Mostrando entradas con la etiqueta muerte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta muerte. Mostrar todas las entradas

lunes, julio 25, 2011

PSICOLOGÍA El dolor de las despedidas. XAVIER GUIX EL PAIS SEMANAL El duelo

PSICOLOGÍA El dolor de las despedidas. XAVIER GUIX EL PAIS SEMANAL - 26-06-2011

Nada más nacer empezamos a morir. Es una m
anera de contemplar el inequívoco hecho de nuestra dualidad existencial. Vida y muerte como expresión de la radicalidad de nuestro vivir. El eros y el thánatos, la alegría y la tristeza, el caos y el orden, la conservación o el cambio. Por medio, toda una vida. Nunca llegamos a ser porque siempre estamos en movimiento, devenimos imparablemente. Sin embargo, nos agarramos a las cosas y a las personas en un intento de eternizar su existencia y vencer, ilusoriamente, el miedo a la muerte. Es una manera apegada de cerrar los ojos al hecho de que la vida es impermanente, y que, en su tránsito, vamos a perder unos cuantos equipajes.
El camino de la renuncia y la aceptación, forzado por las pérdidas, suele estar adobado de duelos, de dolorosos desgarros del alma cuando se trata de seres queridos, que se llevan también algo de nosotros. Con los que se van, nos vamos en parte. No será suficiente con reconstruirnos, como se suele decir, porque lo que se fue era un vínculo tejido entre dos al menos. La vida nos plantea un reto: asumir las tareas del duelo, como titula su libro la psicoterapeuta Alba Payás. La más importante, sin duda, convertir la destrucción en transformación personal. Ese es el sentido profundo de la experiencia de morir.

De pérdidas y ganancias. Nada nace ni nada perece. La vida es una agregación; la muerte, una separación (Anaxágoras)
Todo lo que amamos, desde las personas hasta aquella estilográfica heredada, junto a toda clase de identificaciones, se convierte en extensiones de nosotros mismos. Aunque pertenecen a la vida, lo sentimos como propio y acaba por constituirnos. Se trata solo de un espejismo. No hay nada que nos pertenezca, más allá de la responsabilidad de ser sus depositarios durante un tiempo. Todo pasa a través nuestro, pero sin posesión. Sin embargo, creemos lo contrario. Al ponerle corazón sellamos afectivamente todo con lo que nos relacionamos. Lo confundimos como nuestro y luego lo sufrimos dolorosamente al perderlo.
La vida puede contarse por sus pérdidas y ganancias, aunque lo extraordinario es la interconexión que existe entre ambas. Limitarse a su contabilidad es como regalar la voluntad al azar. Entender que en la pérdida empieza la ganancia y que en la ganancia empieza la pérdida exige un cambio de visión sobre nuestra responsabilidad existencial.

Las tareas del duelo. La muerte siempre es temprana y no perdona a ninguno (Calderón de la Barca)
Todo está interrelacionado y todo ocurre a la vez, solo que los sentidos ensalzan un extremo y desenfocan al otro. Es por eso por lo que ante las pérdidas escuchamos mensajes del tipo "esta puede ser una nueva posibilidad". Es una música que tal vez suene fuera de lugar y sin sentido. Mas, en el fondo, es tan real como lo es el sentimiento de impotencia y desesperanza que asoma en ese instante.
Quien esté sufriendo ahora mismo uno de esos azotes de la vida podría perfectamente decir que lo dicho hasta ahora es mera literatura, conceptos abstractos e idealizados, puesto que nadie podrá entender la vivencia de un duelo aterrador: "lo que quiero es que me devuelvan a mi hijo". Nuestras vidas parten de supuestos o convicciones sobre el funcionamiento del mundo a partir del cual ordenamos nuestro mapa mental: que el mundo es benevolente, ordenado y predecible, que la vida tiene un sentido y fin determinados y que somos capaces y valiosos. Pero cuando nos asola el misterio, el infortunio, la muerte antes de hora, súbitamente ese mundo se derrumba y se pierde el sentido. Se calcula que entre un 8% y un 10% de personas en duelo acaban presentando complicaciones.
Mal adaptados a una cultura de la muerte, a menudo nos mostramos incapaces de identificar y responder al doliente, tanto en el momento de la muerte como en el tiempo posterior, lo que provoca una nueva pérdida.
Nos falla la empatía, o la exageramos ante las expresiones de dolor, demandas y necesidades emocionales de la persona en el duelo. Con la buena intención de quitar sufrimiento o de buscar palabras y razonamientos oportunos, se producen expresiones de invalidación, desautorización, minimizaciones, rechazos, descalificaciones, impaciencia o desinterés.
Complicamos aún más las tareas del duelo, que pasa por diferentes fases, siendo las más difíciles el aturdimiento y choque inicial, así como la evitación y negación posterior. Poco a poco, el duelo dará paso a un proceso de conexión e integración hasta llegar a la etapa de crecimiento y transformación.

Afrontar el duelo. La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene (Jorge Luis Borges)
Tendemos hacia dos tipos de mecanismos de afrontamiento: los orientados hacia la pérdida y los orientados hacia la restauración. Unas personas elaboran la muerte focalizando la atención en la experiencia misma: expresan emociones, añoran, recuerdan y rumian acerca de la persona fallecida. Facilita la elaboración de la pérdida y contribuye a resituar la persona fallecida en la vida de uno mismo. Otras, en cambio, crean estrategias para manejar las situaciones de estrés que tienen lugar como consecuencia directa del duelo, como asumir un cambio de identidad, aprender nuevos roles o reestructurar creencias nucleares acerca de uno mismo en el mundo después de la pérdida. La clave para un buen proceso de duelo es la oscilación que tiene lugar entre estos dos tipos de afrontamiento.
Hay otras maneras de reaccionar ante el dolor de la pérdida: el predominio de respuestas somático-sensoriales (agitación, temblor, sudoración) o respuestas emocionales (enfado, tristeza, sentirse culpable o buscar un culpable) o respuestas cognitivas (racionalizar, rumiar obsesivamente, subliminar la experiencia) o predominio de reacciones conductuales (mantenerse ocupado, ir deprisa, actividades de alto riesgo). Ante tales respuestas, incluso a veces los terapeutas caemos en la trampa de pretender eliminar esos síntomas, sin darnos cuenta de que el afrontamiento efectivo no es necesariamente aquel que mitiga la sintomatología, sino aquel que se revela eficaz en la promoción de la vivencia del duelo como proceso de desarrollo.
Cuentan las mentes sabias que nos pasamos el último tramo de nuestra vida haciendo un honroso ejercicio de desapego de todo. Entre los varapalos sufridos, la perspectiva de un tiempo limitado y un conocimiento más profundo del ser humano, todo invita a ir quedándose en paz, con uno mismo, con los demás y con la existencia tal como ha sido. Por eso, algunas tradiciones espirituales contemplan el deseo de haber llegado a morir antes de que llegue la muerte. Probablemente sea una de las pocas maneras en que las pérdidas puedan elaborarse con serenidad. La misma que necesitamos ante el propio hecho de contemplar la muerte como un proceso propio de la vida. No puede existir lo uno sin lo otro.

PARA LLEGAR A SABER MÁS
1. Libro. - 'Las tareas del duelo', de Alba Payás Puigarnau. Ediciones Paidós. Se trata de uno de los trabajos divulgativos más extensos y elaborados sobre el tema del duelo, a partir del modelo terapéutico integrativo-relacional. Payás se formó en la Fundación E. Kubler-Ross, con quien compartió horas de estudio.
2. Música - 'La misa de réquiem en re menor, K. 626', de Mozart. "Cuis animam gementem" del Stabat Mater de Pergolesi en versión de Sebastian Hennig y René Jacobs.

NECESIDADES RELACIONALES BÁSICAS DE LAS PERSONAS EN DUELO:
1. Ser escuchadas y creídas en toda su historia de pérdida.
2. Ser protegidas y tener permiso para expresar emociones.
3. Ser validadas en la forma de afrontar el duelo.
4. Estar en una relación de apoyo desde la reciprocidad.
5. Definirse en la forma individual y única de vivir el duelo.
6. Sentir que su experiencia de duelo tiene un impacto en el otro.
7. Estar en una relación donde el otro tome la iniciativa.
8. Poder expresar amor y vulnerabilidad.

miércoles, julio 06, 2011

sábado, abril 02, 2011

El buen rico deja menos herencia. Los millonarios hacen donaciones masivas por la sociedad... y para que espabilen sus hijos

Entre los muy millonarios, dejar su fortuna como herencia ya se ve como una mala idea. Esta mentalidad se extiende influida por la nueva filantropía, por la mayor esperanza de vida, por la crisis y, sobre todo, por el deseo de que los hijos se labren su propio futuro y sepan lo que cuesta conseguir la riqueza. El fenómeno choca con que "los hijos se creían con el derecho de recibir todo lo que sus padres construyeron en vida", dice María Ángeles Durán, catedrática de Sociología y profesora de Investigación del CSIC. Y lo que van a recibir es "la educación en el esfuerzo y el trabajo. La mejor herencia", asegura.

El embajador de esta tendencia y de lo que muchos consideran la nueva filantropía es Bill Gates. Junto a su esposa Melinda, lidera la fundación que lleva sus nombres, dedicada a ofrecer oportunidades en salud y educación en sociedades menos favorecidas. El pasado verano, los Gates y Warren Buffet (la segunda y tercera fortunas mundiales, según Forbes) lanzaron la campaña The Giving Pledges (promesas de donación), que pretende que las grandes fortunas se comprometan a donar en vida la mayor parte de su riqueza. Son ya 57 los miembros de este club de filántropos. La propuesta choca con la tradición cultural española, en que buena parte de los ricos lo son por familia y no porque se hicieran a sí mismos. Son pocos los magnates españoles que siguen los pasos de Gates.

El creador de Microsoft es, además, un firme defensor de elevar los impuestos a las herencias. La fiscalidad de las sucesiones es un debate agitado en EE UU que también llega a España, donde varias comunidades la han bajado hasta eliminarla en la práctica. "Hace meses se eliminó el impuesto de sucesión en comunidades como Madrid. Antes, el Gobierno podía recibir un porcentaje del 40%, ahora los herederos se llevan la totalidad", explica Salvador García-Atance, copresidente de la Fundación Lealtad. "Me gustaría que se recomendara a los herederos donar parte, por ejemplo, un 30%, a un proyecto social".

"Dejarles todo mi dinero a mis hijos sería una irresponsabilidad", recalcó Gates.

En España, las herencias han disminuido en los últimos cuatro años de 57.728 a 55.047, mientras que las renuncias han aumentado de 11.045 a 16.309 en el mismo periodo. "Creemos que se debe sobre todo a la crisis", porque los herederos rechazan asumir las deudas de sus ascendentes, informan desde el Colegio de Notariado.

En España hay pocos casos conocidos de altruismo al estilo de Gates, en parte por una cultura familiar distinta y en parte porque el adinerado español es poco amigo de dar a conocer estos detalles. Un empresario del sector textil que pide no ser identificado ya anuncia a sus 50 años: "Yo no voy a dejar nada a mis descendientes, prefiero invertirlo en vida. Estoy en mi derecho. La riqueza es del que se la trabaja", concluye.

Uno de los que sí da la cara en favor de esta nueva corriente es García-Atance, que fue el creador y luego vendedor de AB Asesores. "Estoy de acuerdo con Gates. Los hijos no merecen la totalidad de la herencia porque no se la han ganado. Si no hay esfuerzo no hay derecho", reclama. "¿Por qué poner en riesgo esa riqueza dándosela a alguien cuyo único mérito es ser hijo de? Aunque, por otro lado, mucha gente cree que cuando recibes 28.000 millones de euros [lo que se calcula que recibirían los hijos de Gates] todo es maravilloso, tengo que reconocer que a mí me asustaría enormemente".

Como señala Durán, "solo una minoría se va a permitir el lujo de decidir si deja una gran herencia". Menos de un 5% de los españoles posee un patrimonio mayor al millón de euros. Ricos por apellido o porque se han labrado su propio futuro. "Sobre todo ocurre en profesiones tecnológicas, informáticos y programadores", afirma Leo Abadía, escritor del libro Escuela de Millonarios (Espasa).

La nueva tendencia es "legar en vida como nuevo método de inversión", asegura Chris Carnie, de la Asociación Española de Fundrasing (AEF). "Lo fundamental es que la gente ya no quiere donar tan solo por caridad sino ir más allá. Quieren ver el impacto de su aportación en el mundo, en la sociedad". Esta nueva filantropía pretende copiar el modelo empresarial, de inversión y de riesgo. Para Carnie, "está de moda por dos motivos: la sociedad lo ve aceptable y hay más captadores de fondos. Cada vez son más las personas que legan un porcentaje de su patrimonio a un proyecto u organización social".

En España la herencia se divide en tres tercios: la legítima (sumas iguales para todos los herederos), la mejora (que se puede repartir desigualmente entre los mismos) y la de libre disposición, la única que puede donarse. Esto implica que dos tercios de la fortuna en España queda en manos de los hijos, a los que según la ley, salvo casos muy excepcionales, no se puede desheredar.

"Es con lo que podemos contar si decidimos legar a una ONG", explica Uría, abogado testador. Para que esto sea posible lo mejor es hacer testamento, "aunque no todo el mundo quede satisfecho".

En 2010, 587.623 testamentos se redactaron o ejecutaron en España, 11.000 menos que en 2006, explica Ignacio Domingo, portavoz de la Agencia Notarial de Certificación (Ancert). "Parece casi de chiste que solo medio millón de personas al año redacten su última voluntad", afirma. El trámite es sencillo: "Menos de 50 euros y un DNI en regla". "Conozco casos de españoles muy influyentes que están ayudando con su patrimonio a proyectos sociales. Hay filántropos a patadas", cuenta Abadía. Lo normal es que personas con grandes riquezas creen fundaciones: "No niego que legitimar una organización de este tipo tenga beneficios fiscales, pero también el fundador tiene la obligación de demostrar que ayuda en diferentes proyectos. El fundador del imperio Inditex, Amancio Ortega, ha dado un gran impulso a la economía de su pueblo, y el presidente del Santander, Emilio Botín, invierte mucho en becas y formación", concluye Abadía.

"Esta tendencia no significa dejar sin nada a los hijos sino cederles lo suficiente para vivir", aseguran desde la AEF. No hay un registro de filántropos en España, "aunque se sabe que cada día son más los que se suman a esta práctica. Pero todavía España está muy lejos de los países anglosajones, donde se puede disponer de la totalidad de la herencia".

Carnie argumenta que "la familia es lo primero en España por una razón cultural". Patricia de Roda, directora general de la Fundación Lealtad, reitera: "Somos solidarios con los nuestros, solventamos sus deudas o les ofrecemos trabajo". En 2011 se tramitaron 55.047 herencias. "Si una persona en Reino Unido carece de herederos, el Gobierno reparte su legado por distintas ONG. Aquí, en cambio, se lo queda el Estado", señala Carnie. Puntualiza que Bill Gates no ha sido el primer millonario en proponer esta idea de donar parte de su riqueza, sino un escocés hace 100 años, Andrew Carnegie, cuya fortuna se cifraba en lo que hoy serían 300.000 millones de dólares y que dedicó el final de su vida a la filantropía.

"Dejar una herencia en donación es un acto familiar. Los descendientes deben afrontar la decisión. No creo que la hija de Amancio Ortega tenga ningún problema con que su padre done parte de su patrimonio. La cantidad suele ser un porcentaje reducido de su dinero", concluye el experto.

"Vivimos en una sociedad en continuo movimiento donde los posibles legados se ven afectados por varios factores", argumenta María Ángeles Durán. En primer lugar, las personas que cuentan con capitales financieros deben saber que estos son inestables, y en segundo lugar, hay que tener en cuenta la esperanza de vida: "Cada vez es mayor. Si una persona consigue llegar a los 60, es bastante probable que todavía tenga 30 años más de vida. Realidad que se ve influenciada en la actualidad porque las personas tienen que ocuparse de sus propios cuidados tras la jubilación. Un nuevo mundo sin herencias: no porque los padres no quieran legar, sino porque no van a poder. Gastarán su patrimonio en vida". Los niños que han contado con una economía acomodada, "tienen que empezar a asumir que no siempre va a ser así. Que deben labrarse su futuro. Y los padres deben transmitir una buena educación basada en el esfuerzo y en el trabajo duro", señala la socióloga.

Hay jóvenes que viven con ilusión la riqueza de sus padres y muchos se creen con derecho a recibirla. Usan discursos del tipo: "En mi casa de la playa", "cuando el coche de mi padre sea mío" o "yo voy a trabajar en la empresa familiar estudie lo que estudie".

"Son niños acomodados que se convierten en meros consumidores", explica José Antonio Ortega, psicólogo conductual y colaborador en el programa de televisión Hijos de papá (Cuatro). Esto está generando una epidemia social que pone en peligro la salud emocional de muchos chavales. "Se denomina síndrome del niño rico". Es un trastorno que no abarca solo a los hijos de la gente acaudalada sino también a niños de clase media e incluso de pocos recursos, ya que se define como el exceso o acumulación de cosas, como por ejemplo el dinero. Las claves más importantes para poder superarlo son el tiempo y la educación en valores. "Pasar un rato con tu hijo y disfrutar con él es más importante que verle todos los días y ni siquiera hablarle" señala Ortega. Y el segundo punto es la educación en valores: "Pero vista en términos de respeto, de convivencia, de tolerancia. Si enseñamos lo que cuestan las cosas, los hijos las apreciarán". Muchos padres, señala Ortega, describen a sus descendientes como vagos, sin motivación, "por lo que creen que el mejor castigo es desheredarles".

Leopoldo Abadía trabaja a diario con estos chavales que "se sienten inútiles y viven a la sombra de sus progenitores". Es el creador de un curso exclusivo para ellos. "Hay gente que tal vez no lo entienda. Pero es muy duro para ellos. El proyecto va dirigido a personas de alto nivel adquisitivo, buenas personas, que saben leer y escribir pero que no tienen formación para llevar un negocio. Los programas son exclusivos para cada persona". En este momento cuenta con cuatro alumnos.

El padre "normalmente es el artífice de la riqueza y la mujer e hijos son los encargados de valorar su trabajo. El hombre olvida que los familiares son también son personas con inquietudes y les exigen mucho", añade Durán.

Abadía opina que otro factor para retirar la herencia es la supervivencia del negocio familiar: "Cuando alguien es el creador de un imperio no lo deja a su suerte cuando muere. Si no encuentra entre sus hijos lo que se necesita, elige a un profesional que cumpla con los objetivos. El patrimonio, en contra de lo que muchos niños ricos creen, no es de ellos, sino de sus padres".



Última voluntad

- Testar. La herencia es algo privado y transferible. Para asegurar estos términos, lo mejor es realizar testamento. No cuesta más de 50 euros y lo único que se necesita es un DNI en regla.

- Ante el notario. Se puede testar tantas veces como se quiera. El último texto será el válido.

- La ley. En España es obligatorio legar una tercera parte de la herencia a los hijos (o a los padres o al cónyuge, en su defecto) en partes iguales. Otro tercio (mejora) también va para los hijos, pero el reparto puede ser desigual. Y la última parte es de libre disposición.

- Sucesiones. El impuesto de sucesiones se ha eliminado (o reducido a un tipo simbólico) en varias comunidades.

- ONG. Algunas organizaciones asesoran sobre filantropía. La Fundación Lealtad cuenta con un registro de 140 ONG. Legado Solidario tiene acuerdos con 30.


Y aunque no sea rico...

La filantropía no es solo cosa de grandes millonarios, aunque entre la clase media no suele recibir ese nombre. La organización Legado Solidario emprendió hace cuatro años una campaña para "fomentar que los españoles se vuelvan más solidarios y donen parte de su herencia en el testamento". Tendencia que ha aumentado en los últimos cuatro años de un 0,5% a un 2,2% de la población.

Para conseguir una colaboración transparente con las ONG hay cada vez más fundraisers -captadores de fondos y difusores de información-. Y consiguen gran beneficio. Un caso emblemático es el de la Fundació Ciutat de Valls, en Tarragona. "Es una organización sin ánimo de lucro muy activa en su comunidad, con programas de becas y actividades culturales. Su patrimonio es, hoy, de unos 400.000 euros. Pero se fundó con un legado de 150.000 en 1949, como efecto directo de una herencia", señala Chris Carnie de la Asociación Española de Fundrasing.

La gente va confiando cada vez más en el tercer sector. "La Fundación Lealtad surge de dos potenciales donantes que querían hacer algo por la sociedad en el año 2000", señala Patricia de Roda, directora general de la ONG. Los fundadores, Ignacio Garralda -presidente de Mutua Madrileña- y Salvador García-Atance, crearon en los ochenta la agencia de inversión Asesores Bursátiles, luego AB Asesores, que en 1999 fue vendida a Morgan Stanley. Un año después, tomaron la bandera de la solidaridad, con el fin de promover la transparencia de las ONG. Entre ambos aportaron el año pasado el 44% del patrimonio anual de la organización.

En España dona un 11% de la población, la mayoría en forma de cuotas mensuales: "Seguimos siendo solidarios con la familia y cooperamos, con quien más, con la Iglesia. Si el donante confía en la ONG en la que va a depositar sus bienes se fomentaría el legado responsable". Fundación Lealtad se ocupa de realizar informes sobre 140 ONG, que se someten voluntariamente a su examen.

También existe gente anónima que decide legar a una causa. Julia Núñez, catalana, aclara que no tiene hijos y que seguramente su herencia la reciban sus hermanos. "He redactado mi última voluntad y he aclarado que el 30% de mi patrimonio se legue a tres ONG". Personas que creen y consideran que no "hay mejor herencia para el planeta que los proyectos con los que has colaborado en vida sigan una vez que no estás aquí".

martes, enero 11, 2011

ÉTICa SOBRE EL FINAL DE LA VIDA. «Se murió en 10 minutos» FIDEL MASREAL

la muerte asistida | controversia ÉTICa SOBRE EL FINAL DE LA VIDA. «Se murió en 10 minutos» FIDEL MASREAL BARCELONA Lunes, 10 de enero del 2011
- El caso reabre el debate sobre la reivindicación de la eutanasia y la muerte digna
- Una barcelonesa relata cómo facilitó que su padre tuviera un suicidio asistido

El 21 de abril del año pasado, Jordi, un abuelo barcelonés de 80 años, convocó en su casa a sus dos hijas. Cuando las tuvo reunidas frente a sí, les leyó una carta, la carta más sobrecogedora que ninguna de ambas habría imaginado. «Siento en mi fuero interno -les leyó el anciano- que ya no me queda más vida». Pero las hijas aún no habían oído lo más estremecedor: «Pido solemnemente que me hagan un suicidio asistido».
Nuria, una de las dos hijas de Jordi, recuerda aquella intensísima experiencia. Lo primero que sintió fue rabia. Una rabia honda. No entendía por qué su padre quería morir. Las dos hermanas intentaron disuadirle. Lo primero que se les ocurrió fue ofrecer al padre que se fuera a vivir con ellas. ¿Es porque te sientes solo, papá? «No es que no quiera ir a vivir con vosotras, hijas, es que ya no quiero vivir más. Me sabe mal el dolor que os pueda causar, pero ya no me falta nada». Y, con gran determinación, el padre zanjó: «Si no queréis participar, lo haré solo».

Nuria y su hermana se fueron llorando de casa de su padre. Pero la rabia inicial se fue transformando y dejando paso a un interrogante angustioso: ¿Que habrá pasado para que papá quiera morir? Sin embargo, la respuesta ya la exponía Jordi en su carta de intenciones. El hombre -decorador de interiores con dos tiendas en Barcelona- arrastraba desde hacía años serios problemas de salud. Una tuberculosis le había dejado con un solo pulmón y tenía crisis respiratorias periódicas. Y la muerte de su esposa fue algo definitivo. «Eso ya no lo pudo superar», recuerda Nuria. A partir de ahí su salud cayó en picado.

SOLO EN SUIZA / Jordi murió por suicidio asistido en Suiza el 18 de octubre, de la mano de la asociación Dignitas, que el año pasado ayudó a morir a tres españoles y que se ha convertido en un referente europeo para ciudadanos de países que, como España, penalizan la eutanasia. Desde 1998, más de mil europeos de distintas nacionalidades han optado por esa vía. Los que más a viajan a Suiza para morir son los británicos, alemanes y franceses. Solo Bélgica, Holanda y Luxemburgo tienen leyes similares a las suizas en materia de eutanasia. El artículo 143 del Código Penal español castiga con hasta ocho años de cárcel a quien «induzca al suicidio de otro». La pena es menor para quien coopera en la muerte de otro «por petición expresa, seria e inequívoca de este» y siempre que sufra una enfermedad mortal en estado terminal.

Nuria, administrativa de 53 años, relata qué pasó después de aquel día en que su padre les leyó aquella carta. Nuria, su hermana y sus respectivos maridos decidieron acompañar a Jordi a morir a Suiza, pues en España sería ilegal. Tras contactar con Dignitas, las hijas enviaron a Suiza una detallada documentación sobre el estado de salud de Jordi y luego viajaron al país helvético, donde tuvieron varias entrevistas con el personal médico de la asociación para confirmar que se trataba de una decisión consciente y no forzada.

COGIDOS DE LA MANO / La familia estuvo cinco días en Basilea con este tipo de pruebas y chequeos hasta que llegó el momento del desenlace.

«La casa estaba a las afueras de un pueblecito entre Basilea y Zú-

rich -recuerda Nuria, emocionada-.

Era un sitio muy tranquilo, de colores pastel, sillones, un parque... Había dos mujeres jóvenes. Les entregamos la documentación y una de ellas le preguntó a mi padre, en francés: '¿Quieres seguir con esto?' Mi padre no dudó: 'Sí, sí quiero'. Las dos mujeres salieron de la habitación para que pudiéramos despedirnos. Fue duro, pero no lloramos, ni una lágrima. Con los ojos, él nos decía: 'No lloréis, por favor'. Lo sentaron en un sillón muy cómodo. Mi hermana y yo nos pusimos cada una a un lado suyo y le cogimos las manos bien cogidas. Regresaron las dos mujeres. Una traía el fármaco, pero primero le dio un zumo dulce porque el líquido es muy amargo. La otra mujer grababa. La que le traía el fármaco le preguntó a mi padre: '¿Es consciente de lo que va a tomar? ¿Quiere tomárselo?' Entonces, papá lo cogió y se lo tomó. Ya está. Se quedó dormido enseguida. En 10 minutos había acabado todo. En 10 minutos se murió».

Nuria, asesorada por la asociación española Derecho a Morir Dignamente, ha decidido relatar a EL PERIÓDICO la muerte de su padre para reclamar que otras familias en su situación no se vean obligadas a salir del país para poder cumplir con el deseo de una muerte digna.

AYUDAR A MORIR / «A quien no me comprenda, le diría que cuando tu padre te pide esto, si le quieres tienes que ayudarlo incondicionalmente. Yo hubiera sido incapaz de decirle que no le ayudaba. Incapaz», dice Nuria. «Claro que lloro cuando pienso en ello. Ha sido muy duro. Yo ayudé a morir a papá. Pero estoy muy tranquila. Volvería a hacerlo».

Nuria hace una pausa y Teresa Gol, de Derecho a Morir Dignamente, que ha conocido decenas de casos, califica de excepcional esta vivencia: «Hay que amar mucho para hacer esto. Es poco habitual que las familias se sientan y estén tan implicadas. Hay familiares que no pueden acompañar a la persona que pide un suicidio asistido, muchas veces quizás porque no hay esta base de comunicación. Para esto es clave quererse. Y eso no se improvisa».

Nuria retoma la palabra. Una reflexión final: «Tenemos una concepción totalmente equivocada de la muerte. La muerte es una consecuencia de la vida y creo que debe acabar cuando tú quieras, no cuando quiera quien sea. Lo tengo clarísimo. Mi padre fue un hombre excepcional y siempre, siempre, coherente».

miércoles, diciembre 29, 2010

Quiero morir en casa. ¿Puedo? EMILIO DE BENITO EL PAÍS - Sociedad - 03-12-2010

Quiero morir en casa. ¿Puedo? EMILIO DE BENITO EL PAÍS - Sociedad - 03-12-2010
Los españoles desean pasar los últimos momentos en el hogar, pero la mayoría acaba en un hospital - La falta de unidades especializadas frustra esa voluntad

Cuando el Gobierno anuncia una ley para regular la muerte digna, el debate se centra enseguida en los medicamentos que se pueden dar, en si va a haber sedaciones, o si se podrá retirar un tratamiento. Pero hay un aspecto que es clave -dónde debe pasar todo eso- que siempre queda al margen. Una encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de 2009 apuntaba que el 45% de los españoles desea que sus últimos momentos transcurran en su casa, un 31,9% prefiere un centro especializado y solo un 17,8% elegiría un hospital.

Pero que algo se quiera no implica que suceda. Si se toman los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) se ve que el 47,26% de los fallecimientos de 2008 (último año con datos) ocurrió en un centro hospitalario. Y ese porcentaje no ha hecho más que aumentar. En 1999, la proporción era del 34,6%. A priori, si se asume que lo mejor, de una manera general, es morir en casa, los datos demostrarían un fracaso del sistema. Pero cuando se escarba con los expertos surgen otras apreciaciones. Albert Jovell es médico y presidente del Foro Español de Pacientes. También ha tenido un cáncer, lo que le convierte en espectador de excepción de todos estos procesos. "Muchos querríamos morir en casa, pero morimos en el hospital", afirma. El psicólogo Javier Barbero, que ha trabajado en atención domiciliaria, explica que en esos momentos "uno necesita tener su mundo almohadillado", y "lo cotidiano y lo cercano son elementos de protección". El conflicto surge porque "hay que priorizar entre una buena atención afectiva y una buena atención técnica". "Cuando aseguramos un buen apoyo técnico, la gente prefiere quedarse en casa", afirma. Porque de lo que no se trata es de estar en casa si es a cambio de estar mal cuidado. Por eso Jovell añade: "Si pudiera la organización venir a casa, todos nos sentiríamos mejor". Ahí surge un grave inconveniente. La atención al final de la vida es competencia de los cuidados paliativos. Cuando los hay. Porque como reconoce el presidente de la sociedad española correspondiente (Secpal), Javier Rocafort, los existentes no son suficientes. "Hay una estrategia nacional de 2007 que fue un auténtico revulsivo", dice. "Entonces solo había planes autonómicos en seis comunidades, y ahora ya los hay en 13 o 14. El número de unidades ha aumentado un 70%", afirma. Pero no basta. Rocafort explica que para la atención en casa hace falta un miniequipo de médico y enfermera por cada 100.000 habitantes, "lo que supondría 470 en España". "Pero hay poco más de la mitad", afirma. Eso implica que en el mejor de los casos, si estos equipos estuvieran bien repartidos, poco más de la mitad de los pacientes podrían recibir esa atención. Rocafort, sin embargo, opina que el problema no se puede plantear sobre esta base. Y pone en duda la validez de las encuestas. Para empezar, porque tienen un sesgo importante. "Cuando se pregunta, se pregunta a gente sana, que es la que dice que quiere morir en casa, con los suyos, en su cama, controlando, y no en el hospital. El hospital es un medio hostil para los sanos, porque no está pensado para ellos. Pero luego, cuando llega el momento, muchos deciden que prefieren no tener que controlarlo todo, que quieren que lo haga otro, que le quiten las náuseas, el dolor. Si la habitación es agradable, perfecto, pero les importa más poder tocar el timbre y que acuda la enfermera enseguida". El médico no habla como un teórico. Trabaja en el Hospital Laguna, un centro especializado en cuidados paliativos. "Tenemos 43 camas, y puedo asegurar que el 90% de los ingresados quiere estar aquí", afirma. En estas situaciones hay otro factor que Rocafort señala: aparte de situaciones clínicas que no se pueden atender a domicilio si no es por un profesional -un dolor agudo episódico, por ejemplo-, hay veces en que no hay un familiar capaz de cuidarle, o falla el domicilio. "Esto es más frecuente de lo que creemos; ocurre en una cuarta parte de los casos". Ese familiar -un cuidador o, casi siempre, una cuidadora- tiene mucho peso. Fernando Marín, que preside la Asociación Morir en Casa, cree que su papel es casi tan importante como el del paciente. "El cuidador tiene que estar dispuesto y compartir la idea", señala Marín como primer paso. Y para una asociación como la suya, que promueve que las personas fallezcan en su domicilio, hay un obstáculo de inicio: "La falta de información sobre el diagnóstico y el pronóstico". "Ni siquiera a los pacientes con cáncer -que son usuarios típicos de cuidados paliativos- se les explica bien lo que va a pasar. Y eso dificulta decir cómo y dónde se quiere morir", afirma. Jovell redunda en la idea de que la falta de una información clara impide que se tome la decisión con fundamento. "Tienen que tener claro que no se va a recuperar, que ingresarlo solo va a alargar dos o tres días la muerte". "Culturalmente, sí que se quiere morir en casa, pero los cuidadores tienen que tener apoyo para estar seguros de que lo están haciendo bien", apunta Marín. Porque, si no, el paciente acabará en el hospital, "que les da esa seguridad". "Un ingreso es adecuado cuando podemos mejorar la vida, pero hay un riesgo de entrar en un encarnizamiento, aunque sea involuntario, porque está en la dinámica per se de los hospitales", añade Marín. La opción es dar apoyo a las familias. "Nuestro trabajo es reforzar al cuidador, decirle que lo está haciendo bien". Pero también hay que facilitar medios. Y estar dispuesto 24 horas al día, porque "si surge una crisis y el médico de cabecera va a tardar un cuarto o media hora, lo que hace la familia es llamar directamente a una ambulancia". Y de ahí va al hospital, lo quiera el paciente o no, relata Marín, donde "el paciente no está a gusto, y el centro sanitario tampoco. Ocupan una cama y no saben qué hacer con él", afirma. El papel de la familia, del entorno, es, por tanto, fundamental. Pero por muy preparados que estén, es normal que en un momento se asusten. "A nosotros se nos ha muerto un paciente mientras lo llevábamos de la cama a la ambulancia", cuenta Carmen del Mazo, técnica del Suma 112. Ella ve casos de enfermos que son trasladados al hospital cuando ya no hay ninguna esperanza "todos los fines de semana". "Ves que están en estado terminal, que van a morir en un pasillo o durante el traslado", pero es lo único que la familia puede hacer: "No tienen apoyo y los médicos de primaria lo que quieren es quitárselos de encima, porque tienen miedo a hacer algo y que les acusen de haber actuado como en el Hospital de Leganés", dice. Con este panorama, es normal que "los cuidadores estén cansados, en claudicación", añade Nines Pastor. Esta enfermera ha trabajado de enlace entre atención primaria y cuidados paliativos en Córdoba, y ha visto de todo. Tanto, que no se atreve a decantarse por una solución como la mejor. "Existen cuidados paliativos domiciliarios, sobre todo en oncología terminal", dice. "No es lo mismo una persona que está sin dolor con un rango de síntomas aceptable y con familiares que se hacen cargo" que si no se cumplen estas condiciones. "De hecho, que mueran en su casa es un indicador de calidad de los servicios", indica. La ayuda, técnica y humana, es fundamental para el paciente y la familia que deciden que los últimos días de una persona sean en su casa, con los suyos. Porque aparte del cansancio de los cuidadores, indica la enfermera, hay otros factores que hay que trabajar. Porque la familia tiene que quedarse tranquila, satisfecha al final. Y a veces no puede. "La familia tiene que quedarse tranquila de que por no ir al hospital el paciente no ha empeorado", insiste Jovell. La conclusión es que "a veces a los familiares se les pide demasiado". La Encuesta Europea de Salud que dice que la mayoría cree que cuenta con dos, tres, cuatro o más cuidadores si le hacen falta parece optimista por lo que cuentan quienes viven estos momentos de cerca. "Antes, la sociedad tenía asumido que los hijos iban a hacerse cargo de los padres, que los mayores eran lo primero", dice Pastor. Ahora eso no parece tan claro. Hay casos en todos los sentidos. La enfermera recuerda el de una persona con un tumor incurable, pero que no tenía dolor. Tenía hijos, pero todos vivían fuera. "Al final, la intención de ingresarlo no tenía una justificación sanitaria, era por un problema social", cuenta. "Lo que pasa es que el hospital es el comodín, la solución", añade. Pero en los más de 100 casos que ha atendido, también está el contrario. Tiene uno reciente de una mujer en estado terminal. Nines cuenta que pidió el alta hospitalaria y que le dijo orgullosa que "se había despedido de todos". Este hecho, la despedida, pesa mucho en la decisión de los pacientes y sus familiares. "Es importante para ambos y no solo en la parte de decir adiós". "Hay otros aspectos, como las últimas voluntades, que no tienen que ver con los ritos sociales", insiste. Y está claro que en un hospital "todo eso es más dramático", añade. Parece claro que no hay una solución para todos. Por eso, Jovell recalca que la clave del futuro está en "cómo gestionamos los testamentos vitales". El que quiera morir en casa, "que lo deje dicho". Y el que no, también.

"Son 15 minutos. Dejas de respirar. Y fuera" JUAN JOSÉ MILLÁS EL PAIS SEMANAL Muerte digna DMD

"Son 15 minutos. Dejas de respirar. Y fuera" JUAN JOSÉ MILLÁS EL PAIS SEMANAL - 05-12-2010

Carlos Santos era un hombre de mundo. Amaba tanto la vida que quiso gobernar la suya hasta el final. Tenía un tumor incurable. Estaba condenado a morir sufriendo. Pero se rebeló. Acudió a la asociación Derecho a Morir Dignamente. Ellos le acompañaron en su última voluntad. El pasado 10 de noviembre decidió tomarle la delantera a su enfermedad. Desayunó y dio un paseo antes de tomar un cóctel letal. Murió dormido en la habitación de un hotel. Antes quiso contarnos su historia. Pretendía que su caso sirviera para reabrir el debate de la eutanasia.

Lo normal es que las personas mayores no se vean reflejadas en la gente de su edad, pero les contaré una excepción que viví el pasado 9 de noviembre, al conocer a Carlos Santos Velicia, un hombre de 66 años (dos más que yo) que había viajado hasta Madrid para quitarse la vida. Fue después de comer, al atravesar en su compañía la Puerta del Sol, en dirección al céntrico hotel en el que expiraría al día siguiente, cuando descubrí la existencia de una curiosa sincronía entre sus movimientos y los míos. No éramos sólo un hombre y otro hombre, éramos dos individuos mayores, con tics característicos de individuos mayores, dos casi ancianos a los que cualquier espectador objetivo habría situado, en el mejor de los casos
, en el último tercio de su vida.
La habitación del hotel, sin alcanzar la categoría de una suite, era grande y luminosa y estaba compuesta por dos espacios claramente diferenciados, uno para dormir y otro para estar. El primero disponía de una cama doble, con sus respectivas mesillas de noche, y el segundo, de un tresillo y una mesa baja, todo dispuesto, como es habitual, en torno al aparato de televisión. Entre ambos espacios había un pequeño escalón destinado a subrayar, con la diferencia de nivel, la desigualdad de sus funciones. El ventanal, amplio, daba a una terraza desde la que se apreciaban los tejados del viejo Madrid.

Una vez acomodados, Carlos en un extremo del sofá, yo en el sillón más próximo a ese extremo, las sacudidas especulares se acentuaron. Así, mientras él hablaba en un tono en el que me pareció detectar cierta euforia (¿la que precede al acto final?), reconocí en sus cejas el recorte torpe que yo aplico a las mías y descubrí en los orificios de su nariz y orejas los pelos sobrevivientes a las cacerías de que suelen ser víctimas, a partir de cierta edad, estas pilosidades. No fue todo: también vi en su mirada esa curiosa mezcla de desafío y desamparo que descubro en la mía cuando tropiezo con mi rostro en los espejos de los ascensores.

-Recibí el primer hachazo -empezaba a contarme Carlos hace quince años, cuando sin más me dan dos infartos de miocardio graves. En el segundo, con arreglo a todos los aparatos que había en la pared, estaba muerto. Ya sabes que se monitoriza todo en las pantallas y las pantallas estaban muertas. Y yo también. Estos cabrones, pensaba, me entierran ahora vivo. Los médicos me pedían que si les escuchaba moviera un dedo o parpadeara, pero yo no tenía energía para nada. Nada. Muerto, muerto. Por aquellas cosas de la vida, es obvio que resucité, y resucité como un bebé, llorando. Para mí fue muy duro, porque yo era corredor, esprintaba, y tuve que dejar de hacer deporte. Tengo dos trozos de corazón necrosados. De eso no te recuperas nunca. Tengo insuficiencia cardiaca, taquicardia y arritmia.

-Pero parece que has podido llevar una vida más o menos normal desde entonces -me oí decir.

¡De normal nada! Tuve que bajar, aterrizar. Pasé tres o cuatro años muy mal porque me sentía un inútil. Dejé de
trabajar porque las agencias de viaje no querían darme trabajo (era guía turístico). Quise volver a trabajar y con la primera que lo hice tuve que ir a Sevilla y no llegué. El chófer tuvo que parar el autocar y llamar a una ambulancia que me llevó a urgencias, con lo cual el grupo quedó abandonado.

¿Y?

Tuve que plantearme mi vida y me la planteé muy bien: me voy a suicidar, pensé, pero a mi manera, a mi aire, me voy a los Mares del Sur. Me iré a Australia, de allí a Nueva Zelanda. Desde ahí iré bajando y cuando llegue a las islas de los Mares del Sur me buscaré al brujo de turno, me haré amigo de él y la noche que quiera irme le diré: "Brujo, colócame, que quiero dormirme y no quiero despertarme". Eso era lo que tenía in mente, pero, como decía John Lennon, la vida es lo que te va pasando mientras tú te empeñas en hacer otras cosas. Pues no sé lo que pasó. Pero estaba hecho una mierda. Me he pasado diez o doce años sin estar con una tía porque tenía pánico. Los médicos me decían: "Usted ya no es el león que era antes...". He sido un león en todos los sentidos: laborales, con mujeres, con todo. Ahora soy un gatito pequeño y deslustroso. Las tías, fuera. No había vida.

Mientras escucho a Carlos, cuento el número de lámparas de la habitación, primero de izquierda a derecha y después de derecha a izquierda. Y debo obtener el mismo resultado; si no, sucederá una catástrofe. Se trata de un mecanismo antiguo, infantil, para combatir la angustia. Contar me libera. Por eso cuento también ahora los dedos de las manos de mi interlocutor, siempre en las dos direcciones. Y si se levanta para ir al baño, porque tiene incontinencia urinaria, cuento los pasos que da al ir y los que da al volver, y siento un gran alivio si su número coincide. Todo ello sin dejar de escucharle. Me está relatando ahora lo de la hernia discal, que apareció luego, y por la que tuvo que meterse en el quirófano.

Fue tremendo dice, porque ya no podía ni saltar. Privaciones, privaciones y privaciones. La columna me daba dolores continuos. Hasta que me hicieron resonancias y apareció el bicho.

¿Qué bicho?

Un quiste radicular, no sabían desde cuándo estaba ahí, y es lo peor que hay, no se puede operar ni tocar porque te quedas paralítico, va al cerebro.

¿Es ahí donde llegan las terminaciones nerviosas?

Todo. Es el interior de la columna vertebral. Justamente está entre la S2 y la S3, cerca de los esfínteres de la orina y de los excrementos.

¿Cuándo te lo descubren?

Hace un año. Y me dicen que no hay solución, que no hay nada que hacer. Me lo han dicho tantas veces, tantos traumatólogos, hasta los tribunales que me dieron la minusvalía del 65% me lo dijeron: "Señor Santos, haga usted testamento vital porque le quedan meses, esto no tiene cura, no hay solución, no hay nada". ¿Qué haces? Pues me voy a EE UU, me compro una pistola y me pego un tiro, o me tiro por un puente... También he ido a edificios de Málaga que conozco, a mirar desde un octavo piso y a decirme: bueno, si me tiro desde aquí me mataré... Pero soy una persona pacífica, gustoso de la música suave, clásica, armoniosa, no me gustan los ruidos, siempre he sido pacifista, nunca me he peleado con nadie, no me gusta la violencia ni las cosas desagradables, muchas veces me ha cabreado atraer tanto a los homosexuales, cuando lo que me van son las mujeres. Y se lo preguntaba: "¿Pero por qué, qué coño tengo yo?". Y me contestaban: "Es que eres tan dulce, tan suave, tan tierno, tan fino, tan delgadito, tan poca cosa, que invitas a protegerte". Así que pensar en esas opciones me resultaba muy desagradable. Primero contacté con Exit, los australianos, y luego con Dignitas, que está en Suiza. Los de Suiza fueron los que me dieron la dirección de Derecho a Morir Dignamente de Barcelona, y éstos, la de Madrid. Y aquí estoy.

Aparte del problema del control de esfínteres, ¿de qué otra forma se muestra el deterioro?

Cada vez tengo menos energía. Por la mañana, cuando salgo de casa, después de desayunar y haber tomado Zaldiar, no tengo energía, no puedo caminar más de diez minutos sin sentarme a descansar. Lo mismo me ocurre cuando estoy de pie, tengo que buscar alguna silla donde sentarme, pues no me encuentro bien. Necesito sentarme o, mejor, tumbarme.

¿Estás muy medicado?

Sí, claro, con todos los efectos secundarios de la medicación. Mi casa parece una farmacia de las pastillas que hay.

¿Qué clase de pastillas?

De todo lo que puedas imaginar, de todo, cuarenta o cincuenta cajas, fíjate si hay. Por la mañana, cinco o seis pastillas; al mediodía, otras cinco o seis; por la noche, lo mismo. Y en los intervalos, en función de lo que me duela, pues otras tantas. El caso es que siempre tengo que llevar el pastillero conmigo. Mira, ahora voy a tomar una para tranquilizarme.

¿Quieres agua del minibar?

No, del grifo.

Carlos Santos se retira al cuarto de baño a tomarse la pastilla. Observo que la luz ha cambiado. El sol ya no da directamente en la ventana, como cuando llegamos al hotel (sobre las 4.30 de la tarde), pero la habitación me sigue pareciendo alegre. Soy yo el que está sombrío, sobrecogido. Mientras espero su regreso, releo la carta que ha escrito para la Policía Local de Madrid, donde pide que notifiquen su defunción a la dueña de la pensión donde vive, en Málaga, a fin de que "como no tengo familia ni herederos, disponga de mis pertenencias, ropa, etc., como quiera". Tras la firma, añade una suerte de posdata rogando que retiren de la vía pública su coche "antes de que lo rompan o lo destrocen". Como se retrasa, repaso también la carta al juez, donde tras resumir sus padecimientos y detallar el futuro terrible que le espera a medida que avance la enfermedad (descontrol absoluto de esfínteres, dolores intensísimos, parálisis y muerte), afirma que su voluntad de morir es fruto de sus valores y que nadie le ha inducido a adoptar esta decisión que toma de manera "libre, voluntariamente, sin que ninguna persona tenga que cooperar de forma necesaria, directa o indirectamente, para llevarla a cabo".

Como Carlos no acaba de salir del cuarto de baño, empiezo a contar, para entretener la espera, las vocales de la misiva al juez. Aparece cuando voy por la 65.

¿Era un ansiolítico? pregunto refiriéndome a la pastilla que acaba de tomarse.

Sí, pero bajo, Diazepam de 2,5.

¿Y para dormir tomas cosas?

¡Huy, sí! Ya no me hacen nada tampoco.

El círculo vicioso de la tolerancia y la adicción.

Llegará un momento en que... Bueno, ya no habrá momentos porque espero que mañana a estas horas ya esté terminado.

La luz de la habitación ha vuelto a cambiar y mi estado de ánimo se ha oscurecido. Deben de ser las cinco y media o seis menos cuarto de la tarde. Me levanto y enciendo una lámpara de pie mientras Carlos habla ahora de un libro inédito en el que ha trabajado durante los últimos quince años de su vida. Se titula El hombre dividido.

-¿Quién es el hombre dividido? pregunto.

Soy yo dice, yo y el mundo. Países que me han enamorado, como Italia, la India, Francia... ¿Sabes lo que es Nepal, Tailandia, Brasil, la República Dominicana, Gambia...? Y Europa como mi propia casa. Hay un lugar que es uno de mis favoritos, la tumba de Gala Placidia, en Rávena. Me gusta ir y estar solo ahí. Suelo cerrar los ojos para no ver nada y dejar que mi imaginación fluya y trate de imaginarse cómo fue la antesala del fin del Imperio Romano de Occidente. En realidad, he vivido. Otros no han vivido ni la mitad. Y la he vivido de lujo porque era todo pagado.

¿Tu ciudad favorita?

Londres es mi ciudad por muchos motivos. Uno, porque fue el primer sitio donde encontré la felicidad. En España no había sido nunca feliz, mi padre me pegaba con fiereza, igual que los hijos de puta de los jesuitas, que te hacían poner los dedos así, de punta, y te daban con la regla. Todo eso, una infancia muy desgraciada. Mi padre y yo vivíamos en un pequeño apartamento y desde niño, cada mañana, me levantaba de la cama, que estaba en el salón, iba a la cocina, que era donde estaba la radio, y movía el dial hasta que escuchaba una lengua extranjera. Ahí lo dejaba.

También me reconozco en ese sueño infantil de ser extranjero, aun al precio de no entender nada. ¿Acaso entendían algo los autóctonos? Ser extranjero, en aquellos años, era a lo más que se podía aspirar en la vida. ¡Qué imagen brutal, pienso, la del niño a la búsqueda de un idioma ininteligible, de una vida otra!

Mientras Carlos da detalles acerca de su libro, de su vida en Londres (donde vivió varios años) y de sus viajes a lo largo y ancho del planeta, comprendo que este hombre consiguió su sueño de ser extranjero, aunque pagando el duro precio del desarraigo, de la soledad, del aislamiento. Entonces se me escapa el primer bostezo, que es una señal de alarma. En las situaciones dramáticas, o que vivo como dramáticas, me da, además de por contar, por bostezar, como si me aburriera. Me defiendo así de los excesos de realidad, de la angustia, del pánico. Bostezo en los entierros y en las unidades de vigilancia intensiva de los hospitales como bostezaba de joven en los exámenes y en las entrevistas de trabajo. El bostezo significa que estoy jodido. Estás jodido, Juanjo, me digo, al tiempo de contar con los dedos las sílabas de "estás jodido, Juanjo" (siete, un heptasílabo) y tengo la tentación de preguntar a Santos por sus pequeños ritos contra la enfermedad, contra la mala suerte, contra la desgracia.

Por fortuna, él ha comenzado a hablar ya de la eutanasia, de su necesidad de dejar testimonio para ayudar a que se genere un debate público sobre la cuestión. En este tema, como en todos, se manifiesta de manera muy cerebral, incluyendo datos económicos y estadísticas sobre el suicidio que no me interesan demasiado. Me afectan más los aspectos emocionales, el hecho de que uno tenga que morir, cuando así lo ha decidido, de forma clandestina, en habitaciones de hoteles, en vez de hacerlo en la propia cama, o en la de un hospital, adecuadamente atendido por profesionales y rodeado de los suyos. A Carlos le da igual quitarse de en medio en un sitio u otro, no tiene a nadie y su patria es el mundo. Asegura que conoce Europa como yo conozco las habitaciones de mi casa.

-Cuando vine a Madrid para hablar por primera vez con los de DMD añade me preguntaron cuándo quería hacerlo. "Mañana", contesté, "ya que estoy aquí, mañana". Total, las cuatro cosas que tenía se las había regalado a cuatro o cinco amigos y amigas, y los ahorros se los dejo a DMD, que me dijeron que no les debía nada. Ya lo sé, contesté, pero qué hago, no fumo, no bebo y no como porque no encuentro gusto en nada. ¿En qué gasto el dinero? Antes, en Málaga, me encantaba comprar pasteles de Gloria, los mazapanes... Ahora me puedes ofrecer la Luna y no me hará ni sonreír, es que no me provoca, con el problema de los jugos gástricos... Ya no paso gusto comiendo, no paso gusto con nada. Lo que quiero es dejar de vivir, y si puede ser antes, mejor que después. En la pensión sólo he dejado ropa porque no sirve para nada. Me he traído esto.

"Esto" es una cartera de mano con la que ha hecho el viaje desde Málaga y que contiene el último equipaje de su vida: un pijama, una camisa, unos calcetines, unas zapatillas y unos calzoncillos.

Una muda resume él. Se supone que mañana a estas horas ya no me hará falta para nada.

En la cartera hay también un bote, envuelto en una bolsa de plástico, que contiene, me explica, el llamado "cóctel de autoliberación", compuesto por un hipnótico, para quedarse dormido, y un conjunto de medicamentos contra la malaria que a altas dosis resulta mortal. La fórmula está al alcance de los socios de DMD en la llamada Guía de autoliberación, y sus componentes son fáciles de obtener, la mayoría sin receta. Es, por otra parte, la misma combinación que recomiendan casi todas las asociaciones del resto del mundo.

Aunque se ha emocionado hasta las lágrimas al recordar algunos aspectos de su infancia, la actitud general de Carlos es de una frialdad que sobrecoge. Pienso que quizá es su modo de defenderse de este exceso de realidad, como la mía es bostezar o contar vocales, molduras, dedos, lámparas... Recuerdo entonces que en algún momento, cuando nos dirigíamos al hotel, mencionó la posibilidad de hablar con el director para que le hicieran un descuento.

-Me hacen descuento en todos los hoteles añadió cuando me identifico como guía turístico.

¿El diez por ciento? pregunté yo absurdamente.

¡Qué diez por ciento! responde enfadado ¡El cincuenta por ciento por lo menos!

La decisión de quitarse de en medio no había alterado en absoluto sus costumbres. Así, antes de viajar a Madrid fue a Renfe para consultar precios y descuentos teniendo en cuenta que poseía la Tarjeta Dorada para mayores de 60 años. Dado que lo pagó todo con la tarjeta de crédito, consultó también las tarifas del hotel para asegurarse de dejar en la cuenta corriente la cantidad precisa para que cada cual cobrara lo suyo. Y calculó que la mejor hora para tomarse la pócima sería en torno al mediodía, de forma que los voluntarios de DMD que habrían de acompañarle quedaran libres a media tarde: "Mejor que por la noche", decía en el correo electrónico donde enumeraba todos los detalles de orden práctico.

Como la tarde continúa cayendo, y con ella mi estado de ánimo, me levanto y enciendo otra luz que está algo alejada de mi posición. He de dar cinco pasos de ida, pero sólo me salen cuatro de vuelta. Mal asunto.

Lo de Suiza le digo volviéndome a sentar me parece muy frío. He leído algunas cosas que...

Como te he dicho insiste Carlos, yo he nacido en España, pero eso no me hace español. Cuando llegué a Inglaterra, me dijeron: "Mira, Carlos, aquí se hacen las cosas bien, no como en tu país, y se hacen bien desde el principio porque si no hay que volver a hacerlas y eso cuesta tiempo y dinero". Esa era la realidad, los españoles llegaban con las maletas aquellas de madera atadas con una cuerda. Yo era uno de esos. El día que me dijeron "tú eres uno de los nuestros, eres un verdadero profesional", ese día fue para mí... Así que todo eso de la frialdad me la suda, no me dice nada. ¿Qué frialdad? ¿A qué he venido yo aquí, a tomar pastelitos, a bailar unas sevillanas? Ni estoy de humor para bailar sevillanas ni puedo bailarlas, casi no puedo moverme. Defíneme frialdad. A mí lo que me importa es que me digan: "Señor Santos, el día tal, a tal hora, usted se presenta en esta dirección...". Mañana me levantaré, desayunaré por ahí cualquier cosa, y como a las doce o las dos, la hora más temprana, prepararé el potingue, me lo tomo, me tumbo... Los voluntarios de DMD se quedarán conmigo hasta que me haya dormido. En Suiza, con el pentobarbital, son quince minutos. Ya, dejas de respirar, y fuera. Quince minutos, para qué vamos a estar horas y horas y horas.

¿Te gusta leer? se me ocurre preguntar, parezco un idiota.

Sí, he sido un gran devorador de libros, pero ya no puedo. Mi cabeza sólo está ahora en una cosa y no hay nada más. Ya he regalado todos mis libros.

¿Tenías una buena biblioteca?

Sí, grande, muy amplia. Me he deshecho de todo. Soy un hombre de caprichos. Mira qué cinturón llevo.

Se levanta para que lo vea.

Muy bonito, sí digo observando la hebilla, formada por una moneda grande, de plata, donde se lee el lema de la República Francesa (Liberté, Égalité, Fraternité).

Es un cinturón que es una joya, de plata pura. Lo he diseñado yo, lo he hecho yo, es un cinturón único. Cuando he llevado algo encima ha sido diseñado por mí. He cogido un papel y un bolígrafo y me he puesto a dibujar lo que quería. Como siempre he tenido amigos de todo, en Mallorca tenía uno que era joyero y él me hizo mis gemelos, mi anillo...

Lleva cuidado con el escalón le digo, que ya te has caído un par de veces.

... he ido desprendiéndome de todo. Ahora, como ves, no llevo ni cadena al cuello, no llevo nada, el barco ha llegado al fin del viaje.

¿Tienes nostalgia?

No, he vivido una vida buena, rica, que la mayoría de los mortales no han vivido.

¿Y si bajamos a tomar un café?

Como quieras.

Abandonamos la habitación. Cuento mentalmente los pasos que damos hasta el ascensor, los segundos que tarda en llegar, el número de letras de la palabra ascensor (ocho, tres vocales y cinco consonantes, una rareza). Nos instalamos en una mesa de la cafetería del hotel. Yo pido un té verde y él un té con leche fría. Nos traen con la bebida unas pastas que a él no le apetecen. Me las ofrece, pero las rechazo, advirtiendo que le da pena que se queden ahí. En esto, noto en la atmósfera algo que añade desazón a la pesadumbre, como si fuera domingo por la tarde. Y no es domingo, es martes, pero caigo en la cuenta de que ese martes es fiesta en Madrid (la Almudena). He de irme, me digo, he llegado a mi límite, no soy capaz ya de reprimir los bostezos, ni de dejar de contar, he contado los botones de la chaqueta del camarero, el número de baldosas del suelo, el número de patas que suman las de todas las sillas de la cafetería... Carlos Santos sólo quería de mí que le ayudara a dar testimonio de su decisión para provocar un debate acerca de la eutanasia. Me sobra material para dar ese testimonio, para que se abra, una vez más, la discusión. No quiero verme en este hombre mayor (que va a morir mañana) cada vez que se lleva la taza a los labios, cada vez que recuerda su voluntad de convertirse en extranjero, cada vez que me mira con esa mezcla de desamparo y desafío característica de mi mirada. La solidaridad tiene límites, y creo haber alcanzado los míos. Debes protegerte, me digo.

-Si me pides que te cuente un día normal de mi vida... -está diciendo en esos instantes Carlos Santos.

Te lo pido digo.

Me levanto a las ocho, ocho y media de la mañana. A las nueve y media o a las diez salgo ya de casa. ¿Adónde voy? A la biblioteca. ¿Por qué? Porque, primero, necesito estar sentado, no puedo estar de pie. Segundo, no puedo estar en un café tres o cuatro horas leyendo los periódicos y tomándome un té. En la biblioteca no tengo que tomarme ni el té, tengo todos los periódicos a mi disposición y encima subo al primer piso y tengo Internet. Y tengo dos correos, uno solamente para la prensa en inglés, Financial Times, The Economist, The Herald Tribune, The New York Times, The Daily Telegraph..., en fin, la mejor prensa, la que te sigue diciendo qué cojones le pasa a España, que sigue teniendo revalorizados los pisos el 48% y que si así piensan vender. Eso, hace dos semanas. Están al doble de lo que valen y siguen sin bajar. Me paso toda la mañana en la biblioteca, hasta las dos, que cierran. A veces me llevo papel y escribo algo. Como en el hogar del jubilado y vuelvo a la biblioteca hasta las ocho. A esa hora me voy a casa porque es un mal barrio. Es de noche, me da miedo, y ya no salgo. Esto es un día de mi vida de lunes a viernes. Los sábados y los domingos, como no hay biblioteca, me los trato de organizar de otra manera, en un bar agradable que he encontrado, tienen varios periódicos, los leo...

-Bueno, Carlos, te voy a dejar digo en pleno ataque de fobia.

Y enseguida, para atenuar la brusquedad, añado:

¿Te acuestas pronto? ¿Quieres tomar algo o es temprano para cenar?

Hambre dice él no tengo nunca. Si luego tengo hambre, pido algo ligero; si no, me meto en la cama, que estoy cansado.

Me levanto, se levanta, nos miramos como dos personas mayores.

¿Adónde vas? pregunta.

A Gran Vía, para tomar un taxi.

Te acompaño.

Y me acompaña. Es noche cerrada ya y en las calles se respira la atmósfera festiva del domingo, aunque sea martes. En esto se detiene, nos detenemos, me mira a los ojos levantando un poco la cabeza (es algo más bajo que yo) y pregunta:

¿Tú también eres socio de DMD?

También.

Ah, vale dice, y continuamos caminando, ahora en silencio. Es la primera vez en toda la tarde que se establece entre nosotros un silencio que a él no le urge rellenar con palabras.

Ha refrescado digo entonces yo al tiempo de contar las sílabas de "ha refrescado" (cinco, un pentasílabo).

Sí asiente él.

Al llegar a Callao, y como me da la impresión de que tiene miedo a extraviarse, le pregunto si quiere que le acompañe de nuevo hasta el hotel. Dice que no, que aunque las medicinas le desorientan, se ha fijado bien por dónde hemos venido. Nos damos un abrazo largo.

¿Te veré mañana? pregunta cuando nos liberamos del largo abrazo (la expresión "largo abrazo", calculo, tiene once letras, cinco vocales y seis consonantes).

No lo sé miento, pues estoy seguro de que no tendré valor para acompañarle.

Mientras espero la llegada de un taxi, observo a Carlos Santos alejarse de espaldas con los movimientos característicos de un hombre de mi edad.

Al día siguiente, Carlos Santos se levantó, desayunó y salió a la calle para resolver en una sucursal madrileña de su banco un par de asuntos burocráticos todavía pendientes. Al mediodía (sobre las 12.45) subió en compañía de un voluntario y una voluntaria de DMD a su habitación grande y luminosa.

¿Qué os parece si me pongo el pijama? preguntó a los voluntarios.

Antes de que le contestaran, se metió en el cuarto de baño, de donde salió al poco en pijama y con unas zapatillas (no se había quitado los calcetines). Dobló cuidadosamente la ropa de la que se acababa de desprender y la guardó en el armario. A continuación tomó el DNI y lo colocó en la mesa, sobre un pequeño conjunto de billetes bien doblados. Muy cerca, dejó la carta al juez y a la policía.

Luego sacó de su cartera el bote con las pastillas, que ya había pulverizado, y las introdujo en un vaso, echando a continuación una porción de un yogur de fresa que había comprado antes de subir. Revolvió bien con la cuchara hasta lograr una masa homogénea (lo que llevó su tiempo, por la cantidad) y el yogur de fresa se puso azul debido a la reacción química. Se tomó el "cóctel" a cucharadas asegurando a los voluntarios que no estaba tan malo comparado con el aceite de ricino de su infancia. Se encontraba sentado en el sofá, quizá en el mismo extremo desde el que había hablado conmigo el día anterior. Abandonando las zapatillas en el suelo, colocó los pies (con calcetines) sobre el borde de la mesa baja y esperó los efectos del brebaje contándoles su vida a los voluntarios. Volvió a emocionarse, me dijeron, cuando recordó algunos pasajes de su desdichada infancia. A medida que pasaban los minutos, hablaba más despacio, pero sin perder en ningún momento la coherencia. Se quedó dormido sobre las 13.40, y media hora después, en medio del profundo sueño, dejó de respirar, sin estertores, sin sufrimiento, sin dolor, escapando así a un horizonte clínico espantoso. Los voluntarios de DMD abandonaron la habitación dejándolo todo tal y como estaba.

Al día siguiente, a primera hora de la mañana, otro voluntario de DMD telefoneó al hotel para advertirles sobre lo que se encontrarían en la habitación 511. La prensa, como es habitual en estos casos, no dio cuenta del suceso. La muerte de Carlos Santos Velicia, de no ser porque él quiso que quedara testimonio de ella, sólo habría servido para engordar el cajón de sastre de las estadísticas sobre el suicidio. Carlos Santos Velicia tiene siete sílabas, así que, de ser un verso, sería un heptasílabo.
Quiero morir en casa. ¿Puedo?

domingo, octubre 24, 2010

La emisión en la cadena británica Sky de los últimos momentos de vida del ciudadano estadounidense Craig Ewert




Zaritsky: "Sentí que era importante contar la historia de un hombre que decide morir"
El director del filme sobre el suicidio de Craig Ewert, emitido en Reino Unido, comenta la polémica suscitada ANTONIO FRAGUAS - Madrid ELPAIS.com - Cultura - 11-12-2008
La emisión ayer en la cadena británica Sky de los últimos momentos de vida del ciudadano estadounidense Craig Ewert, de 59 años, quien afectado de una enfermedad neurológica decidió morir, en 2006, en la clínica suiza Dignitas, ha reavivado el debate internacional sobre la eutanasia y el suicidio asistido. Las imágenes del suicidio de Ewert forman parte del documental Right to die?: The suicide tourist (¿Derecho a morir?: el turista suicida), rodado por el cineasta canadiense John Zaritsky (quien ganó un Oscar en 1982 por otro filme). Zaritsky ha reflexionado vía correo electrónico para ELPAÍS.com sobre la polémica suscitada por su película.
Pregunta: ¿Qué le diría a la gente que considera que la eutanasia es un crimen?
Respuesta:
La eutanasia no puede considerarse un crimen siempre que ciertas condiciones se cumplan. El paciente debe estar en poder de sus facultades y tener pleno conocimiento de su enfermedad. Debe tomar la decisión de acabar con su vida voluntariamente, sin coacciones ni presiones de ningún tipo. La persona que practique la eutanasia o ayude en un suicidio no debe beneficiarse de esa muerte.

P: ¿Por qué decidió rodar una película sobre este tema?
R:
Tomé la decisión por un caso controvertido que sucedió en Estados Unidos hace tres años. El marido de una mujer que llevaba años en coma quería que le fueran retirados los elementos de soporte vital y, así, que pudiera morir tal y como ella deseaba. Me indignó y disgustó de tal manera la oposición de la derecha cristiana, incluido el presidente George W. Bush, que sentí que era importante llevar a la audiencia la experiencia profunda de un hombre que decide acabar con su vida. Tras contar los últimos cuatro días en la vida de un estadounidense [Craig Ewert] con una grave dolencia neurológica, creía que el filme era un importante documento sobre el proceso de la muerte; un documento que ambas partes del debate pueden ver para aclarar sus ideas.

P: ¿Cree que su película va ayudar a la causa de otra gente que se encuentra en circunstancias similares a las de Craig Ewert?
R:
Así lo espero, la verdad. Creo que cualquiera con una enfermedad terminal debe tener el derecho a acabar con su vida. Espero que la película suponga un cambio, y que la eutanasia y el suicidio asistido sean una opción disponible para la gente en cualquier parte; también que los Gobiernos de cualquier país presten al fin atención a los votantes que, en diferentes consultas electorales, apoyan de manera constante la legalización.

P: En 2004 una película española llamada Mar adentro ganó un Oscar con un tema similar al de su filme The Suicide Tourist, aunque la cinta española no es un documental. Habla de la decisión tomada por Ramón Sampedro de acabar con su vida tras pasar 28 años postrado en una cama. ¿Conocía usted esta película?
R:
Me encantó Mar adentro y me inspiró artísticamente. Me sirvió de modelo de la sensibilidad, inteligencia y buen gusto que debe emplearse para tratar una cuestión tan delicada y compleja.

P: ¿Cómo se siente por el hecho de que ciertos medios y tabloides traten de manera sensacionalista un asunto tan serio como la muerte de una persona?
R:
Confieso que me han molestado algunas de las críticas que ha recibido la película. En Inglaterra, en un par de casos, me han ofendido sugiriendo que me movía un interés comercial morboso para explotar el suicidio de un hombre. La programación televisiva está llena de todo tipo de violencia inverosímil y muertes nauseabundas en series de ficción, pero cuando la muerte real de un hombre valiente que acaba con su vida de manera serena y pacífica se graba con una cámara, entonces dicen que el director de cine ha ido demasiado lejos. No estoy de acuerdo.

Noticias relacionadas
"Optar por seguir vivo era lo mismo que elegir la tortura"
Eluana no encuentra un hospital que le desconecte la sonda

jueves, septiembre 16, 2010

El testamento vital y últimas voluntades de Kenny

¿Por qué no dejar morir en paz a las personas sin prolongar cruelmente su sufrimiento e indignidad?

South Park - ¿Qué hacemos con Kenny? from Derecho a Morir Dignamente on Vimeo.


South Park - ¿Qué hacemos con Kenny?
http://vimeo.com/14890760

About this video:
"Seguro que Kenny ha dejado escrito su Testamento Vital..."


martes, mayo 18, 2010

La mitad de los ciudadanos irían más a locales de ocio si se prohibiera fumar. 6 millones de muertos por el tabaco en 2010

ESTIMACIONES MUNDIALES. Seis millones de muertes por tabaco en 2010. Mientras el Ministerio de sanidad español demora la prohibición mueren más personas causando terribles dramas familiares. Al que no le toca directamente prefiere ignorar el problema. ¡Qué pena de país!
* El consumo de cigarrillos reduce un 3,6% el PIB global
* Un nuevo informe calcula que este hábito cuesta 500.000 millones de dólares al año
China es el país con mayor número de fumadores (Foto: Reuters | David Gray)
Actualizado miércoles 26/08/2009 REUTERS

WASHINGTON.- El consumo de tabaco causará la muerte de seis millones de personas en el año 2010, debido al cáncer, la enfermedad cardiaca, el enfisema pulmonar y otras complicaciones, según se desprende de un informe de la Sociedad Americana del Cáncer publicado esta semana.
El nuevo Atlas del Tabaco de la sociedad estima que el uso de esa sustancia cuesta a la economía global 500.000 millones de dólares al año en gastos médicos indirectos, pérdida de productividad y daños ambientales.
"Los costes económicos totales del tabaco reducen hasta un 3,6% la riqueza en términos de producto interno bruto (PIB)", señala el mismo informe.
"El tabaco representa una de cada 10 muertes en el mundo y podría terminar con 5,5 millones de vidas sólo este año", añade el escrito. Si la tendencia actual se mantiene, en el 2020 la cifra crecerá a alrededor de siete millones y llegará a ocho millones de fallecimientos en el 2030.
En las últimas cuatro décadas, las tasas de tabaquismo han disminuido en países ricos como EEUU, Gran Bretaña y Japón, mientras que están aumentando en gran parte del mundo en desarrollo, según esta organización sin fines de lucro.
Mil millones de fumadores
Según las cifras de este documento que se actualiza anualmente, en el mundo existen 1.000 millones de varones fumadores. De nuevo geográficamente, las tasas indican que 35% de los hombres que viven en países ricos fuma, cifra que crece hasta el 50% entre quienes habitan en naciones en desarrollo.
Sólo China consume más del 37% de todos los cigarrillos del mundo, y en aquel país casi el 60% de los hombres fuma. Se calcula que 50 millones de niños chinos, en su mayoría varones, morirá prematuramente por enfermedades relacionadas al tabaco.
Respecto a las mujeres, alrededor de 250 millones fuman diariamente: el 22% de las del mundo desarrollado y el 9% de las de los estados pobres. Las tasas de tabaquismo femenino están estables o aumentaron en muchos países del sur, centro y este de Europa.
Diversas enfermedades
Según el Atlas del Tabaco, el riesgo de morir por cáncer de pulmón es más de 23 veces superior en los hombres fumadores que entre quienes no consumen cigarrillos, y hasta 13 veces superior en el caso de las mujeres fumadoras, frente a las personas que no consumen tabaco.
El tabaco causa la muerte de entre un tercio y la mitad de quienes fuman y, añaden los expertos, los fumadores mueren un promedio de 15 años antes que las personas que no tienen ese hábito.
El uso de tabaco terminará provocando la muerte de 250 millones de los adolescentes y niños actuales. Aproximadamente una cuarta parte de las personas jóvenes que fuman probaron su primer cigarrillo antes de los 10 años.
Además, indirectamente, la exposición al humo de tabaco de segunda mano en el lugar de trabajo (tabaquismo pasivo) causa la muerte de 200.000 empleados cada año.
"En el siglo XX, 100 millones de personas fueron asesinadas por el tabaco. A menos que se implementen medidas efectivas para prevenir que los jóvenes fumen y para ayudar a los actuales fumadores a abandonar (el hábito), el tabaco producirá la muerte de 1.000 millones de personas en el siglo XXI", sentencia el informe.

jueves, abril 22, 2010

Fallecimiento del padre o la madre. Herencias: trámites que deben seguirse. Modelo 790 para Certificado de Última Voluntad y de Contratos de Seguro

* Supuesto habitual de adjudicación y aceptación de herencia: trámites que deben seguirse
La aceptación de la herencia siempre deberá realizarse ante Notario y por tanto, mediante escritura pública: La documentación y pasos a seguir:

1. Obtener un Certificado de Defunción en e
l Registro Civil de la localidad donde se produjo el fallecimiento. Puede ser que lo proporcione la empresa funeraria, que también puede encargarse de otros trámites como dar de baja en la Seguridad Social, etc.


2. Obtener
un Certificado de Actos de Última Voluntad y un Certificado de Contratos de Seguro de cobertura de fallecimiento en el Ministerio de Justicia. Instrucciones en imagen adjunta para rellenar por duplicado los impresos del modelo 790 y pagar la tasa de 3,62 € por cada uno (tasa desde Enero de 2013).

3. Solicitar al Notario que otorgó el testamento que expida una copia autorizada.


4. Acudir a un Notario para otorgar una escritura de partición y adjudicación de la herencia. Habrá que facilitar al notario escrituras de los inmuebles, relación de los bienes y certificados de saldo de las cuentas bancarias. (
Con los siguientes documentos (certificado original de defunción, certificado de últimas voluntades y copia del testamento), tienen que ir a todos los bancos y cajas donde hubiera cuentas corrientes o libretas a nombre del causante. Los bancos, están obligados a darle certificado bancario del saldo al día del fallecimiento y extracto de la cuenta de al menos un año antes del fallecimiento. )

5. Una vez redactado el documento y comprobados los datos el notario convocará a los herederos a la firma de la aceptación de la herencia. Unos días después proporcionan un par de copias simples y deberán abonarse los honorarios correspondientes al fedatario público.

Trámites posteriores:

a. Si entre los bienes heredados hay un piso, hay que pagar al Ayuntamiento la Plusvalía o Impuesto sobre el incremento del valor de la vivienda. Uno de los hijos puede actuar por los todos con las debidas autorizaciones descargables de la web del Ayto. de Zaragoza. Hay un plazo de 6 meses. Además hay que inscribirlo en el Registro de la Propiedad con sus nuevos propietarios. En Zaragoza en la Pza. Mariano Arregui. El registro no es obligatorio, pero es necesario si se va a vender. Se quedan la escritura de aceptación de herencia original y una hoja de la carta de pago del impuesto de sucesiones. Tardan unos 15 días y te llaman por teléfono indicándote la cantidad a abonar en el momento de recogerla.

b. Hay que pagar el Impuesto de Sucesiones mediante autoliquidación (uno de los hijos puede hacerlo por todos) en la Hacienda autonómica, también con plazo de 6 meses, o se incurre en multas y recargos. Este impuesto se ha eliminado en las autonomías donde gobierna el PP. En otras hay un mínimo exento de tributación. En Aragón se presenta la autoliquidación del Impuesto de Sucesiones y Donaciones con el impreso 560. En el portal de Aragón hay abundante información incluyendo Guías Breves Tributarias y el programa A.I.S.A. que puede descargarse para cumplimentar los impresos (No funciona en Windows 7 el programa instalador del Motor de la Base de Datos). En Valoraciones inmobiliarias se puede convertir el valor catastral de las viviendas en valor real... En la sede del Paseo de la Independencia de la Hacienda del Gobierno de Aragón venden los impresos 560 (1,10€), dan información y etiquetas y ayudan a rellenarlos... Hay que llevar original de la escritura de aceptación de herencia y copia simple y otros documentos como contratos de seguro y último recibo de I.B.I.

Certificado de Actos de Última Voluntad

Qué es

El certificado de últimas voluntades es el documento que acredita si una persona, ha otorgado testamento/s y ante qué Notario/s. De esta forma, los herederos podrán dirigirse al Notario autorizante del último testamento y obtener una copia (autorizada) del mismo. Este documento se precisa para la realización de cualquier acto sucesorio. Lo expide el Registro General de Actos de Última Voluntad.
Documentación y requisitos necesarios
La solicitud, que se presentará obligatoriamente junto con el certificado de defunción, y el resguardo del abono de la tasa correspondiente, se efectúa mediante la presentación del impreso oficial Modelo 790. El impreso se rellenará exactamente con los mismos datos que figuren en el certificado de
defunción. El certificado de defunción habrá de ser original, o fotocopia debidamente compulsada, expedida por el Registro Civil correspondiente a la localidad en que la persona haya fallecido. Y en él deberá constar necesariamente el nombre de los padres del fallecido.
Precio y pago de la tasa
Certificado de Actos de Última Voluntad....................... 3,62  euros
El pago de la tasa para la obtención del certificado podrá realizarse de dos formas:
SI USTED DISPONE DE CERTIFICADO DIGITAL
  • Podrá Generar el Modelo 790 de Tasas Administrativas (Este enlace se abre en una nueva pantalla), cumplimentarlo telemáticamente y realizar el pago a través de la pasarela de pagos de la Agencia Tributaria. Para ello, puede consultar las entidades bancarias adheridas a dicha pasarela de pago y el horario de servicio.
  • Cuando cumplimente el pago, no olvide guardar e imprimir el formulario y el documen to acreditativo del mismo, para su presentación a través de los métodos indicados más adelan te.
  • Una vez efectuado el pago de forma telemática podrá COMPROBAR en la Agencia Tributaria, en cualquier momento, la información referente a dicho pago. Es conveniente, que en el caso de un fallo del procedimiento telemático CON CERTIFICADO (en las pantallas del pago o posterior a estas), compruebe que dicho pago no se ha realizado antes de intentarlo de nuevo.
  • Si tiene alguna duda, puede consultar el manual sobre el pago de tasas telemático.
SI USTED NO DISPONE DE CERTIFICADO DIGITAL
  • Podrá Descargar el Modelo 790 para la solicitud de certificado de Últimas Voluntades, que además de poder obtenerlo en esta página, está a disposición de los interesados en los siguientes lugares:
  • Una vez cumplimentado el formulario, deberá dirigirse a cualquier banco, caja de ahorros o cooperativa de crédito colaboradora en la recaudación tributaria (la práctica totalidad de las mismas) para efectuar la liquidación. (IMPORTANTE: deberá ponerse especial cuidado en liquidar correctamente el importe de la tasa, porque si se hiciese por cuantía errónea la entidad financiera no puede devolver o compensar la misma y, en caso de solicitar su reintegro, el interesado deberá iniciar un expediente de devolución de ingresos indebidos).

Quién puede solicitarlo/presentarlo

Puede solicitarlo cualquier persona, siempre que presente los documentos requeridos.

Plazo

El certificado de últimas voluntades ha de solicitarse una vez hayan transcurrido quince días hábiles a partir de la fecha de defunción.


La aceptación de la herencia se hará del siguiente modo: Si hubiera testamento, deberán comparecer y suscribir la escritura de aceptación de herencia todas las personas que fueran designadas como herederos, legatarios y también las personas que tienen derecho a legítima así como el cónyuge que aunque no sea heredero tenga atribuido el usufructo legal sobre toda o parte de la herencia.

La posibilidad de realizar apoderamientos para la aceptación de la herencia: Frecuentemente nos encontramos con que resulta difícil reunir en el mismo día y en un mismo lugar a todas las personas llamadas a una herencia. Por ello, en el caso de que entre las personas o parientes exista conformidad en el modo en que se repartirá la herencia cabe la posibilidad de otorgar unos poderes notariales y especiales para el caso concreto a favor de otro u otros herederos para que les representen en el acto de la firma de la escritura de aceptación de la herencia y así no demorar los trámites.

Trámites a realizar tras el fallecimiento. Supuesto práctico o ejemplo de fallecimiento del primer cónyuge.

Cementerio. Solicitud de concesión de nicho. Cambio del titular del alquiler del nicho en el Cementerio Municipal o Ayuntamiento. Pago anual de tasas (domiciliación). Compra e instalación de la lápida.
Funeraria. Pago factura (unos 3650€ en Marzo 2010 con el arca más barata, dos esquelas y centro rosas e incineración en Zaragoza: funeraria El Paraíso).


1. Registro civil. Solicitar certificados de defunción.
Dar de baja en la Seguridad Social. Lo hace la funeraria. Informar al organismo de atención a la dependencia.

2. Existe un Testamento Mancomunado (derecho foral aragonés) en el que los cónyuges se otorgan el usufructo vidual universal sin obligación de inventario ni fianza. Facultad fiduciaria para que el sobreviviente disponga con libertad de sus bienes, de los privativos del premuerto y de los bienes consorciales entre los descendientes, en forma, tiempo y proporción, por donación o mortis causa. Se designa herederos a los hijos en partes iguales.

3. Liquidación del Impuesto de Sucesiones.
Hay que presentar autoliquidación. hay un mínimo exento en Aragón. En autonomías del PP, como Navarra, se ha retirado este impuesto. (Plazo de seis meses, o recargo y multa. Prescribe a los cinco años y medio.) (Para inscribir el piso en el Registro hace falta el sello de la oficina que gestiona el Impuesto de Sucesiones). Pasos a seguir: 1. Liquidación de la sociedad de gananciales. Tasación de los bienes y división en dos partes iguales. 2. Reparto de la herencia. 3. Escritura de partición realizada en una notaría. (Detalle de los bienes que integran la herencia, junto con la aceptación o no de su parte por los herederos con las correspondientes adjudicaciones en su caso.)

4. Valoración de los bienes: 1. Piso del domicilio habitual. Valor catastral revisado en 1997: 50.000 €. Valor actual de mercado: entre 30.000 y 60.000 €. 2. Cuenta bancaria indistinta con el cónyuge. 3. Cuenta bancaria indistinta con la hija menor. 4. Depositos a plazo fijo. 5. Ajuar domestico. 3% del (total de la herencia – 50% del valor de la vivienda habitual). 6. Gastos funerarios. A deducir según autonomías...

5. Reparto de la herencia. El cónyuge viudo tiene derecho al 10% (89 menos su edad, pero nunca menos del 10%) de un tercio del total de la herencia (usufructo). Los hijos tienen derecho al resto de la herencia.

6. La revista Dinero y Derechos de la Organización de Consumidores y Usuarios recomienda para pagar la mínima cantidad de impuestos (I.R.P.F., Sucesiones e I.V.B.N.U.): que en la disolución de la sociedad de gananciales el cónyuge viudo se atribuya las cuentas bancarias y que el piso o vivienda habitual pase íntegro a la herencia para que se transmita a los hijos y así se evita tributar dos veces (Impuesto de Incremento del Valor de los Bienes Urbanos) y además se consigue una deducción (95% de la parte heredada de la vivienda habitual, siempre que no se venda en 10 años) (y se evita una segunda inscripción en el Registro de la Propiedad cuando fallezca el viudo). También recomienda en vez del usufructo a que tiene derecho, adjudicar bienes concretos en propiedad al viudo o, lo que es mejor, que el viudo renuncie a su parte de la herencia (en usufructo y propiedad, que pasará a los hijos), y a su legítima de forma “pura y simple”.

.

Archivo del blog

.