Mostrando entradas con la etiqueta guerra. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta guerra. Mostrar todas las entradas

sábado, mayo 12, 2012

Los verdaderos violentos Antonio Aramayona – ATTAC CHEG Aragón

Los verdaderos violentos Antonio Aramayona – ATTAC CHEG Aragón


A mediados del siglo XIX, Estados Unidos llegó al colmo de su impaciencia, pues Japón no quería abrirse al comercio en los términos deseados por Norteamérica. Por eso, el comodoro Matthew Perry llegó en 1852 con sus barcos de hierro y sus poderosos cañones al puerto de Nagasaki, (¿con?)venció por miedo al gobierno nipón, y dos años después quedó firmado el Tratado de Kanagawa. 

Matthew Perry fue considerado un héroe en su país, donde todos estaban convencidos de que la doctrina del Destino Manifiesto (Manifest Destiny) era una evidencia para los Estados Unidos de América, según los designios de Dios, “la última y mejor esperanza sobre la faz de la Tierra”, en expresión de Abraham Lincoln, y por tanto, un país legitimado y destinado a expandirse por donde le conviniere. Una ideología muy próxima a la teoría del Lebensraum del nacionalsocialismo germano y a la praxis perpetrada desde hace tiempo por Israel. 

LA HISTORIA la escriben los vencedores y se dicta desde el poder, por lo que no es raro que la violencia, la rapiña, el abuso y la imposición por la sola razón de la fuerza bruta acaben apareciendo como gestas nacionales heroicas y gloriosas, bien adornadas por la propaganda oficial. La gente va aceptando así como evidencias indiscutibles una sarta de embustes, medias verdades, ideas delirantes y silencios que finalmente quedan al margen de cualquier crítica o cuestionamiento por parte de la ciudadanía. 

Actualmente, por ejemplo, la propaganda autóctona y del imperio han convertido en “terrorismo” cualquier expresión no sumisa de voluntad de autodeterminación o de soberanía nacional por parte de un colectivo, o incluso la lucha misma contra la injusticia que sufre una población. Lo que cuestiona o se opone directamente al sistema establecido, en un país o a nivel internacional, puede llegar a ser considerado “terrorista”, y corre el riesgo de que caiga sobre su cabeza toda la potencia represora de las “fuerzas de la democracia, del orden y de la seguridad”. Será un antisistema y, si se descuida, un terrorista quien se enfrente sin componendas al sistema que ampara y privilegia el cúmulo de intereses financieros, empresariales, económicos, políticos e ideológicos de una minoría, cuyos principios de acción son el máximo beneficio (propio) y el desarrollo (propio) sin fin. 

PARA PRESERVAR y mantener el sistema depredador de esa minoría se urden y perpetran impunemente guerras y conflictos en el mundo, mientras la gente dormita y sestea, ajena e indiferente. Recuérdense, por ejemplo, las terroríficas campañas de los bombardeos previos a la invasión de Irak en 2003 (“Conmoción y pavor”) o la guerra de Israel en y contra la población de Gaza en 2008 (“Plomo fundido”), entre la indolencia y la indiferencia de buena parte de la ciudadanía mundial. Recuérdense, igualmente, las razones con que la propaganda oficial presentó la invasión de Libia y el linchamiento de Gadafi (evitar una masacre de civiles) o la invasión de Irak y el ahorcamiento de Sadam Hussein (democratización, armas de destrucción masiva, terrorismo islámico). Obama mismo declaraba recientemente que no podía estar “más orgulloso” que de la muerte (asesinato) de Bin Laden. 

Si no les gustan los resultados de unas elecciones, quedan declaradas instrumentos del terrorismo y anuladas de un plumazo (vg. Argelia o Palestina). Si se reúne la cúpula del BCE en Barcelona, 8.000 policías quedan ipso facto a su servicio. En los medios aparecerá en todo caso un puñado de exaltados rompiendo escaparates, y no las decenas de miles de manifestantes, así como tampoco darán cuenta de los motivos de la protesta. 

MIENTRAS, los dueños del dinero y de la guerra ocultan que violencia es también (¡y sobre todo!) ser despedido del trabajo sin motivos creíbles, carecer de trabajo, pasar día a día por estrecheces económicas sin cuento en una sociedad donde una minoría vive en la opulencia. Violencia es la acción depredadora del capitalismo de casino. Violencia es asistir a un sinfín de recortes educativos y sanitarios, reducir 600 millones en investigación en ciencia y tecnología, ser expulsado de la vivienda o no tenerla, ser joven, estar bien preparado y tener borrado cualquier horizonte. 

Violencia es que pretendan volver del revés el estado de bienestar o hacer saltar por los aires los derechos laborales adquiridos con sangre, sudor y lágrimas durante décadas, y a la vez que no toquen los privilegios fiscales, económicos y educacionales de la Iglesia Católica, que sigue percibiendo anualmente más de 10.000 millones de euros de las arcas del Estado. Asimismo, venderán empresas públicas y privatizarán hasta los recursos más elementales, como el agua, pero continuarán comprando y sacando brillo a cacharros tan caros como inútiles, en manos del ejército (blindados, aviones, buques, misiles, etc.). 

Decía Mahatma Gandhi que lo que se obtiene con violencia, solamente se puede mantener con violencia. Quizá haya llegado la hora de decir también que lo que ha sido arrebatado con violencia solo puede ser recuperado con violencia.

sábado, abril 28, 2012

España se lucró con la venta de armas en plena Primavera Àrabe

España se lucró con la venta de armas en plena Primavera Àrabe Varias ONG denuncian que el Gobierno autorizó exportaciones de armas que podrían haber sido usadas para cometer violaciones de derechos humanos LUCÍA VILLA Madrid 26/04/2012 23:23 Actualizado: 27/04/2012 00:53
En plena Primavera Árabe, cuando miles de manifestantes eran víctimas de las represiones violentas por parte de sus gobiernos, España exportó armas y material de defensa a Bahréin, Arabia Saudí y Egipto por valor de más de 10,5 millones de euros.
Así se desprende de los datos publicados por el Ministerio de Economía y Competitividad (MEC), remitidos al Congreso en enero de este año y que las organizaciones de la coalización 'Armas bajo control' consideran "especialmente preocupantes".
En un informe, Amnistía Internacional, Fundació per la Pau, Greenpeace e Intermon Oxfam denuncian que el Gobierno aprobó las exportaciones de material bélico pese a que "corría el riesgo de ser usado para cometerviolaciones de derechos humanos".
"Existe un marco legal que nosotros valoramos en su momento muy positivamente, pero parece que hay un déficit de voluntad política y los intereses comerciales priman por encima de los valores que los gobiernos dicen defender", señala a Público.es Francisco Ortego, portavoz de Amnistía Internacional en comercio de armas.
En concreto, estas organizaciones advierten de que el Gobierno, entre enero y junio de 2011,  llevó a cabo operaciones que podrían haber vulnerado el artículo 8 de la Ley 53/2007 que regula las exportaciones de material de defensa y policial fabricado en España.
Esta norma señala que las solicitudes de autorización serán denegadas y las autorizaciones suspendidas o revocadas "cuando existan indicio racionales de que el material de defensa [...] pueda ser empleado en acciones que perturben la paz, la estabilidad o la seguridad en un ámbito mundial o regional, pueda exacerbar tensiones o conflictos latentes, ser utilizados de manera contraria al respeto debido y la dignidad inherente al ser humano, con fines de represión interna o en situaciones de violación de derechos humanos [...]".
Pese a que es difícil conocer el uso exacto que se le han dado a las armas en los países de destino, Ortego asegura que esto "no sería una excusa". "La situación de Bahréin lleva siendo preocupante desde hace mucho tiempo y en Arabia Saudí la violación de derechos humanos es permanente", afirma.
El informe, no obstante, refleja que sí se revocaron varias licencias para la exportación y se sometió a revisión todas las licencias aprobadas desde 2006 hacia Túnez, Egipo y otros países delNorte de África y Oriente Próximo en conflictos similares.

¿Por qué para unos países sí se aplica la ley y en otros no? "Estamos pidiendo que haya una mayor coherencia y que se aplique la ley y no se ha hecho de forma sistemática", reconoce Francisco Yermo, responsable de Advocay Humanitario de Intermon Oxfam.

El doble de ventas que en 2010. 

Entre las datos analizados por el grupo de organizaciones, destacan además como operaciones "preocupantes" la venta de armas realizadas a otros países sumidos en procesos de intensa violencia. Por ejemplo, en México, donde la "guerra contra la droga" de Calderón se ha cobrado la vida de 50.000 personas, según cifras del propio gobierno mexicano, tal y como recuerda el estudio.  A este país, durante el primer semestre de 2011 se realizaron exportaciones por valor de 57,7 millones de euros y se autorizaron otras tantas por valor de 150.000.
Lo mismo ocurre en el caso de Pakistán, "donde el enfrentamiento entre el Estado y grupos baluchis se caracteriza por abusos contra los derechos humanos cometidos por todos los  bandos", cita el informe. En este caso, las exportaciones de material de defensa ascendieron a 536.000 euros y se autorizaron otras tres por un total de 10,2 millones.
En total, España vendió armas durante los primeros seis meses de 2011 por un valor 1.164,58 millones de euros, una cifra que casi duplica a la del mismo periodo del año anterior. Losprincipales destinos son la UE o países socios de la OTAN (51% de las ventas) y el resto se reparte entre otros 32 estados.
Sin embargo, las organizaciones temen que se incremente la venta armamentística a países donde se producen violaciones de los derechos humanos para primar los intereses comerciales. "Nuestra preocupación más general es que en el actual contexto económico, con recortes en el ministerio de Defensa, las ventas se dirijan más al exterior que dentro de España y se pueda entrar en tensión con el artículo 8 de la ley con un afán recaudatorio", asegura Yermo.

domingo, octubre 09, 2011

Con la decisión de comprometer a España en el "escudo antimisiles", Zapatero ha demostrado que las buenas causas ya no son las suyas...

EN PRIMERA LÍNEA Zapatero: Un socio lunático para Estados Unidos JOSÉ MARÍA RIDAO DOMINGO - 09-10-2011

Tan ridículo como el antiatlatismo primario es el atlantismo primario, y Rodríguez Zapatero ha tenido la singular habilidad de incurrir en los dos. Seguramente porque la política exterior y de seguridad que ha desarrollado en sus ocho años de Gobierno ha sido casi siempre primaria, y en ocasiones también ridícula. Fue el caso del discurso sobre las grandes líneas de acción diplomática que pensaba desarrollar en la legislatura que ahora acaba, y que pronunció por razones de imagen en el Museo del Prado. Allí fue posible escucharle que España se comprometía internacionalmente con los principios y con la paz, además de contra la pena de muerte y otras nobles banderas que desplegaría por el ancho mundo como un nuevo e infatigable condottiero. El discurso resultó tan conmovedor como, a la vez, intrascendente, puesto que lo que importa de la política exterior y de defensa de un Gobierno es la manera en la que defenderá los intereses nacionales. Los puede defender bien o los puede defender mal, y los puede defender respetando los principios, que es lo que se debe, o violándolos, que es casi siempre inmoral y siempre un error. Pero, en ningún caso se pueden confundir los principios con los objetivos de una política exterior y de seguridad.
Con la decisión de comprometer a España en el "escudo antimisiles", Zapatero ha demostrado que las buenas causas ya no son las suyas, y también que se le ha embotado la sensibilidad. Pero no para la política exterior y de seguridad, hacia la que quizá nunca la tuvo, sino hacia las instituciones democráticas. Nada, sino ese embotamiento, puede explicar que, con las Cámaras disueltas, lleve a cabo uno de los giros más bruscos de la posición internacional de España, alineándola con lo que la Administración Bush denominaba la nueva Europa, frente a la vieja, en una iniciativa como el "escudo antimisiles". Si lo que pretendía era mostrarse él, o mostrar a España, como fiel aliado de Estados Unidos, que es sin duda lo que le conviene al interés nacional, lo que ha conseguido es exactamente lo contrario.

Zapatero, aunque ya se va, y España, que ahora gobernará previsiblemente otro partido, se ha convertido en ese socio lunático que, siendo europeo y europeísta, aparece una mañana en las Azores, otra retira sin preaviso las tropas de Irak y de Kosovo, y otra, en fin, se suma a Polonia y Rumanía para interceptar los misiles que podrían llegar en no se sabe qué futuro desde Irán o Corea del Norte. El argumento de que España estaba obligada a este alineamiento por ser la puerta de entrada geoestratégica al Mediterráneo, según sostuvo Zapatero tras la reunión de la OTAN en Bruselas, constituye una flagrante incongruencia con la misión que se asigna al escudo. Una incongruencia que dejaría de serlo si se confirmara otra en su lugar: la de que, en realidad, reforzar la presencia naval norteamericana en Rota tiene como trasfondo la inquietud ante el desarrollo de las revueltas árabes, no los hipotéticos misiles de Irán y Corea del Norte. Si esto fuera así, ¿piensa Zapatero que los países árabes que se han desembarazado de sus dictadores no se van a enterar o que lo percibirán como un gesto amistoso?

Una de las maldiciones de nuestro tiempo es la ebriedad conceptual a la que se han librado los expertos en materia exterior y de seguridad, ya sea a solas o arracimados en think-tanks. Es esa ebriedad la que, en la mayor parte de los casos, impide advertir que, por más que se declare defensiva, una poderosísima alianza militar que dedica su tiempo a elucubrar sobre enemigos futuros es necesariamente percibida como una amenaza por quienes no forman parte de ella. Mucho más si esa alianza adopta iniciativas como el "escudo antimisiles", cuya eficacia militar sigue siendo dudosa mientras que, por el contrario, sus consecuencias políticas y diplomáticas resultaron devastadoras desde que se pensó poner en práctica. Al margen de los efectos sobre el tímido desarme nuclear, un autócrata como Putin no podrá dar crédito a los regalos que sus rivales le hacen para reforzar su nacionalismo en vísperas de unas elecciones presidenciales a las que se presentará en flagrante fraude de la ya de por sí maltrecha Constitución rusa.

El Partido Popular ha saludado la decisión de Zapatero como un saludable descenso a la realidad. Pues arreglados estamos si incorporarse al "escudo antimisiles" es la realidad para el Partido Popular. Porque eso solo puede significar que, frente a la ideologizada política exterior y de seguridad de Zapatero, desentendida de los intereses nacionales, el Partido Popular defiende todavía la ideologizada política de Aznar, de sentido contrario a la de Zapatero, pero no menos desentendida de esos intereses. Donde uno ha puesto "paz", otro ponía "guerra contra el terror", pero ni uno ni otro han conseguido que España sea lo que fue con anterioridad y lo que debería seguir siendo: un aliado fiable y previsible, que no cambia de opinión según soplen los vientos de la historia, las elecciones o lo que sea.

Noticias relacionadas Rota, el escudo del sur

domingo, septiembre 11, 2011

Los embajadores israelíes, por su parte, deberían ser capaces de apreciar que la política israelí en la Palestina ocupada sigue siendo inaceptable

Nuevas tácticas, viejas estrategias ILAN PAPPE EL PAÍS - Opinión - 11-09-2011

Rafi Schutz, embajador israelí en España hasta hace un par de meses, resume en el diario Haaretz su mandato como un periodo especialmente lúgubre. Nada raro por otra parte, pues a un exembajador israelí en Europa del Este le pasó lo mismo, y ambos siguen los pasos del exembajador israelí en Reino Unido, quien siempre se quejó de lo difícil que lo había tenido en los campus universitarios ingleses debido a la hostilidad creciente. Al exembajador israelí en Irlanda le pasó exactamente lo mismo.

El grupo al completo echa la culpa de todos sus males al clásico antisemitismo. Pero mientras sus colegas en Irlanda y Reino Unido no dan más detalles, el exembajador en Madrid radica todos sus problemas en la terrible Inquisición española del siglo XV. Los españoles (el artículo de Schutz se titula Por qué los españoles nos odian) serían anti-israelíes por pura incapacidad a la hora de aceptar la responsabilidad que les toca en eso de la Inquisición, una institución a la que, según él, todavía siguen apoyando.
Pensar que los jóvenes españoles piensan y sienten motivados por atrocidades cometidas hace más de 500 años y no por las criminales políticas actuales del Estado de Israel, o la idea de que la única razón del apoyo de España a la causa palestina sea la Inquisición, no es si no muestra de la desesperación de los diplomáticos israelíes en Europa, quienes ya desde hace tiempo ven perdida la batalla por la razón moral.

Este tipo de lamentaciones demuestran algo importante: la lucha de la sociedad civil en los principales países europeos va teniendo éxito. Sin recursos y a través de grupos pequeños que saben cómo sacar el mejor partido de su principal ventaja -el actual Gobierno de Israel-, la sociedad civil está consiguiendo hacer verdaderamente difícil la tarea de los diplomáticos israelíes. Por lo tanto, si hubiera que valorar la situación, creo que todos los que formamos parte de estos pequeños grupos de resistencia en Occidente podríamos sentirnos un poco satisfechos ante el trabajo bien hecho.

Los embajadores israelíes, por su parte, deberían ser capaces de apreciar que la política israelí en la Palestina ocupada ha sido y sigue siendo inaceptable. Por eso es tan criticada: el profundo racismo que subyace en la naturaleza del Estado judío ha conseguido galvanizar las conciencias de los ciudadanos -muchos de ellos judíos- de todo el mundo en apoyo de una campaña en pro de la justicia y de la paz en Palestina.

Pero antes de conseguirlas tendremos que hacer un esfuerzo para librarnos de las garras de los políticos y del juego de poder que se traen entre manos. La iniciativa de declarar un Estado independiente de Palestina en tan solo un 22% del territorio original es una broma de mal gusto, se apruebe finalmente o no se apruebe. La petición realizada a la comunidad internacional para que reconozca a una Palestina independiente en apenas una parte de Cisjordania, e integrada por una mínima parte de la población palestina, puede asustar al Likud pero no tiene nada que ver con la larga lucha por la liberación de Palestina. Puede que esta iniciativa termine en agua de borrajas o puede que para Israel tan solo sirva como un pretexto más para seguir ocupando y anexionando tierras que no son suyas.

Al final se trata solo de una nueva táctica en este juego de poderes al que tan aficionados son los políticos, un juego que, como todos sabemos, no lleva a ninguna parte, porque hasta que los palestinos no resuelvan su problema de representatividad y la comunidad internacional no ponga al descubierto las artimañas de Israel, la realidad y los políticos seguirán estando divorciados.

Mientras tanto, lenta pero definitivamente, seguiremos colocando en su sitio las piezas de un rompecabezas basado en el reconocimiento por ambas partes de que cualquier solución habrá de incluir a todos los palestinos (los que viven tanto en los territorios ocupados como en Israel o en el exilio), y en la construcción de un nuevo régimen para toda la tierra de la Palestina histórica que ofrezca igualdad y prosperidad para todos los que viven allí ahora o fueron expulsados de allí por la fuerza en los 60 años de existencia del Estado de Israel.
La incomodidad expresada por los diplomáticos mencionados no tiene su origen en el rechazo o en las malas caras de los Ministerios de Asuntos Exteriores o los Gobiernos de los países en que estuvieron destinados. Es posible que al tiempo que muchos ciudadanos europeos se empeñan en ponerles a ellos las cosas difíciles, sus respectivos Gobiernos miren para otro lado, ya sea aceptando el dinero de Israel para impedir zarpar rumbo a Gaza a la Flotilla de la Paz o para comprar su silencio, lo que demuestra que, a pesar de las lamentaciones de sus diplomáticos, la inmunidad de Israel sigue estando garantizada.
Esta es la razón principal por la que nosotros tendremos que procurar la incomodad no solo de los embajadores israelíes en todas las capitales europeas, sino también la de quienes les apoyan o tienen miedo de hacerles frente.

* ¿Para qué sirve Tony Blair en Oriente Próximo? Diplomáticos europeos y rusos cuestionan su papel como mediador ENRIC GONZÁLEZ - Jerusalén EL PAÍS - Internacional - 09-10-2011

¿Para qué sirve Tony Blair? Cuando se formula esa pregunta a las autoridades palestinas y a diplomáticos europeos y rusos, hay dos tipos de respuesta: una que podría resumirse con la frase "para nada" y otra que vendría a definirle como "portavoz de los intereses israelíes". El Gobierno israelí, en cambio, valora muy positivamente su trabajo como enviado especial del Cuarteto (Estados Unidos, Unión Europea, Rusia y Naciones Unidas) en Oriente Próximo. Han pasado más de cuatro años desde que Blair asumió la misión, justo el mismo día en que dimitió como primer ministro británico (el 27 de junio de 2007), y no ha habido cambios sustanciales ni en el proceso de paz ni en el bloqueo de Gaza.
Como primer ministro, Tony Blair se definió en numerosas ocasiones como "amigo de Israel". En 2004, 52 diplomáticos retirados del Reino Unido publicaron una carta en la que criticaban la sumisión de Blair a los intereses israelíes y estadounidenses. Pese a ello, pese a su negativa a pedir un inmediato alto el fuego tras la invasión israelí de Líbano (2006) y pese a su protagonismo en la invasión de Irak, las autoridades palestinas dieron el visto bueno a su nombramiento como mediador. Creyeron que su alto perfil político y su aparente influencia en el Gobierno israelí ayudarían a restablecer unas negociaciones que permanecían en vía muerta.
Las primeras críticas a su trabajo surgieron durante la invasión israelí de Gaza entre el 27 de diciembre de 2008 y el 18 de enero de 2009. Mientras Gaza era bombardeada, Blair pasaba las fiestas de Navidad en una de sus residencias británicas. Y se dejaba fotografiar en la inauguración de un nuevo establecimiento del modisto Giorgio Armani en Londres. El mediador sólo llegó a sus oficinas en Jerusalén el 5 de enero, cuando la infantería israelí ya había irrumpido en la Franja. Hasta ahora, Blair no ha visitado Gaza, lo que su oficina justifica por razones de seguridad.
El enviado especial del Cuarteto suele pasar una semana al mes en Jerusalén. No cobra por su trabajo, pero cuesta caro. Hasta este verano se hospedaba en el American Colony, el hotel más famoso y refinado de Jerusalén. Su suite (más de 400 euros por noche) y los alojamientos y oficinas de su docena de colaboradores ocupaban toda la cuarta planta del establecimiento, con un coste superior al millón de euros anuales. Los salarios de su escolta personal son retribuidos por los contribuyentes británicos, así como los más de 200.000 euros al año que el grupo de policías gasta en alojamiento y manutención. Hace un par de meses, Blair y su equipo se trasladaron a un moderno edificio en Sheik Jarrah (el barrio más prestigioso de Jerusalén oriental), alquilado por casi 800.000 euros anuales.
"Tony Blair nos explicó en una ocasión que su misión no era política, sino humanitaria, y se dirigía a mejorar las condiciones de vida de los palestinos: reducción de controles militares en los territorios ocupados, más entradas de productos en Gaza y cosas por el estilo", comenta un portavoz de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). "Y para eso nos basta hablar directamente con los israelíes", añade el mismo portavoz. Tanto los dirigentes palestinos como los israelíes se acostumbraron con el tiempo a la irrelevancia del representante del Cuarteto.
Mientras tanto, Blair se ocupaba de sus numerosos negocios y actividades privadas: el holding de inversiones Firerush Ventures (con 130 empleados), el asesoramiento al banco Goldman Sachs (2,3 millones de euros anuales) y a otras entidades y grupos como la petrolera surcoreana UI Energy, el fondo de inversiones Mubadala de Abu Dhabi, la familia real kuwaití y la sociedad de capital riesgo Khosla Ventures (750.000 euros anuales), y a pronunciar conferencias por el mundo, con una tarifa media de 200.000 euros. Blair posee una casa en Londres adquirida por cuatro millones de euros y una casa de campo en Buckinghamshire de seis millones de euros. El diario The Guardian estima su fortuna personal en unos 23 millones de euros.
Las relaciones de Blair con la Autoridad Palestina y la OLP se tensaron mucho a raíz del asalto por parte de comandos israelíes a la llamada Flotilla de la Paz, el 31 de mayo del año pasado. La violencia empleada contra las naves que intentaban llegar a Gaza, con el resultado de 10 activistas turcos muertos, hizo que Barack Obama cuestionara en público el bloqueo impuesto sobre la Franja. Blair se puso del lado de Israel y justificó el bloqueo, apoyando una "suavización" centrada en el envío de más variedad de productos a la población sitiada. Eso, según la OLP, frenó el impulso de la campaña internacional contra el bloqueo.
La crisis definitiva llegó hace unas semanas, cuando los palestinos decidieron pedir a la ONU que les reconociera como Estado. Tony Blair hizo lo posible por frenar la iniciativa, sumándose a Israel y EE UU. Fuentes diplomáticas señalan que también fomentó las divisiones entre los países de la Unión Europea, para impedir que adoptaran una posición conjunta favorable a la iniciativa palestina. "Blair es un diplomático israelí", declaró Nabil Shaath, jefe del equipo negociador palestino.
El comité central de la OLP llegó a plantearse pedir la dimisión de Blair como representante del Cuarteto, pero decidió esperar al desenlace de la petición ante la ONU. Mientras, el diario británico Daily Mail y varios periódicos israelíes anunciaron una supuesta relación sentimental entre Tony Blair y Ofra Strauss, una de las mujeres más ricas de Israel. Pese a los desmentidos por parte de Blair y Strauss, el asunto ha deteriorado aún más la imagen del mediador internacional en Oriente Próximo.

sábado, agosto 27, 2011

AGUJEROS NEGROS DEL PLANETA (2) La franja de Gaza West Bank Encarcelados por amigos y enemigos

AGUJEROS NEGROS DEL PLANETA (2) La franja de Gaza West Bank Encarcelados por amigos y enemigos JAVIER AYUSO DOMINGO - 08-08-2010


Viven encarcelados en un territorio de 365 kilómetros cuadrados (una quinta parte de la provincia de Guipúzcoa, la más pequeña de España), rodeados por enormes muros de ocho metros de altura y por un bloqueo naval apenas a tres millas de la costa. Los sitiadores israelíes les tienen sometidos a un bloqueo total e inhumano que impide entrar o salir a personas y mercancías, en respuesta a los más de 8.000 cohetes lanzados en los últimos ocho años desde Gaza contra los colonos judíos. Los 1,6 millones de habitantes, de los que un millón son refugiados, viven encarcelados por el Gobierno de Israel y por la autoridad de Hamás (considerada una organización terrorista por Occidente), que ellos eligieron en 2006.

Llegar a Gaza es como pasar del primer al Tercer Mundo en pocos kilómetros. Hay que volar a Tel Aviv, capital del Estado de Israel, desplazarse en coche a Jerusalén y esperar a recibir un visado para viajar a la franja de Gaza. Una vez conseguido, un taxi Mercedes te lleva hasta el paso de Belt Hanun, en un viaje que te hace sentir en cualquier país mediterráneo europeo. Buenas autopistas, por las que circulan coches occidentales, entre enormes extensiones agrícolas. Un café moderno y con wifi es el último contacto con el bienestar apenas a un kilómetro de la frontera.
La llegada al paso de Ben Hanun supone un auténtico choque para el visitante. La carretera acaba en un enorme muro de hormigón de ocho metros de altura rodeado de vallas metálicas electrificadas, torretas de vigilancia y videocámaras de seguridad. Se asemeja a la entrada a un campo de concentración, en el que hacen guardia decenas de militares fuertemente armados.
Hay que entrar en un enorme hangar, a pie, y empezar los interrogatorios. Una soldado muy amable y con muy poco trabajo pregunta con curiosidad: "¿Qué vienen a hacer a Gaza?", y explica luego que la frontera se puede cerrar en cualquier momento, dependiendo de los acontecimientos. Con el visado, entrar es fácil; salir, ya veremos.
Tras pasar dos o tres puertas metálicas que se abren y se cierran con estruendo, se entra en territorio palestino. Hay que andar un kilómetro, bajo techo metálico, dejando atrás el muro y las alambradas, hasta llegar a un puesto destartalado en donde varios soldados palestinos, de negro y con cara de pocos amigos, inician otro interrogatorio.
Allí espera un coche con nuestro fixer, Amjad, un palestino que ha vivido en España y Túnez y que se declara admirador de Arafat. Pasada la zona de seguridad, enseguida se llega al pueblo de Ezbeit Abd Rabo, totalmente destruido por los bombardeos de diciembre de 2008, en donde malviven cientos de personas en edificios derrumbados con el hormigón y los hierros a la vista. A lo lejos se ve la central eléctrica de fuel, la única de Gaza, que solo funciona 12 horas al día por falta de combustible.
La franja de Gaza tiene una superficie de 365 kilómetros cuadrados: 13 kilómetros de frontera con Egipto al sur, 8 kilómetros con Israel al norte y otros 47 al este, mientras que la costa tiene una extensión de 45 kilómetros. De una población de 1,6 millones de habitantes, cerca de un millón son refugiados que fueron llegando a la zona desde 1948 hasta 2006 en que se cerró el muro. Viven en ocho campos, distribuidos por las cinco provincias de la franja: Norte, Gaza, Dar el Balat, Khan Younis (donde está el mayor campo de refugiados) y Rafah.
Desde el secuestro del soldado israelí Gilad Shalit, el 25 de junio de 2006, por el Ejército de Hamás, Israel endureció el bloqueo hasta unos límites inhumanos, impidiendo la entrada de combustible, alimentos y material de construcción. Desde entonces ha habido más de 2.000 muertos, la gran mayoría palestinos, en los continuos enfrentamientos entre uno y otro bando. Nadie sabe dónde está encarcelado este joven militar que ahora tendrá 25 años.
En estos cuatro años, el Ejército israelí ha realizado dos operaciones militares de represalia y busca del soldado secuestrado. La primera, llamada Lluvia de Verano, en junio de 2006, que duró cinco meses y causó la muerte de palestinos (243 civiles), y la segunda, entre diciembre de 2008 y enero 2009, denominada Operación Plomo Fundido, que sembró el terror por toda la franja de Gaza y causó más de 1.500 muertos palestinos. Luego vino el incidente de la flotilla de la paz, el pasado mes de junio, que volvió a poner en evidencia la política de Israel.
Además del conflicto exterior, Gaza vive una guerra interna entre las dos organizaciones palestinas: Fatah y Hamás. La primera, mucho más moderada, ganó las elecciones en todos los territorios palestinos y controla la Autoridad Palestina, excepto en la franja de Gaza, en donde triunfó Hamás en 2006. Desde entonces han instaurado un régimen radical islámico, manteniendo su guerra contra los colonos judíos y su conflicto contra los militantes de Fatah. En junio de 2007 se produjo una guerra entre ambas organizaciones, en la franja de Gaza, con el resultado de 700 muertos y la salida de los representantes de la Autoridad Palestina.
UNA FAMILIA DESTROZADA
Ghalia al Sammouny tiene 60 años, es viuda y perdió a 29 miembros de su familia en la Operación Plomo Fundido. Sentada en el suelo, en una chabola junto a las ruinas de lo que fue su casa, recuerda ese 5 de enero de 2009 con terror. "Cuando llegaron los tanques israelíes, mi hija iba a dar a luz", explica entre lágrimas. "Tuvo una niña que sobrevivió a los bombardeos. Pero mi hijo recibió un proyectil y cayó fulminado en medio de la calle. Destrozaron a toda una familia. Ya no tenemos nada".
Junto a ella, otras tres mujeres más jóvenes hacen coro. Todas pertenecen al clan y todas perdieron a algún familiar. "Todas somos viudas o huérfanas de guerra", dice Fathia, que perdió a su marido y a dos hijos. "Ya no tenemos ni familia, ni dinero, ni tierras, ni esperanza... Esperamos la muerte".
Los Al Sammouny eran granjeros en las afueras de Gaza, en el barrio de Al Zatun, al sur de la capital. Una zona de pequeñas granjas de hortalizas y frutas. El 5 de enero, después de muchos días de bombardeos, los aviones israelíes volvieron a sobrevolar la franja de Gaza en vuelo rasante. La gente salió de sus casas ante el temor de las bombas que empezaban a caer y se encontraron en la calle con los tanques del Ejército de Israel, que venían del Oeste y empezaron a disparar sus proyectiles. "Fue terrible ver caer a mi hijo de 21 años y desangrarse en el suelo", grita Ghalia con las manos en cruz.
Los ataques, además de matar a 29 miembros del clan, destrozaron sus cuatro viviendas y los campos de cultivo. Desde entonces viven en una chabola que se han construido con material de derribo, entre varias higueras medio secas. Es la imagen de la fatalidad. La chabola está construida con barro, con un tejado de uralita medio roto; unos 15 metros cuadrados. Al fondo, amontonados, unos colchones viejos y sucios, mantas, alfombras y algo de ropa. Una bombilla cuelga del techo. Allí viven seis personas. Al otro lado, otro chamizo de dos por dos metros, sin techo, hace las veces de cocina, con un infiernillo donde hierve el agua para el té.
Cinco o seis niños menores de siete años juegan junto a un tendedero de alambre roñoso, hierros retorcidos de lo que fue una casa, plásticos colgados que mueve el viento, un huerto con tres o cuatro filas de repollos y montones de porquería, en donde comen varias cabras y gallinas.
"Cuando acabaron los bombardeos, pudimos enterrar a nuestros muertos", explica Ghalia. "A todos menos a uno, que se llevaron los israelíes y que murió allí, según nos contaron. Desde entonces estamos muertos; vivimos en la miseria de lo que sacamos de la tierra y de pequeños trabajos que van saliendo. Tuvimos algunas ayudas de Naciones Unidas, pero se han acabado".
Los Al Sammouny llevaban 30 años viviendo en esa zona, cultivando la tierra, pero desde el bloqueo todo empezó a ir de mal en peor. "Ahora estamos acabados", dice Fathia. "¿Qué vamos a hacer? Criamos a nuestros hijos como podemos, pero tenemos miedo de que vuelvan los aviones. No sabemos qué será de nosotras y de nuestros hijos mañana o la semana que viene".
Ghalia pide ayuda. De rodillas, con los brazos abiertos y las lágrimas cayendo por la cara, pide protección, comida, un techo... "No nos queda nada, pero no podemos rendirnos. Confiamos en Dios y tenemos que sacar adelante a nuestros hijos".
UN PESCADOR VARADO
Jamal Abu Hamada tiene 49 años y una mirada triste, casi muerta. Es pescador y vive en el campo de refugiados de Al Shati, en el centro de la capital, que se creó en 1948. Entonces eran tiendas de campaña, pero hoy son viviendas a medio construir, ruinosas y llenas de escombros, sin ventanas ni casi muebles. En la franja de Gaza hay ocho campos de refugiados habitados por un millón de personas que viven de las ayudas de Naciones Unidas.
Vive en una casa de tres pisos, en ruinas, semiconstruida hace cinco años, con su mujer, cinco hijos, cuatro hijas, dos nueras y tres nietos. Son 16 a comer todos los días. Empezó a trabajar de pescador a los 10 años y ahora tiene tres barcas; dos en Gaza y una en Rafah, junto a la frontera con Egipto. Antes se ganaba la vida de una forma digna, pescando, cuando las aguas jurisdiccionales eran 12 millas. Pero en 2006, los israelíes rebajaron la zona a tres millas y allí no hay casi pesca. "El que sale del cerco de las tres millas", explica, "es apresado por las patrulleras israelíes, que hunden las barcas".
"Vivimos de las ayudas del UNRA", explica Jamal. "Cada tres meses nos dan tres sacos de harina de 150 kilos, 15 kilos de azúcar, 15 kilos de arroz y 7 litros de aceite vegetal. Sigo vivo porque no hay suficientes maneras de morir, pero cada día estoy más muerto. El futuro no existe para nosotros".
Los bombardeos de 2008 le destrozaron parte de la casa, que sigue llena de escombros. "No tenemos ni dinero, ni material para reconstruirla", dice. "La luz solo funciona 12 horas al día y cuando tenemos algo de dinero para combustible, podemos encender el generador para tener luz. Mis hijos tienen trabajo tres meses al año y así no podemos mantener a la familia. Solo tenemos a Dios que nos ayuda. Rezamos cinco veces al día, como dice el Corán, pero cada vez tenemos menos esperanza. Ya son muchas guerras vividas: la de 1967, la 1986, las consecuencias de la guerra del Golfo, las dos intifadas... pero lo peor ha venido con el Gobierno de Hamás y el bloqueo de Israel".
Sus hijos observan lo que dice, mientras desenredan unas redes de pesca llenas de anzuelos, que pasan de un contenedor de madera a otro, en una tarea inútil, porque saben que no las pueden usar. Aun así, las mantienen al día, por lo que pueda pasar.
Caminando hacia el puerto, Jamal se mantiene en silencio, como perdido. Solo hablan sus ojos, llenos de desesperación. Hay decenas de barcas varadas en un puerto en ruinas por los bombardeos. Cuatro pescadores toman el té sobre una alfombra raída, mientras algunas barcas entran o salen del puerto para intentar pescar algunas sardinas a menos de tres millas de la costa.
ENFERMOS DE DESESPERANZA
Jamal es uno de los cientos de miles de palestinos que viven enfermos de desesperanza. Es el principal problema de salud de la franja, según explica el doctor Moeen, director del Centro de Salud Mental de Jabalia, el mayor de Gaza. Tiene 56 años, está doctorado en psiquiatría por la Universidad de París y ha trabajado en Arabia Saudí, Libia e Irán. Ahora se dedica a intentar sacar del pozo en que se encuentran sus 5.000 pacientes mentales del barrio de Jabalia.
"Los habitantes de Gaza tienen problemas serios de salud mental", explica el doctor Moeen, "por el hecho de estar encerrados dentro de un enorme muro, a expensas de los ataques periódicos y una situación de pobreza y de sobrepoblación muy alta". En el barrio de Jabalia viven cerca de 300.000 personas y es uno de los más afectados por los ataques de Israel. De hecho, el centro médico está rodeado de casas destruidas por las bombas y que no se podrán reconstruir mientras dure el bloqueo.
"Atendemos a unos mil pacientes mensuales en este centro de salud pública", añade el psiquiatra. "La mayoría son pobres, o muy pobres, y están afectados por depresión, ansiedad, shock postraumático o adicciones a las drogas. De los 5.000 pacientes, el 70% por cientos son hombres. Llevo 12 años trabajando aquí y la situación es cada vez peor. No damos abasto, ni tenemos medicinas suficientes para tratar la depresión; los antidepresivos se acaban enseguida y no hay centros de rehabilitación para los problemas de adicción a hachís y pastillas, que son cada vez más frecuentes". La principal adicción es al Tramadol, un derivado de la morfina que entra por los túneles y que se vende en cualquier sitio.
Este centro cuenta con el apoyo y la financiación de la ONG española Médicos del Mundo (MDM). Allí está desplazada Susana del Val, psicóloga, de 37 años, cuyo trabajo consiste en mejorar el sistema de organización del centro de salud. Susana corrobora el deterioro de las condiciones mentales de los habitantes de la franja de Gaza desde 2006. "Los más vulnerables son los niños y los jóvenes", explica. "Aquí viven como encarcelados en unas condiciones extremas, rodeados de violencia tanto externa como interna. La religión y la familia sirven de contenedores para sobrevivir a esa situación extrema".
El doctor Moeen añade: "Cada día tengo que tratar a muchos niños, a los que traen cada vez más pequeños, con todo tipo de traumas motivados por la guerra, la pobreza, el estrés, la falta de cariño o simplemente la sobrepoblación; la situación es dramática y vamos a peor".
VIDAS SIN SENTIDO
Cada dos o tres meses viaja a Gaza el médico español Ricardo Angora, uno de los responsables del proyecto de MDM y gran conocedor de la situación de la zona. Él ha sido testigo del empeoramiento de la situación desde 2006. "Los palestinos no encuentran ahora ningún sentido a sus vidas", explica. "Hay una sensación de incertidumbre sobre lo que pasará al día siguiente, que hace a la gente no saber qué será de ellos mañana. Ya hay varias generaciones perdidas, pero la peor parte se la llevan los niños, que suponen más de la mitad de la población".
Angora añade que "aunque ahora no haya una situación de guerra abierta, los ataques selectivos que realiza la aviación israelí hacen mella en la moral de la población, que además vive en la más absoluta pobreza (el 80% vive por debajo del umbral de pobreza), dependiendo en su mayoría de las ayudas de Naciones Unidas para poder subsistir. Los principales problemas son la falta de trabajo y vivienda, la violencia externa e interna y, sobre todo, la sensación de encarcelamiento. Es terrible saber que no puedes salir de un lugar en el que malvives".
Los niños son, una vez más, víctimas propiciatorias del conflicto. Los menores de 10 años solo han conocido el bloqueo, que se inició en 2000, con la segunda intifada, y que se endureció en 2006.
Hanna el Gafarani, de 38 años, es dueña de una guardería privada en Gaza, a la que asisten cien niños de cuatro y cinco años, y corrobora las opiniones de los representantes de Médicos del Mundo. "Los niños no tienen infancia en Gaza", dice Hanna. "Viven rodeados de violencia y eso les hace ser violentos y buscar la lucha. Aunque se han acostumbrado al ruido de los aviones cuando sobrevuelan para bombardear, están muy afectados. Nuestro objetivo es trabajar con ellos y mandarles un mensaje de esperanza y de felicidad. Pero la verdad es que es muy difícil".
También es difícil el trabajo de Right to Live, una ONG palestina que atiende a niños con síndrome de Down y que es financiada por varios países, entre ellos España, a través de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI). El centro se encuentra en el barrio de Al Shejia, una antigua zona industrial a las afueras de Gaza, convertido ahora en ruinas de naves industriales destruidas por los bombardeos de hace año y medio.
Mohammed Areer, de 37 años, es el subdirector de la institución, un psicólogo que lleva 12 años trabajando en el centro, que se creó en 1992 como una pequeña casa de acogida para niños enfermos de síndrome de Down. Es la única organización que da servicios a estos niños, y hay lista de espera.
"En 1996, el Gobierno palestino nos donó 10.000 metros cuadrados de terrenos y empezamos a crecer en instalaciones", explica Mohammed. "Tuvimos ayudas importantes de varios países de la Unión Europea, como España. Pero desde que Hamás llegó al poder, en 2006, y se reforzó el bloqueo, las ayudas llegan con cuentagotas. Tenemos asegurada financiación tres años, con lo recibido del exterior, pero ahora no tenemos más ingresos, así que no podemos hacer planes de futuro".
Right to Live atiende a 850 niños y niñas, de los que 650 tienen síndrome de Down, 50 son autistas y los 150 restantes no tienen ninguna enfermedad y colaboran en la educación de los demás. Los jardines del centro son como un remanso de paz en medio de una sociedad estresada y desesperanzada, que vive de las ayudas del exterior.
UNA AYUDA IMPRESCINDIBLE
"Sin las ayudas de Naciones Unidas, los habitantes de Gaza no sobrevivirían ni un mes". Quien así habla es Sebastien Trives, de 39 años, máximo responsable de los planes de emergencia de la UNRUA. Un francés de Montpellier que llegó a Gaza hace tres años, después de pasar otros tres en Afganistán. Tiene la mirada limpia y una voz suave, pero sus palabras denotan una cierta frustración. "Aquí todo va en la dirección incorrecta, la cosa está cada vez peor, y no tiene ninguna pinta de mejorar", explica. "Por eso, nuestro trabajo aquí es cada vez más importante, casi imprescindible".
La UNRUA tiene dos tipos de actividades en Gaza: educación y emergencia. "En educación", dice Sebastien, "nos volcamos en intentar buscar soluciones de futuro. Tenemos 228 escuelas en la franja de Gaza, a las que acuden 200.000 estudiantes de entre 6 y 15 años. Les enseñamos árabe, inglés, matemáticas y derechos humanos. Todos los profesores son locales".
"Nos gustaría ayudar a acabar con la ocupación y el bloqueo de Israel", dice en un tono un poco más agresivo, "pero como no está en nuestras manos, intentamos formar a los niños para que actúen de acuerdo a los valores universales de no violencia y respeto. No dependemos del Gobierno de Hamás y actuamos con total libertad. De hecho, todas nuestras escuelas son mixtas. Lo único que podemos hacer es intentar que la próxima generación pueda vivir mejor y no sobrevivir, como sucede ahora".
Los niños "becados" por Naciones Unidas consiguen olvidarse de sus penurias durante el medio día que pueden ir a la escuela. Al colegio del barrio de Remal, en pleno centro de Gaza, asisten cada día 1.200 alumnos, niños y niñas, en dos turnos (de 7 a 12 y de 12 a 17). Hay 38 aulas, asistidas por profesores y profesoras. Los alumnos desfilan de forma marcial para los visitantes y sonríen abiertamente ante el fotógrafo. Parecen felices, pese a todo. Sin la ayuda de Naciones Unidas, estarían en la calle.
La principal responsabilidad de Sebastien son los planes de emergencia de Naciones Unidas en Gaza. De él dependen directamente las actividades de salud primaria, infraestructuras y ayudas a los refugiados, con un presupuesto anual de 250 millones de dólares. "De nosotros dependen cerca de un millón de refugiados, a los que ayudamos a sobrevivir", explica. "Gaza es una gran cárcel en donde viven los palestinos sin trabajo ni esperanza. El 60% de los jóvenes está sin trabajo y vive en un entorno de violencia extrema. Además, calculamos que 300.000 personas viven aquí en una situación de pobreza extrema".
Cada tres meses, la UNRUA reparte sus alimentos en 11 centros esparcidos a lo largo de toda la franja de Gaza: harina, arroz, azúcar, aceite y, cuando hay, algo de carne.
"En infraestructuras no podemos trabajar bien", se queja Sebastien Trives. "Desde los bombardeos de enero de 2009 no hemos podido reconstruir ninguna vivienda, porque no tenemos material de construcción. Ahora estamos construyendo casas de barro como solución provisional. El bloqueo impide entrar cualquier cosa a Gaza. La única vía de entrada son los túneles del Sur".
UNA LÍNEA DE 2.000 TÚNELES
En la frontera del sur de Gaza con Egipto, en la provincia de Rafah, se extiende lo que los palestinos llaman "la línea": una enorme extensión de ocho kilómetros repleta de túneles excavados manualmente, por los que entra desde Egipto la mercancía necesaria para sobrevivir. Están consentidos por los Gobiernos de Hamás, Egipto e Israel, aunque estos últimos bombardean la zona de vez en cuando, cuando quieren aplicar represalias ante cualquier cosa.
La llegada es como internarse en una zona de invernaderos de plástico como los de Almería; cientos de ellos junto a montones de arena extraída de las excavaciones de los túneles. Todo es siniestro y hay centenares de personas que parece que esperan algo, apostadas junto a camiones y furgonetas vacías. Miran de soslayo a los que pasan por allí. Hay como un ronroneo generalizado por los cientos de generadores que alimentan la actividad de los túneles.
A escasos doscientos metros, una enorme alambrada que marca la frontera con Egipto, detrás de una carretera mal cuidada por donde circulan, cuando quieren, los vehículos israelíes.
Después de algunas conversaciones discretas a través de un contacto palestino, se puede entrar a uno de los túneles. Al lado, dos enormes camiones y varias decenas de jóvenes que salen de la tienda con sacos de cemento que cargan en los vehículos. Toneladas de cemento recién traído de Egipto por el túnel de al lado.
La entrada es a través de una pared de plástico negra, como las bolsas de basura, que da paso al interior: un tenderete bastante cutre. Allí hay dos jóvenes descalzos, en pantalón corto y camiseta, y sucios de tierra por todas partes. En una esquina, un infiernillo con té, junto al generador que emite el ruido más escuchado en la franja de Gaza.
El suelo es de tierra. En el centro hay una estructura de hierros oxidados, con soldaduras mal hechas sobre los tubos y una polea que funciona con un motor mínimo y viejo, que suena como si se fuera a romper en cualquier momento. Todo parece que vaya a romperse. Bajo la estructura, un agujero de dos metros de diámetro, una especie de pozo con las paredes recubiertas de hormigón. Abajo, 20 metros de túnel vertical con una escalera de tubos empalmados a un lado que da miedo verla.
La bajada al pozo es claustrofóbica. Sentado sobre una especie de trapecio de cuerda y madera, que el motor de la polea va deslizando penosamente, es como si estuvieras bajando a los infiernos. La travesía parece interminable. Una vez abajo, se agradece pisar tierra firme, aunque la sensación de agobio no desaparece. Con una altura de 1,20 metros, hay que permanecer agachado mientras se observa el largo túnel que se dirige hacia Egipto. La forma de comunicarse con el exterior es un radiotransmisor igual de cutre que todo lo demás.
Por ese túnel, de unos 80 centímetros de diámetro, llegan los suministros que no tienen otra forma de entrar en Gaza por el bloqueo israelí. En unos contenedores azules (unos bidones rajados por la mitad) llegan cargamentos de comida, cemento, herramientas, bidones de gasolina, piezas de motores... de todo. Abajo hay otro motor que tira del cable al que están enganchados los contenedores caseros que llenan en Egipto, a 400 metros de la entrada del túnel.
Hoy hay poca actividad, porque hace dos días los aviones israelíes bombardearon la zona, en respuesta a la muerte de dos colonos judíos por los cohetes lanzados desde la franja. Murieron dos trabajadores de los túneles. Están pendientes del ruido exterior, por si vuelven los aviones, aunque ya están acostumbrados a vivir en esa situación de incertidumbre. "No sabemos si mañana estaremos vivos", dice uno de los jóvenes, que no tendrá más de 22 o 23 años y que fuma sin parar.
En la frontera con Egipto hay cerca de 2.000 túneles, aunque nadie quiere decir el número. Tampoco cuentan dónde están los túneles grandes por donde pasa otro tipo de material. "No lo sé", es la respuesta machacona.
"¿Pero existen esos túneles por donde pasan automóviles e incluso armamento?".
"No lo sé". Lo saben, pero nadie se atreve a hablar de ellos. La mejor prueba de que existen son los todoterrenos, camionetas y motocicletas nuevas que circulan por la ciudad de Rafah, sin matrícula y con pinta de no tener más de un año de vida.
Los túneles se empezaron a construir en 2006, cuando el bloqueo israelí cerró por completo las fronteras. Fue una forma de supervivencia. Pero también un negocio para los que los operan y para sus socios egipcios, con los que van al 50%. Cerca de 70.000 personas viven de los túneles; familias enteras.
Construir un túnel tiene su dificultad y su coste; unos 140.000 dólares, según explica Abu Mohammad, socio propietario de uno de ellos. Tiene 58 años y antes era conductor de taxi; hacía el trayecto Gaza-Jordania y vivía bastante bien. Cuando cerraron la frontera, decidió que era el momento de cambiar de profesión. Buscó un lugar muy próximo a la frontera y construyó uno de los primeros túneles que se hicieron.
"Invertimos cerca de 140.000 dólares y tardamos seis meses. El coste puede parecer muy elevado, pero el salario de los excavadores es de 400 dólares diarios, por lo que sale a 200 dólares el metro. El material asciende a unos 30.000 dólares", explica con una taza de té en una mano, mientras espanta las moscas con la otra. "La inversión se amortiza en un año".
Existe un mapa de túneles, que mantienen en el mayor de los secretos, por seguridad. Pero las autoridades palestinas de Gaza venden las concesiones informalmente y se aseguran de que no se encuentren unos túneles con otros. El trabajo de excavación se hace con brújula, unos pequeños generadores y mucha voluntad para sacar las toneladas de tierra del agujero.
En el túnel de Abu trabajan entre 8 y 15 personas. "Depende del trabajo. Estos días todo está parado, porque los egipcios no se arriesgan a enviar mercancía; tienen miedo de los bombardeos israelíes". El ambiente está tenso. Hay nervios, muchos nervios. En un momento dado suena el ruido de un avión y todos miran al cielo. Falsa alarma, no es un bombardero, y además pasa por el otro lado de la frontera.
MISERABLES JUNTO A NUEVOS RICOS
A menos de un kilómetro de "la línea" está la ciudad de Rafah, una especie de oasis de consumo aparente en medio de la nada de Gaza. La calle principal está llena de tiendas con los escaparates llenos de todo tipo de mercancías. Aunque la verdad es que hay mucho movimiento y pocas compras. No hay dinero para consumir. Tan solo hacen negocio los puestos de kebab, dulces y helados. Coches y motos nuevos circulan por la calle, sin matrícula y con sus conductores dejándose ver. Son los nuevos ricos de un país lleno de miseria.
En Rafah, en la segunda línea de viviendas junto a los túneles (la primera está destruida por los constantes bombardeos israelíes), comienza el campo de refugiados de Yevna; decenas de bloques de casas a medio construir, o a medio destruir, en donde viven cerca de 8.000 personas. Un fuerte contraste con la calle principal. La mayoría vive de las ayudas de la UNRUA.
En el cuarto piso de un edificio medio en ruinas vive Khaled Zanun, un refugiado de 45 años que llegó, con sus padres, hace 40 de Al Abassia, al norte de Israel, junto al aeropuerto Ben Gurión. Sentado en el suelo, sobre una alfombra limpia, cuenta que está casado y tiene ocho hijas, pero que en enero de 2009 los bombardeos israelíes mataron a su único hijo, que solo tenía 15 días. "Los bombardeos sobre los túneles fueron muy intensos, el aire estaba muy viciado y mi bebé no podía respirar; murió intoxicado", dice con la mirada perdida. "Desde entonces soy un muerto. El mejor futuro es morir cuanto antes y dejar de sufrir".
La vuelta de Rafah a la ciudad de Gaza es una oportunidad para transitar una calle emblemática, la de Saladino, por la que se circulaba con alegría antes de 1948. Forma parte de una gran carretera que nacía en Marruecos y pasaba por Túnez, Argelia, Libia, Egipto, Gaza, Israel y Líbano, antes de llegar a Turquía. Ahora ya no es lo que era, como todos los territorios palestinos. Circulan por el asfalto gastado de la vía de Saladino todo tipo de vehículos medio rotos. Desde grandes camiones hasta pequeños carros de madera tirados por burros, que transportan materiales de construcción de segunda mano obtenidos de las casas destruidas por los bombardeos.
Después de varias horas de viaje se llega al barrio de Ezbeit Abd Arabbo, en Gaza capital. Es otra de las zonas más castigadas por los bombardeos de 2008-2009. Se ven infinidad de casas destruidas que ni se han reconstruido ni se podrán reconstruir en mucho tiempo. También hay solares limpios donde había casas de familias.
Majed al Atamma, de 60 años, nos recibe en su nueva casa de barro que le ha entregado la UNRUA tras la destrucción de su vivienda y las de su familia. "Durante los bombardeos, los israelíes nos destruyeron seis casas y tres coches de taxi. Todo lo que teníamos quedó destruido por los helicópteros Apache, que se ensañaron con nosotros", dice con una mirada de ira. "Han acabado con nuestra vida".
En esas seis casas vivían 57 personas de su familia: hermanos, cuñados, hijos, sobrinos... "Después de casi un año de vivir en esa chabola", explica, "la UNRUA nos construyó esta casa de barro en donde nos hemos metido mi mujer y yo, y seis hijos". La casa tiene unos 60 metros cuadrados repartidos en dos dormitorios, una cocina y un baño. Al lado, unas cuantas chabolas, un pequeño terreno labrado, dos burros y varias gallinas y patos.
Majed se muestra muy irritado. "Israel es un Estado terrorista. Primero nos quitaron nuestra tierra, en 1948, y 60 años después han destruido lo que habíamos logrado recomponer durante mucho tiempo. ¿Dónde están la democracia y la justicia? Antes podíamos vivir, aunque estábamos enjaulados en Gaza; pero ahora, ni eso. No tenemos nada. Lo destruyeron todo, con saña. La vida ahora es un infierno. ¿Qué tenemos que ver los civiles con una guerra? ¿Por qué nos tienen encarcelados aquí? Palestina es nuestra tierra y nos la han robado. Además, durante todo el proceso de paz, desde 1994, Israel no ha dado un paso. Nosotros somos pacíficos y nos han encarcelado en un territorio pequeño. ¿Qué va a ser de nosotros?".
Esa es la pregunta que se hacen todos los habitantes de Gaza. Y la única respuesta que reciben viene de los clérigos en las mezquitas: hay que seguir luchando. El poder de la religión es total en la franja, de la mano del Gobierno de Hamás y del creciente movimiento islamista. Hasta en la calle se nota el aumento del velo entre las mujeres.
Ayat tiene 28 años, trabaja en el Ministerio de Religión y acepta fotografiarse con el velo que llevan las suníes. "Es un velo completo, hiyab, que llevo desde el primer año de Universidad", explica. "Creo en él y me siento muy cómoda. Me aleja de los problemas y me da libertad para moverme sin que me conozcan. Nadie me obliga y lo hago porque quiero". Está casada y tiene un hijo y una hija. "A mi hija la dejaré elegir si lo quiere llevar o no".
Elegir es una palabra en desuso en Gaza. No hay mucho donde elegir. Con una economía de supervivencia, los palestinos de la franja viven al día, sin saber qué será de ellos mañana y sin esperanza alguna.

lunes, mayo 02, 2011

Mugabe llega a Roma para la beatificación pero el Vaticano afirma que no tiene "nada que esconder"


El presidente de Zimbabue, Robert Mugabe, ha llegado hoy al aeropuerto romano de Fiumicino junto a su mujer, Grace, para participar en la ceremonia de beatificación de Juan Pablo II, que se celebrará mañana en la plaza de San Pedro del Vaticano.

Ante las críticas vertidas a la Santa Sede por la presencia del dictador africano en la lista de los dignatarios invitados, un portavoz vaticano ha declarado que "no tiene nada que esconder" por haber incluido a Mugabe entre los jefes de Estado y de Gobierno invitados.
El sanguinario dictador africano, sobre el cual recaen todavía las sanciones aprobadas en 2002 por la Unión Europea (que le considera persona non grata, le prohíbe ingresar en territorio comunitario y congeló todos los bienes suyos y de los miembros de su Gobierno depositados en Europa), es un asiduo visitante de Roma, donde ya estuvo el 8 de abril de 2005, con motivo de los funerales de Juan Pablo II, y a dos cumbres de la FAO celebradas en junio de 2008 y noviembre de 2009.
El presidente de Zimbabue ha llegado con una nutrida delegación y ha sido recogido en la escalerilla del avión por un coche que le ha llevado hasta la terminal bajo escolta de algunos coches policiales. En el aeropuerto le esperaban los dos embajadores de su país; ante el Estado italiano, David Douglas, y la Santa Sede, Mary Sibusisiwe Mubi.
Durante la misa por el papa Wojtyla, en 2005, Mugabe protagonizó un pequeño incidente al estrechar la mano del príncipe Carlos, que luego se justificó ante la opinión pública de su país diciendo que el dirigente de la ex colonia británica le había "pillado por sorpresa".
Durante la cumbre de la FAO, en 2008, el dictador de la antigua Rodesia fue tratado como un apestado por el Gobierno italiano, que le deparó el mismo tratamiento que al líder iraní Mahmud Ahmadineyad: ambos fueron excluidos de la cena ofrecida por Silvio Berlusconi a los mandatarios extranjeros en Villa Madama.
62 delegaciones y elogios de Sarzozy
De Albania a Zimbabe, por orden alfabético, serán 62 las delegaciones que asistan mañana a la beatificación de Karol Wojtyla guiadas por jefes de Estado y de Gobierno o por familias reales. La presencia más numerosa la aporta Polonia, tierra natal del nuevo beato. Asistirán el presidente de la República, Bronislaw Komorowski, y los presidentes del Senado y la Cámara.
Mañana se prevé la llegada de los reyes de Bélgica, Alberto II y Paola; del presidente mexicano, Felipe Calderón, y del primer ministro francés, Francois Fillon, entre otros. Los Príncipes de Asturias encabezarán en Roma la delegación oficial española, de la que formarán parte el ministro de la Presidencia, Ramón Jáuregui, y la vicepresidenta de la Generalitat de Cataluña, Joana Ortega.
El presidente hondureño, Porfirio Lobo Sosa; el de la Comisión Europea, José Manuel Barroso; el Duque de Gloucester, Richard Windsor; y el presidente del Congo, Sassou Nguesso, son algunos otros invitados VIP, aunque faltará el más deseado por el Vaticano, Barack Obama.
El presidente francés, Nicolas Sarkozy, que no acudirá, ha respaldado hoy la beatificación a través de una carta enviada a Benedicto XVI, en la que afirma que Wojtyla fue "una personalidad fuera de lo común que dejó huella no sólo por la intensidad de su fe si no también por el papel importante que jugó en la historia".
Sarkozy añade en su misiva que Wojtyla fue un "defensor inquebrantable de la libertad de los hombres y de los pueblos" y que "sólo con la fuerza de su mensaje contribuyó a derribar el mundo surgido de la Guerra Fría y conformar el actual siglo".

viernes, marzo 18, 2011

BBVA es el banco español con más presencia en empresas que fabrican armamento controvertido: rmas nucleares, bombas de racimo y de uranio empobrecido

Departamento de Comunicación. Setem.org
BBVA es el banco español con más presencia en empresas que fabrican armamento controvertido
El Centro de Estudios por la Paz J.M. Delàs, el Observatorio de la Deuda en la Globalización (ODG) y la Federación SETEM, unidos en la campaña "BBVA sin armas" destapan ante la Junta General de Accionistas, que el BBVA está presente desde 2006 con más de 1.000 millones de euros en empresas producción de armas nucleares, bombas de racimo y armas de uranio empobrecido.
(Madrid, viernes 11 de marzo de 2011).- La campaña "BBVA sin armas", integrada por el Centro Delás de Estudios por la Paz de Justicia y Paz, el Observatorio de la Deuda en la Globalización (ODG) y la Federación SETEM, ha participado esta mañana en Bilbao y por tercer año consecutivo en la Junta General de Accionistas del BBVA, donde ha puesto en evidencia ante el Consejo de Administración del BBVA y sus accionistas, la continuada relación entre este banco español y la producción de armas controvertidas, como armas nucleares, bombas de racimo y armas de uranio empobrecido, entre otras.
A pesar del diálogo establecido por la campaña “BBVA sin armas” con el BBVA y de que éste ha puesto en marcha una normativa interna de financiación del sector Defensa e incluso ha retirado el crédito sindicado a Lockheed Martin, - una de las empresas armamentísticas más importantes del mundo- , las ONG que forman la campaña “BBVA sin armas” han descubierto hoy ante los accionistas de la entidad financiera, que el BBVA es el banco español que más presencia tiene en empresas que fabrican armamento controvertido y que sigue incumpliendo sus compromisos públicos.
Los datos presentados hoy en Bilbao, forman parte de un informe elaborado por Profundo en exclusiva para SETEM, que lo presentará íntegro próximamente a través de su campaña Finanzas Éticas, y revelan que desde 2006 el Grupo BBVA participa en préstamos, ha actuado como director en la emisión de bonos y gestiona fondos de inversión que poseen acciones y bonos de 16 empresas productoras de armas controvertidas por valor de más de 1.000 millones de euros.
Esta situación revelada hoy por la campaña "BBVA sin armas" contrasta con las políticas internas en materia de Derechos Humanos y medioambientales del BBVA, así como con las iniciativas voluntarias de Responsabilidad Social Corporativa a las que el BBVA está adherido, tales como los Principios de Ecuador, los estándares de RSE del Pacto Mundial de la ONU, la Iniciativa del Sector Financiero del PNUMA (Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente) o la Global Reporting Initiative.
A pesar de todo ello, el Grupo BBVA financia e invierte en empresas que producen armas controvertidas como por ejemplo BAE Systems, Boeing, EADS, Finmeccanica, General Dynamics, Honeywell, ITT Corporation, Jacobs Engineering, L-3 Communications, Larsen & Toubro, Northrop Grumman, McDermott International, Rolls Royce, Thales y Textron. Esta última fue la que fabricó las bombas de racimo utilizadas en la Guerra de Irak. El BBVA intervino como asegurador con un montante de 78 millones de dólares en octubre 2008 en una emisión de acciones de Finmeccanica participada en un 2,01% por la Libian Investment Authority del gobierno libio, cuya armas han sido probablemente utilizadas en la represión de la población civil de este país de las pasadas semanas.

La campaña “"BBVA sin armas"”, integrada por el Centro de Estudios por la Paz J.M.Delàs, el Observatorio de la Deuda en la Globalización (ODG) y SETEM, denuncia la relación del BBVA y otras muchas entidades bancarias españolas con la industria armamentística y otros sectores controvertidos.

¿Más información? Marta Isabel González Álvarez SETEM Finanzas Éticas migonzalez@setem.org Tfno. 91 549 91 28 Ext. 30 www.finanzaseticas.org
Jordi Calvo Rufanges Centro Delás Justicia y Paz, jcalvo@centredelas.org Tel: 933176177 / 658 04 18 18 www.bbvasinarmas.org

jueves, octubre 28, 2010

Una espiral de perdón y reconciliación, homenaje a los fusilados en el franquismo en el cementerio de Zaragoza

Una espiral de perdón y reconciliación, homenaje a los fusilados en el franquismo Efe | 27/10/2010 - 16:37
Zaragoza recuerda desde hoy con un monumento conmemorativo, que representa una espiral de perdón y reconciliación, a 3.542 víctimas del franquismo que fueron asesinadas junto a las tapias del Cementerio de Torrero, víctimas a las que con este homenaje se les ha devuelto la dignidad y los nombres.
Nombres que sí tienen 2.935 de estas víctimas, pero de los que carecen otras 607, que no han podido ser identificadas y que figuran en la escultura inaugurada hoy en el camposanto de la capital aragonesa con una simple alusión a su sexo -hombre, mujer- y con la fecha de su ejecución, por lo general sumarísima y de madrugada.
El mayor es un anciano de 83 años y el más joven, un niño de 13. Entre las víctimas se cuentan 58 menores, que procedían de casi toda España.

El monumento inaugurado hoy en Zaragoza. Foto: EFE
"Recuérdalo tú, recuérdalo a otros"
El monumento conmemorativo describe una gran espiral, en una superficie de 3.500 metros cuadrados, formada por 3.542 placas de acero galvanizado, de 90 centímetros de altura, una por cada fusilado, y en la que está troquelado el nombre de la víctima, la fecha de la ejecución y la edad en el momento de la muerte.
En el centro se erig
e una escultura de forma cúbica de cuatro por cuatro por cuatro metros, de color rojo sangre, que incorpora un verso de Luis Cernuda: "Recuérdalo tú, recuérdalo a otros", y que está coronada por pequeños gorriones, obra del arquitecto Fernando Bayo y del escultor Miguel Ángel Arrudi.
El presidente de Aragón, Marcelino Iglesias, ha hecho hincapié en que es este "tiempo de democracia" el que permite "hacer realidad una promesa de paz y libertad" y superar un pasado doloroso.

"No podemos deshacer el horror de lo que no debió existir, pero el futuro sí que es nuestra responsabilidad", ha apuntado Iglesias, quien ha añadido que Zaragoza, con este acto y este monumento, "hace suya la causa de los valores cívicos" por los que lucharon los fusilados.
Un sitio "al que llevar una flor"
Magdalena Zapater Rubio ("di el apellido de mi madre, que también la mataron") se emociona al descubrir las placas con los nombres de su padre, de su madre y de su tío en el monumento conmemo
rativo a las víctimas del franquismo inaugurado hoy en Zaragoza, y llora al ser consciente de que desde hoy tiene un sitio "al que llevar una flor".
Magdalena deposita su clavel en el monumento y muestra su agradecimiento, "con todo el corazón", al Ayuntamiento de Zaragoza, porque con la existencia de este lugar, y este recuerdo, tiene la impresión de que su padre y su madre, y también su tío materno, "están más cerca". "Ahora puedo ponerles una flor, aunque hayan tenido que pasar 74 años", solloza.

Zaragoza honra con un Memorial a sus 3.542 víctimas del franquismo
"A mi padre lo fusilaron dos veces"
El cementerio de Torrero honra ya a las 3.542 víctimas de la Guerra Civil y la posguerra

miércoles, octubre 20, 2010

Adiós a las bombas de racimo Entra en vigor el tratado que prohibe este tipo de armamento, muy peligroso para la población civil

Adiós a las bombas de racimo

Entra en vigor el tratado que prohibe este tipo de armamento, muy peligroso para la población civil.- Estados Unidos, que no ha ratificado el tratado, es el mayor fabricante del mundo con una cantidad demostrada de 800 millones EL PAÍS | AGENCIAS - Madrid/Ginebra - 01/08/2010

A partir de hoy está prohibido el uso, desarrollo, fabricación, adquisición y almacenamiento de las bombas de racimo. Alrededor de un centenar de países firmaron el tratado internacional que pone fin a este tipo de armamento en 2008 y para su entrada era precisa la ratificación de un mínimo de 30 países firmantes. Hasta la fecha lo han hecho 37 aunque no los principales productores, como Estados Unidos, Rusia y China.

Las bombas de racimo contienen en su interior cientos e incluso miles de mini-bombas que pueden matar en un radio de 15 metros, y se mantienen activas durante más de 40 años por lo que son altamente peligrosas para la población civil.

Israel es uno de los países que más bombas de racimo almacena, aunque se desconoce la cantidad, mientras que Reino Unido y Alemania cuentan con 50 millones de explosivos de racimo cada una, pero han ratificado el tratado y se han comprometido a destruirlos. A falta de datos sobre la producción en Rusia y China, el principal productor y exportador mundial de bombas de racimo es Estados Unidos, con una cantidad demostrada de 800 millones.

"El domingo es un día de celebración, es la concreción de un sueño que parecía imposible y que ha hecho realidad la voluntad de la sociedad civil con la ayuda de algunos estados", señaló el jueves en rueda de prensa Thomas Nash, de la Coalición Contra las Armas de Racimo, entidad que agrupa a más de 300 ONG. "Uno de los principales argumentos para su prohibición es el hecho de que ya no son útiles para los objetivos militares buscados", según Nash. Por su parte, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, sostiene que la entrada en vigor del tratado "representa un gran avance para las agendas humanitarias y de desarme, y ayudará a contrarrestar la inseguridad generalizada y el sufrimiento causado por estas terribles armas, especialmente entre civiles y niños".

Según la Coalición contra las Bombas de Racimo estos explosivos han herido y asesinado desde 1965 a más de 100.000 personas, un tercio de ellos niños. La campaña para pedir la prohibición de este tipo de bombas arrancó en 2006 después de los enfrentamientos entre Israel y Hezbolá en Líbano y en los que estas bomas causaron numerosas víctimas.

lunes, agosto 09, 2010

Encarcelados por amigos y enemigos en la franja de Gaza

AGUJEROS NEGROS DEL PLANETA (2) Encarcelados por amigos y enemigos JAVIER AYUSO DOMINGO - 08-08-2010

Viven encarcelados en un territorio de 365 kilómetros cuadrados (una quinta parte de la provincia de Guipúzcoa, la más pequeña de España), rodeados por enormes muros de ocho metros de altura y por un bloqueo naval apenas a tres millas de la costa. Los sitiadores israelíes les tienen sometidos a un bloqueo total e inhumano que impide entrar o salir a personas y mercancías, en respuesta a los más de 8.000 cohetes lanzados en los últimos ocho años desde Gaza contra los colonos judíos. Los 1,6 millones de habitantes, de los que un millón son refugiados, viven encarcelados por el Gobierno de Israel y por la autoridad de Hamás (considerada una organización terrorista por Occidente), que ellos eligieron en 2006.

Llegar a Gaza es como pasar del primer al Tercer Mundo en pocos kilómetros. Hay que volar a Tel Aviv, capital del Estado de Israel, desplazarse en coche a Jerusalén y esperar a recibir un visado para viajar a la franja de Gaza. Una vez conseguido, un taxi Mercedes te lleva hasta el paso de Belt Hanun, en un viaje que te hace sentir en cualquier país mediterráneo europeo. Buenas autopistas, por las que circulan coches occidentales, entre enormes extensiones agrícolas. Un café moderno y con wifi es el último contacto con el bienestar apenas a un kilómetro de la frontera.
La llegada al paso de Ben Hanun supone un auténtico choque para el visitante. La carretera acaba en un enorme muro de hormigón de ocho metros de altura rodeado de vallas metálicas electrificadas, torretas de vigilancia y videocámaras de seguridad. Se asemeja a la entrada a un campo de concentración, en el que hacen guardia decenas de militares fuertemente armados.
Hay que entrar en un enorme hangar, a pie, y empezar los interrogatorios. Una soldado muy amable y con muy poco trabajo pregunta con curiosidad: "¿Qué vienen a hacer a Gaza?", y explica luego que la frontera se puede cerrar en cualquier momento, dependiendo de los acontecimientos. Con el visado, entrar es fácil; salir, ya veremos.Tras pasar dos o tres puertas metálicas que se abren y se cierran con estruendo, se entra en territorio palestino. Hay que andar un kilómetro, bajo techo metálico, dejando atrás el muro y las alambradas, hasta llegar a un puesto destartalado en donde varios soldados palestinos, de negro y con cara de pocos amigos, inician otro interrogatorio.
Allí espera un coche con nuestro fixer, Amjad, un palestino que ha vivido en España y Túnez y que se declara admirador de Arafat. Pasada la zona de seguridad, enseguida se llega al pueblo de Ezbeit Abd Rabo, totalmente destruido por los bombardeos de diciembre de 2008, en donde malviven cientos de personas en edificios derrumbados con el hormigón y los hierros a la vista. A lo lejos se ve la central eléctrica de fuel, la única de Gaza, que solo funciona 12 horas al día por falta de combustible.
La franja de Gaza tiene una superficie de 365 kilómetros cuadrados: 13 kilómetros de frontera con Egipto al sur, 8 kilómetros con Israel al norte y otros 47 al este, mientras que la costa tiene una extensión de 45 kilómetros. De una población de 1,6 millones de habitantes, cerca de un millón son refugiados que fueron llegando a la zona desde 1948 hasta 2006 en que se cerró el muro. Viven en ocho campos, distribuidos por las cinco provincias de la franja: Norte, Gaza, Dar el Balat, Khan Younis (donde está el mayor campo de refugiados) y Rafah.
Desde el secuestro del soldado israelí Gilad Shalit, el 25 de junio de 2006, por el Ejército de Hamás, Israel endureció el bloqueo hasta unos límites inhumanos, impidiendo la entrada de combustible, alimentos y material de construcción. Desde entonces ha habido más de 2.000 muertos, la gran mayoría palestinos, en los continuos enfrentamientos entre uno y otro bando. Nadie sabe dónde está encarcelado este joven militar que ahora tendrá 25 años.En estos cuatro años, el Ejército israelí ha realizado dos operaciones militares de represalia y busca del soldado secuestrado. La primera, llamada Lluvia de Verano, en junio de 2006, que duró cinco meses y causó la muerte de palestinos (243 civiles), y la segunda, entre diciembre de 2008 y enero 2009, denominada Operación Plomo Fundido, que sembró el terror por toda la franja de Gaza y causó más de 1.500 muertos palestinos. Luego vino el incidente de la flotilla de la paz, el pasado mes de junio, que volvió a poner en evidencia la política de Israel.
Además del conflicto exterior, Gaza vive una guerra interna entre las dos organizaciones palestinas: Fatah y Hamás. La primera, mucho más moderada, ganó las elecciones en todos los territorios palestinos y controla la Autoridad Palestina, excepto en la franja de Gaza, en donde triunfó Hamás en 2006. Desde entonces han instaurado un régimen radical islámico, manteniendo su guerra contra los colonos judíos y su conflicto contra los militantes de Fatah. En junio de 2007 se produjo una guerra entre ambas organizaciones, en la franja de Gaza, con el resultado de 700 muertos y la salida de los representantes de la Autoridad Palestina.
UNA FAMILIA DESTROZADA
Ghalia al Sammouny tiene 60 años, es viuda y perdió a 29 miembros de su familia en la Operación Plomo Fundido. Sentada en el suelo, en una chabola junto a las ruinas de lo que fue su casa, recuerda ese 5 de enero de 2009 con terror. "Cuando llegaron los tanques israelíes, mi hija iba a dar a luz", explica entre lágrimas. "Tuvo una niña que sobrevivió a los bombardeos. Pero mi hijo recibió un proyectil y cayó fulminado en medio de la calle. Destrozaron a toda una familia. Ya no tenemos nada".
Junto a ella, otras tres mujeres más jóvenes hacen coro. Todas pertenecen al clan y todas perdieron a algún familiar. "Todas somos viudas o huérfanas de guerra", dice Fathia, que perdió a su marido y a dos hijos. "Ya no tenemos ni familia, ni dinero, ni tierras, ni esperanza... Esperamos la muerte".
Los Al Sammouny eran granjeros en las afueras de Gaza, en el barrio de Al Zatun, al sur de la capital. Una zona de pequeñas granjas de hortalizas y frutas. El 5 de enero, después de muchos días de bombardeos, los aviones israelíes volvieron a sobrevolar la franja de Gaza en vuelo rasante. La gente salió de sus casas ante el temor de las bombas que empezaban a caer y se encontraron en la calle con los tanques del Ejército de Israel, que venían del Oeste y empezaron a disparar sus proyectiles. "Fue terrible ver caer a mi hijo de 21 años y desangrarse en el suelo", grita Ghalia con las manos en cruz.
Los ataques, además de matar a 29 miembros del clan, destrozaron sus cuatro viviendas y los campos de cultivo. Desde entonces viven en una chabola que se han construido con material de derribo, entre varias higueras medio secas. Es la imagen de la fatalidad. La chabola está construida con barro, con un tejado de uralita medio roto; unos 15 metros cuadrados. Al fondo, amontonados, unos colchones viejos y sucios, mantas, alfombras y algo de ropa. Una bombilla cuelga del techo. Allí viven seis personas. Al otro lado, otro chamizo de dos por dos metros, sin techo, hace las veces de cocina, con un infiernillo donde hierve el agua para el té.
Cinco o seis niños menores de siete años juegan junto a un tendedero de alambre roñoso, hierros retorcidos de lo que fue una casa, plásticos colgados que mueve el viento, un huerto con tres o cuatro filas de repollos y montones de porquería, en donde comen varias cabras y gallinas.
"Cuando acabaron los bombardeos, pudimos enterrar a nuestros muertos", explica Ghalia. "A todos menos a uno, que se llevaron los israelíes y que murió allí, según nos contaron. Desde entonces estamos muertos; vivimos en la miseria de lo que sacamos de la tierra y de pequeños trabajos que van saliendo. Tuvimos algunas ayudas de Naciones Unidas, pero se han acabado".
Los Al Sammouny llevaban 30 años viviendo en esa zona, cultivando la tierra, pero desde el bloqueo todo empezó a ir de mal en peor. "Ahora estamos acabados", dice Fathia. "¿Qué vamos a hacer? Criamos a nuestros hijos como podemos, pero tenemos miedo de que vuelvan los aviones. No sabemos qué será de nosotras y de nuestros hijos mañana o la semana que viene".
Ghalia pide ayuda. De rodillas, con los brazos abiertos y las lágrimas cayendo por la cara, pide protección, comida, un techo... "No nos queda nada, pero no podemos rendirnos. Confiamos en Dios y tenemos que sacar adelante a nuestros hijos".
UN PESCADOR VARADO
Jamal Abu Hamada tiene 49 años y una mirada triste, casi muerta. Es pescador y vive en el campo de refugiados de Al Shati, en el centro de la capital, que se creó en 1948. Entonces eran tiendas de campaña, pero hoy son viviendas a medio construir, ruinosas y llenas de escombros, sin ventanas ni casi muebles. En la franja de Gaza hay ocho campos de refugiados habitados por un millón de personas que viven de las ayudas de Naciones Unidas.
Vive en una casa de tres pisos, en ruinas, semiconstruida hace cinco años, con su mujer, cinco hijos, cuatro hijas, dos nueras y tres nietos. Son 16 a comer todos los días. Empezó a trabajar de pescador a los 10 años y ahora tiene tres barcas; dos en Gaza y una en Rafah, junto a la frontera con Egipto. Antes se ganaba la vida de una forma digna, pescando, cuando las aguas jurisdiccionales eran 12 millas. Pero en 2006, los israelíes rebajaron la zona a tres millas y allí no hay casi pesca. "El que sale del cerco de las tres millas", explica, "es apresado por las patrulleras israelíes, que hunden las barcas".
"Vivimos de las ayudas del UNRA", explica Jamal. "Cada tres meses nos dan tres sacos de harina de 150 kilos, 15 kilos de azúcar, 15 kilos de arroz y 7 litros de aceite vegetal. Sigo vivo porque no hay suficientes maneras de morir, pero cada día estoy más muerto. El futuro no existe para nosotros".
Los bombardeos de 2008 le destrozaron parte de la casa, que sigue llena de escombros. "No tenemos ni dinero, ni material para reconstruirla", dice. "La luz solo funciona 12 horas al día y cuando tenemos algo de dinero para combustible, podemos encender el generador para tener luz. Mis hijos tienen trabajo tres meses al año y así no podemos mantener a la familia. Solo tenemos a Dios que nos ayuda. Rezamos cinco veces al día, como dice el Corán, pero cada vez tenemos menos esperanza. Ya son muchas guerras vividas: la de 1967, la 1986, las consecuencias de la guerra del Golfo, las dos intifadas... pero lo peor ha venido con el Gobierno de Hamás y el bloqueo de Israel".
Sus hijos observan lo que dice, mientras desenredan unas redes de pesca llenas de anzuelos, que pasan de un contenedor de madera a otro, en una tarea inútil, porque saben que no las pueden usar. Aun así, las mantienen al día, por lo que pueda pasar.
Caminando hacia el puerto, Jamal se mantiene en silencio, como perdido. Solo hablan sus ojos, llenos de desesperación. Hay decenas de barcas varadas en un puerto en ruinas por los bombardeos. Cuatro pescadores toman el té sobre una alfombra raída, mientras algunas barcas entran o salen del puerto para intentar pescar algunas sardinas a menos de tres millas de la costa.
ENFERMOS DE DESESPERANZA
Jamal es uno de los cientos de miles de palestinos que viven enfermos de desesperanza. Es el principal problema de salud de la franja, según explica el doctor Moeen, director del Centro de Salud Mental de Jabalia, el mayor de Gaza. Tiene 56 años, está doctorado en psiquiatría por la Universidad de París y ha trabajado en Arabia Saudí, Libia e Irán. Ahora se dedica a intentar sacar del pozo en que se encuentran sus 5.000 pacientes mentales del barrio de Jabalia.
"Los habitantes de Gaza tienen problemas serios de salud mental", explica el doctor Moeen, "por el hecho de estar encerrados dentro de un enorme muro, a expensas de los ataques periódicos y una situación de pobreza y de sobrepoblación muy alta". En el barrio de Jabalia viven cerca de 300.000 personas y es uno de los más afectados por los ataques de Israel. De hecho, el centro médico está rodeado de casas destruidas por las bombas y que no se podrán reconstruir mientras dure el bloqueo.
"Atendemos a unos mil pacientes mensuales en este centro de salud pública", añade el psiquiatra. "La mayoría son pobres, o muy pobres, y están afectados por depresión, ansiedad, shock postraumático o adicciones a las drogas. De los 5.000 pacientes, el 70% por cientos son hombres. Llevo 12 años trabajando aquí y la situación es cada vez peor. No damos abasto, ni tenemos medicinas suficientes para tratar la depresión; los antidepresivos se acaban enseguida y no hay centros de rehabilitación para los problemas de adicción a hachís y pastillas, que son cada vez más frecuentes". La principal adicción es al Tramadol, un derivado de la morfina que entra por los túneles y que se vende en cualquier sitio.
Este centro cuenta con el apoyo y la financiación de la ONG española Médicos del Mundo (MDM). Allí está desplazada Susana del Val, psicóloga, de 37 años, cuyo trabajo consiste en mejorar el sistema de organización del centro de salud. Susana corrobora el deterioro de las condiciones mentales de los habitantes de la franja de Gaza desde 2006. "Los más vulnerables son los niños y los jóvenes", explica. "Aquí viven como encarcelados en unas condiciones extremas, rodeados de violencia tanto externa como interna. La religión y la familia sirven de contenedores para sobrevivir a esa situación extrema".
El doctor Moeen añade: "Cada día tengo que tratar a muchos niños, a los que traen cada vez más pequeños, con todo tipo de traumas motivados por la guerra, la pobreza, el estrés, la falta de cariño o simplemente la sobrepoblación; la situación es dramática y vamos a peor".
VIDAS SIN SENTIDO
Cada dos o tres meses viaja a Gaza el médico español Ricardo Angora, uno de los responsables del proyecto de MDM y gran conocedor de la situación de la zona. Él ha sido testigo del empeoramiento de la situación desde 2006. "Los palestinos no encuentran ahora ningún sentido a sus vidas", explica. "Hay una sensación de incertidumbre sobre lo que pasará al día siguiente, que hace a la gente no saber qué será de ellos mañana. Ya hay varias generaciones perdidas, pero la peor parte se la llevan los niños, que suponen más de la mitad de la población".
Angora añade que "aunque ahora no haya una situación de guerra abierta, los ataques selectivos que realiza la aviación israelí hacen mella en la moral de la población, que además vive en la más absoluta pobreza (el 80% vive por debajo del umbral de pobreza), dependiendo en su mayoría de las ayudas de Naciones Unidas para poder subsistir. Los principales problemas son la falta de trabajo y vivienda, la violencia externa e interna y, sobre todo, la sensación de encarcelamiento. Es terrible saber que no puedes salir de un lugar en el que malvives".
Los niños son, una vez más, víctimas propiciatorias del conflicto. Los menores de 10 años solo han conocido el bloqueo, que se inició en 2000, con la segunda intifada, y que se endureció en 2006.
Hanna el Gafarani, de 38 años, es dueña de una guardería privada en Gaza, a la que asisten cien niños de cuatro y cinco años, y corrobora las opiniones de los representantes de Médicos del Mundo. "Los niños no tienen infancia en Gaza", dice Hanna. "Viven rodeados de violencia y eso les hace ser violentos y buscar la lucha. Aunque se han acostumbrado al ruido de los aviones cuando sobrevuelan para bombardear, están muy afectados. Nuestro objetivo es trabajar con ellos y mandarles un mensaje de esperanza y de felicidad. Pero la verdad es que es muy difícil".
También es difícil el trabajo de Right to Live, una ONG palestina que atiende a niños con síndrome de Down y que es financiada por varios países, entre ellos España, a través de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI). El centro se encuentra en el barrio de Al Shejia, una antigua zona industrial a las afueras de Gaza, convertido ahora en ruinas de naves industriales destruidas por los bombardeos de hace año y medio.
Mohammed Areer, de 37 años, es el subdirector de la institución, un psicólogo que lleva 12 años trabajando en el centro, que se creó en 1992 como una pequeña casa de acogida para niños enfermos de síndrome de Down. Es la única organización que da servicios a estos niños, y hay lista de espera.
"En 1996, el Gobierno palestino nos donó 10.000 metros cuadrados de terrenos y empezamos a crecer en instalaciones", explica Mohammed. "Tuvimos ayudas importantes de varios países de la Unión Europea, como España. Pero desde que Hamás llegó al poder, en 2006, y se reforzó el bloqueo, las ayudas llegan con cuentagotas. Tenemos asegurada financiación tres años, con lo recibido del exterior, pero ahora no tenemos más ingresos, así que no podemos hacer planes de futuro".
Right to Live atiende a 850 niños y niñas, de los que 650 tienen síndrome de Down, 50 son autistas y los 150 restantes no tienen ninguna enfermedad y colaboran en la educación de los demás. Los jardines del centro son como un remanso de paz en medio de una sociedad estresada y desesperanzada, que vive de las ayudas del exterior.
UNA AYUDA IMPRESCINDIBLE
"Sin las ayudas de Naciones Unidas, los habitantes de Gaza no sobrevivirían ni un mes". Quien así habla es Sebastien Trives, de 39 años, máximo responsable de los planes de emergencia de la UNRUA. Un francés de Montpellier que llegó a Gaza hace tres años, después de pasar otros tres en Afganistán. Tiene la mirada limpia y una voz suave, pero sus palabras denotan una cierta frustración. "Aquí todo va en la dirección incorrecta, la cosa está cada vez peor, y no tiene ninguna pinta de mejorar", explica. "Por eso, nuestro trabajo aquí es cada vez más importante, casi imprescindible".
La UNRUA tiene dos tipos de actividades en Gaza: educación y emergencia. "En educación", dice Sebastien, "nos volcamos en intentar buscar soluciones de futuro. Tenemos 228 escuelas en la franja de Gaza, a las que acuden 200.000 estudiantes de entre 6 y 15 años. Les enseñamos árabe, inglés, matemáticas y derechos humanos. Todos los profesores son locales".
"Nos gustaría ayudar a acabar con la ocupación y el bloqueo de Israel", dice en un tono un poco más agresivo, "pero como no está en nuestras manos, intentamos formar a los niños para que actúen de acuerdo a los valores universales de no violencia y respeto. No dependemos del Gobierno de Hamás y actuamos con total libertad. De hecho, todas nuestras escuelas son mixtas. Lo único que podemos hacer es intentar que la próxima generación pueda vivir mejor y no sobrevivir, como sucede ahora".
Los niños "becados" por Naciones Unidas consiguen olvidarse de sus penurias durante el medio día que pueden ir a la escuela. Al colegio del barrio de Remal, en pleno centro de Gaza, asisten cada día 1.200 alumnos, niños y niñas, en dos turnos (de 7 a 12 y de 12 a 17). Hay 38 aulas, asistidas por profesores y profesoras. Los alumnos desfilan de forma marcial para los visitantes y sonríen abiertamente ante el fotógrafo. Parecen felices, pese a todo. Sin la ayuda de Naciones Unidas, estarían en la calle.
La principal responsabilidad de Sebastien son los planes de emergencia de Naciones Unidas en Gaza. De él dependen directamente las actividades de salud primaria, infraestructuras y ayudas a los refugiados, con un presupuesto anual de 250 millones de dólares. "De nosotros dependen cerca de un millón de refugiados, a los que ayudamos a sobrevivir", explica. "Gaza es una gran cárcel en donde viven los palestinos sin trabajo ni esperanza. El 60% de los jóvenes está sin trabajo y vive en un entorno de violencia extrema. Además, calculamos que 300.000 personas viven aquí en una situación de pobreza extrema".
Cada tres meses, la UNRUA reparte sus alimentos en 11 centros esparcidos a lo largo de toda la franja de Gaza: harina, arroz, azúcar, aceite y, cuando hay, algo de carne.
"En infraestructuras no podemos trabajar bien", se queja Sebastien Trives. "Desde los bombardeos de enero de 2009 no hemos podido reconstruir ninguna vivienda, porque no tenemos material de construcción. Ahora estamos construyendo casas de barro como solución provisional. El bloqueo impide entrar cualquier cosa a Gaza. La única vía de entrada son los túneles del Sur".
UNA LÍNEA DE 2.000 TÚNELES
En la frontera del sur de Gaza con Egipto, en la provincia de Rafah, se extiende lo que los palestinos llaman "la línea": una enorme extensión de ocho kilómetros repleta de túneles excavados manualmente, por los que entra desde Egipto la mercancía necesaria para sobrevivir. Están consentidos por los Gobiernos de Hamás, Egipto e Israel, aunque estos últimos bombardean la zona de vez en cuando, cuando quieren aplicar represalias ante cualquier cosa.
La llegada es como internarse en una zona de invernaderos de plástico como los de Almería; cientos de ellos junto a montones de arena extraída de las excavaciones de los túneles. Todo es siniestro y hay centenares de personas que parece que esperan algo, apostadas junto a camiones y furgonetas vacías. Miran de soslayo a los que pasan por allí. Hay como un ronroneo generalizado por los cientos de generadores que alimentan la actividad de los túneles.
A escasos doscientos metros, una enorme alambrada que marca la frontera con Egipto, detrás de una carretera mal cuidada por donde circulan, cuando quieren, los vehículos israelíes.
Después de algunas conversaciones discretas a través de un contacto palestino, se puede entrar a uno de los túneles. Al lado, dos enormes camiones y varias decenas de jóvenes que salen de la tienda con sacos de cemento que cargan en los vehículos. Toneladas de cemento recién traído de Egipto por el túnel de al lado.
La entrada es a través de una pared de plástico negra, como las bolsas de basura, que da paso al interior: un tenderete bastante cutre. Allí hay dos jóvenes descalzos, en pantalón corto y camiseta, y sucios de tierra por todas partes. En una esquina, un infiernillo con té, junto al generador que emite el ruido más escuchado en la franja de Gaza.
El suelo es de tierra. En el centro hay una estructura de hierros oxidados, con soldaduras mal hechas sobre los tubos y una polea que funciona con un motor mínimo y viejo, que suena como si se fuera a romper en cualquier momento. Todo parece que vaya a romperse. Bajo la estructura, un agujero de dos metros de diámetro, una especie de pozo con las paredes recubiertas de hormigón. Abajo, 20 metros de túnel vertical con una escalera de tubos empalmados a un lado que da miedo verla.
La bajada al pozo es claustrofóbica. Sentado sobre una especie de trapecio de cuerda y madera, que el motor de la polea va deslizando penosamente, es como si estuvieras bajando a los infiernos. La travesía parece interminable. Una vez abajo, se agradece pisar tierra firme, aunque la sensación de agobio no desaparece. Con una altura de 1,20 metros, hay que permanecer agachado mientras se observa el largo túnel que se dirige hacia Egipto. La forma de comunicarse con el exterior es un radiotransmisor igual de cutre que todo lo demás.
Por ese túnel, de unos 80 centímetros de diámetro, llegan los suministros que no tienen otra forma de entrar en Gaza por el bloqueo israelí. En unos contenedores azules (unos bidones rajados por la mitad) llegan cargamentos de comida, cemento, herramientas, bidones de gasolina, piezas de motores... de todo. Abajo hay otro motor que tira del cable al que están enganchados los contenedores caseros que llenan en Egipto, a 400 metros de la entrada del túnel.
Hoy hay poca actividad, porque hace dos días los aviones israelíes bombardearon la zona, en respuesta a la muerte de dos colonos judíos por los cohetes lanzados desde la franja. Murieron dos trabajadores de los túneles. Están pendientes del ruido exterior, por si vuelven los aviones, aunque ya están acostumbrados a vivir en esa situación de incertidumbre. "No sabemos si mañana estaremos vivos", dice uno de los jóvenes, que no tendrá más de 22 o 23 años y que fuma sin parar.
En la frontera con Egipto hay cerca de 2.000 túneles, aunque nadie quiere decir el número. Tampoco cuentan dónde están los túneles grandes por donde pasa otro tipo de material. "No lo sé", es la respuesta machacona.
"¿Pero existen esos túneles por donde pasan automóviles e incluso armamento?".
"No lo sé". Lo saben, pero nadie se atreve a hablar de ellos. La mejor prueba de que existen son los todoterrenos, camionetas y motocicletas nuevas que circulan por la ciudad de Rafah, sin matrícula y con pinta de no tener más de un año de vida.
Los túneles se empezaron a construir en 2006, cuando el bloqueo israelí cerró por completo las fronteras. Fue una forma de supervivencia. Pero también un negocio para los que los operan y para sus socios egipcios, con los que van al 50%. Cerca de 70.000 personas viven de los túneles; familias enteras.
Construir un túnel tiene su dificultad y su coste; unos 140.000 dólares, según explica Abu Mohammad, socio propietario de uno de ellos. Tiene 58 años y antes era conductor de taxi; hacía el trayecto Gaza-Jordania y vivía bastante bien. Cuando cerraron la frontera, decidió que era el momento de cambiar de profesión. Buscó un lugar muy próximo a la frontera y construyó uno de los primeros túneles que se hicieron.
"Invertimos cerca de 140.000 dólares y tardamos seis meses. El coste puede parecer muy elevado, pero el salario de los excavadores es de 400 dólares diarios, por lo que sale a 200 dólares el metro. El material asciende a unos 30.000 dólares", explica con una taza de té en una mano, mientras espanta las moscas con la otra. "La inversión se amortiza en un año".
Existe un mapa de túneles, que mantienen en el mayor de los secretos, por seguridad. Pero las autoridades palestinas de Gaza venden las concesiones informalmente y se aseguran de que no se encuentren unos túneles con otros. El trabajo de excavación se hace con brújula, unos pequeños generadores y mucha voluntad para sacar las toneladas de tierra del agujero.
En el túnel de Abu trabajan entre 8 y 15 personas. "Depende del trabajo. Estos días todo está parado, porque los egipcios no se arriesgan a enviar mercancía; tienen miedo de los bombardeos israelíes". El ambiente está tenso. Hay nervios, muchos nervios. En un momento dado suena el ruido de un avión y todos miran al cielo. Falsa alarma, no es un bombardero, y además pasa por el otro lado de la frontera.
MISERABLES JUNTO A NUEVOS RICOS
A menos de un kilómetro de "la línea" está la ciudad de Rafah, una especie de oasis de consumo aparente en medio de la nada de Gaza. La calle principal está llena de tiendas con los escaparates llenos de todo tipo de mercancías. Aunque la verdad es que hay mucho movimiento y pocas compras. No hay dinero para consumir. Tan solo hacen negocio los puestos de kebab, dulces y helados. Coches y motos nuevos circulan por la calle, sin matrícula y con sus conductores dejándose ver. Son los nuevos ricos de un país lleno de miseria.
En Rafah, en la segunda línea de viviendas junto a los túneles (la primera está destruida por los constantes bombardeos israelíes), comienza el campo de refugiados de Yevna; decenas de bloques de casas a medio construir, o a medio destruir, en donde viven cerca de 8.000 personas. Un fuerte contraste con la calle principal. La mayoría vive de las ayudas de la UNRUA.
En el cuarto piso de un edificio medio en ruinas vive Khaled Zanun, un refugiado de 45 años que llegó, con sus padres, hace 40 de Al Abassia, al norte de Israel, junto al aeropuerto Ben Gurión. Sentado en el suelo, sobre una alfombra limpia, cuenta que está casado y tiene ocho hijas, pero que en enero de 2009 los bombardeos israelíes mataron a su único hijo, que solo tenía 15 días. "Los bombardeos sobre los túneles fueron muy intensos, el aire estaba muy viciado y mi bebé no podía respirar; murió intoxicado", dice con la mirada perdida. "Desde entonces soy un muerto. El mejor futuro es morir cuanto antes y dejar de sufrir".
La vuelta de Rafah a la ciudad de Gaza es una oportunidad para transitar una calle emblemática, la de Saladino, por la que se circulaba con alegría antes de 1948. Forma parte de una gran carretera que nacía en Marruecos y pasaba por Túnez, Argelia, Libia, Egipto, Gaza, Israel y Líbano, antes de llegar a Turquía. Ahora ya no es lo que era, como todos los territorios palestinos. Circulan por el asfalto gastado de la vía de Saladino todo tipo de vehículos medio rotos. Desde grandes camiones hasta pequeños carros de madera tirados por burros, que transportan materiales de construcción de segunda mano obtenidos de las casas destruidas por los bombardeos.
Después de varias horas de viaje se llega al barrio de Ezbeit Abd Arabbo, en Gaza capital. Es otra de las zonas más castigadas por los bombardeos de 2008-2009. Se ven infinidad de casas destruidas que ni se han reconstruido ni se podrán reconstruir en mucho tiempo. También hay solares limpios donde había casas de familias.
Majed al Atamma, de 60 años, nos recibe en su nueva casa de barro que le ha entregado la UNRUA tras la destrucción de su vivienda y las de su familia. "Durante los bombardeos, los israelíes nos destruyeron seis casas y tres coches de taxi. Todo lo que teníamos quedó destruido por los helicópteros Apache, que se ensañaron con nosotros", dice con una mirada de ira. "Han acabado con nuestra vida".
En esas seis casas vivían 57 personas de su familia: hermanos, cuñados, hijos, sobrinos... "Después de casi un año de vivir en esa chabola", explica, "la UNRUA nos construyó esta casa de barro en donde nos hemos metido mi mujer y yo, y seis hijos". La casa tiene unos 60 metros cuadrados repartidos en dos dormitorios, una cocina y un baño. Al lado, unas cuantas chabolas, un pequeño terreno labrado, dos burros y varias gallinas y patos.
Majed se muestra muy irritado. "Israel es un Estado terrorista. Primero nos quitaron nuestra tierra, en 1948, y 60 años después han destruido lo que habíamos logrado recomponer durante mucho tiempo. ¿Dónde están la democracia y la justicia? Antes podíamos vivir, aunque estábamos enjaulados en Gaza; pero ahora, ni eso. No tenemos nada. Lo destruyeron todo, con saña. La vida ahora es un infierno. ¿Qué tenemos que ver los civiles con una guerra? ¿Por qué nos tienen encarcelados aquí? Palestina es nuestra tierra y nos la han robado. Además, durante todo el proceso de paz, desde 1994, Israel no ha dado un paso. Nosotros somos pacíficos y nos han encarcelado en un territorio pequeño. ¿Qué va a ser de nosotros?".
Esa es la pregunta que se hacen todos los habitantes de Gaza. Y la única respuesta que reciben viene de los clérigos en las mezquitas: hay que seguir luchando. El poder de la religión es total en la franja, de la mano del Gobierno de Hamás y del creciente movimiento islamista. Hasta en la calle se nota el aumento del velo entre las mujeres.
Ayat tiene 28 años, trabaja en el Ministerio de Religión y acepta fotografiarse con el velo que llevan las suníes. "Es un velo completo, hiyab, que llevo desde el primer año de Universidad", explica. "Creo en él y me siento muy cómoda. Me aleja de los problemas y me da libertad para moverme sin que me conozcan. Nadie me obliga y lo hago porque quiero". Está casada y tiene un hijo y una hija. "A mi hija la dejaré elegir si lo quiere llevar o no".
Elegir es una palabra en desuso en Gaza. No hay mucho donde elegir. Con una economía de supervivencia, los palestinos de la franja viven al día, sin saber qué será de ellos mañana y sin esperanza alguna.

.

Archivo del blog

.