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viernes, marzo 06, 2009

El martirio interior de Cardenal. El poeta nicaragüense denuncia la traición del espíritu de la revolución sandinista

El martirio interior de Cardenal. El poeta nicaragüense denuncia la traición del espíritu de la revolución sandinista. JAVIER LAFUENTE - Madrid. EL PAÍS - Internacional - 01-03-2009
No debe ser fácil elegir el momento más feliz de una vida cuando se tienen 84 años. Ernesto Cardenal, poeta, sacerdote, revolucionario, y ahora también represaliado por algunos de los que un día fueron sus amigos, tiene muy claro que el sueño del que nunca quiso despertar ocurrió el 19 de julio de 1979 con el triunfo de la revolución sandinista. Tres décadas después, no queda resquicio alguno de aquellos momentos y la situación política de Nicaragua es lo más parecido a una pesadilla de la que Cardenal no consigue deshacerse.
Su libertad la ha ido coartando Daniel Ortega desde que en 1994 se desligara del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) por la deriva autoritaria que empezaba a tomar el hoy presidente nicaragüense. Criticado y vilipendiado junto a quienes como él no han querido seguir el camino marcado por el sandinismo oficialista -los escritores Sergio Ramírez, Gioconda Belli y un largo etcétera-, con Cardenal han ido más allá. "Tengo libertad para todo menos para decir en público lo que pienso", se lamenta el poeta octogenario, de carácter tosco, un tanto huraño. Se siente violento al hablar de Ortega; trata de cortar en seco cualquier pregunta sobre él, como si estuviese a punto de explotar ante la imposibilidad de expresarse abiertamente.
Motivos le sobran al autor de La revolución perdida. Una de las últimas veces que criticó en público la situación política de su país fue el pasado verano. Acusó a Ortega de "ladrón", durante su visita a Paraguay con motivo de la toma de posesión del presidente Fernando Lugo. El líder nicaragüense no acudió por supuestos problemas con su avión, aunque los movimientos feministas le habían declarado la guerra por la acusación de violación a su hijastra Zoilamérica Narváez.
Acto seguido, en agosto de 2008, Cardenal fue condenado a pagar una multa de 20.000 córdobas (unos 700 euros) por injuriar al empresario alemán Inmanuel Zerger, un delito del que había sido absuelto en 2005, por una disputa de tierras en el archipiélago de Solentiname, donde el poeta fundó una comunidad casi monástica en 1965 -lo hizo con los cinco mil dólares que ganó del Premio Nacional Rubén Darío- en la que enseñó a escribir y a leer a decenas de campesinos. El juez Daniel Rojas, próximo a Daniel Ortega, fue quien reabrió el caso. El abogado de Zerger es el mismo que en 1998 defendió a Ortega cuando fue acusado por Zoilamérica. Cardenal no aceptó la condena por "injusta" e "ilegal". Sus bienes, escasos, pues durante años donó casi todo lo que recibía a la lucha sandinista, han sido embargados.
El sacerdote conoce perfectamente al presidente nicaragüense, pero se niega a dar su versión de cómo ha llegado a convertirse en el caudillo que es hoy. Ya no. No puede. No quiere. "Era muy diferente. No entendemos el cambio que ha tenido", es lo único que se atreve a decir, en plural, porque sabe que no es el único que así piensa. Inmediatamente, como si se arrepintiese de lo anterior, puntualiza: "Pero yo no tengo libertad para hablar del Gobierno de Nicaragua por las represalias que se me han hecho siempre que he hablado. Tenemos una dictadura y no puedo decir más. Tengo que callarme".
Consciente o no de ello, el silencio de Cardenal transmite mucho más que toda la verborrea que pueda lanzar contra su otrora compañero de lucha. ¿Tiene miedo? "Cuando Franco estaba vivo no se podía vivir en España, salir al extranjero, decir verdades y volver. Yo estoy en esa situación", responde con una sinceridad y rotundidad a la que poco hay que añadir.
A pesar de todo, el escritor, que esta semana ha recibido en Madrid el homenaje de la Casa de América, siempre se ha mantenido firme. En ningún caso se arrepiente de lo que dijo en Paraguay. "Tenía la obligación de hacerlo, callarse hubiese sido pecado".
Dicen los que le conocen que Cardenal es una persona que se engrandece más y lo han engrandecido más al atacarlo. Al escuchar este comentario es de las pocas veces en toda la charla que hace una mueca, lo más parecido a una sonrisa. Es momentáneo. "Es posible que así sea, pero no me gusta este tipo de engrandecimiento, no me gusta que me ataquen", se sincera.
A punto de cumplirse 30 años del derrocamiento del dictador Anastasio Somoza, Cardenal rememora cómo se unió al sandinismo. "Fue un consejo de mi mentor [el monje trapense] Thomas Merton que la vida contemplativa no debía ser indiferente a los problemas sociales y políticos. Mucho menos en América Latina, donde había dictaduras militares. El contemplativo, me decía, tiene que interesarse por los problemas de su pueblo. Eso hizo que yo me interesara por todo aquello, aunque siempre había tenido una vocación de rebeldía política". Algunos de los muchachos de su comunidad participaron en la lucha armada y murieron. "Su ausencia era terrible, terrible, terrible. Algunos caían presos y no supimos que habían sido asesinados hasta que no triunfó la revolución. Tenías la esperanza de que estuvieran vivos en alguna cárcel. Pero no era así".
No se arrepiente "en absoluto" de haber sido partícipe de aquella revolución. "Para mí fue muy bella, la apoyé de todo corazón". Y ahora, ¿sigue creyendo que la lucha armada es legítima? "El papa Pablo VI dijo que la revolución armada era legítima contra una dictadura evidente y prolongada. Ahora mismo eso no ocurre en América Latina. Hay medios de comunicación, partidos políticos, denuncia cívica. No hay por qué echarse al monte".
Consolidada la revolución, siendo Cardenal ministro de Cultura, en 1983, sucedió uno de los episodios más sonados en su vida política: el momento en el que Juan Pablo II, a su llegada a Managua, le regañó en público. "Me dijo: 'usted debe regularizar su situación', pero de una forma muy imponente, ruda. Como yo no quise responder, lo volvió a repetir". No le importó tanto. Él prefiere recordar la visita del Pontífice por la tormentosa misa que celebró en Managua. "Él llegó para derrocar la revolución. Nicaragua era un país católico, con un Gobierno de izquierdas, de orientación marxista, pero apoyado por los cristianos y los sacerdotes. Llegó a hablar en contra de la revolución ante 700.000 personas, la tercera parte del país, para que le aplaudieran, le apoyaran y cayera la revolución. Pero el pueblo se rebeló y le faltó el respeto. La gente gritaba '¡poder popular! ¡poder popular!' y el Papa '¡silen-cio!", enfatiza.
Muchos fueron los logros de la revolución para uno de los máximos exponentes de la Teología de la Liberación: "El derrocamiento de la dictadura; después, la transformación del país, donde se hizo un trabajo verdaderamente voluntario, como fue la vacunación de todos los niños o la alfabetización. Estas cosas sólo son posibles en una revolución".
Su país, que en su opinión necesita otra revolución, al igual que el resto del mundo, dejó de ser un referente hace años. ¿A qué se debe ese desencanto por Nicaragua? Ernesto Cardenal, ahora sí, no lo duda, lo dice de una tacada, sin pensárselo dos veces. Quizá por eso lo hace: "A la pérdida de la revolución y la traición que los que ahora gobiernan Nicaragua hicieron de ella. Allí no hay nada de izquierda, nada de revolución, nada de sandinismo. Lo que hay es nada más corrupción y dictadura. Una dictadura fascista, familiar, de Daniel Ortega, su mujer y sus hijos".

miércoles, junio 27, 2007

Educación para la Ciudadanía por Daniel Piza / La mano izquierda de DIOS por Moncho Alpuente

Educación para la Ciudadanía Daniel Pizá Cortizo - Nigrán, Pontevedra EL PAÍS - Opinión - 23-06-2007

La Iglesia católica ha desempeñado un papel central en el adoctrinamiento de las conciencias individuales por parte del Estado español durante buena parte del siglo XX. Por ello, los argumentos que utiliza la jerarquía de la Iglesia para llamar a la desobediencia civil contra la asignatura Educación para la Ciudadanía constituyen un auténtico sarcasmo. Todo ello parece demostrar que el Gobierno ha actuado con debilidad en su negociación con la Iglesia. Ni la subida de la dotación económica ni las concesiones que ha realizado al mantener los acuerdos preconstitucionales con la Santa Sede han detenido al eje "Rouco-FAES".
Me permito sugerir al PSOE incluir en su programa para las próximas elecciones la realización de un referéndum acerca de si debemos o no los españoles seguir sosteniendo económicamente a esta institución. Estoy seguro de que la sola posibilidad de tal consulta actuaría como un catalizador democrático, una especie de "espada de Damocles", produciendo un cambio en su actitud. La capacidad para la supervivencia es algo que ha caracterizado a la Iglesia a través de su historia.

La mano izquierda de Dios
MONCHO ALPUENTE EL PAÍS - 27-06-2007

Que tu mano derecha no sepa lo que hace tu mano izquierda, he aquí un precepto evangélico que suelen cumplir a rajatabla los vicarios de Cristo sobre la Tierra, aunque en un sentido moral muy diferente del original y que nada tiene que ver con la caridad cristiana. La Conferencia Episcopal Española, por ejemplo, usó la mano izquierda cuando en las negociaciones sobre la nueva Ley de Educación del año 2004 suscribieron una declaración en la que textualmente apuntaban: "No debe dejarse al capricho o interés particular de los alumnos recibir o no una determinada asignatura"; tres años después el Episcopado usa la mano derecha, que es la que tiene más entrenada, para boicotear la asignatura de Educación para la Ciudadanía que empezará a impartirse, si Dios quiere, el próximo curso. Tras largas deliberaciones los prelados ya habían conseguido rebajar los límites de tolerancia de la asignatura "siniestra" para adaptarla a su moral y a sus principios, moral y principios que al parecer no tienen mucho que ver con los de la sociedad laica y democrática, sobre todo en lo referente al sexo en general y a la homosexualidad en particular. Con una habilidad avalada por más de 2.000 años de oficio, los obispos consiguieron cambiar género por sexo, explicando que la palabra género indica opción sexual y que para la Iglesia católica la homosexualidad no es una opción, sino un pecado nefando, si lo sabrán ellos que llevan siglos tapándose los ojos y las vergüenzas ante los casos, los numerados deben ser una mínima parte, de pederastia que se producen en colegios tutelados por religiosos.
Pactaron con mucha mano izquierda las rebajas y ahora con la diestra arremeten contra lo que firmaron y aducen que la nueva asignatura servirá para formar la conciencia moral de los alumnos, materia en la que el Estado, según su piadosa opinión, debe ser neutral. La neutralidad en asuntos de moral se llama lisa y llanamente amoralidad, luego lo que los obispos propugnan es un Estado amoral que deje en sus manos las conciencias; la doctrina es suya y hace siglos que reclaman la patente.
Con el verano comienzan las escaramuzas para lo que será un otoño caliente en los colegios, con los alumnos concertados hechos un lío entre caprichos e intereses de padres y educadores enfrentados a un dilema moral falseado por las artimañas eclesiales. No llegará la sangre al Jordán porque al cabo de la primera batalla entrarán en juego temas candentes y espinosos como el de las subvenciones y concertaciones en la educación, la bolsa de las treinta monedas repiquetea y el dinero del César no puede caer en saco roto.
Mientras el clero anima a los padres a tirarse al monte para defender su exclusiva moral, los colegios privados y concertados de la Comunidad de Madrid se han llevado de calle y de barrio a 20.000 alumnos de la enseñanza pública, cercada por el Gobierno regional, las vocaciones crecen y los negocios florecen mientras en los centros públicos medio desmantelados los educadores se enfrentan con un problema añadido y creciente: el 82% de las incorporaciones a la educación escolar no universitaria, corresponden este año a la población inmigrante y el 80% de esos nuevos alumnos "opta", es un decir, por la enseñanza pública. Los problemas de adaptación de lengua, conocimientos y costumbres de los inmigrantes en colegios y sin los medios adecuados, puede producir importantes desniveles y mermas de calidad, ésa parece ser la opinión más extendida entre los padres que trasvasan a sus hijos de la enseñanza pública a la concertada donde los inmigrantes son, por lo general, una ínfima minoría. El amor al prójimo tiene sus límites geográficos y económicos.

Tensión entre prelados y colegios por la Educación de la ciudadanía. La Conferencia episcopal critica duramente a la FERE por colaboral con el mal.

Tensión entre prelados y colegios
J. A. A. - Madrid EL PAÍS - Sociedad - 24-06-2007

El afán de los obispos contra la asignatura de Educación para la Ciudadanía les ha llegado a enfrentar con la patronal de los colegios concertados católicos FERE. Los responsables de estos centros recibieron hace un mes un duro rapapolvo de la Conferencia Episcopal. La FERE había enviado a sus colegios una circular advirtiéndoles de que si no se imparte esa materia se corre el riesgo "real" de perder la subvención o la autorización para enseñar. Los obispos les respondieron con toda dureza que no podían "impedir" a los padres tomar las medidas que creyesen oportunas, es decir, boicotear la materia.
Las relaciones entre la FERE y la Conferencia Episcopal
se han ido tensando en los últimos meses. La patronal fue quien negoció, en contacto con los obispos, la rebaja de los contenidos de Educación para la Ciudadanía, y siempre ha recordado su obligación legal de impartirla.
En distintos comunicados ha apoyado las críticas de la jerarquía católica a la asignatura, pero asegurando siempre que ellos van a adaptarla para que en ningún caso puedan chocar con su moral y principios. El Ministerio de Educación ha admitido en muchas ocasiones que se podrá hacer esa interpretación por parte de los centros.
Además, la FERE también denunció en febrero una campaña de presión por parte de distintas asociaciones para que no impartieran la nueva materia.


Y vuelta a empezar

J. A. A. - Madrid EL PAÍS - Sociedad - 24-06-2007
Una y otra vez, las conversaciones entre los obispos y Educación volvían siempre a la misma petición de máximos. Éste es un relato cronológico de los encuentros.
- 21 de diciembre de 2004. Los obispos quieren mantener la asignatura alternativa a la religión: Historia de las Religiones. La constante en todos los encuentros ha sido una mayor preocupación por lo que iban a hacer los alumnos que no estudiaran religión, que por los que sí la estudiaran.
- 23 de junio de 2005. Los obispos reconocen que la religión queda casi como estaba (la ley impulsada por el PP no llegó a entrar en vigor) pero no es suficiente.
- 25 de mayo de 2006. Los obispos plantean empezar de cero, independientemente de lo que diga la ley. El ministerio dice que reducirá un tercio el horario de religión en secundaria.
- 27 de septiembre y 10 de octubre de 2006. Los obispos hacen una propuesta de contenidos para la alternativa a la religión. Según algunas fuentes cercanas a las conversaciones, se trata de una mezcla entre Educación para la Ciudadanía e Historia de las Religiones. Según otras, de dos versiones de lo mismo, los contenidos de religión católica, en un caso con componentes de fe y, en el otro, sin ellos.
- 5 de diciembre de 2006. Último encuentro. La reducción de horas de religión ha sido de un 16% y habrá alternativa, aunque no obligatoria, a religión.

Obispos y ciudadanía

Obispos y ciudadanía
EL PAÍS - Opinión - 22-06-2007

Los obispos no cejan en su cruzada contra la enseñanza de Educación para la Ciudadanía, la nueva asignatura que recoge la LOE y que empezará a impartirse gradualmente desde el próximo curso escolar. Resulta a todas luces exagerado afirmar que atenta a los derechos individuales porque el Estado trata con ella de imponer una formación moral no elegida por los alumnos o por sus padres. Sería de agradecer más dosis de cordura de los prelados y que se contuvieran a la hora de hacer llamamientos a usar "medios legítimos" contra su enseñanza como ayer hizo la Conferencia Episcopal. Paradójicamente, uno de esos medios sería negarse a cumplir la ley como algunos colectivos católicos sugieren.
La asignatura objeto de los odios episcopales está recogida en la Ley Orgánica de Educación, aprobada el año pasado por el Parlamento con la oposición del PP. Esto es algo que los obispos deberían no olvidar por mucho que el partido de Rajoy haya anunciado que la eliminará si llega al poder: de momento es ley. En nada contribuye a calmar las siempre delicadas relaciones entre Iglesia y Estado dar rienda a la retórica con afirmaciones de que con esta disciplina se pretende orillar la moral católica y fomentar un ideario laicista excluyente. No es sencillo entender la resistencia obispal a la enseñanza de una materia que de ninguna manera interfiere en la idea de una educación religiosa en la escuela.

Educación para la Ciudadanía está diseñada para informar sobre los valores y realidades de nuestra sociedad y convertirse, así, en un puntal de la democracia en las aulas. Sus contenidos hablan de los distintos tipos de familia que existen en la España de hoy, de la diversidad de opciones sexuales, de la condena a la discriminación, del funcionamiento de las instituciones democráticas, de la importancia del voluntariado o de la condena del racismo y la xenofobia. ¿Qué solivianta tanto de esta lista a los obispos? Parece como si el meollo putrefacto y alarmista de la asignatura por parte católica se centrara exclusivamente en el dato de que en el mundo actual el divorcio o los matrimonios entre personas del mismo sexo han dado lugar a nuevas formas de entender la familia o en el hecho de que hoy en España, miles de hombres y mujeres declaran que son homosexuales y que conviven con sus parejas afectivas del mismo sexo.

domingo, junio 03, 2007

Leonardo Boff: “El Arzobispado de Madrid debilita a la Iglesia”

Leonardo Boff: “El Arzobispado de Madrid debilita a la Iglesia”
El teólogo brasileño estará hoy en la parroquia de Entrevías ELPLURAL.COM 01/06/2007
El escritor y teólogo brasileño Leonardo Boff, de viaje por España, ha criticado al Arzobispado de Madrid, con Antonio María Rouco Varela a la cabeza, por "debilitar a la Iglesia" con su decisión de cerrar la parroquia de San Carlos Borromeo, en el barrio madrileño de Entrevías. Tal y como anunció elplural.com, uno de los máximos exponentes de la Teología de la Liberación, perseguida por el Vaticano, participará hoy en un encuentro en la parroquia vallecana en el marco de las jornadas Unidos en la exclusión.
Boff, dejó el sacerdocio en 1992 “porque el Vaticano me exigió no humildad, que es virtud, sino humillación, que es pecado”. En una entrevista concedida a La Vanguardia, Boff defendió “que tendríamos que aceptar que ninguna Iglesia es portadora de la única verdad, sólo así podríamos lograr la paz duradera”.
Defensa de Jon Sobrino
Frente a los asistentes que abarrotaron la barcelonina basílica de Santa María de Pi, Boff se solidarizó con el jesuita Jon Sobrino, al que calificó como “el mejor de los teólogos vivos”, frente a los ataques del Vaticano. Boff realizó en este marco una doble defensa del planeta Tierra, como “el gran desafío de hoy” y la teología de la liberación.
Solidaridad con la parroquia de Entrevías
El teólogo brasileño quiere hoy mostrar su apoyo a los sacerdotes de San Carlos Borromeo, quienes guardan muchos paralelismos en su compromiso evangélico y en sus problemas con la jerarquía católica. A su juicio, lo que están haciendo estos sacerdotes, “está muy en la línea de los Evangelios, en la línea de la práctica de Jesús, de acoger drogadictos, personas que están al margen de la sociedad, personas que tienen dificultades".
El cierre, contra el espíritu de la Iglesia
Agregó que cerrar una parroquia "de este nivel, revela solamente el carácter poco espiritual de la Iglesia, yo diría más, un carácter carnal, una Iglesia de poder, que no aguanta, que no soporta contenidos evangélicos que son centrales con la experiencia cristiana, que es poner en el centro al pobre, al necesitado, al que ha fracasado, pero que recibe esfuerzo, esperanza”.
La iglesia católica, “fosilizada”
En relación al aumento del número de fieles evangélicos en toda América Latina, y en especial en Brasil, Boff aseguró que la Iglesia católica "se ha fosilizado en muchos aspectos, no ha renovado el lenguaje, ni ha actualizado los ritos, se ha cerrado sobre si misma". Opinó que Benedicto XVI "es un Papa de continuación. Él ha ayudado a formular un proyecto de Iglesia, junto con Juan Pablo II, volcada sobre si misma, en su institucionalidad, en reforzar el carácter clerical".

viernes, mayo 11, 2007

Otros 'mártires' de la Guerra Civil

Otros 'mártires' de la Guerra Civil MANUEL MONTERO EL PAÍS - Sociedad - 06-05-2007

No fueron los únicos religiosos ejecutados por el bando nacional durante la Guerra Civil, pero constituyen un grupo nítidamente identificable. El recuerdo de los 16 curas vascos que en 1936 fusilaron los franquistas resuena setenta años después y golpea en las desmemorias de la Iglesia de la que formaron parte, que los ha relegado al olvido y parece preferir que un velo cubra su recuerdo.
Los primeros en morir fueron Martín de Lekuona y Gervasio de Albizu, que eran vicarios en la parroquia de Rentería (Guipúzcoa) y que fueron fusilados el 8 de octubre de 1936. El mes anterior las tropas de los generales alzados habían ocupado casi toda Guipúzcoa y llegaba la hora de la represión de las izquierdas y de los nacionalistas. Las convicciones religiosas, que se decía legitimaban la sublevación militar, quedaban en el segundo plano. De ahí que las represalias incluyesen a sacerdotes vascos, de filiación nacionalista y hondas actitudes religiosas. Así describía el escritor José Arteche a uno de los ejecutados: "Don Martín de Lecuona era el sacerdote cuya manera de ser más me sugería el ideal del ángel".

Murieron después los siguientes: el cura y escritor José de Ariztimuño (Aitzol), Alejandro de Mendikute y José Adarraga, ejecutados en Hernani el 17 de octubre de 1936. El 24 de octubre fue fusilado en el cementerio de Oiartzun José de Arin, arcipreste de Mondragón. Ese mismo día se ejecutó a José Iturri Castillo, párroco de Marín, así como a los también sacerdotes Aniceto de Eguren, José de Markiegi, Leonardo de Guridi y José Sagarna. El 27, a José Peñaga-rikano, vicario de Markina. Celestino de Onaindía, cura auxiliar de Elgoibar, fue fusilado el día siguiente. Se sabe también que ese mismo mes fueron fusilados los padres Lupo, Otano y Román; el último era el superior del convento de los carmelitas de Amorebieta.

El número de sacerdotes fusilados, las fechas y lugares de las ejecuciones y la coyuntura política y militar en que se produjeron confirman que estas actuaciones del bando franquista no constituyeron incidentes aislados. Fueron iniciativas con un determinado sentido, reprimir a quienes defendían la legitimidad republicana, sin que para esta práctica del terror fuese impedimento que el encausado fuese religioso. No puede descartarse que tal condición constituyera causa o agravante, en un momento en que, por el apoyo decidido de la Iglesia a la sublevación, el bando franquista desplegaría su inquina contra los curas que se oponían a la rebelión. Téngase en cuenta que era el momento en el que desde la Iglesia se gestaba la idea de la Cruzada para referirse a la sublevación, pero sin que quizás se hubieran deducido aún las consecuencias que tal símbolo implicaba o sin que se hubiesen transmitido eficazmente.

Resulta obvio -todos los datos lo corroboran- que sufrieron represalias por sus creencias políticas, no por alguna suerte de actividad armada, pues no era este el papel que les adjudicó el País Vasco fiel a la República, sino el que se ceñía a la asistencia espiritual. La Iglesia no pudo alegar nunca desconocimiento sobre estos hechos. El embajador de Estados Unidos en España durante la guerra civil, Claude Bowers, los denunció en su libro Misión en España, 1933-1939, que señalaba que "esta lealtad de los católicos vascos a la democracia ponía en un aprieto a los propagandistas que insistían en que los moros y los nazis estaban luchando para salvar a la religión cristiana del comunismo". Y daba datos suficientes para comprobar que la jerarquía eclesiástica española sabía de estas ejecuciones. En enero de 1937 el cardenal Gomá se dirigía por carta al presidente del Gobierno vasco, José Antonio Aguirre, que el 22 de diciembre había expresado su asombro por la pasividad de la Iglesia ante el fusilamiento de los curas vascos. Admitía que se había producido, pues aseguraba que la jerarquía eclesiástica no se había callado en este asunto, pero que su protesta había sido discreta, por considerarlo así más eficaz. Reconocía el hecho y su gravedad... y justificaba que la Iglesia participase en la ocultación.

Hoy sabemos también que en diciembre de 1936 un telegrama del Papa se quejó a Franco por "la ejecución de sacerdotes vascos católicos", en respuesta a protestas de aquel, que pedía que la Iglesia se implicase más en el apoyo a la sublevación. Ninguna duda hay, por tanto, de que las más altas instancias eclesiásticas, incluyendo el pontífice, estaban al tanto de lo que había sucedido en Guipúzcoa, ni de la actitud del bando franquista respecto a los religiosos que no participaban de sus ideas políticas.

La Iglesia, que sostuvo la idea de Cruzada Nacional para legitimar la sublevación militar, fue beligerante durante la Guerra Civil, aun a costa de relegar a algunos de sus miembros. Sigue siendo beligerante, en su insólita respuesta a la Ley de Memoria Histórica, acudiendo a la beatificación de 498 "mártires" de la Guerra Civil. Entre ellos no se cuentan los sacerdotes ejecutados por el ejército de Franco. Sigue siendo una Iglesia incapaz de superar sus posiciones de parte, de hace 70 años, y dispuesta a que tal pasado nos persiga siempre. En este uso político de reconocimientos religiosos se percibe su indignación por la reparación a las víctimas del franquismo. Los criterios selectivos sobre los religiosos que militaron en sus filas resultan difíciles de comprender. ¿Los sacerdotes que fueron víctimas de los republicanos son "mártires que murieron perdonando" y los que fueron ejecutados por los franquistas los olvida la Iglesia? Esta actitud brutal, que quiere además aprovechar el acto para una gran peregrinación de resonancias públicas, señala quizás la incapacidad de la Iglesia española para superar sus rencores del pasado.

El guipuzcoano José de Arteche, en su libro El abrazo de los muertos, de 1956, escribía: "Los hombres de mi generación no tienen remedio; nadie dice que hay que rectificar. Nadie dice que hay que pedir perdón. Uno llega a la conclusión de que en España no se reza el Padre Nuestro".





Mateo Múgica


Cuando supo que habían ejecutado al cura José Joaquín Arín, sin formación de causa, Mateo Múgica, obispo de Vitoria, concluyó: "Mejor habrían hecho Franco y sus soldados besando los pies de este venerable sacerdote que fusilándole". La trayectoria del prelado, cuya diócesis incluía Vizcaya, Guipúzcoa y Álava, ilustra sobre las dificultades del franquismo con la Iglesia vasca y los recelos que la dictadura suscitaría en un clero mayoritariamente nacionalista. No lo era Mateo Múgica, sino monárquico. Natural de Idiazabal (Guipúzcoa) y obispo de Vitoria desde 1928, fue desterrado en mayo de 1931 por sus reticencias públicas respecto a la República. Volvió dos años después.

Apoyó en un principio la sublevación militar, exigiendo que los católicos no cooperaran "ni mucho ni poco, ni directa ni indirectamente, al quebranto del ejército español". Suscribió pues la instrucción episcopal Non licet, con la prohibición formal a los católicos de adherirse a la República.

Los excesos y brutalidades de los sublevados y su actuación en la diócesis vasca, le hizo cambiar pronto de opinión. En octubre elevaba sus protestas a la Santa Sede, informando de que en su diócesis los creyentes estaban siendo "injustamente perseguidos, vejados, castigados, expoliados por los representantes y propagandistas del Movimiento Nacional". En 1937 fue enviado de nuevo al destierro, esta vez por orden de los militares franquistas. Se negó a firmar la Carta colectiva de los obispos españoles por la que apoyaban al bando sublevado. Denunció entonces que en su diócesis se había perseguido a "nutridísimas filas de cristianos fervorosos y de sacerdotes ejemplares". No pudo regresar a España hasta 1947. Se instaló en Zarautz (Guipúzcoa), donde vivió, ya ciego, hasta 1968. Murió a los 98 años.

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