viernes, enero 07, 2011

Los secretos del Tea Party español. JOSÉ LUIS BARBERÍA EL YUNQUE. BIEN COMÚN

CATÓLICOS EN CRUZADA Los secretos del Tea Party español. JOSÉ LUIS BARBERÍA DOMINGO - 02-01-2011
Católicos militantes de los movimientos cívico-religiosos denuncian la actuación en su seno de una nueva masonería blanca inspirada en el poderoso Yunque mexicano
En el bullicioso campo del neoconservadurismo e integrismo católico español emerge la sospecha de que una sociedad secreta opera a la sombra de la Iglesia y en los aledaños del PP. Muy activa en las grandes movilizaciones antigubernamentales, esa organización concilia el arcaico fundamentalismo con las modernas técnicas de difusión digital.

"Desde que me advirtieron de que Hazteoir.org y sus filiales Derechoavivir.com, Profesionalesporlaetica.org y otras de fines aparentemente filantrópicos son iniciativas de la sociedad secreta mexicana El Yunque, trato de deshacerme de ellos. Al principio, desinformada de su interés político sectario y de su capacidad de manipulación, colaboré económica y directamente. Hoy quiero que desaparezcan de mi correo electrónico y no lo consigo (...). Si alguien puede aconsejarme cómo escaparme de las redes de esa organización...". Este mensaje, publicado en la Red en junio de 2009, quedó sepultado por el intenso tráfico digital, pese a que llevaba la firma y el DNI de María de Andrés Urtasun, profesora de Historia de la Universidad San Pablo CEU.

La palabra Yunque no volvió a aparecer asociada al secretismo conspirativo hasta que, el pasado 8 de marzo, ReligionenLibertad.com publicó lo siguiente: "Yunque, Organización del Bien Común, Mariachis, tanto da; estamos ante una organización que intenta pasar por inexistente y actuar de espaldas a la sociedad. ¿Son conscientes de que su modo de captación, basado en el secreto y dirigido a los adolescentes y jóvenes, ha creado situaciones dramáticas en muchas familias? (...). ¿Se han planteado el papelón que están haciendo algunos obispos?". Tan revelador como el texto es que fue escrito por Alejandro Campoy, el antiguo portavoz de la plataforma digital Hazte Oír (HO), que alcanzó cierta notoriedad cuando colocó en el escaño del presidente Zapatero una fotografía de Miguel Ángel Blanco y dos rosas blancas manchadas de mercromina. Por anacrónica y extravagante que resulte, la sospecha de que existe una sociedad secreta de elementos juramentados se ha abierto paso en los entramados digitales del neoconservadurismo católico y dentro de la propia Iglesia.

La pregunta es si estamos ante un secreto a voces conservado en la ausencia de pruebas o ante rumores que se superponen, huérfanos de asidero estable. "Cada vez es más vox pópuli que esa asociación que unos llaman El Yunque -nombre que, por lo visto, ha cambiado hace poco-, y que la gracia hispana ha bautizado como los mariachis usa muy malos modos contra los que les desenmascaran", ha escrito Javier Paredes, catedrático de Historia de la Universidad de Alcalá de Henares, en el portal digital Infocatólica.com. ¿Cómo se explica que católicos conservadores de acendrado compromiso denuncien a activistas que han dinamizado la lucha contra el aborto, el matrimonio homosexual y la política educativa y generado un clima de efervescencia antigubernamental que ha arrastrado a los obispos a la cabeza de la manifestación? La respuesta traza una línea entre lo lícito y lo ilícito.
"Bajo su apariencia angelical, ellos están en la dialéctica del golpe en la mesa. No entienden que después de la Guerra Civil y de la dictadura, los españoles hayamos aprendido a convivir y que nos ha costado demasiado llegar a la separación de poderes entre Iglesia y Estado como para que ahora queramos volver al pasado. En las reuniones nos decían que había que pedir a los obispos que lideraran la protesta contra el aborto. Y es que en el fondo de su estrategia hay un proyecto monolítico", sostiene hoy María de Andrés Urtasun en declaraciones a EL PAÍS.
¿Estamos ante una masonería blanca inspirada en el poderoso Yunque mexicano y amamantada en el extremismo ideológico neocon del Phoenix Institute de Arizona (EE UU), como aseguran algunos denunciantes, o ante un simple lobby, como afirman los denunciados?
La distinción no es baladí porque de ella depende que esa organización pueda ser considerada legal o no. Y es que los artículos 22 de la Constitución española y 515 del Código Penal prohíben expresamente las asociaciones secretas y las de carácter paramilitar. El Código de Derecho Canónico establece, a su vez, que todas las asociaciones de fieles deben tener estatutos, título y estar sometidas a la autoridad eclesiástica. "Esa sociedad va creando asociaciones que se coordinan por consignas y están dirigidas por las mismas personas que salen por una radio, un periódico, una televisión. Parecen que son muchos, cuando en realidad son pocos y siempre los mismos", ha señalado Javier Paredes. "Nunca dudes de que un grupo pequeño de ciudadanos reflexivos y comprometidos puede cambiar el mundo", se proclama a modo de divisa en esos medios. Hazteoir.org (HO), con Ignacio Arsuaga como presidente; Profesionales por la Ética (Jaime Urcelay), Nasciturus (Pablo Gutiérrez), Observatorio para la Libertad Religiosa y de Conciencia (Marcial Cucarella), Escuela de Liderazgo Social y Político (Carlos Gredilla), Instituto de Política Familiar (Eduardo Hertfelder, Dolores Velarde), Justicia y Libertad (Ángel Serrano) y Fundación Burke (Antonio Arcones) formarían parte de ese mosaico.
"HO es una sociedad civil española registrada en el Ministerio de Interior. No tenemos nada que ver con El Yunque", se defiende Arsuaga. Sí admite que él y algún otro fundador de HO pasaron por el Phoenix Institute americano, un think tank (fábrica de ideas) neoconservador que dirigen, entre otros, John Hamm, presidente de la Universidad de Tejas, y John X. Evans, profesor emérito de la Universidad del Estado de Arizona.
"La primera campaña de alertas en defensa de la familia que lanzamos a través de los teléfonos móviles la hicimos bajo el patrocinio del Phoenix Institute, en 2001, pero luego empezamos a andar por nuestra cuenta", afirma Arsuaga.
En sus folletos propagandísticos, el Phoenix Institute pone el acento en que sus alumnos "suelen participar activamente en la vida política, económica, académica y social". Como prueba, señalan que entre sus egresados mexicanos se contabilizan, a día de hoy, dirigentes de grandes partidos políticos, varios diputados federales, el representante de México ante el Consejo de Europa, prestigiosos profesores universitarios, importantes directivos en el ámbito bancario y empresarial... Sus fundaciones becan a adolescentes para que hagan determinados cursos en EE UU y ya hay casos en los que padres muy conservadores se escandalizan a la vista de las ideas con que vuelven sus hijos. "El Phoenix Institute cambia nuestras vidas", dice un alumno en uno de los folletos de los cursos de verano.
Los representantes de esa organización en España son Pablo Nuevo, profesor de la Universidad Abad Oliva de Barcelona, propiedad de la Asociación Católica de Propagandistas, y Luis Losada Pescador. Este último es un licenciado en Empresariales metido a periodista de Intereconomía, grupo multimedia en el que Marcial Cuquerella ocupa el puesto de director general del área televisiva. Es también fundador de HO y conferenciante ocasional de la Asociación para la Defensa del Valle de los Caídos. Su esposa, Victoria Uroz, fundó la Asociación Víctimas del Aborto (AVA), que preside la psicóloga Beatriz Mariscal. Muchos de los componentes del lobby publican, dirigen programas e intervienen en las tertulias del circuito que constituyen Intereconomía, la revista Época, el diario La Gaceta, el semanario Alba y hasta la Universidad Francisco de Vitoria, propiedad de los Legionarios de Cristo, un conglomerado, construido por Julio Ariza Irigoyen, donde el integrismo religioso se da la mano con la derecha extrema. "Los de HO tenemos relación con el Instituto de Política Familiar, Profesionales por la Ética, etcétera, pero también conocemos a mucha gente en Intereconomía, La Gaceta, La Razón y Abc. No formamos un grupo, vemos más efectiva la lucha de guerrillas", indica Ignacio Arsuaga.
Aunque se les supone una querencia mexicana y lo suyo es cultivar el fundamentalismo católico, el perfil ideológico y hasta el estilo se ajusta más al modelo wasp (blanco, anglosajón, protestante) característico de los neocon republicanos estadounidenses. "No aceptan el evolucionismo, son creacionistas. Creo que su misión en España es constituir un lobby conservador fuera del control de la jerarquía eclesiástica. Durante la Transición captaron adolescentes en los círculos carlistas y los ambientes preconciliares de la extrema derecha, pero estos nuevos respiran, sobre todo, ideología neocon", subraya el profesor de Historia de San Pablo CEU José Luis Orella Martínez. La nueva hornada la componen economistas, abogados, periodistas y militares inactivos situados en la cuarentena y, en ocasiones, emparentados con apellidos tradicionalmente asociados al Opus Dei o a Comunión y Liberación, movimientos vistos ahora como antiguallas.
Son pocos, puede que no más de un centenar, en un país con 100.000 kikos (seguidores del Camino Neocatecumenal de Kiko Argüello), 35.000 miembros del Opus Dei, 5.000 legionarios del Regnum Christi (rama laica de los Legionarios de Cristo) y otros 1.000 de Comunión y Liberación. Son pocos, pero tienen largos e influyentes tentáculos y han encontrado una veta en ese 2,5% de católicos prestos a movilizarse. "En HO crecemos exponencialmente. De los 1.800 asociados de hace dos años, hemos pasado a 4.200 y tenemos ya 200.000 suscriptores que reciben nuestras alarmas y avisos en sus teléfonos móviles", asegura Arsuaga.
Dicen sus detractores que el secreto es la mayor fuerza de ese grupo de borrosos contornos organizativos, ultramontanos en lo religioso y lo político. Les dibujan como una organización obsesionada por capitanear las movilizaciones cívico-religiosas y piensan que si se envuelven en las banderas del Vaticano y de España es para enredar a los obispos en su estrategia y crear una cabeza de playa democristiana dentro del PP. El objetivo último sería trocar en radicalismo político el sentimiento religioso latente en esas protestas.
En la inauguración del Congreso del PP en Valencia el 20 de junio de 2008, Hazte Oir.org lanzó una campaña de firmas para pedir a Mariano Rajoy que aceptara las propuestas sobre el modelo de familia presentadas por los diputados Eugenio Nasarre y José Eugenio Azpiroz. "Si el PP asume como propio el gaymonio, ya será casi imposible recuperar el matrimonio, al menos en décadas", enfatizaba HO.

"Nuestros votantes son mayoritariamente católicos, pero viven el catolicismo a su manera, con la permisividad y tolerancia con que lo hace la mayoría de la sociedad. En el congreso de Valencia hubo debates muy enconados sobre estas y otras cuestiones, pero finalmente se logró una posición de razonable equilibrio", recuerda Esteban González Pons, vicesecretario de comunicación del PP.
El lobby de la versión religiosa española del Tea Party despliega sus dotes seductoras sobre los políticos más identificados con la fe cristiana. Jaime Mayor Oreja y Eugenio Nasarre han sido galardonados por HO. No les faltan recursos, sentido del marketing y dominio de las tecnologías digitales con las que han movilizado a decenas de miles de ciudadanos, presionado a los políticos "tibios" y acosado a los "enemigos de la vida y la libertad"; esto es, defensores de las leyes sobre el aborto y el matrimonio homosexual y el derecho a una muerte digna. Aunque cultivan la política y la diplomacia de salón, y lucen elegantes en las galas, su obsesión es reventar las calles de manifestantes airados.
Una mirada retrospectiva en la Red muestra igualmente que a primeros de abril, varias asociaciones de padres objetores a la asignatura Educación para la Ciudadanía (EpC) denunciaron el comportamiento de Profesionales por la Ética. "Ahora nos consta que el movimiento objetor al que pertenecemos está estrechamente vinculado desde su origen a personas que forman parte de una organización o asociación de naturaleza secreta o reservada, cuyo funcionamiento y alcance nos es desconocido", indicaban. En el mismo texto, los padres objetores señalaban que habían expuesto el problema al presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Rouco Varela, y que este les había aconsejado que se desvincularan de Profesionales por la Ética. No ha sido el único encontronazo que el grupo ha tenido con otras asociaciones cívico-religiosas. El Foro de la Familia, que lidera Benigno Blanco, expulsó en marzo a los directivos de HO por su intento de capitalizar la manifestaciÓn contra el aborto.
El vicepresidente de la asociación Educación y Persona, Fernando López Luengos, doctor en Filosofía por la Universidad Complutense, ha entregado a la jerarquía eclesiástica un informe con testimonios recabados entre personas que han tenido relación con El Yunque o Bien Común. Algunos católicos se preguntan por qué la Iglesia no exige transparencia a esa organización que tiene en la boca permanentemente a los obispos.
"La Conferencia Episcopal no ha tratado este asunto, pero puede que lo hayan hecho algunos obispos", admiten fuentes episcopales. "Aunque oficialmente no se ha dicho nada, es verdad que nuestro obispado alertó a los fieles sobre Hazte Oír y demás porque algunos de ellos se habían sentido engañados en su buena fe", reconoce el canciller del obispado de Getafe, en Madrid, Francisco Armenteros. Dice que el obispo de la diócesis, Joaquín López Andújar, tuvo noticia de la existencia de esa sociedad El Yunque o Bien Común hace ya siete años.
La de EL PAÍS no es la mejor tarjeta de presentación en estos ambientes de derecha radical. "Me repugna El Yunque, pero también la manipulación que ha hecho su periódico de las movilizaciones contra la asignatura EpC", espeta López Luengos al periodista interesado en conocer el contenido de su informe.
"Allí me encontré con mucha gente de extrema derecha y hasta con carlistas de esos que siguen defendiendo el origen divino del poder. Cuando empecé a ver complicidades y cosas raras, consulté con un sacerdote amigo, quien me explicó que detrás de esas sociedades pantalla había una organización secreta interesada en infiltrarse en las estructuras de poder. Me alarmé, pero luego hablé con el arzobispo de Toledo, monseñor Antonio Cañizares, y él me indicó que continuara, que esas personas hacían un buen trabajo. Un día no pude más y les pregunté a mis jefes si eran del Bien Común. No me lo negaron, lo que me dijeron fue que eso no era asunto de mi incumbencia; pero ¡claro que lo era!, ¿cómo vas a trabajar en un proyecto si no sabes a qué y a quiénes sirves?", indica el antiguo colaborador de una de las plataformas.
"Si se tratara de una sociedad secreta, sería gravísimo que hubieran instrumentalizado a un obispo, pero si fueran un lobby, la cosa sería legal y, por tanto, diferente", apunta una fuente episcopal. "Me consta que monseñor Rouco les siguió la corriente hasta que se dio cuenta de que eso no era un juego y que esta gente trata de controlar amplias áreas de la sociedad y de la Iglesia", asegura un profesor universitario que sigue colaborando en una de las empresas del lobby fundamentalista católico.
La pregunta clave es quién los financia. ¿De dónde salen los miles y miles de camisetas y gorras, los alquileres de autobuses y de hoteles para sus actos y premios, los sueldos de los nuevos liberados y colaboradores, la compra de los equipos multimedia, las nuevas sedes? Hay quien supone que el dinero viene del otro lado del Atlántico: México o Arizona, quizá de las fundaciones norteamericanas Carnegie y Goldwater, pero Ignacio Arsuaga lo niega. "Sale de las pequeñas cuotas de nuestros asociados y de las aportaciones de donantes", responde. Según el presidente de HO, su asociación ingresó en 2008 unos 350.000 euros, y en 2009, 800.000, una cifra que en el presente ejercicio debería sobrepasarse ampliamente habida cuenta del "incremento exponencial" de asociados. Disponen, pues, de un amplio margen de maniobra presupuestario, ya que en HO hay únicamente seis puestos remunerados y solo uno a tiempo completo. "El dinero lo gastamos en las campañas. Ahora, por ejemplo, vamos a repartir, gratis, 100.000 ejemplares del libro Proyecto Zapatero, crónica de un asalto a la sociedad", anuncia Arsuaga.
"Hablar de El Yunque, o del Bien Común como se dicen ahora, puede parecer una broma, algo inocuo y pintoresco, pero tiene su riesgo, créame, porque ellos son poderosos. Lo he comprobado. Te pueden cortar las alas profesionalmente, y quizá algo más. Prométamelo: nadie debe saber que estoy hablando. No soy un héroe", pide una persona que trabaja en uno de esos medios supuestamente controlados por el Bien Común. Así que también el miedo guarda ese secreto a voces. Ya dijo Voltaire que "la religión mal entendida es una fiebre que puede terminar en delirio".

Dios, patria y fe
La existencia de El Yunque mexicano es un hecho poco controvertido porque se trata de una organización con medio siglo de existencia que goza de gran influencia en el derechista Partido de Acción Nacional (PAN). Tiene su origen en el movimiento "cristero", el levantamiento de milicias católicas que dirigidas por sacerdotes y al grito de "Viva Cristo Rey" se enfrentaron entre 1926 y 1929 al Gobierno mexicano para impedir la aplicación de la Constitución de 1917, muy restrictiva con la Iglesia. El objetivo de El Yunque, fundado en Puebla por Ramón Plata en 1955, es infiltrarse en las altas esferas del poder con el propósito teórico de instaurar la Ciudad de Dios conforme al Evangelio. Hay un evidente paralelismo entre el movimiento cristero y el partido carlista. El grito juramentado de "Dios, patria, fe" es una réplica del "Dios, patria, rey" carlista. Tal y como han puesto de manifiesto las investigaciones judiciales y periodísticas, esa organización secreta opera a través de sociedades pantalla y de acuerdo con un modelo de células estancas. El nombre procede de la máxima "Mantenerse firmes, como el yunque al ser golpeado", que dejó escrita san Ignacio de Antioquía. En lo que parece una actualización oportuna y una aportación implícita al debate soterrado que se libra en esos ambientes, un periodista de La Gaceta escribió el 22 de noviembre último que "las sociedades secretas no son herederas de la lucha cristera", al tiempo que advertía del riesgo de "usar la religión como ariete político".

En la mente del terrorista LUIS MIGUEL ARIZA EL PAIS SEMANAL

En la mente del terrorista LUIS MIGUEL ARIZA EL PAIS SEMANAL - 26-09-2010

Nabeel Masood era un muchacho tímido y amable de 18 años, según el vecindario, que vivía en el campo de refugiados de Jabaliyah, en Gaza. A pesar de la muerte de dos de sus primos, militantes de Hamás, no se le recordaba una sola queja clamando venganza. El 14 de marzo de 2004, a las cinco de la tarde, Nabeel dio un paseo por el puerto de la ciudad israelí de Ashdod con un amigo y se inmoló al lado de una caseta donde estaban sentados algunos trabajadores. Segundos después, su compañero explotó cerca de un tráiler, cuyo techo saltó por los aires. Diez personas murieron al instante.
Las investigaciones posteriores descubrieron que Nabeel y Mahmoud Salem habían sido reclutados por Hamás para cometer una masacre mucho mayor que finalmente no ocurrió. Debían inmolarse cerca de unos enormes tanques de bromo. Los gases venenosos se habrían extendido en un radio de un kilómetro y medio, matando a miles de personas en minutos. La respuesta israelí fue fulminante. Poco más de dos semanas después, un misil acabó con el fundador espiritual de Hamás, Sheikh Ahmed Yassin.

En otoño de ese año, Scott Atran, un antropólogo del Centro Nacional de Investigación Científica en París, visitó la casa de los padres de Nabeel, en un segundo piso de un callejón en Jabaliyah. Se habían llevado todas las pertenencias de su antigua casa, destruida de acuerdo con la política de Israel. Pero al traspasar la puerta, Atran encontró a la madre leyendo una carta escrita en inglés y ahogando algunos sollozos. Su remitente era el director del colegio de Nabeel. Se refería a los progresos de su hijo en inglés en el grado 11, donde había aprobado todos los exámenes con éxito, en estos términos: “… Su hijo era el primero de la clase. No solo se diferenciaba por estudiar duro, por compartir y ser cariñoso, sino por su buena moral y amabilidad”. Agradecía de corazón a todos aquellos que habían contribuido a forjar el carácter de un chico –al que llamaba “mártir”– que había ganado una beca para estudiar en el Reino Unido, de la cual se enorgullecía.

Atran preguntó al padre si la muerte de su hijo había contribuido a mejorar la vida de los palestinos. “No. Esto no nos ha hecho avanzar ni un paso”. ¿Se sentía orgulloso, después de todo? El hombre le enseñó un panfleto impreso por la brigada de los Mártires de Al Aqsa donde aparecía una imagen de su hijo –cejas y tez oscura, un ligero vello encima de los labios, un joven palestino como cualquier otro– y le apretó las manos junto con el papel. Podía quemarlo si era su deseo. “Mi hijo amaba la vida. ¿Vale esto un hijo?”. Confesó que habría hecho todo lo posible para detenerle de averiguar sus intenciones.

La cobertura periodística internacional de los atentados suicidas llevados a cabo por palestinos suele centrarse más en los perpetradores que en las víctimas civiles. Pero después de conocer la historia de Nabeel resulta sobrecogedor contemplar las fotos de sus víctimas en una pantalla de ordenador y echar un vistazo a sus vidas. Mazal Marciano era una joven atractiva y sonriente de 30 años, ojos negros y pelo castaño, volcada con sus hijos de dos y cinco años, que había sido una reina de la belleza en su clase y que trabajaba en una compañía cárnica en el puerto de Ashdod. Aquel día tuvo la fatalidad de sentarse justo detrás de donde Nabeel o su compañero se inmolaron. La pregunta es casi un puñetazo: ¿qué impulsó a un joven educado y brillante, cuyo esfuerzo le había abierto una puerta para estudiar en el extranjero y salir de un hogar sin oportunidades ni futuro, a realizar un acto tan horrible?

“Mi hijo no solo murió por el bien de una causa, él murió también por sus primos y amigos. Murió por la gente que amaba”, respondió su padre. En una sola frase sintetiza la motivación que impulsó a Atran a escribir su último libro, Hablando con el enemigo (en inglés, Talking with the enemy, HarperCollins), que saldrá a la luz este noviembre en Estados Unidos, y que investiga los mecanismos que operan en la mente de un terrorista suicida.

Su trabajo va a contracorriente respecto a la tesis más convencional mantenida por las fuerzas antiterroristas y expertos gubernamentales desde los atentados de las Torres Gemelas. El terrorismo suicida que probablemente ha venido después no nace gracias a una estructura que recluta comandos y lava el cerebro a sus miembros para que se inmolen por una causa común. En cada caso no hay siniestros titiriteros en la trastienda que manejan los hilos de sus títeres sin cabeza para que cometan actos horribles. No hay una razón, ni un plan maestro, ni una mano en la sombra que señala un objetivo y ordena esta y otra masacre.

Juan Carlos Zárate, experto del Centro Internacional de Estudios Estratégicos, trabajó en el Consejo de Seguridad Nacional para asesorar al presidente Bush entre 2005 y 2009. Según relata a través de correo electrónico, el trabajo de Atran es “una investigación de primera. Nos muestra que la radicalización y violencia no pueden entenderse sin comprender primero el ambiente local, las condiciones y las experiencias que motivan a los terroristas. Erosiona algunos clichés rígidos y banales sobre la mentalidad monolítica, las motivaciones y el trasfondo de los terroristas”.

Como antropólogo, Atran ha realizado extensas entrevistas con terroristas que o bien estaban en prisión o en el pasado estuvieron involucrados en atentados o relacionados con líderes de diversas organizaciones en Palestina o en Asia que han proclamado la yihad –la guerra santa–, llevándola hasta las últimas consecuencias. “Los terroristas suicidas”, explica Atran en conversación telefónica, “dejan a un lado sus propias ambiciones personales en favor de la familia y sobre todo de sus amigos. Hay un proceso de formación de lazos duraderos entre ellos, hasta tal punto de que se sacrifican unos por otros, explotando un mecanismo psicológico en favor de una ideología, que es similar al mecanismo por el cual nosotros somos capaces de sacrificar nuestras vidas por nuestros hijos o hermanos, algo impreso en nuestros genes”.

En su obra, Atran describe una reunión que mantuvo en la Casa Blanca con los asesores de seguridad del entonces vicepresidente Dick Cheney y en la que expuso el caso de Nabeel. Preguntó a los norteamericanos qué habría ocurrido si a su compañero Salem, que le ayudó a perpetrar el ataque, se le hubiera ofrecido una beca para estudiar juntos en el extranjero. Evoca en sus páginas la voz autoritaria y orgullosa de una mujer joven del personal de seguridad de Cheney. “¿Es que esos chicos no se dan cuenta de que las decisiones que toman lo hacen bajo su responsabilidad, y que si utilizan la violencia contra nosotros, les bombardearemos?”. A lo que Atran respondió: “¿Bombardear? ¿A quién?”. Si los terroristas proceden de Marruecos, Madrid o Londres, reflexiona, “¿es allí donde habría que echar las bombas?”.

No hay rostros que señalar. La identidad personal no sirve de mucho. Es algo difuso. “Ese es el principal problema de la mayoría de las fuerzas de seguridad y de los Gobiernos”, explica este antropólogo. “La mayoría de los análisis no sirven de nada, ya que la gente solo se fija en el individuo que comete el acto criminal, lo que lleva a un callejón sin salida”. Estos análisis descartan a menudo las relaciones sociales del terrorista. “La persona que comete el acto es simplemente el resultado de un proceso aleatorio, de quien en particular está en el lugar y en el momento, y qué lugar ocupa en la red en ese tiempo”.

En este escenario, los futuros terroristas llegan a formar una familia. Esta red puede galvanizarse y obsesionarse con un objetivo. Una vez cumplido, sus integrantes mueren y la red se evapora. Recuerda en cierto sentido a nubes de langostas que comienzan con la agregación de varios individuos en solitario hasta formar un enjambre. En ellos se opera una metamorfosis y un cambio profundo de comportamiento. El enjambre causa un gran destrozo y luego se dispersa con el tiempo. Después de varios años de entrevistas en diversas partes del mundo, las conclusiones de Atran desafían la percepción occidental que tenemos sobre terrorismo. “No hay células, no hay lavados de cerebro, no hay organizaciones rígidas”.

Sus hallazgos han recibido elogios de pensadores como Noam Chomsky. “Su obra es un compendio excelente, y creo que muestra de una manera convincente que los terroristas mueren y matan por cada uno de ellos, de la misma manera que los soldados mueren típicamente en una batalla”, asegura Chomsky a El País Semanal en un correo electrónico. “Pero no creo que eso signifique que no luchen por una causa. Al Qaeda elige como objetivos España o Estados Unidos, no Japón o Brasil”. Para Chomsky, no se podrá entender “la mente de un terrorista” sin comprender las motivaciones que le llevan a cometer esos actos. La política es clave. “Los terroristas dirigen sus ataques a lo que ellos consideran la fuente de sus agravios”. Chomsky cita al presidente Eisenhower cuando, en 1958, preguntó a su personal por qué en aquellos momentos existía “una campaña de odio contra nosotros en el mundo árabe que no procedía de los Gobiernos, sino de entre la gente”. El Consejo de Seguridad Nacional elaboró un informe con la respuesta, explicando que había una percepción en el mundo árabe de que Estados Unidos estaba ayudando a regímenes totalitarios y opresores y que bloqueaba cualquier cambio democrático. La percepción que tenía la gente era “básicamente cierta”, concluía el informe, y las políticas, las correctas.

Chomsky detalla la encuesta que hizo el diario The Wall Street Journal después de los ataques de las Torres Gemelas en Nueva York dirigida a musulmanes con un alto poder adquisitivo, como directivos de multinacionales, banqueros, abogados que estaban en proyectos de globalización de Occidente. Los resultados fueron los mismos, señala, excepto que estos musulmanes acomodados añadieron a la lista de agravios “el apoyo norteamericano a los crímenes de Israel y las mortíferas sanciones a Irak, que Occidente ignoró, pero no el mundo árabe y musulmán”.

Los atentados de Madrid, describe Atran en su libro, son el resultado de un caldo de cultivo que empezó a cocinarse hace décadas. En los años ochenta, un pequeño número de inmigrantes procedentes de Siria llegaron a España huyendo de la represión del entonces presidente sirio, Hafez el Asad, contra la comunidad musulmana. A finales de los noventa, este mismo grupo estableció una red para atraer y radicalizar a jóvenes musulmanes para la guerra santa o yihad en Bosnia, Chechenia, Afganistán e Indonesia. Muchos de estos jóvenes eran inmigrantes de Marruecos. Finalmente, en 2002 cristalizó un grupo que posteriormente llevaría a cabo los atentados en los trenes.

Detallar la trama excede a este artículo, pero resulta revelador echar un vistazo a los orígenes de algunos de sus componentes. ¿Qué hacían antes de convertirse en terroristas y en suicidas? Serhane Fakhet, apodado El Tunecino y uno de los cerebros, se graduó en Economía Contable en Europa en el departamento de análisis económico de la Universidad Autónoma de Madrid gracias a una beca de estudios por la que vino a España en 1994. De familia acomodada, Fakhet quiso “promover las relaciones entre musulmanes y europeos”. Formó una asociación de estudiantes y una emisora de radio que no cuajaron. Posteriormente se radicalizó. Jamal Ahmidan, apodado El Chino, uno de los ejecutores de los atentados, operaba fundamentalmente en el mundo del crimen y del tráfico de drogas; Jamal Zougam vino de Marruecos cuando era un adolescente y posteriormente abrió una tienda de teléfonos móviles en la calle de Tribulete. La lista se va engrosando con más nombres, entre ellos el marroquí Rafa Zouheir, un antiguo portero de discoteca y bailarín de club que trapicheaba con droga en Madrid, y Rachid Aglif, apodado El Conejo, que trabajaba en una carnicería de Lavapiés.

“Eran un puñado de amigos, algunos más inteligentes, otros más estúpidos, que se acababan de conocer, que empezaron a figurarse la manera de hacer las cosas por sí mismos, que comenzaron a conectarse por Internet y que finalmente decidieron volar los trenes en Madrid”, explica Atran. Es un proceso que choca frontalmente con la idea intuitiva de un ataque calculado de antemano por una organización rígida con una mano ejecutora y un cerebro en la sombra. Para este experto, la circulación en Internet de un documento titulado Jihadi Irak, esperanzas y peligros, varios meses antes de la masacre, en el que llamaba a un ataque a España para forzar una retirada de las tropas en Irak, pudo actuar como catalizador, algo así como una piedra que discurre por la pendiente de una montaña va ganando fuerza con la gravedad. Las investigaciones posteriores encontraron este documento en uno de los ordenadores de los terroristas. “Tienes que fijarte en las redes sociales en las que estos tipos están involucrados. Son mucho más vastas que las personas en sí mismas”, continúa exponiendo Atran.

Pero ¿existen lazos en común dignos de rastrearse si se hurga en su pasado? “Cuando empecé a investigar el caso de Madrid”, recuerda este experto, “me quedé estupefacto al comprobar que cinco de los siete terroristas que se inmolaron en Leganés procedían del mismo barrio de Jamaa Mezuak, en Tetuán [al norte de Marruecos]. Ninguno de ellos tenía en principio una educación religiosa” (posteriormente, tres de ellos, los hermanos Rachid y Mohamed Oulad Akcha y Abdennabi Kounjaa, sí la adquirieron, y uno de ellos, Asri Rifaat Anouar, era un vendedor de caramelos nada religioso cuando se unió al grupo). La escuela primaria a la que acudieron impartía sus lecciones bajo los dibujos de Mickey Mouse, jugaban al fútbol en el patio del colegio o en el campo alrededor de la mezquita Dawa Tabligh –que empezó a promover la yihad o guerra santa– y seguramente veían la televisión en cafés donde uno puede encontrar una abundante variedad de almas errabundas que andan por ahí sin un objetivo. Si Atran tiene razón, ¿por qué esos cinco adolescentes decidieron matar y morir por sus amigos y por su fe de entre cientos de muchachos que no parecían en absoluto diferentes a ellos?

Quizá la única posibilidad de encontrar una respuesta sea convertirse en un observador del comportamiento humano. Como buen geólogo, hay que patear el terreno y desmenuzarlo entre los dedos. Al igual que los etnobotánicos que entablan conversaciones con los chamanes de las tribus amazónicas y terminan siendo aceptados como integrantes de esas comunidades, el antropólogo urbano debe poseer la habilidad para confundirse entre la gente, entablar conversaciones casuales, sentarse, observar y escuchar.

Atran visitó durante 2006, 2007 y 2008 dos zonas especialmente relevantes para documentarse. Una de ellas fue el barrio de Jamaa Mezuak, la cuna de algunos de los terroristas que volaron los trenes de Madrid, y la otra, el barrio ceutí del Príncipe Alonso, un arrabal que agrupa un conjunto de callejuelas y chabolas. La plaza del Padre Salvador Cervos tiene cafés donde se juntan aficionados del Madrid y del Barcelona, y los chavales suelen jugar al fútbol en ella vestidos con sus camisetas. Atran habló con ellos y realizó una pregunta informal. ¿Quiénes son tus héroes? ¿A quién te quieres parecer cuando seas mayor? El número uno resultó ser el jugador Ronaldinho. El número tres era Bin Laden. Y entre ambos, el personaje de Terminator, encarnado por Arnold Schwarzenneger.

Atran volvió a mediados de noviembre de 2008 al barrio de Jamaa Mezuak para continuar el estudio haciendo las mismas preguntas. “Fue el año de la elección de Obama, y obtuve los mismos nombres, excepto que Bin Laden había sido desplazado por Obama en el puesto número tres”, nos dice. “Y es fascinante. La noción que tienen estos chicos sobre los héroes y la línea que siguen es algo muy cambiante, y en esa edad uno puede decantarse por uno o por otro. Se trata de un proceso aleatorio. Depende de con quién se encuentren en un momento determinado”. Uno de los mensajes yihadistas que pueden atrapar a esos muchachos es: “Olvídate de la tradición. Olvida lo que han dicho los mayores. Decide por ti mismo. Cambia el mundo. Cualquiera puede unirse”.

Y eso puede estar ocurriendo ahora mismo. En cafés como los del barrio Príncipe Alonso o en Jamaa Mezuak, las noticias que pueden verse en el televisor están estructuradas de una forma radicalmente distinta a los telediarios de sobremesa en Occidente. La cadena Al Jazeera no tuvo impedimentos en mostrar toda la crudeza de una guerra como la de Irak, donde los cuerpos ensangrentados y amputados, las mujeres llorando, los hombres clamando venganza, copan casi todo el tiempo informativo.

Los muchachos de Jamaa Mezuak contemplaron una realidad completamente distinta de la de los adolescentes americanos. “Viven en universos paralelos. En cadenas como la Fox o la CNN, la guerra es como un videojuego. Ni siquiera hablan de ataúdes, los llaman cajas de transferencia, es ridículo”, afirma Atran. Los periodistas de Al Jazeera son muy profesionales, continúa relatando Atran, aunque el enfoque que proporcionan tiene su sesgo, como las emisiones americanas. “La gente se sienta en estos cafés, fuman cigarrillos de hachís o juegan al parchís, y ocasionalmente ven estas imágenes de Al Jazeera [en los momentos más intensos de la guerra, Irak ocupaba el 95% del tiempo de las noticias]. Y los chavales no pueden sentir empatía hacia lo que están viendo. Algunos de estos chicos, vestidos con camisetas de su equipo español favorito, que no saben qué hacer con sus vidas, se detienen a pensar y concluyen: quizá nosotros podamos hacer algo”. Es posible que formen parte de un enjambre de terroristas en el futuro. O quizá no.

La mayoría viven en barrios marginales, lo que ha alimentado el tópico de que la pobreza y la desigualdad se convierten en fábricas de terroristas suicidas. Sin embargo, estudios publicados en revistas de prestigio afirman insistentemente lo contrario: los pobres no alientan en absoluto la violencia, y mucho menos el terrorismo suicida. Hay muchos ejemplos de este tipo de investigaciones. Por ejemplo, una encuesta del Centro Palestino de Política e Investigación Sociológica en Palestina, realizada entre 1.357 adultos en Gaza, mostró en 2001 que el apoyo a los actos suicidas contra Israel era mayor entre el gremio profesional –mejor remunerado– que en los trabajadores.

El psiquiatra y forense Marc Sageman, ex oficial de la CIA y actualmente en el Instituto de Investigación en Política Exterior en Filadelfia (EE UU), realizó varios estudios en los que encontró que el 71% de los terroristas musulmanes, de un grupo de 132, había recibido educación universitaria. Y uno de los trabajos más recientes, llevado a cabo por Mark Tessler and Michael D. H. Robbins, Universidad de Michigan en Ann Arbor (Estados Unidos), y publicado en Journal of Conflict Resolution en 2007, examinó las actitudes de diversas capas socioeconómicas de países tan distintos como Argel y Jordania frente a los actos terroristas suicidas, a lo largo de encuestas cuidadosamente elaboradas durante 2002 entre 2.282 mujeres y hombres de ambos países. ¿Veían con buenos ojos los ataques terroristas contra los norteamericanos? La conclusión, según los autores del estudio, es que las orientaciones culturales y religiosas tienen “una influencia pequeña en las actitudes individuales” de aquellos que ven con buenos ojos actos suicidas contra el gigante americano. “El apoyo al terrorismo contra EE UU no es más probable en personas con un bajo nivel económico en Jordania ni Argel, pero hay evidencias de que ese apoyo es mayor en hombres y mujeres con una situación económica más ventajosa”. Las consideraciones políticas, en cambio, son otra cosa. “Los hombres y mujeres con menos confianza en las instituciones políticas locales y que desaprueban la política exterior americana expresan más su apoyo a los actos de terrorismo contra EE UU”.

Más pinceladas sorprendentes. El fervor religioso funciona como un antídoto para convertirse en un suicida. Jeremy Ginges, de la Escuela de Investigación Social de la Universidad de Nueva York, destacó en la revista Psychological Science que el tiempo de oración no estaba relacionado en absoluto con el apoyo al terrorismo suicida. Sin embargo, el hecho de acudir regularmente a la mezquita sí puede ser un factor de riesgo, probablemente los contactos se pueden realizar allí, un efecto que se constató en otros grupos religiosos.

Por último, los estudios psiquiátricos descartan que los terroristas suicidas pertenezcan al sector de la población ordinaria que por cualquier motivo se quita la vida. Por contradictorio que parezca, las enfermedades mentales no explican por qué un suicida decide inmolarse entre el gentío de un mercado: un terrorista suicida no es un suicida.

En la búsqueda de una respuesta, Atran viajó a uno de los lugares más peligrosos del mundo. Poso es un pueblo pequeño en la provincia de Célebes central, en Indonesia, que probablemente contiene más grupos islamistas violentos que ninguna otra parte de la Tierra. El paisaje urbano está compuesto por jóvenes que llevan los Kaláshnikov colgados de los hombros y machetes –los padang– en la cintura. Las refriegas entre las milicias de cristianos y musulmanes en esta parte del mundo dejan continuos baños de sangre en forma de decapitaciones, ataques suicidas y bombas.

El guía y guardaespaldas de Atran, Farhin, luchó contra los comunistas en Afganistán y más tarde se adhirió a la causa de la yihad. Hospedó a Khalid Sheikh, uno de los futuros terroristas que más tarde participarían en los atentados de las Torres Gemelas, y participó en el atentado contra la residencia del embajador de Filipinas en Yakarta en el que murieron dos indonesios. Atran visitó con él uno de los campos de entrenamiento, cercano a una zona donde viven habitantes procedentes de Bali. En esos momentos se celebraba una boda; a Farhin le desagradó el aspecto de las mujeres, y llegó a confesar que si dispusiera de una bomba en ese momento, la usaría sin contemplaciones. “¿Me matarías en nombre de la yihad?”, le preguntó Atran. “Sin problemas”, respondió Farhin, riéndose al principio. Y luego repitió con una mirada más seria: “Sí, te mataría”. Atran revela que había llegado a un punto sin retorno en el que no podía profundizar más. “Había algo en Farhin que era inconmensurablemente diferente de mí… mientras que casi todo lo demás no lo era”.

Decidió entrevistar a varios yihadistas. Una de las cuestiones versaba sobre si abandonarían las bombas por convertirse en peregrinos a la Meca, a lo que la mayoría respondieron afirmativamente. Incluso no perpetrarían ataques suicidas si pudieran conseguir los mismos resultados con un coche bomba. La lógica se rompió cuando Atran les preguntó si dejarían de inmolarse a cambio de peregrinar a la Meca una vez en toda su vida. La mayoría respondió negativamente. Convertirse en mártir resultaba en ellos algo tan poderoso que borraba todo lo demás.

“Cuando les proporcioné el cuestionario, empezaron a hablar entre ellos. Les dije: ‘No, no, no, cada uno tiene que rellenarlo por separado’. Y respondieron como si fueran estudiantes universitarios. Me preguntaron: ‘¿Podemos discutir esto con nuestros jefes religiosos?’. Y me negué. Y una de las preguntas que les hice fue: si un niño nace como judío sionista y se cría en un entorno acompañado de muyahidines, ¿se convertirá en un buen muyahidin o en un judío sionista?”. La mayoría respondieron que el muchacho se criaría como un buen musulmán. Pero unos pocos afirmaron que no. Esta fue una de las partes más peligrosas cuando se enteraron que yo era judío”.

Después de hablar cara a cara con ellos, Atran concluye en su obra que el conocimiento, no las armas ni las bombas, podría resultar más efectivo a la larga para desactivar las futuras redes yihadistas en las que los muchachos de las siguientes generaciones podrían entrar a formar parte: hay que desacreditar a sus héroes, mostrando los asesinatos y el infierno que traen a su propia gente, y proporcionándoles otros que colmen sus esperanzas y no las nuestras. Y no ayudarles a que se anuncien ni televisar nuestra respuesta a sus actos. “La publicidad es el oxígeno del terrorismo”.

Noticias desde aquí dentro LUIS MIGUEL ARIZA EL PAIS SEMANAL

Noticias desde aquí dentro LUIS MIGUEL ARIZA EL PAIS SEMANAL - 21-11-2010
¿Nacer con poco peso aumenta el riesgo de sufrir diabetes o un infarto? Suena determinista, pero nuevos estudios están avivando el controvertido debate sobre cómo la vida en el útero decide la salud para el resto de la existencia.

A principios de 1980, un epidemiólogo británico llamado David Barker, que investigaba en la Universidad de Southampton (Reino Unido), se enfrentó a un enigma después de elaborar un voluminoso mapa que recogía minuciosamente las causas de muerte en varias partes de Inglaterra y Gales. Barker estudiaba la incidencia de infartos y enfermedades del corazón entre 1968 y 1978, la mayor causa de muerte en los países ricos e industrializados, donde los alimentos ricos en calorías fluyen abundantemente como maná. Los datos reflejaron justamente lo contrario: en las zonas más pobres de Inglaterra, el norte y el este, la gente moría más frecuentemente por culpa de un ataque al corazón o un fallo cardiovascular, mientras que en las más adineradas y prósperas, el este y el sur, la incidencia de ataques al corazón era mucho más baja. Los datos estadísticos contradecían el sentido común. Las patologías del corazón se han ligado al exceso, la falta de ejercicio y las dietas supercalóricas abundantes en grasas, propias de los países ricos. "Hicimos ese mapa de Inglaterra y Gales porque estábamos interesados en explorar esta paradoja", relata Barker a El País Semanal. "Mientras las enfermedades coronarias aumentan a medida que las naciones se hacen más prósperas, la incidencia de estas enfermedades resultaba más alta entre la gente pobre".
Los británicos tienen una dieta bastante homogénea y no son amantes de las verduras. En comparación con la gente acomodada, los pobres comen menos verduras y frutas, pero tampoco mucho menos. Barker concluyó que estas diferencias no bastaban para explicar por qué los infartos se cebaban más en ellos, incluso teniendo en cuenta los hábitos poco saludables como fumar, y dedujo que la gente pobre era precisamente la más vulnerable al estilo de vida occidental. "Era bastante razonable sugerir que esta vulnerabilidad fue adquirida durante el desarrollo, probablemente el desarrollo temprano", afirma Barker.
Con la ayuda de un experto en estadística, Clive Osmond, Barker decidió bucear en el tiempo y tropezó con un nuevo enigma. Descubrió que las tasas de mortalidad más altas de la gente adulta se correspondían con los índices de mortalidad infantil ocurridos mucho tiempo atrás, entre 1921 y 1925, en las zonas donde habían nacido. Es decir, aquellos que fueron concebidos en lugares donde las muertes de recién nacidos o niños de corta edad eran más usuales tenían, medio siglo después, una probabilidad notablemente mayor de morir por una patología del corazón. Y, para complicar aún más el misterio, esas mismas cifras de mortalidad infantil resultaron sorprendentemente bajas en el sur y este de Londres, lugares que en los años veinte arrastraban en particular miseria y pobreza. Londres constituía un misterio dentro de otro misterio. ¿Cómo era posible que en estas zonas tan deprimidas en la segunda década del siglo pasado murieran menos niños al nacer?
Barker tenía la certeza de que los motivos podrían remontarse más atrás, en los primeros nueve meses de gestación, dentro del vientre de su madre. El enigma londinense arrojaba algunas pistas. Durante el siglo XIX hubo un flujo constante por el que los aldeanos y las gentes del campo acudían a la ciudad en busca de oportunidades y de trabajo, especialmente en el sur y el este de Londres. Las madres se alimentaban de los productos del campo de una forma mucho más saludable, por lo que sus hábitos dietéticos más sanos se reflejaron en su descendencia. Sus hijos tendían a morir menos que en otras zonas urbanas.
"Los hallazgos en Londres indicaban que era la vida dentro del vientre de la madre más que la propia infancia lo que contaba", asegura Barker. En 1986 publicó sus conclusiones en un artículo en la revista The Lancet, pero fue tachado casi de hereje, según relata el escritor científico Stephen Hall en New Yorker. Barker se dedicó a amasar números. Necesitaba encontrar la información sobre los hábitos alimentarios de las madres embarazadas de hace casi un siglo. Las autoridades médicas de aquella época no tendrían, en principio, la costumbre de anotar la ingesta de calorías y el tipo de dieta de las futuras madres.
Resultó que existía una increíble excepción. Una antigua ley local obligaba a las matronas y a los doctores a registrar cómo se alimentaban las embarazadas y a apuntar el peso de los recién nacidos en Hertfordshire, un condado al norte de Londres, desde 1911 hasta 1948, para garantizar la salud de los hombres cuando cumplieran el servicio militar. Barker encontró finalmente un legajo de libros polvorientos que documentaban los nacimientos de miles de niños a lo largo de 37 años, y se dedicó a casar los datos de los recién nacidos con sus defunciones cuando alcanzaban la edad adulta. Logró rastrear la vida de 5.654 hombres, más fáciles de seguir la pista ya que sus apellidos no cambiaban al contraer matrimonio, entre 1911 y 1930.
"Barker encontró que existía una relación entre el bajo peso al nacer y la hipertensión y enfermedades cardiovasculares, y más tarde, algunas formas de diabetes cuando ya eran adultos", explica el profesor y epidemiólogo Mark Hanson, de la Universidad de Southampton. En concreto, los hombres que pesaron apenas 2,5 kilos al nacer o menos constituían el grupo de más riesgo. Tenían entre dos y tres veces más probabilidades de sufrir un infarto, hipertensión, diabetes o el síndrome de resistencia a la insulina (dificulta metabolizar bien la glucosa).
Cuando Barker volvió a publicar en 1989 en The Lancet su hipótesis de que los acontecimientos durante la gestación producen una especie de imprimación al feto que le predispone a sufrir patologías en la vida adulta -sustentada por una estadística fiable-, muchos se enojaron. Si una mujer occidental y embarazada come incorrectamente o se encuentra bajo estrés, el feto interpreta a través de la madre -y de forma equivocada- un mundo exterior en el que hay escasez de alimentos y reprograma su metabolismo para adaptarse a ese futuro. El feto puede desarrollar una resistencia a la insulina que le facilita acumular más grasas en tiempos difíciles. El niño nace con un peso por debajo de lo normal, pero en un mundo en el que sobran las calorías y con el programa equivocado. A partir de los dos años corre riesgo de ganar peso, y si eso sucede, sufrirá con mucha mayor probabilidad una enfermedad cardiovascular, o se hará diabético, o hipertenso. Todo por culpa de su exposición como feto mientras estaba en el vientre de su madre.
El mensaje de que los hábitos de vida -y una cierta predisposición genética algo difusa- eran los culpables fundamentales del aumento epidémico de la diabetes o el infarto se tambaleó. Los críticos se lanzaron al ataque. En 1995, un editorial de la prestigiosa revista British Medical Journal tachó los resultados del estudio de Southampton de "inconsistentes" precisamente por poner el acento en algo tan borroso como "la alimentación del bebé que influye en las enfermedades que experimentará en su vida tardía". Sin embargo, y a pesar de los críticos, las conclusiones de Barker han ganado tanta fuerza como la bola de nieve que crece imparable cuesta abajo. "Estas ideas se han confirmado como absolutamente ciertas y se han constatado en muchos estudios con hombres y mujeres en Europa, Estados Unidos, India, China y Sudamérica. No hay dudas", asegura Hanson.
El último comentario lo ha publicado la ginecóloga Laura Schulz, de la Universidad de Misuri, en la revista Proceedings of The National Academy of Sciences de EE UU el pasado septiembre. Schulz hace referencia a un estudio llevado a cabo en mujeres cuyos embarazos transcurrieron entre el invierno de 1944 y la primavera de 1945 en Holanda, aún bajo la ocupación alemana, y que sufrieron la hambruna holandesa, poco antes del final de la guerra, tras el desembarco de los aliados en Normandía. La hambruna afectó a todas las clases sociales, y la gente tuvo que sobrevivir con lo que obtenía del campo. Las mujeres embarazadas tuvieron que apañárselas con una ración diaria que oscilaba entre las 400 y las 800 calorías. Esta situación ofreció a los investigadores un experimento social y humano de dimensiones trágicas, pero a una escala que permitía poner a prueba la tesis de Barker.
Las patologías cardiovasculares en la vida adulta aparecieron ligadas a la malnutrición de los fetos. Las asociaciones estadísticas fueron un poco más allá. Personas de entre 56 y 59 años, las cuales habían padecido la hambruna dentro de sus madres, fracasaban en los test que medían la atención selectiva y experimentaban una pérdida de sus habilidades cognitivas. En especial, aquellos expuestos a la malnutrición durante etapas tempranas de la gestación. No en vano, señala esta ginecóloga, es en esta etapa cuando se forman todas las estructuras fundamentales del sistema nervioso central. Parece un periodo crítico. Las alteraciones aparecen ligadas a anomalías del control del apetito, enfermedades mentales subyacentes y la pérdida de habilidades cognitivas en la vida adulta.
Hanson preside la Sociedad Internacional de los Orígenes de la Salud y la Enfermedad durante el Desarrollo (en inglés, International Society for Developmental Origins of Health and Disease). Asegura que el "efecto Barker" ya no solo se circunscribe a nacer con un peso por debajo de lo normal. El espectro se ha ampliado. Y nos afecta a todos. "El proceso opera en el rango normal de pesos al nacer", afirma este experto. La influencia se repite con cada feto humano. "Todos los fetos reciben señales del mundo exterior a través de sus madres antes de nacer, y esto establece la biología del bebé a partir de la predicción del mundo en el que va a vivir". Del acierto o fracaso de esta predicción depende, en última instancia, un futuro más o menos saludable.
Hanson habla aquí de un nuevo concepto médico, siempre en este contexto, en inglés mismatch, que podría traducirse como grado de error en la predicción. El feto predice un mundo malnutrido y se equivoca cuando nace en un ambiente lleno de recursos, y el grado de error es mayor. En el caso de los que nacieron después de la hambruna holandesa, sus "predicciones" resultaron erróneas. Poco después, la población retornó a la normalidad. Sin embargo, las madres embarazadas que tuvieron que soportar la falta de alimentos durante el asedio de Leningrado tuvieron que sobrevivir posteriormente en un futuro de escasez crónica. Sus retoños, expuestos a esta malnutrición, no desarrollaron índices mayores de obesidad y problemas cardiovasculares en la vida adulta. Ese desencaje entre lo que el feto espera y lo que encuentra podría ser la explicación del repentino aumento de enfermedades cardiovasculares, diabetes, osteoporosis (se ha observado que los recién nacidos con bajo peso mantienen una densidad ósea baja por culpa de alteraciones en la hormona del crecimiento y cortisol), hipertensión y enfermedades mentales en los países en desarrollo, países que asumen a marchas forzadas la cultura occidental.
"El ritmo de cambios ha sido muy rápido en países como India o China y en algunas partes de Latinoamérica como Brasil. Y el emparejamiento erróneo ocurre de forma mucho más rápida. Incluso vemos que ya hay gente joven con estas enfermedades. En ciudades como Pune, en India, que ha sufrido un cambio enorme en los últimos 20 años, o ciudades como Shanghái o Pekín, ya observamos índices muy altos de estas enfermedades", afirma Hanson.
Los estudios epidemiológicos están encontrando algunas conexiones interesantes con el cáncer. En mujeres, la incidencia de cáncer de ovario y de mama podría estar relacionada con el hecho de tener una madre con caderas anchas y niveles excesivos de estrógenos, la hormona que juega un papel esencial para formar los huesos de la cadera. Investigadores fineses han encontrado que las mujeres que nacieron con sobrepeso y que procedían de madres con caderas más anchas tienen más riesgo de sufrir un cáncer de mama, quizá por una excesiva exposición del feto a niveles altos de estrógenos. E igualmente, si esto ocurre durante los tres primeros meses de la gestación, la incidencia de cáncer testicular en hombres parece que aumenta en la vida adulta.
Por otra parte, los recién nacidos con un peso más bajo lo hacen con un número de nefronas tres veces inferior a lo normal. Las nefronas son las unidades individuales de los riñones que funcionan como diminutas depuradoras de la sangre. Riñones menos potentes empujan a la persona a la hipertensión en una etapa tardía. Los estudios han desvelado una geografía asociada a la gente pobre, a la insuficiencia renal y a los casos de ictus cerebral en la nación más rica de la tierra, Estados Unidos: los fallos renales son cinco veces más frecuentes en el Estado de Carolina del Sur, en especial en la población afroamericana, donde los índices de pobreza son más altos.
Otro estudio realizado por investigadores de Dinamarca, Finlandia y Francia, publicado hace solo unas semanas en la revista Human Reproduction Today, ha asociado la ingesta de analgésicos comunes como paracetamol, aspirina e ibuprofeno en el embarazo con la salud de los bebés de sexo masculino y su futura capacidad reproductiva. En concreto, el estudio relaciona dicho consumo con el aumento del riesgo de niños con testículos no descendidos (criptorquidia), un factor de riesgo de infertilidad y cáncer testicular en la vida adulta.
Incluso el tiempo de vida tampoco escapa a la influencia que ejerce el vientre de nuestras madres. Uno de los mayores estudios demográficos, realizado por el Instituto Max Planck, se centró en examinar los datos de nacimientos y muertes de 1.371.003 daneses y 681.677 austriacos. Los investigadores Gabriele Doblhammer y James W. Vaupel encontraron que los adultos que nacieron en otoño vivían más que los que nacieron en la primavera (seis meses de más en el caso de los austriacos y tres meses extra para los daneses). El estudio, recogido hace pocos años en la revista PNAS, señala que "las madres que alumbraron en otoño y principios de invierno tuvieron acceso a buenos alimentos, fruta fresca y verduras durante la mayor parte del embarazo, mientras que las que parieron en primavera y principios de verano experimentaron largos periodos de nutrición inadecuada".
Pero el misterio aún permanece. ¿Qué ocurre entre el feto y la madre? ¿De qué formas extrae el feto la información para reajustar su metabolismo y su biología? El feto se hace una idea de lo que sucede a través de los nutrientes que cruzan la placenta, explica Hanson. "Si la madre no se está alimentando de una manera equilibrada, los nutrientes pueden atravesar la placenta y llegar al feto. Sabemos también que hay señales hormonales, en particular la hormona del estrés, la cortisona, que atraviesan la placenta. Y que la madre probablemente altera su propia placenta, esencial para mantener con vida al feto. No sabemos cuáles son las señales precisas". Los culpables podrían ser la comida basura, "altos niveles de pan blanco, azúcar, patatas fritas, escasez de frutas y verduras, altos niveles de carne roja, bajos niveles de pescado, especialmente de pescado azul", según Hanson. "Y muchas mujeres son deficitarias en algunos micronutrientes, como el ácido fólico y algunas vitaminas".
Si la hipótesis de Barker apunta que un bajo peso al nacer se resume en más patologías futuras, esa consecuencia puede ahora aplicarse también a las dietas maternas excesivas, a las madres que ganan demasiado peso durante la gestación o que de por sí son obesas. Sus bebés obesos, indica Hanson, nacen con un exceso de grasas y con una salud futura comprometida. "Los problemas surgen en los dos extremos del espectro, madres que tienen una dieta desequilibrada y pobre, en la India rural o en China, o que lleva una dieta incorrecta y rica, como las madres norteamericanas o europeas".
Dos décadas después del estudio de Hertfordshire, montañas de estadísticas consolidan un nuevo escenario en el que la programación realizada en el feto parece escribirse con letras de hierro. Tanto que, al leer estas líneas, usted podría pensar que ya es demasiado tarde: nuestras vidas ya fueron predeterminadas en una etapa en la que ni éramos conscientes. Nueve meses determinantes. Casi una sentencia.
Rachel Huxley, profesora de la Universidad de Minnesota y experta en la epidemiología de las enfermedades vasculares, cree que los libros populares que presentan el útero femenino como una especie de bola de cristal rozan el sensacionalismo. "Es bastante irresponsable sugerir que no podemos hacer nada en nuestra adolescencia y vida adulta para influir en los riesgos de nuestra salud", asegura Huxley. Si nacer con un bajo peso supone un riesgo para el corazón, ¿cómo cuantificarlo? Los estudios sugieren que un kilo de más en un recién nacido (cuya madre ha seguido una dieta equilibrada) podría suponer un descenso del riesgo cardiovascular entre un 10% y 20%, explica esta experta. Pero, en el mejor de los casos, una buena intervención nutricional durante el embarazo lograría aumentar el peso en el nacimiento tan solo unos 100 gramos, asegura Huxley, lo que se traduce en una disminución del riesgo de entre el 1% y el 2%. Por el contrario, se ha comprobado que mediante la modificación de la dieta es posible rebajar el colesterol LDL (que colapsa nuestras arterias) entre un 15% y 20%, y que los tratamientos farmacológicos logran rebajar sus concentraciones en un tercio. No estamos indefensos después de nacer. Hay margen de maniobra. Es la buena noticia. "La facilidad para influir de forma apreciable en el riesgo de enfermedades vasculares durante la vida adulta, bien mediante el cambio de la presión sanguínea y el colesterol, o dejar de fumar, es mucho más grande que cualquier estrategia que aumente el peso al nacer".
Mark Hanson, que ha contribuido a ampliar de manera sólida la hipótesis de Barker, rechaza igualmente la idea de que nuestro destino se geste en el útero. Implica un determinismo que sugiere que todo está escrito en los genes, cuando no es así. "Es la idea de que algunas personas tienen más riesgo porque han heredado genes específicos de su padre o de su madre, pero lo cierto es que los genes de la diabetes, de las enfermedades del corazón o el ictus cerebral no se han encontrado". Para Hanson, no hay determinismo. El ambiente es capaz de activar ciertos genes o desactivarlos (una rama de la biología llamada epigenética, aún poco conocida), y eso ocurre durante la gestación, tras el nacimiento, y en nuestra vida de adultos.
Los estudios sobre cómo el feto reajusta sus sistemas mientras está dentro de la madre pueden proporcionarnos las pistas para ajustar esos sistemas cuando seamos mayores. "Somos menos adaptables a medida que envejecemos", admite Hanson, "pero si dejas de fumar o sigues una dieta baja en carbohidratos vas a vivir más tiempo. Durante toda la vida, siempre hay algo que se puede hacer al respecto".

Solo o a solas XAVIER GUIX EL PAIS SEMANAL

Solo o a solas XAVIER GUIX EL PAIS SEMANAL - 05-12-2010
Hace cinco años, una noticia llamó mi atención: por primera vez, la cifra de hogares unipersonales, al menos en las grandes ciudades, estaba a punto de superar a la de las viviendas ocupadas por dos personas. La vida en solitario se está convirtiendo en una elección posible, lejos de los estigmas que han colgado inmerecidamente a las personas enviudadas, las desafortunadas en el amor, las almas místicas, las raras o sospechosas de esconder quién sabe si una doble vida.

Los solitarios gozan hoy de prestigio social, con apelativo incluido, y en inglés, que hace más fashion (singles). Añaden a todo ello las excelencias de poder hacer la vida que quieren, de sentirse almas libres, sin pasar por el trámite de dar explicaciones. Cabe añadir nuevos modelos de convivencia, como el living apart together, algo así como “juntos, pero no revueltos”, y una mayor autosuficiencia psicológica. No obstante, una cosa es vivir solo, y otra, sentirse solo. Puede ser un gozo y puede ser un pozo.

Encuentro con uno mismo El hombre solitario es una bestia o un dios (Aristóteles)
Afirma el filósofo Francesc Torralba que la soledad buscada es un bien para el alma. Mientras que el aislamiento es una noción física, la soledad es una experiencia emocional. Lo dijo también el marqués de Vauvenargues, moralista francés, al proclamar que la soledad es al espíritu lo que la dieta al cuerpo. No cabe duda de que el estar a solas, ese encuentro con nosotros mismos es una conveniencia más que un inconveniente.
No obstante, tememos la soledad. Tememos que se convierta en un agujero negro que nos engulla. Entristece sentirse solo. Y aún entristece más sentirse solo en medio de una relación, de una familia o de masas enteras de individuos. Es entonces cuando entendemos, como profetizó Schopenhauer, que el instinto social de los humanos no se basa en el amor a la sociedad, sino en el miedo a la soledad.

No haber aprendido a estar a solas, o a vivir alguna etapa de la vida en solitario, acarrea la complicada tarea de estar rellenando todos los espacios vacíos que quedan entre horas, entre semanas, entre el día y la noche. Por eso hay quien vive sin una línea en blanco en su agenda; Quien habita siempre en las vidas ajenas, quien prefiere malas compañías que el gozo a solas. Mientras la soledad sea la peor alternativa a un malvivir, seguiremos malviviendo.

Buscadores de unidad La soledad es muy hermosa… cuando se tiene alguien a quien decírselo (Gustavo Adolfo Bécquer)
Como el vaso medio lleno o medio vacío, podemos plantearnos esta dualidad: siempre estamos solos, del mismo modo que nunca estamos solos. Según se mire, nacer y morir son un ejercicio solitario al que nos pueden acompañar pero no resolver por nosotros. Somos principio y fin. Todo nace y acaba muriendo en nosotros mismos, o sea, en nuestra soledad interior.
En este mundo, pocas experiencias van a convertirse en una fusión suficiente como para permanecer en una inacabable plenitud. Más allá de esos momentos de comunión, la vida y sus personajes vuelven a estar frente a nuestra nariz. Será por eso por lo que vamos como locos buscando esas horas felices en un amor, en una vocación, en un encuentro místico, en una contemplación estética. Somos buscadores de unidad, nostálgicos de lo absoluto, porque nos sabemos partidos, separados y solos en nuestra experiencia material en este mundo.
Sin embargo, a la vez, nunca estamos solos. Nos rodea la vida. Pero además habitamos en nuestra mente, esa fiel compañera que nunca nos abandona por peleona que sea. Pensar, aunque lo parezca, no es un acto solitario. Pensamos en relación con; pensamos sujetos a otros sujetos. En nuestra mente danzan imparablemente imágenes, palabras, voces y experiencias que, además, podemos reelaborar. Incluso solos, estamos con los demás.

El miedo a terminar aislados Estoy solo y no hay nadie en el espejo (Jorge Luis Borges)
Todos los planteamientos referidos a la soledad parten de la misma base: considerar que deberíamos estar acompañados o solos. Nos sentimos solos cuando creemos que no deberíamos estarlo. Deseamos estar solos cuando no podemos estarlo. Cuesta aceptar el presente cuando nos sume en la insatisfacción: Ahora, solos, quisiéramos estar acompañados. Ahora, acompañados, quisiéramos estar solos.
El miedo mayor es la incertidumbre. Al no saber qué puede ocurrir en el futuro se añade el que ocurra mientras se está en soledad. Entonces es cuando aparece el fantasma de la insuficiencia, de necesitar ayuda y cuidados. Muchas relaciones se sostienen bajo este principio, que puede basarse en un amor compasivo en el mejor de los casos, o en una mera compañía que cubra el desasosiego de acabar aislados.
Todo ocurre por mirar a un futuro del que nunca sabemos lo que va a suceder; por la insatisfacción del presente y por el miedo al miedo. Temer lo desconocido no tiene ningún sentido, precisamente porque lo desconocemos. En cambio, sí conocemos lo que causa aflicción: la enfermedad, la impotencia, la depresión. El miedo a quedarnos solos es el miedo a que nos ocurra lo peor, sin nadie que lo remedie. Una paradoja ante todo el sistema de salud y bienestar del que disponemos, con atención incluida a las personas dependientes.

Vivir como la playa y el mar La virtud no habita en la soledad: debe tener vecinos (Confucio)
Veamos la metáfora de la playa y el mar. Es una extraordinaria relación en la que el mar toca suavemente, a veces tormentosamente, a la playa, para volver de nuevo a su espacio. Es un vaivén, un encuentro impreciso y cambiante, a la vez que predecible y eterno. Así son también nuestras relaciones. Alcanzamos a los otros, rozamos ese encuentro, a veces los asaltamos emocionalmente, para acabar de nuevo volviendo cada uno a lo que es.
Nuestras vidas son vividas en esa doble condición, cerca y lejos, juntos y separados, mezclados a veces aunque sin llegar a disolvernos. Eso es, somos únicos y somos uno a la vez. Podemos vivir en solitario o acompañados. Podemos ser mar o playa. Lo importante es no perder de vista que no existe lo uno sin lo otro. La ceguera de un aislamiento interior o un individualismo feroz es perder la conexión con la realidad.
No creo demasiado en los planteamientos de si es mejor vivir solos o acompañados. La vida está en tránsito continuo y nunca sabemos por qué contextos acabaremos pasando. Son solo eso, espacios y tiempos existenciales que tienen función y sentido. Al final, lo importante no es dónde, cuándo y cómo, sino que no falte la capacidad de amar y ser amados. Lo contrario nos zambulle en la peor de las soledades.

PISTAS PARA SABER MÁS
1. Libros — ‘Sobre el amor y la soledad’, de Jiddu Krishnamurti (Ed. Kairós). — ‘Cien años de soledad’, de Gabriel García Márquez (Ed. Mondadori). — ‘L’art d’estar sol’, de Francesc Torralba (Pagès Editors).
2. Películas — ‘Solas’, de Benito Zambrano. 1999. — ‘Hable con ella’, de Pedro Almodóvar. 2002. — ‘Barcelona’ (un mapa)’, de Ventura Pons. 2007.

Cómo ser un nuevo modelo de hombre MIRIAM SUBIRANA EL PAIS SEMANAL

Cómo ser un nuevo modelo de hombre MIRIAM SUBIRANA EL PAIS SEMANAL - 21-11-2010
Hombres y mujeres buscamos modelos masculinos alternativos al modelo cultural impuesto socialmente de lo que, durante siglos, ha significado ser hombre.
La identidad masculina se ha visto influida por la reafirmación de la mujer y la liberación homosexual, que han cuestionado el modelo tradicional del varón. En las últimas décadas, algunos hombres se han feminizado, aunque son muchas más las mujeres que se han masculinizado. La masculinidad ha ido ganando terreno en los espacios, las vidas y las conductas de muchas mujeres. Una masculinidad que no ha sido siempre la mejor, ya que ha vuelto a muchas mujeres más duras y agresivas. Podríamos afirmar que el paradigma masculino tradicional sigue presente en nuestros espacios, en nuestra vida privada y pública, en nuestros países.
Existe una masculinidad emocional y físicamente sana e integradora, necesaria para construir un mundo mejor a todos los niveles. Sin embargo, en el mundo sigue predominando una masculinidad tóxica que se expresa en las guerras, violaciones, accidentes, muertes, conductas deportivas y sociales, actitudes sexuales, en la corrupción, en los negocios desprovistos de ética, en un consumismo inmoral y en la multiplicación de las adicciones. Todo ello ¿para qué? ¿Serán formas de esconder la angustia y el vacío existencial? Sin duda, ello influye en que vivamos relaciones insatisfactorias, condicionadas por el lastre social, cultural e histórico que nos ha llevado a un vacío interior.

La auténtica cuestión "¿Qué hacer con el bagaje de valor y arrojo que debieron acumular para estar a la altura del papel real?" (Marina Subirats)
Por miedo a perder una imagen social viril, muchos hombres se aíslan de sus propias emociones. Se centran en la acción hasta que son adictos al hacer, hacer y hacer. La acción llega a convertirse en una huida de sí mismos. Para reencontrarse, el hombre tiene ante sí una tarea urgente: aceptar su mundo de sentimientos y no por ello sentirse menos hombre. Robert Moore, doctor en psicología y teólogo, y Douglas Gillette, fundador del Institute for World Spirituality en Chicago, dicen que hemos llegado a "pensar que los sentimientos, y en particular nuestros sentimientos, son obstáculos molestos e inadecuados para ser hombres".
Afortunadamente, cada vez son más las personas de género masculino que intentan conectar con su identidad libres de los condicionamientos externos y abriéndose a su verdadero ser. De esta manera se encaminan hacia la liberación de lo que durante milenios ha significado ser "hombre" en su sentido castrante y destructivo.
La cuestión que se plantea es cómo logra uno conectar con su verdadera identidad. Para vivir una vida emocionalmente inteligente, sin adicción al poder de dominar ni a la acción, es bueno parar y hacer introspección, es decir, mirar hacia dentro. Es una mirada que busca el sentido y conecta con lo esencial, aquello para lo que merece la pena vivir. A este fin, la práctica de la meditación y la búsqueda de espacios de silencio pueden ser muy beneficiosas. En el silencio, uno aprende el arte de escuchar, tan necesario para relacionarse y a veces tan olvidado. Escuchar lo que se siente y dejarse sentir. Escuchar lo que se quiere y oírlo. Al meditar, uno viaja al encuentro de sí mismo y recupera el poder del ser.

El poder del ser "Aquellos que desean crear un nuevo estado de cosas deben comprenderse a sí mismos en su relación con otro" (Krishnamurti)
La verdadera identidad del hombre está conectada con la esencia de la masculinidad que prevalece más allá de los modelos patriarcales impuestos, más allá de lo que ha significado ser hombre durante siglos. A esta esencia la denominaríamos la masculinidad eterna, en la que el hombre vive todo su potencial en su ser. Para ser hombre no necesita demostrar, vencer ni triunfar. Cambia su visión y su enfoque: en vez de competir con armas adquiridas, coopera con sus armas innatas, con sus talentos y valores, cultivando su inteligencia emocional y espiritual. Vive una masculinidad madura, con raíces emocionales y espirituales propias.
Recuperar el poder interno implica tener un mayor dominio de su mundo interior y de sus facultades, como son la mente, el intelecto, los condicionamientos y los hábitos. La práctica del control mental, del pensamiento positivo y de la meditación le ayudará a conseguirlo. Fortalecer valores como la tolerancia, la aceptación y la flexibilidad le ayudará a vivir en paz en tiempos de turbulencia y cambios como los que vivimos. Cualquier debilidad, dispersión, falta de enfoque y fluctuación interna le robará la energía necesaria para sentirse pleno. Liberarse de cualquier aspecto que le haga sombra le permitirá gozar de una vida más plena. Para superar una debilidad es necesario aceptarla sin vergüenza, reconocerla con sinceridad, entender por qué está ahí y empezar a trabajar el valor o fortaleza que contrarreste esa debilidad y le ayude a vencerla.

La nueva hombría "Es una masculinidad sostenida en el coraje del espíritu y del compromiso y en la valentía de la compasión" (Sergio Sinay)
No se trata simplemente de pasar de un modelo machista a ser un hombre políticamente correcto que limpia en casa, cuida del niño, la pareja lo alaba y la sociedad lo apoya. La transformación necesaria es más profunda, más de raíz. Implica replantearse los valores, las actitudes y la conducta. Es necesario reformular las creencias acerca de lo que es ser hombre.
Fundamentados en su poder interior, los hombres cambiarán los mandatos que configuran la identidad de género en nuestra cultura. Hasta que no se transformen, en el mundo laboral tampoco entrarán la compasión, la fraternidad, la trascendencia, la espiritualidad, el humanismo y un espacio para la alteridad, la condición de ser otro.
Con autoestima, asentado en su valor interior, el hombre puede ser sin necesidad de imponer, forzar ni presionar. Esta es la condición imprescindible para el encuentro con el otro. Aprender a relacionarnos sin dañarnos, a amarnos sin atarnos, a ser cómplices recuperando y preservando nuestra identidad original y eterna, a experimentar la unidad en la diversidad. Esta es mi propuesta de transformación integral para que sea posible la armonía en las relaciones.
Cuando un hombre aprende a verse a sí mismo en la integridad de su ser, es amoroso y sabe amar. Desde esa conciencia, va al encuentro del otro partiendo de un lugar diferente: no desde el conquistador que elude la entrega y la intimidad sentimental, sino desde el ser abierto y comprensivo que sabe comprometerse con sinceridad. Para él, el compromiso no significa atadura, sino complementariedad y enriquecimiento. Sabe tener al lado a una mujer como persona con los mismos derechos, obligaciones y necesidades que él, sin envidiar sus logros profesionales, su inteligencia o su ingenio.
Reconoce que ser varón no es sinónimo de ser más inteligente, más fuerte ni más poderoso. Es consciente de que el poder no se pierde cuando se comparte; que las decisiones asumidas a medias son más fáciles de tomar; que compartir el cuidado de los hijos es fundamental en su papel de padre; que ser frío no le hace más viril; que los hombres se expresan y lloran..., y no pasa nada.
Para llegar a disfrutar la complementariedad que armoniza a hombres y mujeres, y a estos entre sí, tenemos que emprender una tarea conjunta si lo que deseamos es lograr una transformación de raíz, cambiando el punto de partida y el eje desde el que miramos y percibimos la realidad. Así podremos despojarnos del lastre que arrastramos para ver el futuro con visión renovada. La recuperación de nuestra identidad auténtica pasa por redescubrir valores como el amor, la paz, la sinceridad, la empatía, la escucha, y despojarnos de todos los estereotipos que nos alejan de la posibilidad de lograr armonía y plenitud.
De esta manera, los hombres de hoy serán referentes para las nuevas generaciones como ejemplos de coraje con corazón, de empatía y escucha, de entrega y servicio; serán guías que ofrecen herramientas para un modelo de mundo deseable y una participación pedagógica en esa transformación. Padres que ofrecen una referencia válida a sus hijas en la búsqueda de un compañero. Modelos válidos de hombre para que sus hijos crezcan libres de condicionantes por razón de su sexo y contribuyan a la construcción de un mundo más saludable, desintoxicado de masculinidad machista.

Reconstruye tu propia imagen
“El concepto de uno mismo es el destino. El peligro es que nos volvamos prisioneros de nuestra imagen negativa, que le permitamos dictar nuestras acciones”. En esta frase de Nathaniel Branden se puede encontrar una clave para salirse de la masculinidad impuesta históricamente: reconstruir tu propia imagen. Una imagen de ti mismo independiente de los estereotipos culturales de género. Eso implica desaprender lo aprendido. Dejar de lado tus personajes, tus etiquetas, lo que se espera de ti. Así clarificas tu camino. Consiste en desaprender, soltar, conocer y construir. Cada hombre tiene que saber lo que está bien o lo que está mal para él. Lo que te acerca a tu plenitud y lo que te vacía. Lo que te conecta con tu ser y lo que te desconecta de lo esencial. Tener tus propios criterios de valor y, a partir de ahí, valorarte. Valorarte no solo por lo que ocurre en tu mundo sentimental o laboral, sino por lo que ocurre en la totalidad de tu mundo. Tener una imagen completa del ser. Se trata de conocer la masculinidad emocionalmente madura y tus cualidades innatas, conectarte con ellas y serlas, vivirlas para compartirlas. Reencontrar tu eje, tu columna vertebral, en ti y no buscarlo en el otro. Así reconstruyes tu propia imagen en la esencia de tu ser más allá de identidades limitadas por cuestión de género.

CONSTRUIR LA PROPIA IMAGEN
1. Libros – ‘Masculinidad tóxica’, de Sergio Sinay. – ‘Sobre las relaciones’, de Krishnamurti. – ‘Mujeres y hombres, ¿un amor imposible?’, de Manuel Castells y Marina Subirats.
2. Películas – ‘Lost in translation’, dirigida por Sofia Coppola. – ‘La chica del adiós’ (‘The goodbye girl’), dirigida por David Gates. – ‘El príncipe de las mareas’, dirigida por Barbra Streisand y protagonizada por Nick Nolte.
3. Música – ‘Harvest’, de Neil Young. – ‘Dreams’, de Fleetwood Mac.

* Cuando papá hace tanto como mamá

La revolución silenciosa de las mujeres árabes

La revolución silenciosa de las mujeres árabes. GEMA MARTÍN-MUÑOZ EL PAÍS - Opinión - 22-12-2010

La autoridad patriarcal se debilita. Las jóvenes quieren estudiar y casarse con quien elijan. En muchos países árabes ya hay más chicas que chicos en la Universidad

La realidad árabe es multiforme y diversa. Lejos de representar un todo homogéneo que actúa por pautas comunes inherentes a su religión y cultura, es un caleidoscopio de situaciones, evoluciones y transformaciones donde los factores políticos, económicos y sociales interactúan con la cultura y la religión, pero estas dos últimas no lo predeterminan.La imagen fija e inmóvil que se suele tener de estos países y sus sociedades procede del hecho de interpretarlas a través de sus regímenes, donde mayoritariamente faltan evoluciones y cambios.
Pero no es esa la realidad de sus sociedades. Bien al contrario, existe un enorme dinamismo que va abriendo las puertas a muchos cambios, si bien a ritmos distintos y en las complejas situaciones que produce la dualidad de cambiar desde abajo mientras se contiene desde arriba.
Tener en cuenta esta premisa es particularmente relevante en el caso de las mujeres.
La imagen dominante sobre las mujeres árabes es la de la mujer pasiva, exótica, víctima, velada, reaccionando a los acontecimientos en lugar de participando activamente en ellos. Una mujer impersonal y "comunitarizada" cuya representación está rodeada de estereotipos que interactúan como fuente de prejuicios culturales.

Como suele ocurrir, a los imaginarios simplistas y reductores se les oponen realidades complejas y contrastadas. Frente a esas concepciones fijas en el tiempo y la geografía, la constatación empírica muestra que, por el contrario, se están dando profundas mutaciones que lo están cambiando todo, incluso a pesar del poder de las estructuras patriarcales y de los también poderosos actores reaccionarios. Las sociedades árabes se encuentran en un proceso de cambio intenso e irreversible en el que las mujeres son un actor crucial.
Durante los últimos 50 años, una intensa urbanización y feminización de la fuerza laboral en todos los países árabes ha situado a las mujeres en la esfera pública a gran escala. Durante este periodo, las diferencias en los niveles de escolaridad entre niños y niñas se han atenuado en todas partes -aunque a diferentes velocidades-. Y en muchos países árabes, hoy hay más niñas que niños cursando la educación secundaria y superior, lo que demuestra que los padres consideran la educación de sus hijas tan importante como la de sus hijos. Y todas las encuestas muestran que los jóvenes, hombres y mujeres, quieren estudiar y tener un empleo antes de casarse. Además, con mayor frecuencia quieren elegir a su propia pareja.
Al mismo tiempo, los cambios demográficos, junto con los factores sociales y económicos que afectan a la educación y el trabajo, están provocando una profunda transformación en el modelo tradicional de familia árabe.
Una edad mayor para el matrimonio y una fertilidad en descenso -
resultado directo derecurrir cada vez más a la anticoncepción- están reduciendo el tamaño de la familia a algo mucho más cercano a las "familias nucleares" de Occidente. La región del Magreb va a la cabeza en este sentido, pero el fenómeno se observa en todo el mundo árabe, aun en los Estados conservadores más rígidos.
Este nuevo modelo de familia va cobrando tanta fuerza que también se va extendiendo en la sociedad rural, donde el deterioro de la economía agraria está acompañado por una fuerte tendencia hacia familias más pequeñas. Esta transformación se produce a velocidades ligeramente diferentes en todo el mundo árabe, pero a menudo sucede de manera simultánea en la ciudad y en el campo.
Estos cambios se traducen en una redistribución de los poderes entre los mayores y los jóvenes, y entre los hombres y las mujeres. Así, asistimos a una pérdida progresiva de poder de los representantes del orden patriarcal que se ve acentuada por un cambio profundo de la familia extensa a favor de la nuclear. Este incremento del peso de los jóvenes y las mujeres como resultado de los progresos de la individualización representa una tendencia fundamental de la evolución que experimenta el mundo árabe hoy día.
No obstante, hay que tener en cuenta que estos cambios no se están produciendo necesariamente bajo el signo de la ruptura. En todos los países estudiados, las componen
das con la tradición o la ley patriarcal, los arreglos entre los modos de vida del pasado y los que se imponen hoy día, así como las negociaciones o estratagemas para evitar la norma sin transgredirla frontalmente, multiplican las realidades y las formas de evolución de lo antiguo a lo moderno. Sin duda, en países como Palestina e Irak, por razones intrínsecas a los graves conflictos que viven, estos cambios son notablemente más débiles y complejos.
La dinámica de cambio en las sociedades árabes rara vez está acompañada por una transformación del sistema político. La mayoría de los Estados se resisten a transferir los procesos de transformación social a su marco legal. Temen que ampliar las libertades y desarrollar una autonomía individual dentro de la familia -y así debilitar la autoridad patriarcal- pueda llevar a un cuestionamiento en el terreno público de la base ideológica del poder estatal.
Sin embargo, es indudable que las autoridades políticas de la región, no menos que las propias familias, se verán obligadas a aceptar las inconsistencias del modelo tradicional cuando se trata de la condición de las mujeres.
Este cambio afectará a muchos otros ámbitos que habrá que analizar
también desde el exterior. Esto es particularmente necesario porque la situación de las mujeres es uno de los principales puntos de referencia que el mundo occidental utiliza para evaluar al mundo árabe. Y, desafortunadamente, estas valoraciones tienden a centrarse en la supuesta resistencia al cambio que deriva de las normas islámicas, lo que oscurece el conocimiento de las verdaderas transformaciones sociales que se están produciendo. Este enfoque sobre la pareja "mujeres-islam" oculta el conocimiento sobre la realidad de los cambios en marcha.
La visión esencialista dominante que se tiene de las sociedades árabes hace que no se manifieste interés por lo que pudiera romper una imagen fuertemente forjada sobre esa supuesta "especificidad islámica" que encierra a todas las mujeres árabes en una misma realidad, cuando lo que viven es una enorme diversidad de situaciones. Esto impide que muchos vean, y mucho menos evalúen, los cambios profundos que tienen lugar -y cómo las mujeres están impulsando esos cambios-. Así, Occidente corre el riesgo de privarse de una clave importante para entender el mundo árabe hoy, y cómo será mañana.

sábado, enero 01, 2011

josé manuel martín edo

La sumisión de las masas José Manuel Naredo – Consejo Científico de ATTAC España

La sumisión de las masas José Manuel Naredo – Consejo Científico de ATTAC España
1 Enero 2011 | Categorías: Opinión |
Cómo es que ha mudado en sumisión esa rebelión de las masas que dio título al libro más famoso de Ortega y Gasset, publicado hace 80 años? Lo ocurrido en los últimos tiempos parece confirmarlo otorgando actualidad a otro libro bastante más antiguo: Discurso sobre la servidumbre voluntaria, de La Boétie.
En contra de lo que preveía nuestro insigne filósofo, no es esa “casta de hombres-masa-rebeldes” la que pone hoy en peligro los logros de la civilización. Como tampoco es el “advenimiento de las masas al pleno poderío social” la que acarrea la degradación cultural en curso. Frente al elitismo culturalista que asociaba la regresión a los fenómenos de masificación y empoderamiento de las masas, esta regresión viene asociada hoy al comportamiento de las propias elites político-empresariales y de las relaciones de dominación imperantes. Son estas elites, que deciden y hacen los grandes negocios de espaldas a la mayoría, las que orientan el panem et circenses de la llamada sociedad de consumo y la selección social de las ideas acorde con sus intereses. Con la ventaja de que los productos culturales y de ocio, unidos a los artefactos de la sociedad de consumo, no sólo entretienen y adormecen a la gente, sino que espolean sus deseos y afanes de lucro y, con ello, ese individualismo insolidario asociado a una ideología económica servil al ciego instinto de promoción competitiva.
El predominio sobre lo político del actual discurso económico reduccionista, que aniquila la posibilidad de reconsiderar las metas de la sociedad y, por ende, de cambiarla, remata el desarme ideológico orientado a perpetuar el statu quo capitalista. En suma, que el gran engaño de nuestro tiempo estriba en hacer creer que las democracias de hoy día trabajan en favor de una sociedad de individuos libres e iguales, cuando de hecho promueven valores y relaciones sociales que arrojan el resultado contrario. Son precisamente los valores mezquinos y las relaciones desiguales y opresivas que imperan los que hacen que el comportamiento servil y el trabajo alienado sean la norma. Es el miedo a perder el empleo, el estatus o a verse discriminado lo que induce normalmente a las personas a someterse y censurarse “por su propio bien”, sin necesidad de represiones explícitas. Estas sólo aparecen cuando las excepciones rompen la regla, cuando los controladores aéreos se rebelan o cuando Wikileaks ilumina las vergüenzas del poder.

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