulmones podridos de un fumador y me hipnotizó. Fue entonces cuando ocurrió.
Lo que ocurrió no fue sólo que aquel mismo día dejé de fumar sin sufrir lo más mínimo y sin sentir desde entonces la más mínima nostalgia del tabaco; eso quizá no sería tan raro: lo raro es que aquel mismo día comprendí con una claridad por completo exenta de dudas que nunca me había gustado fumar y que no era yo quien había estado fumando tabaco durante más de 30 años sino el tabaco quien me había estado fumando a mí. Ya lo sé: no me creen; creen que esa afirmación es una chifladura fanática de converso al antitabaquismo; creen que fue el brujo. Pero no fue el brujo, porque, salvo en las películas de Woody Allen, los brujos ya no embrujan; tampoco es el antitabaquismo, porque yo sigo pensando que todo el mundo tiene derecho a envenenarse como le venga en gana, y que los fumadores no son una excepción. Esto es lo que es: el descubrimiento perplejo de que llevaba toda la vida haciendo algo que no me gustaba hacer y que nadie me obligaba hacer, algo que era facilísimo dejar de hacer y que me estaba matando. Desde entonces me pregunto a menudo cuántas cosas como esa sigo haciendo. Por supuesto me respondo que, si algún día puedo contestar a esa pregunta, ya será tarde.
miércoles, diciembre 22, 2010
Aprobada la ley que prohíbe fumar en espacios públicos cerrados
Aprobada la ley que prohíbe fumar en espacios públicos cerrados . Entrará en vigor el 2 de enero e impedirá fumar en los accesos de los hospitales y en los parques infantiles. MARÍA R. SAHUQUILLO - 484 comentarios
Ya no hay propósito de año nuevo que valga. 2011 llegará acompañado de una novedad sin humo. El día de año nuevo se salva, pero a partir del 2 de enero el tabaco estará vetado en todos los locales públicos de ocio. No se podrá fumar en restaurantes, bares ni discotecas. No habrá distinción entre bares de fumadores y libres de humo. Tampoco cubículos para fumadores. El Congreso de los Diputados aprobó este martes la nueva ley antitabaco tras un año de debates y enmiendas. Con ella, España endurece su norma. Además del veto en discotecas y restaurantes, se eliminan los puntos de fumadores en aeropuertos y llega, por ejemplo, la prohibición a las puertas de los hospitales, los parques o los colegios. Se extiende el veto a bingos y casinos.
Estas medidas convierten a España en uno de los países más restrictivos contra el tabaco. Solo algunos Estados de EE UU prohíben fumar en determinados lugares al aire libre, veto que no ha llegado a los países de Europa en los que la ley antitabaco funciona desde hace años. La norma española ha estado envuelta en polémica desde el inicio.
Sus detractores sostienen que no cumplirá su función de ayudar a abandonar el hábito a los que quieran dejar de fumar y que, por el contrario, perjudicará al sector de la hostelería, que perderá miles de clientes y puestos de trabajo. También se quejan de un "exceso de proteccionismo" de un Estado-padre al que, dicen, ahora le ha dado por perseguir al fumador. "No se ha contado con los 12 millones de fumadores adultos, que consumen ese producto que nos vende el Estado", critica Javier Blanco, presidente del Club de Fumadores por la Tolerancia.
Sin embargo, los partidarios de la ley contradicen esos argumentos punto por punto. En Reino Unido, Irlanda o Italia los bares no solo no han perdido clientes con la prohibición, sino que estos han aumentado, asegura la ministra de Sanidad, Leire Pajín. "La ley es necesaria por una cuestión de salud pública. El tabaco mata también a los fumadores pasivos y a los cientos de trabajadores de la hostelería que no pueden elegir si fumar o no fumar", afirma el presidente de la Organización Médica Colegial, Juan José Rodríguez Sendín.
Una opinión similar a la de Rodrigo Córdoba, del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT), que cree que la norma aún vigente desprotege a esos trabajadores: "El tabaquismo pasivo mata. Esta ley no va contra los fumadores, sino que protege a los que no fuman. Un sector de la sociedad está empeñado en cuestionar lo científicamente comprobado: que el humo del tabaco es cancerígeno. Dañino".
El tabaco es, según datos de Sanidad, la primera causa de muerte evitable en España. Cada año fallecen unas 60.000 personas; 1.500 de ellas son fumadores pasivos. Evitar esas muertes y el catálogo de enfermedades que lleva aparejado el tabaquismo es, según Gaspar Llamazares, diputado y presidente de la Comisión de Sanidad del Congreso, el propósito de la norma. "Ya no habrá trampas ni juegos. No se podrá fumar en lugares públicos cerrados y se acabó", zanja el diputado.
Pero el sector hostelero insiste en que la ley -aplaudida por las sociedades científicas, colegios de médicos, enfermeros y asociaciones de pacientes— impactará negativamente en un sector que genera un 7% del PIB y emplea a 1,5 millones de personas.
El Congreso rechazó, además, la enmienda que proponía ayudas para los hosteleros que habían hecho un desembolso para adaptar sus locales a la ley actual. El presidente de la Federación Española de Hostelería y Restauración (FEHR), Juan Luis Guerra, vaticina que la prohibición total provocará una caída de las ventas de bares, restaurantes, y cafeterías de hasta un 10%. "Supone un impacto superior a los 7.000 millones de euros en el conjunto del sector y una pérdida de empleo de entre el 3% y el 3,5%", dice. Esto son alrededor de 50.000 puestos de trabajo en plena crisis.
Sanidad les contradice. "Son lógicas sus dudas y legítimas. Hay cambios en esta ley que supondrán modificaciones en el sector de la hostelería", afirmó ayer la ministra Pajín: "Pero decir que los bares y restaurantes libres de humo se quedarán sin clientes es como decir que se llenan porque en ellos se pueden fumar. No se quedarán sin clientes".
La Comisión de Sanidad del Congreso escuchó a un nutrido grupo de economistas y expertos que expusieron varios ensayos realizados en Cataluña e Irlanda (donde la ley prohíbe fumar en todos los restaurantes, bares y discotecas) que dicen que el veto al tabaco no conllevó pérdidas de clientes, sino al contrario. En Irlanda, donde los hosteleros predecían pérdidas del 25%, las ventas cayeron ligeramente en los primeros meses de su ley antitabaco. Después repuntaron.
Pero más allá de pérdidas económicas, también son numerosas las voces que se han lanzado a criticar una ley que tachan de inútil. "La normativa de 2006 no sirvió para que los fumadores lo dejasen. Tampoco ha fomentado las ayudas para ello", critica el portavoz de Fumadores para a Tolerancia, Javier Blanco.
La ley que entró en vigor el 1 de enero de 2006 permitía a los locales escoger entre ser para fumadores o no. La gran mayoría (el 95%) permitió el tabaco, a pesar de que el 65% de los ciudadanos no fuma. Así, la norma, que cambiará el 2 de enero y que apostaba por la convivencia entre los dos tipos de locales, fomentaba incumplimientos claros, según Rodríguez Sendín. "Era mejor no tener ley que hacerla descafeinada", asegura. Además, esa ley a medias no logró que los españoles abandonaran el tabaquismo. Según el último Eurobarómetro, el número de fumadores en España no ha bajado, sino subido un punto, hasta el 35%. España se aleja, además, de la media europea donde la tasa bajó del 32% al 29%.
Fuentes de la Asociación Empresarial del Tabaco explican que una vez que la nueva ley se apruebe y entre en vigor harán sus cálculos y analizarán su impacto. Solo entonces hablarán. Pero una de sus empresas, Altadis —filial de Imperial Tobacco y la principal tabacalera de España— sí ha opinado. Hace un mes su presidente, Dominique Brisby, definía la norma española como "una de las más radicales del mundo" en una entrevista con este periódico. En ella aseguraba que la ley causará un enorme daño económico.
Los expertos no comparten la opinión de Brisby. "La ley sí va a funcionar y mejor que la de 2006. Esta es mucho más clara", sostiene Rodrigo Córdoba, del CNPT. "Además, los ciudadanos presionarán para que se cumpla", opina. Las sanciones para los que no lo hagan irán desde los 30 euros para las infracciones leves a los 600.000 para las muy graves.
El Club de Fumadores por la Tolerancia y la industria hostelera tienen esperanzas de que la ley fracase. "Puede que ocurra como en algunos países como Holanda o Grecia, donde ahora se replantean revertir la ley para que haya espacios para todos", dice Blanco.
Lo que sí está claro para muchos es que la ley propiciará un nuevo fenómeno al que llaman el cigarrón: decenas de pesonas que se agolpan a las puertas de bares y discotecas fumando un pitillo —como ya ocurre en otros países—. Esto, según Blanco, provocará molestias a los vecinos y contaminación acústica. Los expertos aguardan ahora para ver otros resultados. "La reducción de ingresos hospitalarios por infarto de miocardio y la reducción de crisis asmáticas, sobre todo en niños, por ejemplo", apunta Córdoba.
Aquí sí se fuma, aquí no se fuma
Bares, restaurantes... La nueva ley prohíbe fumar en todos los locales públicos de ocio. No habrá cubículos para fumadores, como quería el PP.
Hospitales y centros de salud. No se podrá fumar tampoco en sus proximidades, ni en la puerta.
Colegios y parques. A pesar de que están al aire libre, se prohíbe fumar en la puerta y perímetro de colegios y parques infantiles.
Hoteles. Podrán reservar el 30% de sus habitaciones para fumadores. Siempre las mismas.
Clubes de fumadores. Deben ser lugares sin ánimo de lucro, con estatutos y sin personal. Solo podrán acceder los socios, que han de estar censados. No se podrá vender ningún producto.
Aeropuertos y estaciones. Desaparecen los puntos para fumadores en estaciones y aeropuertos. No se podrá fumar en taxis, trenes, ni siquiera en los autobuses turísticos en los que el piso superior está al aire libre.
Plazas de toros y estadios deportivos. Se podrá fumar pero solo si están al descubierto.
Universidades. Solo se permite fumar fuera de los recintos. También está permitido en la puerta.
Psiquiátricos y prisiones. Habrá espacios habilitados para fumadores.
Terrazas. Sí se puede fumar. Pero, ¿qué es una terraza? Según la ley, solo se podrá fumar en aquellos lugares que tengan, como mucho, dos paredes y un techo.
Bingos y casinos. Se impide fumar en espacios de juego.
martes, noviembre 30, 2010
Todo está lleno de colillas, la playa y la montaña. ¡Qué prohiban fumar ya! Cecilia Jan
¡Que prohíban fumar ya! Por: Cecilia Jan
Aunque el tiempo no acompañe, os propongo un pequeño juego: encontrar un sitio al aire libre sin una colilla. Lo cierto es que en esto, los fumadores no discriminan: ni playa ni montaña, ni el parque natural más protegido ni la calle más fea, ningún espacio se libra.
Y no iban a ser menos las zonas infantiles. La nueva ley antitabaco, que prohibirá a partir de enero fumar en parques y puertas de colegios para no dar mal ejemplo, puede parecer excesiva a algunos. Pero seguro que los padres que han visto a sus hijos jugar en la arena y encontrarse con que hay casi más colillas que cáscaras de pipas (otro clásico, pero al menos ni tóxico ni maloliente) han visto la luz.
¡Qué exagerada!, diréis algunos. Pues no. Primero le quitas a la pequeña una colilla que iba ya de camino a la boca, y le dices al mayor, que está haciendo una montaña con ellas, que no se cogen. Pero claro, ¿con qué van a jugar, si están rodeados? Y entonces intentas expulgarlas tú misma. Y te das cuenta de que a sólo dos metros hay una papelera. Pero claro, comprendes que algunos pobres padres o madres fumadores ni se molesten en levantarse del banco porque total, igual la colilla se cae porque la papelera es de rejilla, así que lo mejor es tirarla allí mismo, donde hay tres o cuatro niños jugando con sus cubos y palas, que así aprenden a reciclar. Al final abandonas cuando ves que no hay forma de acabar con ellas. Por muchas que tires, siempre vuelven. Lo mismo vale para cualquier playa.
A ver, que yo comprendo que fumar puede ser una adicción o un placer, y que algunos incluso lo necesiten para sobrellevar una tarde en los columpios con sus hijos, pero ¿es tan difícil buscar una papelera? O en su ausencia, ¿es tan complicado llevar encima un cenicero portátil -se pusieron de moda cuando la prohibición de fumar en las oficinas- para guardarse la colilla? En caso de que no se encuentre, vale un botecito de plástico como los de los carretes de fotos, como he visto hacer a algún fumador responsable (por desgracia, o son pocos, o los que pasan de todo fuman más).
Una colilla puede tardar entre varios meses y varios años en degradarse, según las distintas fuentes. Y aparte de lo feo que queda, contiene elementos tóxicos, pues el filtro está hecho precisamente para retener los químicos más nocivos del cigarrillo. Según una "estimación prudente" hecha por la ambientóloga Vanessa Sánchez en un artículo, en España pueden acabar en el suelo unos 4.000 millones de colillas al año. Casi nada. Es decir, aparte de las 600.000 muertes que se producen al año en el mundo por aspirar el humo de otros, los residuos de fumar, en forma de filtros, suponen una grave amenaza a los ecosistemas donde suelen acabar (campos, ríos o mares).
Así que aparte de porque me apetece entrar con mis peques a tomar algo en un bar sin que nos ahumen (al final casi nunca lo hacemos, porque en nuestro barrio ningún hostelero ha tenido la visión de declarar su local libre de humos para captar a las numerosísimas familias con niños), estoy impaciente por que aprueben la ley y pueda dejar de recoger colillas ajenas en el parque.
Y a tí, ¿te molestan las colillas? Si eres fumador, ¿qué haces con ellas?
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