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sábado, diciembre 20, 2014

Líder neonazi húngaro descubre que es judío y pide que lo perdonen por su antisemitismo




Csanád Szegedi

CSANÁD SZEGEDI

Credito: Agencias


22-10-13.-Un líder neonazi de Hungría descubrió que tiene raíces judías y pidió excusas por televisión por su pasado político. Ya ha entablado contactos con la comunidad judía del país centroeuropeo.

El autor de este increíble descubrimiento sobre su propio pasado fue Csanád Szegedi, el número dos del partido ultranacionalista y antisemita Por una Hungría Mejor (Jobbik), la tercera fuerza política del país, dice un artículo del periódico italiano 'La Repubblica'.

En el seno de la formación política, solo el líder del partido, Gábor Vona, tenía más carisma y habilidades retóricas que Szegedi, que atacaba cualquier aspecto de la vida y la cultura judía. Y lo hizo hasta que por casualidad descubrió que en su árbol genealógico había presencia judía.

El hallazgo le causó tal conmoción que Szegedi acudió a la televisión para confesar públicamente: "Yo era una persona que causaba dolor a los demás y, lo que es peor, incitaba al odio contra los judíos y los gitanos".

Szegedi se puso en contacto con el rabino Shlomo Koeves y le transmitió su arrepentimiento a través de un mensaje de texto en el que escribió: "Me puede gustar o no, pero el árbol genealógico lo dice claramente: soy judío".

miércoles, julio 02, 2014

Moral sexual católica: "Todo es pecado, todo está prohibido". A Dios no le gusta que te toques y obtengas placer (salvo procrear varón y hembra casados por la iglesia)

Moral sexual católica

La moral sexual católica, promulgada por la autoridad del Magisterio de la Iglesia Católica, se deriva de la ley natural, la Biblia y la tradición apostólica. Como toda moral sexual, evalúa la bondad del comportamiento sexual y proporciona principios generales por los que evaluar la moralidad de cada acto.

La Iglesia Católica enseña que la vida humana y la sexualidad humana son ambas inseparables y sagradas;1 y condenó como herejía el maniqueísmo (creer que el espíritu es bueno mientras la carne es mala). Por tanto la Iglesia no considera al sexo como pecaminoso o como un obstáculo para una vida plena en la gracia. Al creer que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, y que al considerar todo lo creado vio que era bueno;2 la Iglesia Católica considera que tanto el cuerpo humano como el sexo son buenos. El Catecismo enseña que la carne es soporte de la salvación.3 La Iglesia considera la expresión de amor entre marido y mujer como la forma más elevada de actividad humana, al unirlos como lo hace en un completo y mutuo autodarse y abrir su relación a la creación de nueva vida. Estos actos, con los cuales los esposos se unen en casta intimidad, y a través de los cuales se transmite la vida humana, son, como ha recordado el Concilio, "honestos y dignos".4 Es en los casos en que la expresión sexual se efectúa fuera del sacramento matrimonial, o en que la función reproductiva se frustra deliberadamente, incluso aunque lo sea dentro del matrimonio, cuando la Iglesia Católica expresa su juicio moral.
La Iglesia considera pecado la actividad sexual extramatrimonial porque viola el propósito de la sexualidad humana al participar en el acto conyugal antes del matrimonio. El acto conyugal mira a una unidad profundamente personal que, más allá de la unión en una sola carne, conduce a no tener más que un corazón y un alma5 ya que el vínculo matrimonial debe ser un signo del amor entre Dios y la humanidad.6
La Iglesia requiere que sus miembros no practiquen la masturbación, la fornicación, el adulterio, la pornografía, la prostitución, la violación, los actos homosexuales,7 y los métodos anticonceptivos.8 Específicamente, intervenir en un aborto puede acarrear la pena de excomunión.9

Vaticano: católicos ignoran su doctrina sexual

THE ASSOCIATED PRESS

El Vaticano admitió el jueves que muchos católicos a lo largo y ancho del mundo rechazan sus enseñanzas sobre la sexualidad y consideran que asuntos como la utilización de anticonceptivos son una intromisión en su vida privada. Además ignoran otras doctrinas sobre el matrimonio, el divorcio y la homosexualidad.
El Vaticano acusó a sus propios sacerdotes de ser gran parte del problema. Dijo que no estaban haciendo un buen trabajo a la hora de educar a los fieles acerca de las enseñanzas esenciales de la iglesia y tampoco ayudando a las familias con problemas.
El análisis aparece dentro de un documento hecho público el jueves que resume los resultados de un cuestionario enviado el año pasado por el Vaticano a las distintas Conferencias Episcopales del mundo con el objetivo de preparar un estudio de dos años sobre asuntos familiares encargado por el papa Francisco.
Miles de católicos seglares, sacerdotes y académicos respondieron proporcionando al Vaticano valiosa información de a pie de calle para poder abrir un debate.

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30 de junio de 2014

La moral sexual católica tambalea

 S.J., Centro Teológico Manuel Larraín.
El Papa Francisco, en preparación al Sínodo sobre la familia (2015), ha hecho llegar directamente a los católicos 39 preguntas sobre este tema y otros afines. Las conferencias de Alemania, Japón, Austria, Suiza, Bélgica y Francia, han hecho públicas sus respuestas. Estas son impactantes.
La conclusión que emerge de un modo contundente de ellas es la siguiente: lo que la Iglesia enseña no es lo que la Iglesia practica. No en el sentido de que los católicos vivan inmoralmente. El problema es la enorme distancia entre lo que los católicos creen que debe ser la moral sexual y la enseñanza oficial de la Iglesia. Según la Iglesia alemana, “las respuestas llegadas de las diócesis permiten entrever cuán grande es la distancia entre los bautizados y la doctrina oficial”.
Son muchos los aspectos en los cuales las respuestas reflejan esta inconsistencia. Esta se hace evidente a propósito de tres temas. Uno, atañe a la paternidad responsable. Los católicos, en su inmensa mayoría, no siguen la doctrina de Humanae vitae. Para la Iglesia en Francia, “una amplia mayoría de respuestas indica que la encíclica Humanae vitae (1968) condujo a muchas parejas a romper con la doctrina de la Iglesia. La insistencia de la Iglesia en este punto les parece incomprensible”.
En un tono moderado se reconoce que la realidad familiar plantea problemas preocupantes a la pastoral. En él se destaca que, aun cuando los católicos valoran mucho la familia, “existe una distancia preocupante entre la familia en las formas como se la conoce hoy y la enseñanza de la Iglesia al respecto. La familia se encuentra objetivamente en un momento muy difícil, con realidades, historias y sufrimientos complejos, que requieren una mirada compasiva y comprensiva”.
Un segundo tema –hoy exasperante– es la exclusión de los sacramentos de las personas divorciadas y vueltas a casar, y de sus parejas. Según la Iglesia suiza, “la inmensa mayoría de los católicos (cerca de un 90%), espera que también la Iglesia reconozca y bendiga a estas parejas. El requerimiento formulado con mayor insistencia a los obispos y a la Iglesia en Suiza, es de abolir la práctica común respecto de los divorciados vueltos a casar, considerada discriminatoria y no inspirada por la caridad cristiana. Tal práctica es rechazada por los participantes por motivos religiosos y con referencia expresa al mensaje cristiano”.
El tercer asunto importante en el cual también se manifiesta una enorme fisura, es en la valoración que los católicos tienen de otras formas de vivir la sexualidad fuera del matrimonio. La inmensa mayoría no ve ningún problema, muchas veces todo lo contrario, en las relaciones prematrimoniales y, aunque no en la misma proporción, está de acuerdo con las uniones o los matrimonios homosexuales.
No ha correspondido a las conferencias ofrecer salida a esta crítica situación. Con todo, podrá decirse que un nuevo planteamiento doctrinal-pastoral tendrá que tener muy en cuenta que los católicos son culturalmente muy diversos. Vivir la sexualidad en Japón donde ellos son apenas el 0,35% de la población, donde casi no hay familias completamente cristianas, no es lo mismo que hacerlo en América Latina. En Latinoamérica habría que tomar muy en cuenta, por ejemplo, cómo llega a formarse la familia popular. La convivencia premarital es una costumbre acendrada en los sectores latinoamericanos más pobres.
Las respuestas a las 39 preguntas dejan planteada una nueva interrogante: ¿elaborará la Iglesia del Papa Francisco un planteamiento doctrinal-pastoral de la sexualidad y afectividad humanas más evangélico, es decir, con la capacidad de llevar la buena nueva de Jesús hasta el último de los seres humanos, epocal y contextualmente considerado?
Recién esta semana la Santa Sede ha hecho público el Instrumentum laboris, que recoge las respuestas de todas las conferencias episcopales del mundo, incluidas las comentadas en esta columna. Este será el documento discutido en el Sínodo preparatorio a realizarse el próximo octubre. En un tono moderado se reconoce que la realidad familiar plantea problemas preocupantes a la pastoral. En él se destaca que, aun cuando los católicos valoran mucho la familia, “existe una distancia preocupante entre la familia en las formas como se la conoce hoy y la enseñanza de la Iglesia al respecto. La familia se encuentra objetivamente en un momento muy difícil, con realidades, historias y sufrimientos complejos, que requieren una mirada compasiva y comprensiva. Esta mirada es lo que permite a la Iglesia acompañar a las familias como son en la realidad y a partir de aquí anunciar el Evangelio de la familia según su necesidades específicas” (31).
El Papa Francisco ha puesto en juego su pontificado. El asunto en cuestión tiene máxima importancia. Sería innoble pensar que las suyas sean preguntas retóricas. El Sínodo tendrá que tomar en serio las respuestas provenientes de la práctica creyente de los católicos. Tendrá que ofrecerles vías evangélicas, esto es, caminos razonables y profundamente humanos de vivir la sexualidad. Bien parece que ha llegado la hora de hacerse cargo de la realidad.


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La iglesia católica prohibe toda expresión de la sexualidad humana no destinada a la procreación matrimonial

2351 La lujuria es un deseo o un goce desordenados del placer venéreo. El placer sexual es moralmente desordenado cuando es buscado por sí mismo, separado de las finalidades de procreación y de unión. 
2352 Por masturbación se ha de entender la excitación voluntaria de los órganos genitales a fin de obtener un placer venéreo. „Tanto el Magisterio de la Iglesia, de acuerdo con una tradición constante, como el sentido moral de los fieles, han afirmado sin ninguna duda que la masturbación es un acto intrínseca y gravemente desordenado‟. „El uso deliberado de la facultad sexual fuera de las relaciones conyugales normales contradice a su finalidad, sea cual fuere el motivo que lo determine‟. Así, el goce sexual es buscado aquí al margen de „la relación sexual requerida por el orden moral; aquella relación que realiza el sentido íntegro de la mutua entrega y de la procreación humana en el contexto de un amor verdadero‟ (CDF, decl. "Persona humana" 9). Para emitir un juicio justo acerca de la responsabilidad moral de los sujetos y para orientar la acción pastoral, ha de tenerse en cuenta la inmadurez afectiva, la fuerza de los hábitos contraídos, el estado de angustia u otros factores psíquicos o sociales que reducen, e incluso anulan la culpabilidad moral. 
2353 La fornicación es la unión carnal entre un hombre y una mujer fuera del matrimonio. Es gravemente contraria a la dignidad de las personas y de la sexualidad humana, naturalmente ordenada al bien de los esposos, así como a la generación y educación de los hijos. Además, es un escándalo grave cuando hay de por medio corrupción de menores. 
2354 La pornografía consiste en dar a conocer actos sexuales, reales o simulados, fuera de la intimidad de los protagonistas, exhibiéndolos ante terceras personas de manera deliberada. Ofende la castidad porque desnaturaliza la finalidad del acto sexual. Atenta gravemente a la dignidad de quienes se dedican a ella (actores, comerciantes, público), pues cada uno viene a ser para otro objeto de un placer rudimentario y de una ganancia ilícita. Introduce a unos y a otros en la ilusión de un mundo ficticio. Es una falta 6 grave. Las autoridades civiles deben impedir la producción y la distribución de material pornográfico. 
2355 La prostitución atenta contra la dignidad de la persona que se prostituye, puesto que queda reducida al placer venéreo que se saca de ella. El que paga peca gravemente contra sí mismo: quebranta la castidad a la que lo comprometió su bautismo y mancha su cuerpo, templo del Espíritu Santo (cf 1 Co 6, 15-20). La prostitución constituye una lacra social. Habitualmente afecta a las mujeres, pero también a los hombres, los niños y los adolescentes (en estos dos últimos casos el pecado entraña también un escándalo). Es siempre gravemente pecaminoso dedicarse a la prostitución, pero la miseria, el chantaje, y la presión social pueden atenuar la imputabilidad de la falta. 
2356 La violación es forzar o agredir con violencia la intimidad sexual de una persona. Atenta contra la justicia y la caridad. La violación lesiona profundamente el derecho de cada uno al respeto, a la libertad, a la integridad física y moral. Produce un daño grave que puede marcar a la víctima para toda la vida. Es siempre un acto intrínsecamente malo. Más grave todavía es la violación cometida por parte de los padres (cf. incesto) o de educadores con los niños que les están confiados.

miércoles, enero 16, 2013

El Gobierno del PP llena el Comité de Bioética de antiabortistas

El Gobierno llena el Comité de Bioética de antiabortistas

Siete de sus 12 miembros están contra la ley de interrupción del embarazo

César Nombela, contrario al aborto, repite en el Comité de Bioética.
La futura —e indeterminada— reforma de la ley del aborto que anunció nada más llegar al cargo el ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, tiene un nuevo colaborador: el recién renovado Comité de Bioética de España. Este organismo, compuesto por 12 miembros, tiene ya al menos a siete que se han manifestado contra la interrupción del embarazo en general o contra la ley del aborto que aprobó el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero en concreto.
El papel de este organismo es solamente consultivo, pero tiene una gran importancia a la hora de alegar que una ley tiene el aval de expertos en bioética. Su composición se determina en dos fases: primero, el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud escoge a seis miembros. Este proceso se cerró en octubre del año pasado, y ya la nueva lista apuntaba hacia una ideología más conservadora, como corresponde al ser elegido por un órgano donde el PP, gracias a que gobierna la mayoría de las comunidades autónomas, tiene un amplio poder.
Entre los nombrados en esta primera tanda, destacan, en este sentido, dos: Nicolás Jouve de la Barreda y Vicente Bellver. El primero, profesor de Genética, fue uno de los firmantes de la llamada Declaración de Madrid de 2009, un documento auspiciado por organizaciones como Derecho a vivir que directamente pide “la defensa de la vida humana desde la concepción a la muerte natural”. Es decir, nada de regular el aborto ni, mucho menos, la eutanasia.
Bellver también se ha manifestado en contra del aborto, la investigación con células madre embrionarias y la píldora poscoital, por entender, contra el criterio científico, que posee un “efecto abortizante”.
Las comunidades también eligieron al abogado experto en derecho sanitario Federico de Montalvo Jääskeläinen (profesor en la Universidad Pontificia de Comillas, de los jesuitas) y a Manuel López de los Reyes, miembro de honor de la Asociación de Bioética Fundamental, también tachada de conservadora dentro de las numerosas asociaciones de este sector que existen en España. Por último, eligieron al médico asturiano Ignacio Fernández Muñiz, y mantuvieron a Carlos Romeo, quien ya estaba en la anterior comisión y que se considera del sector progresista del comité. Estos dos últimos fueron propuestos por las comunidades del PSOE, en cuya candidatura municipal para Avilés llegó a ir Fernández Muñiz en 2007.
El perfil se ha reforzado con los miembros elegidos por la Administración. Repiten el teólogo Carlos Alonso Bedate (uno de los que firmó contra la ley de Zapatero, propuesto ahora por Economía) y César Nombela (el otro que se opuso a la anterior reforma de la ley, elegido por Sanidad). El ministerio de Ana Mato ha incluido también a Teresa López López, de la Fundación Acción Familiar, de inspiración cristiana, que ya se ha manifestado a favor de la reforma anunciada por Gallardón, y a Miguel Serrano Ruiz-Calderón, profesor de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid y con un blog en el que recoge posturas conservadoras (está centrado en la lucha contra la eutanasia pero también incluye, por ejemplo, entradas contra el matrimonio homosexual). Está abiertamente en contra de la investigación con células madre embrionarias.
Justicia, por su parte, ha elegido al fiscal aragonés Fidel Cadena Serrano, que fue el encargado de acusar al juez Baltasar Garzón por el asunto de los supuestos cobros ilegales en Nueva York.
Los 12 miembros del comité se completan con Natalia López Moratalla, presidenta de la Asociación Española de Bioética. De todas las que existen, es la más conservadora. Referido al aborto, López Moratalla es también una firme defensora del embrión desde el momento de la concepción.
Desde el punto de vista de la igualdad entre sexos, el nuevo comité es un retroceso: de cuatro mujeres ha pasado a tener dos.

Uno de los nuevos miembros del Comité de Bioética considera la homosexualidad “irregular y desordenada”

Uno de los nuevos miembros del Comité de Bioética considera la homosexualidad “irregular y desordenada”

Los nuevos miembros del Comité de Bioética utilizan la ciencia para atacar a la homosexualidad y a la investigación con células madre embrionarias
Nicolás Jouve, nuevo miembro del Comité Español de Bioética / HazteOir.org
Nicolás Jouve, nuevo miembro del Comité Español de Bioética / HazteOir.org
“Parece obvio resaltar que la tolerancia o la aceptación moral de la conducta homosexual es muy dependiente de si hay una tendencia congénita, y por tanto determinada genéticamente, o si, por el contrario, es una opción libremente aceptada como un modo de vida en cualquier caso irregular y desordenado”. El autor de la frase es Nicolás Jouve de la Barreda, catedrático de Genética de la Universidad de Alcalá de Henares (UAH) y uno de los nuevos miembros del Comité Español de Bioética.
En un artículo titulado “La homosexualidad a la luz de la genética”, Jouve trataba de justificar desde la ciencia la inmoralidad de las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo. En su opinión, “la perspectiva moral de este rasgo del comportamiento humano sería muy distinta de tratarse de una opción voluntariamente aceptada, sin una base genética demostrada, que de tratarse de un comportamiento inevitable dependiente de un condicionamiento congénito”. Por ese motivo, el nuevo miembro del comité de bioética considera necesario desmontar los estudios que asocian la homosexualidad con determinados rasgos genéticos.
Pese a los numerosos peros que se le pueden poner al criterio de Jouve sobre las razones que hacen aceptable una orientación sexual y pese a que existen numerosos estudios que ofrecen indicios sobre la base biológica de la homosexualidad –algunos que la explican fruto de una mezcla de factores genéticos y ambientales, otros que la vinculan con la epigenética y no con la genética yotros que lo relacionan con otros rasgos hereditarios–, quizá la información más relevante que se extrae del texto de Jouve es su punto de partida.  ”El tema del determinismo genético de la homosexualidad no puede desligarse del trasfondo moral que conlleva”, escribe. Sus análisis científicos y su selección de estudios y evidencias tampoco se pueden, por lo tanto, desligar de sus creencias católicas.
El catedrático de la Universidad de Alcalá no es la única incorporación del comité que ha utilizado la ciencia para justificar su ideología. Vicente Bellver, profesor de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia, es, como ha recordado La Marea, abiertamente contrario a la investigación con células madre embrionarias. Pero no solo eso. En su celo por alinear los resultados de la investigación con su ideología, Bellver ha llegado a escribir, ofreciendo argumentos supuestamente científicos, que “las células madre de adultos ganan ahora mismo la carrera a las células madre embrionarias”.
Algo muy distinto afirman los Institutos Nacionales de Salud (NIH), la gran institución financiadora de la investigación biomédica en EEUU. En la web de este organismo, dirigido, curiosamente, porFrancis Collins, un cristiano ferviente, se puede leer que, como piensan la mayor parte de las personas que trabajan en este campo, “las células madre adultas y embrionarias tienen cada una sus ventajas y sus desventajas de acuerdo a su uso potencial para terapias celulares regenerativas”.

Aborto y riesgo de problemas mentales

Un último ejemplo del sesgo de las nuevas incorporaciones al comité de bioética lo ofrece Natalia López Moratalla, profesora de Bioquímica de la Universidad de Navarra. La investigadora ha defendido que el aborto voluntario produce problemas psiquiátricos en las mujeres. En un artículo publicado en la revista Cuadernos de Bioética (editada por la Asociación Española de Bioética que preside ella misma) afirma que “las mujeres que se habían sometido a un aborto experimentaron tienen [sic] un 81% más de riesgo de problemas de salud mental”. Esta afirmación la obtiene de un polémico estudio de la investigadora de la Universidad de Bowling Green State Priscilla Coleman publicado en el British Journal of Psychiatry. Tras numerosas críticas por los abundantes fallos metodológicos y de planteamiento, que cuestionaban los resultados de Coleman, la Asociación Estadounidense de Psicología emitió un informe en el que concluía que los datos no sustentaban un vínculo entre aborto y problemas mentales.
Otros macroestudios, como el publicado en Contraception por un equipo de investigadores de la Universidad John Hopkins en el que analizaban 44 artículos científicos sobre este asunto, también descartan que el aborto voluntario incremente el riesgo de problemas mentales. Además, evaluaron la calidad de los estudios y concluyeron que los estudios realizados con una metodología sólida o no encontraban relación entre aborto y mayores problemas mentales o encontraban ligeras diferencias entre mujeres que habían abortado y que no. Por contra, los estudios más defectuosos solían encontrar secuelas mentales negativas en las mujeres que interrumpieron sus embarazos.
El Comité Español de Bioética, al que se incorporan Jouve de la Barreda, Bellver y López Moratalla, fue creado en 2007 y tiene la misión de asesorar a los gobernantes del Estado y las autonomías sobre materias relacionadas con las implicaciones éticas y sociales de la biomedicina y las ciencias de la salud. Además, representa a España en los foros internacionales en los que se tratan temas de bioética.

sábado, noviembre 10, 2012

El paradigma de unidad familiar del dogma cristiano o por qué los obispos arremeten contra las leyes españolas sobre la familia

El paradigma de unidad familiar del dogma cristiano o por qué los obispos arremeten contra las leyes españolas sobre la familia

Y dale con los obispos. Ahora la Conferencia Episcopal Española vuelve a arremeter contra la sentencia del Tribunal Constitucional que avala el matrimonio homosexual y tacha la legislación española sobre el matrimonio de "gravemente injusta", por lo que consideran que es "urgente" una modificación de la ley “para proteger la institución y la familia”. Asimismo, ofrecen un alegato en favor del matrimonio exclusivamente como “unión entre esposo y esposa”, del “derecho de los niños y de los jóvenes a ser educados como esposos y esposas del futuro”, así como “a disfrutar de un padre y de una madre” y de una “familia estable”.
A la tarta le falta aún la guinda suprema: “Ninguno de estos derechos es actualmente reconocido ni protegido por la ley”, dice el Comunicado episcopal., lo cual es a todas luces una afirmación burda, gruesa, basta y exenta de cualquier mínima sutileza mental.
Como los obispos consideran que su obligación es “ayudar al discernimiento acerca de la justicia y de la moralidad de las leyes" (y todo eso sin haberse presentado nunca a unas elecciones), alertan de las "consecuencias negativas que se derivan para el bien común" de que las leyes vigentes en España “no reconocen ni protegen al matrimonio en su especificidad".
Aún falta poner el nombre, debajo de “Felicidades”, en la tarta, por lo que concluyen los obispos diciendo que “María Santísima cuide de las familias e interceda por los gobernantes, sobre quienes pesa el deber y a quienes compete el servicio de ordenar con justicia la vida social”.

Tras leer el Comunicado de ese colectivo confesional de ancianos, me quedé pensando en el modelo de familia que ellos proponen como paradigma de los paradigmas de la esencia misma de la unidad familiar: la “Sagrada Familia”.

Una doncella consiente en ser engendrada según un método que la ciencia aún no ha descubierto, mediante el cual, además de engendrar a un niño en su vientre (se desconoce si aquellos espermatozoides divinos -¿o no eran espermatozoides? ¿o divinos?-, atraídos por las substancias que emite el ovocito, atravesaron el cuello del útero de la doncella, su cavidad uterina y se encontraron con el óvulo en una de sus trompas de Falopio), conservó una membrana delgada y frágil –el himen-  que se encuentra en el límite de unión del conducto vaginal y la vulva. Para mayor misterio de aquel engendramiento, algunos doctores católicos recalcaron que ese himen (los semitas y derivados tienen verdadera obsesión por el himen) permaneció incólume en el parto y después del parto (es decir, que jamás mantuvo relaciones sexuales con su esposo).
Paradigma, pues, de mujer-esposa católica: mujer sin relaciones sexuales antes del matrimonio, tiene un hijo con alguien que no es su posterior marido, con el que jamás tiene el menor contacto erótico-sexual.
A su vez, el marido, afirman los obispos, tampoco mantiene jamás de los jamases una sola relación sexual con su mujer que llevarse a la boca.

Hay, sin embargo, otras relaciones familiares aún más ancestrales según la doctrina católica, que nos habla de un padre que engendra a un hijo sin otra compañía que él mismo (¿hermafroditismo? ¿alguna suerte de esporas?). Ambos, en una relación harto enrevesada (quizás, dado que solo emplean el género masculino, también incestuosa y homosexual), engendran a un tertium quid,denominado “espíritu santo” (nieto del padre e hijo del hijo, no sé si me explico).
Como la cosa es difícil de entender, recurrimos a la siempre bendita Wikipedia, que nos ilustra sobre el asunto. Por si sirven de aclaración, he aquí algunos comentarios de los primeros fundadores del dogma católico sobre la cuestión. Tertuliano, por ejemplo, apunta que “los tres son uno, por el hecho de que los tres proceden de uno, por unidad de substancia” (opino que con eso el problema queda bastante solventado y zanjado, pero insistiremos algo más sobre el tema por si aún no lo ha entendido algún hombre de poca fe).
En el 381, en Constantinopla queda establecido que esos tres seres son “realmente distintos pero son un solo dios verdadero”. Es decir, el padre primigenio es “increado e inengendrado”, pero su hijo es “engendrado eternamente por el padre”, mientras que el producto de ambos (espíritu santo) “no es creado, ni engendrado, sino que procede eternamente del padre y del hijo”.
Por el medioevo se recitaba una especie de credo conocido como “Símbolo quicumque” que aún deja más diáfano el tema: esos tres seres no son “neque confundentes personas, neque substantiam separantes”, (lo que, traducido, viene a decir que en esa unidad familiar no se confunden las personas ni sus respectivas sustancias). De hecho, Tomás de Aquino compuso el poema “Tantum Ergo”, que, una vez musicado, fue repetido y repetido públicamente en plazas, iglesias y calles durante la etapa del nacionalcatolicismo hispano. Entre otras cosas, dice: “alabanza y vítores al engendrador (genitori) y al engendrado (genitoque) (…) y alabanzas similares sean dadas al ser que procede de ambos (procedenti ab utroque)”. Al final, sale la unidad familiar por antonomasia: dios uno y trino.

He aquí los dos modelos principales de unidad familiar según el doctrinario católico. Me queda la pregunta sin importancia de por qué la inmensa mayoría de personas canonizadas y veneradas en el catolicismo  son célibes, vírgenes, monjas, frailes, obispos, papas, viudas y eremitas, y en cambio hay tan pocas que estuvieron casadas.
La pregunta queda bastante aclarada con la lectura del libro de la teóloga Uta Ranke-Heinemann, Eunucos por el reino de los cielos (Editorial Trotta, 1994).  El título obedece a un texto del evangelio de Mateo (19,12)  que dice así:  «Porque hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre; y hay eunucos, que son hechos eunucos por los hombres; y hay eunucos que se hicieron á sí mismos eunucos por causa del reino de los cielos; el que pueda ser capaz de eso, séalo.» De hecho, un Padre de la Iglesia, Orígenes, se castró a sí mismo  ya en su Juventus en un arrebato de ascetismo, amén.

domingo, junio 10, 2012

 Hará unos tres meses dediqué aquí una columna a la per­cepción que de la justicia y los jueces tienen la mayoría de los españoles, y la titulé “En el lodazal”. Esa colum­na me trajo unos cuantos reproches de magistrados, que me instaban a hablar de hechos y no de impresiones, y me espetaban que muchos de ellos cumplen fiel y honradamente su tarea. No lo pongo en duda y quisiera creer que son los más, oja­lá. 
Respecto al primer reproche, ¿por qué no va a hablar uno de una impresión, una sensación o una percepción? Cabe que sean injustas y erradas, claro está, pero muy tonto o soberbio sería el gremio que hiciera caso omiso de ellas, sobre todo cuando son generalizadas, y no se parara a preguntarse por las causas de la visión negativa que de él tiene el conjunto de la sociedad, y no tratara de corregirla. 
Lo propio de este país es, sin embargo -y viene de antiguo-, desdeñar a la gente y seguir como si tal cosa. Hace diez meses se publicó un “barómetro” que medía eso, el grado de confianza de los ciudadanos en sus diferentes instituciones y colectivos. Los mejor parados, en este orden, fueron los científicos y los médicos, con un 7,4 sobre 10; a continuación, la Universidad, la sanidad pública, la policía, la Seguridad Social, las pequeñas y medianas empresas y los intelectuales. Todos ellos quedaban por encima de la Guardia Civil, los milita­res, las ONGs y el Rey. Los menos dignos de confianza (y la pregunta hecha a los consultados rezaba así: “¿En qué medida le inspiran confianza, es decir, sensación de poder confiar en ellos… ?”, y la cursiva es mía) resultaron ser, por este orden: los políticos, con un 2,6, los partidos, los bancos, el actual Gobierno del Estado, los obispos, los sindicatos, la Ad­ministración de Justicia, las cajas de ahorros, los Gobiernos de las Comunidades Autónomas y la Iglesia Católica. Los jueces también eran suspendidos, aunque quedaban algo menos mal. 
Desde entonces (7 de agosto de 2011) yo no he visto el menor propósito de enmienda -ni siquiera la menor vergüenza o pre­ocupación- por parte de estos colectivos o instituciones que más ahuyentan. Lo que piense la gente parece traerles sin cui­dado, carecen de toda autocrítica, son tercos y despreciativos, se limitan a mirar por encima del hombro tales opiniones y sen­saciones. 
Y, curiosamente, el actual Gobierno de la nación (que no es el de aquella fecha) se dedica a castigar a los mejor valorados: a los científicos se los deja sin medios y se los impulsa a emigrar; a los médicos y a la sanidad pública se los maltrata y se la empeora, respectivamente; a la Universidad le ponen un Mi­nistro de Educación desfachatado, pero romo y servil con sus superiores, al que los rectores no quieren ver ni en pintura; a los intelectuales, por supuesto, no se les hace ni caso. 
Uno diría que los más indignos de confianza son quienes llevan la batuta, y se vengan de los más dignos a conciencia. En aquella columna mía mencionaba al “presuntuoso Presi­dente del Poder Judicial, Carlos Dívar”. El adjetivo no estaba puesto a la ligera: su actitud, su suficiencia y sus palabras suelen ser presuntuosos. Y citaba unas declaraciones suyas de entonces: “Esa constante deslegitimación de una institución clave como el Poder Judicial produce unos efectos sobre su credibili­dad que son de costosa y difícil reparación”. Y que lo diga usía. Sobre todo después de la reciente deslegitimación de la que él mismo ha hecho objeto a ese Poder con el escándalo de sus vein­te “fines de semana” de cuatro y cinco días en Marbella (¿desde cuándo las semanas se cuentan al revés?), con gastos inexplica­dos y en apariencia superfluos (hoteles y restaurantes de lujo, un batallón de guardaespaldas) cargados al erario público. El fiscal ha archivado el caso al no apreciar” ánimo de lucro”, y el juez Dívar, como si estuviera en época de Franco (ay, cómo se nos van pareciendo), no sólo ha rehusado dimitir, sino que ha sostenido que no tiene por qué revelar nada de sus horteras estancias ni dar explicación alguna a la prensa. Tal vez no haya habido ánimo de lucro, pero todo apunta a que sí podría haber habido “áni­mo de ahorro” o “ánimo de sisa”. Nadie se hace mucho más rico por 13.000 euros, la cantidad gastada sin justificación, pero ahorrárselos a costa del contribuyente no está nada mal. Lo peor, con todo; lo que debería haber llevado a Dívar a dimitir independientemente de que haya o no delito en su pro­ceder; lo que demuestra que el encargado de juzgar a los demás no tiene ni idea del mundo que lo rodea ni de las necesidades de quienes pueden estar un día a su merced, es que se haya referi­do a esa suma, con gran displicencia, como a “una miseria”. Sin duda lo será para él, que percibirá uno de los más elevados suel­dos de la nación, como lo sería para cualquier banquero o Presidente de Comunidad Autónoma. Pero 13.000 euros es lo que gana mucha gente en un año, hoy con suerte. Numerosos traba­jadores con jornadas de ocho horas no ven ese dinero en el mis­mo periodo de tiempo. Y unos cinco millones de españoles es­tán ahora mismo en el paro, sin ingresar nada o un modestísimo subsidio. No puede ser juez de nadie -menos aún estar al frente de sus colegas- quien ignora todo esto. Pero como es imposible que el señor Dívar lo ignore, entonces no puede ser juez quien vive tan instalado en el señoritismo que, pese a ser católico con­feso y ferviente, ni siquiera se da cuenta de cuándo humilla y ofende a sus semejantes. 
 JAVIER MARÍAS El País Semanal, 10 de junio de 2012

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