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sábado, diciembre 15, 2012
Iranian women against veil
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miércoles, septiembre 29, 2010
"Me esperaban como a un redentor. Pero yo solo no puedo cambiar Egipto". Mohamed El Baradei
Su regreso a Egipto al cabo de tres décadas de exitosa trayectoria profesional en el servicio exterior, primero, y en la ONU, después, ha agitado la narcotizada escena política local. A punto de cumplir los 68 años y con el Nobel de la Paz bajo el brazo, Mohamed el Baradei, el ex director del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), representa una alternativa creíble a la ominosa dicotomía entre el autoritarismo de Mubarak y el fundamentalismo religioso. "Yo solo no puedo cambiar Egipto", advierte este diplomático de carrera y abogado de formación durante una entrevista de casi dos horas con EL PAÍS en su casa de las afueras de El Cairo.
"No había planeado meterme en política, pero cuando estaba terminando mi mandato en la Agencia de Energía Atómica empecé a recibir llamadas para que viniera y echara una mano, y pensé que, si podía, debía ayudar a encaminar Egipto hacia la democracia. Porque estoy convencido de que ese debe ser el objetivo", asegura.
Solo el rumor de que iba a ponerse al frente de un movimiento por la democracia hizo que cientos de personas desafiaran las advertencias de las autoridades y acudieran al aeropuerto a recibirle a finales de febrero. También la mayoría de los representantes de una tan dispersa como variopinta oposición quisieron sumarse a lo que se bautizó como Asociación Nacional por el Cambio. Desde entonces, ese frente ha tenido sus más y sus menos.
"Todo el mundo tenía expectativas descomunales... esperaban que fuera un redentor... resulta poco realista", declara El Baradei. "Intento rebajar estas expectativas y explicar que para que la situación cambie, todo el mundo tiene que movilizarse".
"En algún artículo me han llamado político híbrido", bromea. "Es cierto, no soy un político profesional a tiempo completo. Mi objetivo es ayudar a difundir ideas, hablar con la gente. El Premio Nobel no es una condecoración, es una responsabilidad. ¿Qué puedo hacer en Egipto?". Suena sincero cuando asegura que no busca la presidencia. Pero tal vez sea esa falta de ambiciones políticas convencionales lo que convierte sus propósitos en un reto formidable para un régimen anquilosado por tres décadas de control absoluto de todos los resortes del poder.
"Una vez que haya un sistema democrático, no importa tanto quién sea el presidente. Lo importante es cambiar el modelo de gobierno unipersonal por uno basado en las instituciones", defiende. Parece obvio, pero en Egipto roza lo subversivo. "Sé que están nerviosos porque es la primera vez que se les dice a la cara que ya no engañan a nadie. Y no les gusta porque saben que tengo credibilidad, reconocimiento y siempre tengo alrededor medios internacionales que dejan constancia de lo que hago. No pueden decir que viene de alguien que no conoce la realidad. Mi vida se ha complicado cuando podría estar viviendo tranquilamente", resume.
"Nunca he dicho a los egipcios que vaya a ser su líder, pero si es eso lo que quieren, tienen que estar dispuestos a dar la cara", explica El Baradei. Propone que firmen una petición para exigir unas elecciones libres y justas, y los cambios constitucionales necesarios para que cualquiera que esté cualificado pueda concurrir a las presidenciales, sin las actuales cortapisas a los independientes. Es algo que respalda todo el espectro político, a excepción del partido gobernante.
"Apenas hemos conseguido 70.000 firmas porque la gente tiene miedo de expresar sus puntos de vista", admite. Y eso a pesar del esfuerzo de un ejército de 12.000 jóvenes voluntarios que se han desplegado por las zonas rurales para llevar el mensaje más allá de las audiencias urbanas de Facebook y Twitter, donde su éxito ha sido arrollador. Pero Egipto supera ya los 80 millones de habitantes y, como el propio diplomático recuerda, un 30% de ellos son analfabetos y un 42% vive con menos de dos dólares al día. El director de un periódico oficialista ha fijado en un millón de firmantes el umbral para tener en consideración su campaña.
El Baradei no se obsesiona con la cifra. "Me gustaría ver cinco, diez millones... Se trata de presionar al Gobierno. Si logramos que millones de personas se declaren a favor del cambio, va a ser más difícil para el régimen ignorarlo, tanto dentro como fuera del país. Y no se me ocurre otra forma de lograrlo". Debido a la Ley de Emergencia, no puede tener una sede, dirigir un movimiento civil, recabar fondos ni organizar mítines. "Incluso está prohibido que más de cinco personas se reúnan en la calle", apunta. Hay gente que habla de protestas y manifestaciones, pero él insiste en "hacer entender al régimen que no intentamos acabar con la posibilidad de un cambio pacífico porque sería desastroso para el futuro del país".
Ahora, los Hermanos Musulmanes le han ofrecido su ayuda para lograr el respaldo popular que necesita. Puede ser el elemento que incline finalmente la balanza, ya que ese partido islamista, que el régimen tolera a pesar de su ilegalización en 1954, constituye la principal fuerza de oposición en el Parlamento y en la calle. El Baradei se muestra pragmático al respecto.
"Constituyen el 20% del Parlamento, frente al 1% que logran los partidos legales, y además tienen credibilidad porque se han preocupado de dar atención médica y social a los más desfavorecidos", constata, sabedor de las críticas que la reunión que ha mantenido con ellos ha despertado entre la izquierda y los sectores laicos. "Por supuesto que tenemos distintos puntos de vista en cuestiones sociales y políticas. Por ejemplo, a mí me gustaría ver a un copto o a una mujer como presidente de Egipto. Ellos discrepan, pero no estamos compitiendo en unas elecciones ni siquiera discutiendo el contenido de la Constitución, sino coordinándonos para pedir un cambio hacia la democracia. También he hablado con los cristianos, con los socialistas, etcétera".
Se trata, explica, de establecer unos valores básicos comunes, una especie de contrato social. "Los Hermanos Musulmanes no preconizan la violencia, no son ETA. Han dicho públicamente que están a favor de un Estado civil. Hay que concretar eso en la Constitución. Esas son las líneas rojas y tenemos que darles una oportunidad de participar", defiende. Considera que se les ha asociado injustamente con Al Qaeda. "Deben poder opinar incluso si estamos en completo desacuerdo con ellos. Si tienen tanto respaldo es precisamente porque se ha cerrado el espacio político al resto", concluye.
La cuestión de los Hermanos Musulmanes da pie a El Baradei para mostrarse muy crítico con Occidente. "Su política hacia el mundo árabe ha sido un completo fracaso. Si se quiere cambiar la tendencia, hay que dar el poder a la gente. La estabilidad se consigue con gobiernos elegidos, el extremismo es fruto del apoyo a gobiernos dictatoriales. Tal vez se consigue petróleo a buen precio, pero no dura. Oriente Próximo es una bomba de relojería", advierte.
Se deja llevar por su afición a los temas globales: Irak, Irán, Hamás... Se nota que son cuestiones que le preocupan. "Todos estos asuntos están interconectados. No puedes hablar de armas nucleares sin hablar de inseguridad, de pobreza, de los problemas endémicos", defiende.
Aprovecho que tiene una llamada telefónica para preguntarle cómo ha reaccionado el establishment a su irrupción política. "Hacen como que no les importa, pero han detenido a gente que está a mi alrededor, a varios de los jóvenes que recogen firmas, a personas que me han respaldado. Incluso en Kuwait, han expulsado a 17 jóvenes profesionales que me expresaron su apoyo. Tienen miedo al cambio, y también hay una gran expectación en el resto del mundo árabe porque saben que si Egipto avanza en la dirección correcta, tendrá un efecto incluso en el África subsahariana".
También han presionado a los propietarios de cadenas de televisión privadas para que no den cobertura a sus actividades. Además está la campaña de desprestigio.
"Me han vilipendiado profesional y personalmente. Han dicho que trabajaba para Irán y para Estados Unidos, que era antiislámico y pro Hermanos Musulmanes, que tengo múltiples nacionalidades, cualquier idiotez, pero no han entrado a debatir la esencia de mi discurso. ¿Cómo pueden defender que entre seis y siete millones de egipcios que viven en el extranjero no tengan derecho al voto, que no haya supervisión judicial de las elecciones, ni una comisión electoral independiente, ni supervisión internacional? No hay ninguna lógica detrás".
Reconoce que las élites se benefician del statu quo. "A no ser que creemos un ambiente en el que la mayoría de la gente pierda el miedo y pueda expresar sus opiniones... Solo entonces podremos, como España tras Franco, lograr la democracia de forma pacífica", asegura, demostrando que las referencias a Zapatero, Moratinos, Lorca o Almodóvar, con las que ha ido salpicando la conversación, son algo más que una cortesía hacia su interlocutora. Es consciente de que ese proceso va a llevar tiempo.
"Nadie sabe lo que va a pasar en Egipto dentro de un año. Todo el mundo dice que es el fin del régimen, pero puede ocurrir en seis meses, en un año o en tres. Nadie puede predecirlo", afirma sobre el relevo de Hosni Mubarak, que acaba de cumplir 82 años. Este aún no ha aclarado si va a presentarse para un sexto mandato en las próximas presidenciales o si, como muchos egipcios sospechan, pretende colocar a su hijo Gamal.
"Lo que yo puedo hacer es trabajar, dentro y fuera del país, para convencer a los egipcios y a todo el mundo de que tenemos que cambiar de forma pacífica y de que el cambio es bueno para todos, ricos y pobres, derechas, izquierdas y centro", señala. Es otra de las críticas que se le hacen: que pasa mucho tiempo fuera de Egipto.
"Entiendo que hay distintos puntos de vista, pero desde el primer día comprendí que no podía seguir operando como lo ha hecho la oposición en los últimos cuarenta años. Las manifestaciones de medio centenar de personas, las condenas y los comunicados no han llevado a ninguna parte. Hay que movilizar a la gente, educarla, hacer las cosas de forma racional, no emocional", explica.
"Además, te das cuenta de que mucha gente tiene su propia agenda, que tras décadas en la oposición han hecho una forma de vida de ello. No quiero ser cómplice del régimen. Por ello me he negado a unirme a un partido y darle al sistema lo único que no tiene, legitimidad", afirma, sabedor de lo fácil que sería caer en la trampa. "Les encantaría que concurriera a las elecciones, lo han dicho. Participaría, obtendría un 30% de los votos, me darían la mano y me dirían 'gracias, le esperamos la próxima vez'. Pero ese no es mi objetivo. Lo que quiero es que Egipto avance hacia la democracia y poder seguir haciendo lo que estaba haciendo y que la gente siga adelante", añade.
"Es cierto que tengo compromisos internacionales porque no contaba con esto. Tengo que entregar el borrador de un libro en septiembre, antes de ir a Santiago de Compostela a recoger un premio; participo en varios comités sobre asuntos de seguridad y relaciones internacionales... No soy un político a tiempo completo y, aunque lo fuera, no hay mucho más que pueda hacer por ahora. Cuando tengamos más firmas y la gente empiece a superar el miedo... Trato de hacer entender que el cambio no es cuestión de una persona", reitera una vez más.
"Los egipcios han empezado a perder el miedo porque han visto que he sido capaz de hablar claro en televisión y de ver la relación entre la situación política y la falta de desarrollo económico y social. Se han dado cuenta de que hay más opciones que el autoritarismo o Bin Laden. Lo difícil ahora es lograr que, tras decir 'le apoyo, hagámonos una foto juntos', den un paso al frente y firmen la petición, entonces podré presentarme ante el Gobierno y decir que hablo por la mayoría de los egipcios. Ahora mismo no puedo hacer eso", concluye El Baradei.
Si logra ese respaldo, ¿será candidato a la presidencia? "Solo si se cumplen las siete condiciones de la petición y si la gente me quiere. No estoy especialmente interesado en dirigir el país, pero si la gente me lo pide, no les dejaré en la estacada".
Los siete puntos de la petición
» 1. Acabar con la ley de emergencia.
» 2. Permitir que el poder judicial supervise todo el proceso electoral.
» 3. Autorizar la presencia en los comicios de observadores de la sociedad civil, locales e internacionales.
» 4. Dar igual acceso a los medios de comunicación a todos los candidatos, en especial en las elecciones presidenciales.
» 5. Permitir que los emigrantes egipcios puedan ejercer su derecho al voto en embajadas y consulados.
» 6. Garantizar el derecho a ser candidato en las elecciones presidenciales sin limitaciones arbitrarias, de acuerdo con las obligaciones que Egipto ha contraído como firmante de la Convención Internacional de Derechos Civiles y Políticos, y limitar la duración de la presidencia a dos mandatos consecutivos.
» 7. Exigir el carné de identidad para votar.
Para lograr algunos de los puntos anteriores hay que enmendar los artículos 76, 77 y 78 de la Constitución lo antes posible.
"Irán no necesita la bomba"
La conversación deriva inevitablemente hacia la cuestión nuclear iraní en varias ocasiones. El Baradei se muestra convencido de que "las sanciones no van a resolver nada. Al contrario, van a reforzar a los duros dentro del sistema y la idea de que Occidente no quiere tratar a Irán de igual a igual", asegura. Tampoco considera alternativa un ataque militar. "Un bombardeo equivaldría a dar carta blanca a Irán para que desarrolle armas nucleares en dos o tres años, y con el apoyo de todos los iraníes". Para el ex director del OIEA, la única vía es el diálogo.
"Por eso he respaldado el intercambio de combustible. Sé que tanto Ahmadineyad como Obama, con los que hablé personalmente, estaban encantados porque servía de precursor para el diálogo. Pero la competencia política dentro del sistema iraní hizo descarrilar la propuesta", explica. Y es que, a pesar de las señales contradictorias, opina que los iraníes quieren la normalización con EE UU y es la rivalidad de sus dirigentes por ver quién logra esa medalla la que frena el avance. En consecuencia, le ha decepcionado la reacción de Occidente a la reciente mediación de Brasil y Turquía. "Es como si no quisiera dar un sí por respuesta. No se puede pedir a los iraníes que se desnuden antes de empezar las negociaciones".
Del recelo de los árabes hace responsable a la Administración Bush. "Asustó a todos los vecinos con la amenaza de que Irán va a dominar la región, pero Irán no necesita la bomba para tener influencia en la región porque ya la tiene", constata. Para él, esa preocupación "es un síntoma de la confusión que existe en el mundo árabe sobre lo que es la seguridad nacional".
jueves, junio 18, 2009
De aquella revolución sólo queda el desencanto. Los ayatolás aún no han resuelto los problemas que desataron hace 30 años la revuelta contra el sha
"Llegué a ver el rostro de Jomeini en la luna", recuerda ahora incrédulo A. H., que siendo un joven oficial del Ejército del sha participó en la revolución que le derribó en 1979. "Fui un revolucionario", admite con una mezcla de orgullo y desencanto. Como él, millones de iraníes siguieron la llamada de Jomeini a finales de 1978 y principios de 1979, para salir a la calle y echar del poder a Mohamed Reza Pahlevi. Treinta años después, aquella generación sigue gobernando, pero la República Islámica aún no ha resuelto algunos de los problemas que desataron un movimiento revolucionario sin precedentes en el mundo musulmán.
"Éramos jóvenes; no analizábamos las cosas. Nos limitábamos a repetir los eslóganes y creíamos a pies juntillas en las palabras del imam", manifiesta este hombre de 55 años que hizo la transición a las nuevas Fuerzas Armadas y luchó durante los ocho años de guerra con Irak. Hoy, ya jubilado, ha perdido aquel entusiasmo. "Poco a poco, mis compañeros y yo nos dimos cuenta de que nos habían engañado", admite sopesando sus palabras.
Pocos reconocen en público que la revolución fuera un error. Una revisión no sólo supone cuestionar el mito en el que el régimen ha convertido el momento fundacional de la República Islámica, sino las propias trayectorias vitales. Se trató de un levantamiento popular que contó un respaldo de todo el espectro político. La oposición al sha incluyó desde marxistas hasta partidarios de la monarquía constitucional, pasando por intelectuales laicos. La figura de Jomeini sirvió de aglutinante y el clero chií actuó de amplificador al llevar el mensaje hasta las mezquitas de las aldeas más remotas.
Cualesquiera que hayan sido los logros, quedan sin embargo muchos asuntos pendientes. La propia llegada al poder de Mahmud Ahmadineyad en 2005 se hizo sobre una plataforma que reclamaba la vuelta a los principios revolucionarios, dando a entender que en alguna medida Irán se había alejado de ellos. Pero ¿cuáles fueron esos pilares sobre los que se levantó este nuevo modelo que proponía combinar islam y democracia?
En el ámbito interno, Jomeini prometió un buen gobierno y una sociedad justa, de acuerdo con la sharía o ley islámica. En el externo, independencia y soberanía. Hasta qué punto se han conseguido esos objetivos, es materia de debate en el propio Irán.
"En términos económicos los resultados no han sido tan buenos", admite Saeed Leylaz. Este economista crítico cita como ejemplo que el Producto interior bruto per cápita no alcanza el de 1976 a precios constantes, o que Irán está exportando el mismo número de barriles de petróleo que entonces (2,2 millones diarios). Sin embargo, subraya que la brecha social es hoy menor que hace 30 años, sobre todo entre el campo y la ciudad. "En ese sentido, el principal objetivo de la revolución ha sido un éxito", asegura.
Para Leylaz, el mayor logro de todos fue sin duda transformar Irán de una sociedad rural en una sociedad urbana. "La República Islámica nos convirtió ciudadanos", afirma. Paradójicamente, ése era el objetivo que se proponía el sha con sus medidas modernizadoras. Sin embargo, su abandono del campo y su revolución desde arriba, con la prohibición del velo y otras costumbres importadas, produjeron la reacción contraria. "La sociedad rural era demasiado tradicional para ello", concede el analista.
Otro destacado reformista, Mohamed Atrianfar, abunda en la misma idea. "Han mejorado todos los indicadores de desarrollo, el nivel de bienestar, de educación, de salud, e incluso el patrón de consumo", defiende antes de recordar que su país se vio obligado a afrontar ocho años de guerra con Irak (1980-1988) que retrasaron esos avances.
En la calle, muchos iraníes están de acuerdo, aunque lamentan haber perdido en el camino lo que el director de una sucursal bancaria resume como "alegría de vivir". Todo ha adquirido un tono gris en este país cuyos poetas siempre han ensalzado los placeres de la vida, el amor, las mujeres y el vino. Pero los iraníes no están para juergas. Sus principales preocupaciones son el paro y la pobreza, según una encuesta realizada por la BBC con motivo del lanzamiento de su servicio en farsi el mes pasado. Así lo manifestaron un 45% de los encuestados. Sólo un 1% señaló la falta de democracia o la necesidad de reformas políticas.
La promesa de una justicia distributiva queda en entredicho ante el dato de que un 20% de la población controla el 80% de la riqueza del país. El agravio es aún mayor cuando se considera que Irán es el cuarto exportador de petróleo del mundo. Al margen del despilfarro del que los reformistas acusan a Ahmadineyad, Leylaz habla de un problema estructural que se arrastra desde antes de la revolución: La dependencia del petróleo. "Los petrodólares han permitido que el 70% de la economía esté en manos del sector público, se ha olvidado el sector privado y como resultado nuestra productividad es mínima", explica.
De ahí que este economista, que era un estudiante de 16 años cuando estalló la revolución y participó muy activamente en ella, asegure que las transformaciones han sido más sociales y culturales, que económicas. "Fue una gran revolución", resume con una chispa de emoción en los ojos. Esa ternura al recordar aquellos meses de protestas es algo que se repite en todos los entrevistados, incluso entre quienes hoy se muestran más críticos con ese momento histórico.
"Sin duda en el terreno cultural y científico, hemos hecho avances notables, sobre todo teniendo en cuenta que tenemos una población muy joven", apunta por su parte Atrianfar. Dos tercios de los 70 millones de iraníes tienen menos de 30 años y el país cuenta con 20 millones de estudiantes y 2,7 de universitarios. Él también estaba en la universidad cuando estalló la revolución y se unió a la lucha con la utopía de alcanzar la democracia.
¿Y se ha conseguido? "Tenemos las estructuras necesarias, pero no podemos mostrar unos logros ejemplares, y a la vista está el actual Gobierno", afirma. Atrianfar atribuye la falta de entusiasmo de la población en la defensa de los valores democráticos al control estatal de la economía. "Como no pagan impuestos, los ciudadanos no valoran su voto como es debido. Es una etapa que debe superarse, pero no lo lograremos mientras no se corrija el sistema económico". Aún así, también su evaluación global de la revolución es positiva. Este ingeniero reconvertido en periodista por la vía de su activismo político se ve obligado a admitir sin embargo que "las libertades, como la de prensa, han sufrido altos y bajos desde 1979". En su opinión, en ese tiempo sólo ha habido dos períodos aceptables: entre 1989 y 1990, tras el final de la guerra contra Irak, y entre 1997 y 1998, después de la elección de Jatamí.
"Aunque la sociedad ha evolucionado mucho, la visión de los dirigentes respecto a la prensa, no es distinta que antes de la revolución", explica con la experiencia de que en 2006 le cerraran Sharg, el periódico que dirigía. "La libertad de prensa no puede estar a expensas de los Gobiernos, mientras no logremos eso, no van a producirse las mejoras que esperan los defensores de los derechos humanos y las organizaciones internacionales", advierte. Es en ese punto donde resultan más claras las diferencias entre conservadores y reformistas.
En política exterior, ambos grupos suelen coincidir en que la revolución permitió recuperar la soberanía y la independencia. De Occidente, pero sobre todo de Estados Unidos, cuyo respaldo al sha no hizo sino confirmar para los iraníes la actitud colonial de un país que habían admirado hasta que respaldó el golpe de Estado de 1953. De ahí que la expresión de ese objetivo se tradujera en un antiamericanismo a ultranza que llenó el país de pintadas con la inscripción "Muerte a EE UU". El eslogan sigue repitiéndose mecánicamente en cada gran acontecimiento político, aunque de tanto usarlo se ha vaciado de contenido.
El precio de esa obsesión por la independencia ha sido el aislamiento internacional en el que hoy se encuentra el país, por mucho que sus dirigentes compren con los beneficios del petróleo improbables amistades con regímenes en las antípodas ideológicas como la Cuba de Castro, la Nicaragua de Ortega o la Bolivia de Evo Morales. Pero ni siquiera la ausencia de verdaderos aliados entre sus vecinos ha impulsado un consenso sobre cómo volver a reintegrarse en la comunidad de naciones y recuperar su puesto de líder regional. (Claro que la desastrosa política de Bush en Oriente Próximo, les ha ayudado en los últimos años a cabalgar sobre una ola de antiamericanismo que reduce esa urgencia).
En un reciente artículo publicado en la revista académica estadounidense Current History, Mahmud Sariolghalam, profesor de relaciones internacionales en la Universidad shaid Beheshti, apunta hacia un problema de identidad no resuelto. "Irán desea ser un Estado normal que ejerce las actividades corrientes en el mundo, a la vez que se empeña en ser revolucionario con una retórica desafiante", describe el académico.
La alternancia entre idealismo revolucionario y realismo político ha sido una constante en estas tres décadas que hace difícil que el resto de los países sepan cómo tratar con la República Islámica. Aún hoy, a pesar de que su comportamiento regional demuestra que Irán favorece el statu quo, su apoyo a los grupos radicales palestinos, su oposición a las negociaciones de paz con Israel y su programa nuclear, despiertan enormes recelos.
Más allá de la retórica exaltada de algunos de sus dirigentes, hay observadores que detectan la inseguridad de un régimen que no se siente plenamente reconocido. De ahí que, por acción o por omisión, el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Washington planee sobre el resto de las cuestiones y constituya un elemento clave para intuir cómo va evolucionar Irán en los próximos 30 años.
Mientras que una buena parte de la sociedad opina con la Nobel Shirín Ebadí, que "no hay diferencia que no pueda resolverse a través de un diálogo franco", los sectores más recalcitrantes recelan. El cambio no puede hacerse bajo la actual estructura. Renunciar al enemigo histórico, dejaría a la revolución sin uno de sus pilares. De momento, oponerse a las políticas arrogantes del Gran Satán y de Israel constituye una credencial de nacionalismo. Aunque un nuevo clima internacional (que incluya la renuncia de EE UU a promover un cambio de régimen) y el propio empuje de las nuevas generaciones terminarán, más tarde o más temprano, devolviendo a Irán al lugar que se merece.
El régimen de Irán acorrala a la oposición · ELPAÍS.com
13 Jun 2010 ... El despliegue policial y las advertencias previas de las autoridades lograron disuadir ayer a quienes planeaban convertir el aniversario de ...Se endurece Irán y silencia a la prensa.
Prohibió a los medios extranjeros cubrir las marchas opositoras; se negó a anular las elecciones, pero aceptó un recuento de votos.
TEHERAN.- En medio de los crecientes disturbios en Irán, donde opositores y oficialistas volvieron a medir sus fuerzas ayer en las calles, las autoridades iraníes lanzaron una campaña de arrestos de dirigentes reformistas y amordazaron a la prensa extranjera, sobre la que pesa la prohibición total de cubrir cualquier manifestación de apoyo al líder opositor Mir Hossein Moussavi, quien denuncia fraude en los comicios del viernes pasado.
En tanto, en lo que pareció ser la primera concesión de las autoridades iraníes al movimiento de protesta, el principal cuerpo legislativo de Irán dijo que estaba preparado para un recuento parcial de los votos, pero descartó la anulación de la elecciones, en las que, según los resultados oficiales, el presidente Mahmoud Ahmadinejad obtuvo la reelección.
El departamento de prensa extranjera del Ministerio de Cultura de Irán informó en un comunicado enviado por fax a todas las oficinas de prensa extranjera que "eviten seriamente" informar sobre cualquier evento que no haya sido autorizado directamente por el Ministerio.
La prensa extranjera cubrió ampliamente las marchas de protesta del lunes contra los resultados de los comicios, a las que asistieron por lo menos un millón de personas. La red de telefonía celular volvió a quedar interrumpida ayer, una medida que el gobierno aplica de forma regular desde el día de las elecciones. Además, la organización internacional Reporteros Sin Fronteras informó de la detención de algunos periodistas, así como del bloqueo de páginas web y del apagón momentáneo de emisoras radiofónicas.
En tanto, los seguidores de Moussavi volvieron a salir a la calle ayer en otra gigantesca marcha en el norte de Teherán, desde donde se dirigieron a la sede de la televisión estatal. Los manifestantes llevaban carteles que decían "Silencio, calma", luego de que Moussavi anuló una protesta en la plaza Valiasr para, según dijo, evitar que se repitieran los disturbios que el lunes le costaron la vida a siete manifestantes.
En ese momento, convocadas por un organismo oficial, miles de personas se manifestaron en el centro de Teherán en apoyo al ultraconservador Ahmadinejad, que según los resultados oficiales se impuso en los comicios con el 63% de los votos.
Tras el desfile, los organizadores acusaron a "los enemigos, principalmente Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel" de injerencia en los asuntos iraníes, de conspirar contra el gobierno y de "ofrecer apoyo mediático a los grupos enemigos, a los alborotadores sociales y políticos que intentan alimentar el caos en la República Islámica".
Por otro lado, las autoridades iraníes reforzaron su política represiva contra los disidentes y multiplicaron las detenciones. Ayer fue arrestado un colaborador del ex presidente Mohammed Khatami, Sayyed Mohammed Ali Abtahi. Fuentes de la oposición dijeron que otro líder político, Saeed Hajjarian, aliado de Moussavi, fue detenido por la mañana. Las autoridades policiales dijeron a la agencia Fars que grupos "antirrevolucionarios" fueron encontrados en posesión de explosivos y armas.
En tanto, el líder supremo de Irán, el ayatollah Ali Khamenei, se declaró favorable, "si es necesario", a un recuento parcial de los votos de las elecciones presidenciales. Los 12 miembros del Consejo de Guardianes se habían pronunciado en el mismo sentido. El órgano de poder, que debe validar los resultados, no detalló, sin embargo, cuántas urnas van a ser escrutadas nuevamente, qué porcentaje de voto representan y por cuánto se va a prolongar este proceso.
A medida que se agrava el conflicto en Irán, quinto productor de petróleo, la preocupación mundial se hace sentir de forma más clara.
El presidente estadounidense, Barack Obama, expresó que tenía "profundas preocupaciones" por las elecciones iraníes, pero dijo que no considera provechoso inmiscuirse en la política interna del país. Además, estimó que "la diferencia en términos políticos reales entre Ahmadinejad y Moussavi no es tal vez tan grande como se dice".
La Comisión Europea, en tanto, afirmó ayer que estaba "muy preocupada" por la situación. Agencias AP, AFP, EFE, ANSA y DP
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* Los manifestantes iraníes utilizan Twitter para hacer oír sus voces
IRAN: NO ES IMPOSIBLE ANULAR RESULTADO, dice el CONSEJO de Guardianes
TEHERAN, 16 (ANSA) - El Consejo de los Guardianes iraníes afirmó hoy que "no es imposible" cancelar el resultado de las elecciones presidenciales del viernes pasado, y aseguró que está "listo" para el recuento de votos.
El portavoz del Consejo de los Guardianes iraníes, Abbas Ali Kadkhodai, afirmó hoy que "no es imposible" que el consejo decida cancelar el resultado de las elecciones presidenciales del 12 de junio pasado, "si existen pruebas de irregularidad".
Por otra parte, el consejo dijo estar "listo" para el recuento de votos de las elecciones que determinaron la victoria de Mahmud Ahmadinejad.
El consejo encontró que el recuento de las boletas podría determinar un cambio en los porcentajes obtenidos por los candidatos en las presidenciales.
El candidato reformista Mir Hossein Mousavi hizo un llamamiento ayer al Consejo para pedir que las elecciones sean anuladas. (ANSA). MRZ 16/06/2009
Batalla por el poder entre ayatolás
El líder Jamenei y el ex presidente Rafsanyaní libran el verdadero pulso político
Á. ESPINOSA - Teherán EL PAÍS - Internacional - 16-06-2009
Un bajorrelieve en la necrópolis de Naghsh-e-Rostam, a las afueras de Shiraz, muestra al rey Ardeshir, el fundador de la dinastía sasánida, recibiendo de manos de un representante de Dios el anillo de oro que simboliza el poder. Hoy, 1.800 años después, el debate sobre si el poder emana de Dios o del pueblo sigue vigente en Irán. Cuando el pasado sábado el líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, emitió un comunicado refrendando la contestada reelección de Mahmud Ahmadineyad, no lo hacía en tanto que político sino en su calidad de velayat-e faghih, la institución del "jurisconsulto gobernante" sobre la que el ayatolá Ruholá Jomeini fundó la República Islámica.
Cierto que durante la campaña los ácidos debates entre los candidatos ya sacudieron esos cimientos. Las acusaciones de corrupción que lanzó Ahmadineyad contra varios de los veteranos de esta joven república revelaban una disputa más profunda. Las diferencias en la cúpula gobernante de Irán no son una novedad. Hubo un tiempo en que se hablaba de ayatolás rojos frente a otros que no lo eran, luego se utilizaron las etiquetas de conservadores y pragmáticos, y finalmente de reformistas y fundamentalistas. Pero hasta ahora, los trapos sucios se lavaban en casa y el líder se mantenía al margen ejerciendo de árbitro.
Ahora, el alineamiento de Jamenei con Ahmadineyad no sólo ha roto las reglas del juego sino sacado a la luz la gravedad de las diferencias entre dos sectores del régimen. Hasta tal punto, que uno de ellos está dispuesto a poner el poder emanado del pueblo por encima de los designios divinos interpretados por sus representantes en la tierra. No nos engañemos, Mir Hosein Musaví es un hombre del sistema. Si no hubiera sido así, nunca hubiera recibido el visto bueno del Consejo de Guardianes, una especie de cámara alta designada que tiene que sancionar tanto a los candidatos a la presidencia y al Parlamento como las leyes que aprueban los diputados. Sólo 4 de 475 pasaron su veto.
El pulso político que lidian Ahmadineyad y Musaví es en realidad una reedición de la lucha que libran por el control de la República Islámica el líder supremo y el segundo hombre más poderoso de Irán, el ayatolá Alí Akbar Hachemí Rafsanyaní. Quedó claro en el momento en que Ahmadineyad atacó a Rafsanyaní y Mohamed Jatamí por apoyar la candidatura de Musaví y, curiosamente, también tachó de corrupto a Nateq-Nurí, un clérigo conservador que en 1997 perdió las elecciones frente a Jatamí.
Ligeras diferencias ideológicas aparte, los tres clérigos tienen algo en común. Representan a la vieja guardia de la revolución, una generación que se ha acomodado y comprendido la necesidad de apertura del país para mantener el sistema en el que se asientan su poder y su influencia. Es de esa generación de revolucionarios de primera hora de la que han salido los reformistas más radicales. Ahmadineyad representa una segunda hornada. Eran más jóvenes cuando tuvo lugar la revolución, se curtieron en la guerra contra Irak y han llegado al poder mucho más influidos por la experiencia militar. Algunos observadores han advertido de una militarización del Estado durante el primer mandato de Ahmadineyad y temen que su consolidación se convierta en una dictadura.
La batalla por el futuro de Irán no se está librando en las calles de Teherán. La verdadera batalla es una partida de ajedrez entre Jamenei y Rafsanyaní. Pero llegado el momento ninguno de los dos va a poder ignorar el peso de los iraníes en las calles.
Una marea humana planta cara al poder
ELECCIONES POLÉMICAS
El punto final de la Revolución Islámica
Las protestas en Irán dejan siete muertos
Se está tratando de acallar la voz del pueblo iraní, primero en las urnas y ahora buscando silenciar cualquier expresión de protesta
El régimen está reprimiendo a los manifestant
Se está tratando de acallar la voz del pueblo iraní, primero en las urnas y ahora buscando silenciar cualquier expresión de protesta. Desafiando golpes y disparos, la oposición está organizando movilizaciones masivas y una huelga general. No podemos permitir que el régimen ignore la voz de su gente, la verdad debe conocerse.
Avaaz está llevando a cabo una rigurosa "encuesta a pie de urna"(1) de votantes iraníes, cuyos resultados serán publicados en los medios de comunicación. Una prestigiosa firma hará un sondeo telefónico de 1.000 iraníes para preguntarles cómo han votado. Necesitamos urgentemente que 10.000 miembros de Avaaz contribuyan con una pequeña suma cada uno para recaudar 119.000 dólares en las próximas 24 horas y así brindar a los iraníes una nueva y poderosa herramienta para hacerse oír. Cliquea abajo para apoyar esta campaña y que se sepa la verdad:
https://secure.avaaz.org/es/iran_vote_truth/
Las encuestas públicas en Irán sufren severas restricciones, y ninguna otra organización se está movilizando lo suficientemente rápido para realizar este tipo de sondeos. Las encuestas telefónicas no son precisas al 100%, pero la diferencia entre lo que declaran gobierno y oposición es enorme; una rigurosa encuesta puede mostrar cuál reclamo se acerca más a la verdad.
A diferencia de la mayoría de las organizaciones internacionales de activismo, la red global de Avaaz tiene una fuerte membresía en Irán y en Oriente Medio. Con el respaldo de una respetada firma de encuestas y sondeos de opinión, resultará más difícil que nuestro esfuerzo sea ignorado por los grupos conservadores iraníes. Enviaremos los resultados de la encuesta a los medios, y ayudaremos a nuestros miembros en Irán para que rápidamente reenvíen la información a través de todos los canales aún disponibles a pesar de la censura oficial.
Nos han llegado miles de mensajes de nuestros miembros iraníes. Fariba nos escribe: "20.000.000 de personas han perdido sus votos en favor de la paz y de los derechos humanos. El gobierno quiere usar esos votos para cualquier cosa menos para la PAZ. Avaaz es una palabra persa también y significa voz: escuchen nuestra 'voz'". Y de Mahmoud nos llegan estas palabras: "el gobierno ha robado el voto de la gente. La gente en las calles está siendo golpeada por la policía. Ahora, ahora, ahora, no perdamos tiempo". Estemos junto a nuestros miembros en Irán ahora y ayudémosles a que sus voces sean escuchadas:
https://secure.avaaz.org/es/iran_vote_truth/
Estas elecciones son importantes para todos. Irán es una potencia regional, y la comunidad internacional está buscando compromisos diplomáticos que abrán la puerta de la paz en Oriente Medio. Por contra, halcones y extremistas de ambos lados buscan la guerra: un golpe de estado en Irán podría destruir nuestras esperanzas.
Encabezado por un aliado de Ahmadinejad, el conservador Consejo de Guardianes de la Revolución está revisando el escrutinio, un proceso que tomará 9 días. Podemos obtener y publicar los resultados de la encuesta antes de que se llegue a una decisión, y así contrarrestar nuevas manipulaciones y la represión violenta que podría desencadenarse.
Existe una posibilidad real de que prevalezca la democracia. El poder supremo en Irán lo ostenta el Ayatolá Khamenei, quien puede haber respaldado la manipulación. Pero su puesto es nombrado y cesado por la Asamblea de Expertos, dirigida por el ex Presidente Rafsanjani, que ya ha condenado el fraude electoral. Si Rafsanjani y sus aliados pueden obtener un número de votos suficiente en la Asamblea de esta semana, podrán presionar para reabrir el escrutinio de la elección, e incluso conseguir el cese del propio Khamenei. Una encuesta seria, con metodología científica, podría convertirse en una efectiva pieza de evidencia. Ayudemos a que las voces de los iraníes sean escuchadas: sigue el link para ser testigo de su coraje y valentía, y dona ahora para ayudar a costear la encuesta a pie de urna.
https://secure.avaaz.org/es/iran_vote_truth/
Con esperanza, Ricken, Graziela, Paul, Pascal, Alice, Brett, Paula, Milena, Raj, Raluca, Taren y todo el equipo de Avaaz.
(1) También denominadas "encuestas a boca de urna"
Más información en prensa internacional:
Se endurece Irán y silencia a la prensa, La Nación, 17 de Junio de 2009:
ACERCA DE AVAAZ
Avaaz es una organización independiente y sin fines de lucro cuya misión es asegurar que los valores y opiniones de la mayoría de la gente sean tomados en cuenta en las políticas que nos gobiernan. "Avaaz" significa "voz" en varios idiomas asiáticos y europeos. Avaaz no acepta dinero de gobiernos ni de empresas y su equipo esta basado en oficinas en Ottawa, Londres, Río de Janeiro, Nueva York, Buenos Aires, Washington DC y Ginebra.
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miércoles, junio 17, 2009
Marjane Satrapí: "Ha habido un golpe de Estado, más que un fraude"
Marjane Satrapi, de 39 años, artista y cineasta, alcanzó renombre mundial con Persépolis, una autobiografía de su infancia y adolescencia antes y después de la revolución iraní que vio la luz en 2000 y años sucesivos, primero en forma de novela gráfica y luego llevada con éxito al cine. Satrapi vive exiliada en París y aunque se define como "no política" dice que se avergonzaría de no saltar ahora a la arena en defensa de la democracia en su país. Ayer utilizó en el Parlamento Europeo la plataforma que le ofreció el líder verde Daniel Cohn-Bendit. "En Irán ha habido un golpe de Estado", asegura. Según ella, la propia junta electoral adelantó a Mir Hosein Musaví su triunfo antes de que los militares le dijeran que el régimen no lo toleraba.
Pregunta. ¿Qué ha pasado en Irán?
Respuesta. Ha habido una votación y el voto se ha convertido en un fraude. Más que un fraude ha sido un golpe de Estado. En Irán ha habido un golpe de Estado. Durante un mes largo se ha pedido a la gente que saliera a la calle, que se manifestaran, que expresaran su deseo de cambio y cuando los iraníes votan se encuentran con que el régimen se ríe de su voto. La comunidad internacional no debe reconocer la legitimidad de Mahmud Ahmadineyad.
P. ¿Qué pruebas tiene de este golpe de Estado?
R. Innumerables. Que ha habido 13 millones de personas más en votar ahora que hace cuatro años y que han votado por el cambio; que Mehdi Karrubi, que en las anteriores elecciones tuvo más de cinco millones de votos, ahora sólo aparece con 280.000; que los candidatos han sido batidos incluso en sus localidades natales por porcentajes del 93%. Las cifras que salen del Ministerio del Interior en comunicación confidencial son completamente distintas a las oficiales. Musaví recibió una llamada de la comisión electoral en la que se le decía que había ganado y que fuera preparando su discurso y luego resultó que jefes militares le fueron a ver para decirle que no se iba a aceptar esa revolución. Según la ley electoral iraní, los resultados deben ser anunciados a las 72 horas, para que haya certeza de que los votos han sido bien contabilizados y aquí lo fueron rápidamente.
P. ¿No es mucha la diferencia de votos a favor de Ahmadineyad?
P. Se puede decir que los iraníes han elegido a Ahmadineyad porque es un populista, pero el barril no está a 100 dólares, sino a 40, el país es pobre, el precio de la cesta de la compra se ha triplicado. Así que no me creo eso del voto populista. Son muchas los datos que demuestran que hubo fraude. Si de verdad hubo un 62% de iraníes que votaron por Ahmadineyad debería haber manifestaciones de millones de personas en Teherán y por todo el país en su favor. E incluso suponiendo que no hubo fraude, dado que ha habido tantas protestas por qué no volver a votar. Si un 62% votó por Ahmadineyad, volverá a hacerlo ¿o no?
P. El Consejo de los Guardianes va a hacer un recuento.
R. Pero para que haya un recuento creíble debe haber un arbitraje neutral, que confirme que el recuento se hace bien. Un país pertenece a su pueblo y es esa legitimidad popular la que aquí se cuestiona. Reconocer a Ahmadineyad significa no reconocer la legitimidad del pueblo iraní.
P. La UE ha pedido que se haga un recuento. ¿Debería haber ido más allá?
R. Hay un peligro con el exceso de presión. Porque los extremistas pueden hacer demagogia. Basta que la UE levante más la voz para que haya reacciones antioccidentales. Pero otra cosa es pedir que se anule esta elección, que haya una nueva elección, y que en ella haya observadores neutrales, no digo extranjeros, sino que cada partido tenga un representante en cada urna a la hora del recuenta.
P. El presidente del Parlamento iraní ha hablado de injerencia de Estados Unidos y de la UE.
R. Yo estoy en contra del intervencionismo, estuve contra la guerra de Irak, pero lo que pedimos no es intervencionismo. Si en un país hay un movimiento democrático, debe ser escuchado. Nada más.
P. Entonces, ¿o nueva votación o fraude?
R. Recuento sólo si se puede comprobar que se hace bien. Pero que hayan aceptado un recuento es una victoria para nosotros.
P. ¿Es creíble el Consejo de Guardianes como institución para hacer el recuento?
R. Eso es un asunto puramente político. Yo soy una artista. Estoy aquí como ciudadana que cree en la democracia para denunciar algo que estoy convencida es un fraude.
P. ¿Cree usted que el régimen puede caer?
R. No lo creo. Cuando el 85% de la gente va a las urnas es que el régimen no está a punto de caer. Los iraníes quieren cambio, evolución. Los que viven en la diáspora pueden tener grandes sueños, pero es la gente que vive en el país la que debe decidir. Pero debo decir que hay una gran diferencia entre Ahmadineyad y Musaví.
P. Usted procede de una familia laica, cosmopolita y de izquierda, y no parece indignada con la teocracia iraní.
R. Yo soy de izquierda, pero hoy hablo de la posibilidad de cambio que ofrecen las leyes. No sé si es realista decir ahora que hay que cambiar todo de arriba abajo. Lo realista es que si sólo se puede mejorar un poco, hay que hacer ese poco.
P. ¿Ve usted a los partidos laicos jugar en papel en el futuro de Irán?
R. Espero que haya una evolución poco a poco. Quizá sólo es un sueño. Pero ahora, en vez de especular sobre el futuro, hagamos valer el voto de los iraníes. Si no, la situación será muy dura para los iraníes.
P. ¿Les ve dispuestos a ir hasta el final por una democracia estable?
R. Llevan ya tres días de manifestaciones, sin que nadie dirija nada, porque las comunicaciones han sido cortadas. Pero se siguen manifestando. Y manifestarse en Irán no es como manifestarse en Europa. Allí les pueden matar. Los que se manifiestan son personas muy, muy valientes.
P. ¿Teme una matanza?
R. Todo es posible. No sé qué pasara. Pero hay que apoyarles.
P. ¿Tiene usted contactos con el interior?
R. Sí, con amigos. Pero hoy la cuestión no es si se es derecha, de izquierda, monárquico, comunista, partidario del régimen o contrario. Es sólo una cuestión de unión nacional para hacer valer una votación. Por una vez, estamos todos de acuerdo. Los iraníes nunca estamos de acuerdo entre nosotros.
P. En Persépolis alude a la manifestación de la revolución de 1979 como la mayor fiesta de la historia de Irán. La gran manifestación del martes en Teherán recordó a algunos lo de hace 30 años. ¿Hará usted una nueva novela gráfica sobre todo esto?
R. No lo creo. No me hace el mismo efecto. Hace 15 años que no vivo en Irán y diez desde que estuve por última vez. Con el libro y la película dije lo que tenía que decir. Yo soy una artista. La política no es para mí. Es algo sobre lo que no quiero volver. Desgraciadamente lo que está ocurriendo es muy grave y me avergonzaría de mí misma si no hiciera nada.
P. ¿Tienen ganas de volver a Irán?
R. Desde luego. Es una cuestión de geografía, de dónde se nace. Poco importa el sitio. La casa es siempre el lugar donde se nació, donde se creció. Aunque París sea maravilloso y aunque sea algo francesa, porque no se puede vivir tanto tiempo en un sitio y no sentir su influencia, algún día volveré a Irán. Espero.
El régimen iraní opta por la represión
Teherán prepara su quinto día de protestas
domingo, marzo 01, 2009
La lección de Rushdie. JEAN DANIEL
Hay que hacer todo lo necesario para garantizar la libertad del no creyente, igual que la del creyente.El libro 'Versos satánicos' no fue un error ni atacó en absoluto al islam
Nuestros colegas afirman que, veinte años después, aún vivimos bajo la influencia y a la sombra de aquel asunto. En otras palabras, mucho antes de Samuel Huntington y sus tesis sobre el "choque de civilizaciones", llegaba desde la patria de los mulás el llamamiento al asesinato de Rushdie. Fue, según ellos, el primer anuncio de un conflicto radicalmente nuevo que desde entonces no ha dejado de agudizarse. No sólo hay varias guerras en Oriente Próximo, sino que, día a día, una tensión creciente amenaza las relaciones entre los musulmanes y los países europeos en los que viven.
Nacido en la India y poseedor de la nacionalidad paquistaní, a la edad de 13 años, Salman Rushdie fue enviado al King's College de Cambridge para estudiar Historia y el Corán. Allí no tardó en perder su esnobismo de indio anglófilo y su acento de aristócrata británico al chocar con el racismo solapado y distante de la mejor sociedad inglesa. Poco después, daba un giro hacia el radicalismo político, la denuncia sistemática del Gobierno de la señora Thatcher y de la "falsa democracia" a la inglesa, y se convertía en un paladín del Sur contra el Norte y en un apologista de culturas minoritarias como el feminismo, la homosexualidad y el pacifismo.
Luego llegó 1989 y la publicación de sus famosos Versos satánicos. Las reacciones que su libro provocó y la fatua de la que fue víctima lo desestabilizaron completamente. Entonces, pidió la protección del Gobierno británico, al que no había dejado de injuriar. En el Herald Tribune del pasado 15 de febrero, el ensayista Geoffrey Wheatcroft recuerda el desprecio feroz con el que tanto la derecha nacionalista como la izquierda multicultural (los multiculti) trataron a Salman Rushdie. Tras acusarlo de batir todos los récords de traición a su cultura, su religión, su país de origen y su nacionalidad, algunos personajes de la Cámara de los Lores cercanos a Margaret Thatcher llegaron a expresar su deseo de que los musulmanes "apaleasen al traidor en una calle oscura para enseñarle buenas maneras". Mientras, los mismos que no sentían sino desprecio por Rushdie y su blasfemia toleraban tranquilamente que se blasfemara contra el cristianismo. Nuestros colegas nos recuerdan también que, algunos años antes, la mejor sociedad británica consideraba de buen tono aplaudir la publicación de un poema sobre la homosexualidad de Jesús en el diario GayNews.
¿Qué pasaba mientras en Francia? Para empezar, la novela de Salman Rushdie fue totalmente desacreditada. Le Figaro escribía: "Se trata de una novela aburrida, espesa, complicada, con oscuras intenciones y provocaciones fáciles, escrita en un lenguaje cargante". A despecho de la simpatía general que los franceses sentían por Rushdie, Jacques Chirac, tan indignado por los Versos como Margaret Thatcher, metió en el mismo saco al blasfemo y a los autores del llamamiento a su asesinato. La izquierda y la extrema izquierda estaban divididas. Mientras los intelectuales de SOS Racismo y Le Nouvel Observateur manifestaban su solidaridad con Rushdie, algunos grandes arabistas, como Jacques Berque, aun reprobando el llamamiento al asesinato, manifestaban su comprensión y empatía hacia los religiosos ofendidos en lo más sagrado de sus creencias.
Tanto en Londres como en París, ¿se trataba de la fascinación por el islam? ¿De una inclinación tercermundista? ¿De culpabilidad colonial? Según algunos, Francia y Reino Unido, herederos de los dos mayores imperios coloniales, nunca aprendieron a dirigirse a los países musulmanes. Al integrarse en su civilización, Salman Rushdie se comportó, sin pretenderlo, como un musulmán liberado o como un occidental agnóstico. El cronista norteamericano William Pfaff añade que, desde el Siglo de las Luces, la sensibilidad dominante en Occidente está marcada por el escepticismo y el cuestionamiento y escarnio de todas las creencias establecidas y de todas las instituciones. Gracias a ese talante, y a su cultura hedonista, Europa occidental es hoy el lugar del globo más irreligioso con las debilitadas minorías de sus iglesias cristianas. Según Pfaff, "el error posiblemente fatal de Rushdie fue aplicar un discurso europeo escéptico a una religión que aún cree en sí misma".
Pero, para empezar, como ha demostrado Milan Kundera (Los testamentos traicionados, Tusquets Editores), no fue un error y Rushdie no atacó en absoluto al islam. Fue una licencia literaria que un gran novelista se concedió para aportar una dimensión mística a su obra. Esta misma audacia novelesca fue la que permitió a Kundera descubrir toda la poesía del islam. Por otra parte, es posible que la fuerza del credo musulmán requiera estrategias particulares y, en este punto, el intervencionismo ideológico-militar de los neoconservadores de George Bush ha sido desastroso. Respecto a los musulmanes que viven en países de mayoría cristiana, la cuestión esencial es saber qué posibilidades tienen de escapar a las presiones de las autoridades islamistas exteriores a su país de adopción. Pues el escándalo no está, evidentemente, en el comportamiento de Rushdie, que, en cierta forma, fue útil, ya que el 15 de marzo de 1989 la mayoría de los países participantes en la Conferencia islámica de Riad decidieron desaprobar la iniciativa iraní y no dar una dimensión política al asunto de la fatua.
Por eso, desde mi punto de vista, mis interlocutores británicos se equivocan. La lección del caso Rushdie es que hay que hacer todo lo necesario para garantizar la libertad del no creyente -¡y la del novelista!- en la misma medida que la del creyente, sea cual sea su religión. Pero, además, no veo por qué habría que renunciar a hacer todo lo posible para favorecer la evolución de los musulmanes hacia un espíritu crítico que en la Edad Media formó parte de sus tradiciones. La condena de las intervenciones que invocan hipócritamente la coartada humanitaria no debe llevarnos a dejar de creer en los derechos humanos ni en su universalidad. Traducción: José Luis Sánchez-Silva.
lunes, febrero 16, 2009
Diez personas pueden morir lapidadas en Irán
Sin embargo, Irán tropieza con la misma piedra y, a pesar de haber anunciado el fin de dicha práctica, en diciembre dos personas murieron lapidadas y al menos otras diez corren el riesgo de ser lapidadas en cualquier momento.
¿Sabías que las piedras utilizadas en las lapidaciones no pueden ser ni muy pequeñas (para que causen dolor), ni muy grandes (para no matar al condenado en seguida)? ¿Sabías que es una pena específicamente impuesta en casos de adulterio, acto que ni siquiera constituye delito en la mayoría de los países del mundo?
Tras décadas de campaña de Amnistía Internacional por el fin de la pena capital, lo cierto es que el mundo camina con paso decidido hacia la abolición de la pena de muerte. Y vamos a seguir trabajando con la misma determinación.
Por eso pedimos al Gobierno iraní que prohíba de una vez y por ley esta forma de ejecución. ¿Puedo contar contigo? Al menos diez personas confían en nuestra capacidad de presión; no les des la espalda y únete a nuestra petición cuanto antes. ¡Firma ahora! Si puedes, reenvía este mensaje a tus contactos para que puedan participar en esta lucha por la dignidad humana y descárgate un banner que nos ayude a re
jueves, enero 15, 2009
Irán vuelve a lapidar adúlteros. Jueces conservadores obvian acuerdos políticos y ejecutan la pena
Irán dio a conocer ayer la lapidación de dos hombres acusados de adulterio en la ciudad nororiental de Mashhad en la última semana de diciembre. El portavoz del poder judicial, Alireza Jamshidi, no identificó a los reos, pero precisó que un tercero logró escapar durante el apedreamiento, por lo que, de acuerdo con la ley islámica, ha quedado exonerado. La noticia supone un nuevo jarro de agua fría para los defensores de los derechos humanos iraníes.
La legislación iraní, basada en la sharía o ley islámica, pena el adulterio con la lapidación. Lo mismo sucede en otra media docena de países, pero salvo en Nigeria, Somalia e Irán, ningún otro Estado la practica. El castigo se ejecuta enterrando parcialmente al condenado y apedreándole hasta la muerte, pero si la persona logra escapar, se le perdona la vida. Su crueldad no sólo es objeto de críticas de los grupos de derechos humanos, la UE y la ONU, sino también dentro de Irán.
El recurso a esa pena, muy aplicada en los primeros años de la revolución islámica, se fue reduciendo con el tiempo. En diciembre de 2002, el jefe del poder judicial, ayatolá Mahmud Hachemi Shahrudi, anunció una moratoria tras el diálogo con la UE. Pero, igual que otros avances logrados durante el mandato del reformista Mohamed Jatamí, no se convirtió en ley. Así que se han seguido pronunciando veredictos de lapidación cuya convalidación por otras penas no está clara, lo que ha permitido a los jueces más conservadores seguir ejecutándolas.
"Ése es el problema", declara a EL PAÍS Jabbar Solati. Este abogado defiende a dos hermanas condenadas a lapidación y espera para hoy el veredicto a la revisión de su caso. "Los jueces aplican la ley, no los acuerdos políticos, y los abogados tenemos que trabajar con las leyes que tenemos". "Si Shahrudi quiere acabar con esa práctica, debería proponer su prohibición al Parlamento".
"Hacemos campaña para que ese cambio de actitud se refleje en la legislación", explica Asieh Amini, una de las impulsoras de la campaña Detengan las lapidaciones para siempre. Desde que se lanzó en 2006, ha salvado de esta muerte a nueve personas. Según Amnistía Internacional, en octubre había al menos cinco mujeres y dos hombres condenados.
Es la segunda vez desde que se adoptó la moratoria en que las autoridades reconocen una lapidación. La anterior se produjo en julio de 2007. Algunos observadores creen que se trata de otro signo del endurecimiento del régimen de Mahmud Ahmadineyad. En julio, el portavoz judicial avanzó que el nuevo código penal prohibirá la lapidación.
[En Pakistán, cinco mujeres fueron enterradas vivas en Baba Kot, una aldea de la provincia de Baluchistán, por tratar de casarse por lo civil con maridos de su elección, en contra del dictado de los notables de su tribu. Los hechos fueron denunciados por la Comisión Asiática de Derechos Humanos. El Ministerio del Interior anunció que tres personas han sido detenidas y anunció una investigación, pues "no está satisfecho con el informe que ha enviado la Policía de Baluchistán".]
lunes, enero 05, 2009
Irán, calvario en año electoral. La bajada del petróleo augura más inflación, más paro y más pobreza
Durante los tres últimos años Irán, cuarto productor de petróleo del mundo, ha obtenido ingresos millonarios gracias a los elevados precios del crudo. Sin embargo, ese maná no sólo no ha llegado a las mesas de los iraníes como prometió el presidente Mahmud Ahmadineyad, sino que su mala gestión ha elevado la inflación y empobrecido al país.
Ahora, la caída en la cotización del barril ensombrece 2009 y convierte la crisis económica en un factor político decisivo ante las elecciones presidenciales de junio. La reducción de ingresos va a obligar a los iraníes a apretarse el cinturón. Todavía más.
"Aunque el 36% de los 700.000 millones de dólares que el petróleo ha reportado a Irán desde la revolución de 1979 se han ingresado durante el mandato de Ahmadineyad, las tasas de inflación y el desempleo son más altas que nunca", ha denunciado Mohsen Mirdamadi, secretario general del reformista Frente de Participación, con un claro objetivo electoral. Pero no son sólo los reformistas. Incluso en el campo conservador se acusa al presidente de haber despilfarrado esos ingresos, en lugar de emprender las reformas necesarias.
Ahmadineyad, que sin duda aspira a un segundo mandato, reconoció por primera vez el pasado diciembre que la caída de los precios del petróleo estaba dañando la frágil economía iraní. Todo un cambio después de meses de negar lo evidente. Primero, calificó las sanciones internacionales de "trozo de papel arrugado". En septiembre, desestimó los efectos de la crisis económica mundial como un problema de Estados Unidos. Y dos meses más tarde, cuando el barril de petróleo se acercaba a los 50 dólares, aseguró que a Irán no le afectaría incluso si bajaba a cinco.
"Es una locura, ¡si extraerlo nos cuesta nueve!", se escandaliza un hombre de negocios. Además, el petróleo proporciona a Irán el 80% de sus ingresos en divisas y cubre el 60% de sus gastos. Según el Fondo Monetario Internacional, el país afrontará un déficit presupuestario por debajo de los 90 dólares el barril. Su propio Banco Central rebaja esa cifra hasta los 60, pero también advierte del riesgo de una importante crisis económica. Y ese umbral se cruzó el mes pasado.
De acuerdo con varios analistas, si Irán no quiere verse en números rojos tendrá que reducir el gasto público, imprimir más moneda o endeudarse. Todas las opciones plantean dificultades dado que las economías domésticas se encuentran ya al límite de sus posibilidades, la inflación supera el 25% y las sanciones internacionales por su programa nuclear hacen improbable su acceso a los escasos fondos disponibles en los mercados financieros. De momento, Ahmadineyad parece haber optado por recortar gastos.
"En caso de planear el presupuesto del próximo año a 30 dólares por barril, tendremos que abandonar la mayoría de nuestros proyectos; aun así, estamos obligados a fijarlo entre 30 y 35 dólares porque nosotros no decidimos el precio del petróleo en el mercado mundial", declaró durante la entrevista televisada en la que por primera vez admitió que la crisis mundial estaba afectando a Irán. Aun así, insistió en que su Administración tiene capacidad de controlar el daño y mantendrá las ayudas en efectivo a los pobres, una de las promesas que le ayudaron a ganar la presidencia en 2005.
Sin embargo, unos días antes, cuando el Parlamento aprobó preparar los próximos presupuestos sobre la base de 45 dólares el barril, Mohammad-Reza Tabesh, uno de los miembros de la Comisión de Planificación y Presupuesto, advirtió de que eso equivalía a reducir un 25% todos los gastos e inversiones. ¿En qué va a traducirse ese recorte?
La mayoría de los observadores coinciden en que lo más probable es que se congelen las inversiones en infraestructuras públicas y que se reduzcan los subsidios, en especial a los carburantes. En el primer caso, los iraníes verán multiplicarse durante 2009 los cortes de agua, electricidad y gas que ya vivieron durante el año pasado. En el segundo, muchos economistas temen que la inflación llegue al 50%. Ambas medidas resultarán impopulares y arriesgadas en un año electoral.
En las calles de Teherán, empieza a haber iraníes que piden limosna, algo inusitado hasta ahora. Según el Banco Central, 14 millones de personas, una quinta parte de la población, viven por debajo del umbral de la pobreza, que ha aumentado significativamente desde la elección de Ahmadineyad. Fuentes oficiales han reconocido la pérdida de 250.000 empleos entre marzo y septiembre. Sin embargo, algunos analistas elevan esa cifra hasta el medio millón y estiman que, si se utilizan los estándares internacionales, el paro está más cerca del 20% que del 10,6% que admiten las autoridades.
Ahmadineyad ha hecho suyo el "no hicimos la revolución para bajar el precio de las sandías" de Jomeini. Sin embargo, tendrá que preocuparse de los precios si quiere ganar las elecciones.
¿Dónde está el dinero?
A los iraníes no les cuadran las cuentas. Su país tendría que nadar en dinero. Basándose en los datos oficiales, los economistas estiman que ha ingresado 200.000 millones de dólares por ventas de petróleo desde la llegada al Gobierno de Ahmadineyad, más del doble que en los ocho años anteriores. Sin embargo, el Fondo de Estabilización del Petróleo, la reserva creada para hacer frente a las fluctuaciones de precios, sólo cuenta en el mejor de los casos con 25.000 millones, una cuarta parte de lo que debiera según los expertos.
¿Adónde ha ido a parar el dinero? Los más críticos dirán que al programa nuclear y a organizaciones ideológicamente afines como el Hezbolá libanés, los partidos chiíes de Irak o las facciones palestinas contrarias a la paz con Israel. Pero esas partidas, sobre cuyo alcance no hay datos, ni son nuevas ni las únicas millonarias.
Buena parte se va en financiar un generoso sistema de subsidios que incluye no sólo alimentos básicos como el pan o la leche, sino un derroche energético que cuesta al Estado 900 billones de riales (unos 98.000 millones de dólares) anuales, según reveló Ahmadineyad el pasado junio. Sólo en importar gasolina ya ha gastado 6.000 millones de dólares en la primera mitad del año iraní (de marzo a septiembre) debido a la falta de refinerías, para luego venderla, como el gas y la electricidad, a precios simbólicos.
Pero además, según el economista Mousa Ghaninejad, Ahmadineyad ha subvencionado las importaciones de bienes de consumo, que el año pasado superaron los 56.000 millones de dólares, un aumento del 50% respecto a tres años atrás. Los escaparates iraníes se han llenado tanto de productos chinos de bajo precio como de artículos de lujo para los nuevos ricos.
"Es una prueba evidente de que hay mucho dinero en circulación", constata un analista europeo. La ironía es que Irán carece de los instrumentos para invertirlo en mejorar su situación económico-social. Para ello, tendría que colocar en el extranjero parte de sus ingresos del petróleo. Sin embargo, las sanciones internacionales por el programa nuclear le impiden hacerlo, y su gasto dentro del país ha causado una inflación galopante, que empeora las condiciones de vida de los iraníes.
martes, noviembre 25, 2008
viernes, octubre 10, 2008
Irán, el viaje a Persia







Para muchos Irán es un país misterioso y temible. En estas imágenes encontramos algunos aspectos e imágenes cotidianas que muestran la normalidad y felicidad de los turistas occidentales viajando por Irán.1. Vemos a una familia iraní a su llegada en el aeropuerto de Teherán.
2.3.4.5. A continuación a un grupo de turistas norteamericanos con su guía.
6. La gran plaza del Imán en Isfahan.
7. El Caravansarai Zeinoddin.
8. Un cuadro al óleo que muestra a una mujer pensativa en un bello rincón.
9. Un patio típico persa, que luego los árabes trajeron hasta España en el devenir de la historia.
10. Tres jóvenes amigas con atuendo invernal.
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