viernes, diciembre 08, 2006

Vandalismo escolar en el colegio concertado Condes de Aragón de Zaragoza

Algunas consideraciones respecto al episodio de vandalismo escolar acaecido en el colegio Condes de Aragón. Antecedentes: Los padres de la AMPA manifiestan su estupefacción, desesperanza y desconcierto ante algo que les parecía tan lejano: la violencia escolar... La dirección del centro (Rafael Santacruz y Esther Santacruz), tras mucho meditar lo mejor para todos, solicita el cambio de centro de los alumnos implicados, apoyados por la CECE. El Director Provincial de Educación (Felipe Faci) se opone y argumenta, apoyado por la Fiscalia de Menores, que debe corregírseles y reconducírseles en el seno de su colegio, como mejor medida pedagógica.

- No es para tanto. Seguro que puede reconducirse estas conductas al lado del buen ejemplo de la generalidad del alumnado. No creo que estos muchachos fueran antes tan buenos, ni ahora tan malos. Siempre se han hecho travesuras y gamberradas a estas edades y también en los colegios “de pago”. Ni siquiera el intento de selección del alumnado de “buena familia” (por su nivel social o económico) garantiza un rendimiento escolar satisfactorio y la adopción de unos valores adecuados. Estas cosas pasan en las mejores familias.

- La pérdida de valores tradicionales y la asunción de los erróneos que publicitan los medios de comunicación es un proceso global en el que está inmersa toda la sociedad y del que no pueden evadir su responsabilidad los padres, adjudicándolo exclusivamente a la escuela.

- Un cambio de centro a estas alturas del curso supone, casi con seguridad, hacerles perder el curso a los chavales. De ninguna manera sería una medida correctora sino un acto meramente punitivo. Otra cosa será que al final del curso se estudie cada caso individual y se contemple aconsejar el cambio de centro, dejando la decisión en manos de la familia y de la autoridad educativa.

- Al solicitar la “expulsión”, el centro intenta castigar duramente la grave acción cometida, pero además intentan quitarse de encima el problema, abdicando, de alguna manera, de su función educadora. ¡Muerto el perro, no se acabó la rabia! Vale la comparación, salvando las distancias. El “brote epidémico” se soluciona tratando a los enfermos, vacunando a los sanos y con una vigilancia epidemiológica constante. ¡Qué fácil es enseñar a los alumnos buenos y listos! Para eso no hacen falta educadores, basta con instructores en las distintas materias del currículo. “No queremos que estas manzanas podridas contaminen nuestro cesto” o “para corregir a los alumnos problemáticos están los centros públicos”, parece ser el mensaje que nos quiere transmitir a la sociedad el colegio Condes de Aragón y la CECE.

- Efectivamente en los centros públicos tratamos de sacar adelante a todos nuestros alumnos, a quienes no podemos rechazar ni solicitar su cambio de centro. ¿A dónde irían? Sean indisciplinados, con retraso académico, minusválidos motores, sensoriales o intelectuales, afectos de patologías del comportamiento o caracteriales, con desconocimiento del español, desmotivados, agresivos, maleducados, quemados... el profesorado público debemos afrontar la situación, propiciar la convivencia, la tolerancia, educar e instruir a todos hasta los 16 años (e incluso más adelante). Esa es la profesión y la vocación del enseñante: nadie dijo que fuera fácil.

- ¡Ánimo al claustro de profesores y a los padres del Condes de Aragón! No dudo de que saldrán adelante con ayuda de la comunidad educativa (padres, alumnos y personal no docente). Tienen mi apoyo y mi solidaridad ante nuestra tarea compartida.

- Incluso tienen mi apoyo los profesores de la concertada cuando reivindican la equiparación salarial y de horarios, siempre que se equiparen también con los compañeros de la pública en el acceso a la función docente (por oposición), la movilidad geográfica y precariedad (que conllevan el concurso de traslados y las listas de interinos), la escasez en dotaciones, instalaciones y medios económicos, el control administrativo, curricular y laboral (por el Servicio de Inspección) y el alumnado variado y heterógeneo (representativo de toda nuestra población).

Un Profesor de Secundaria de un instituto público de Zaragoza.

1 comentario:

Luis Velilla dijo...

Muy bien dicho, si señor. Antiguamente se hacian gamberradas y se corregían con talante,sin expulsión. A los jovenes de ántes se les podía levantar la mano como correctivo y por lo general no volvian a causar problemas.
Hoy en dìa con articulos como este solo sirve para que los jóvenes que lo vean digan...Adelante que aquí no pasa nada.
Yo; al mayor, con 32 años,lo he tratodo y lo trataré de Vd. Para encontrar un menor hoy en dia que trate con respeto a un mayor hay que buscar mucho. Hemos pasado del mamporrazo, a la permisividad sin ningún termino medio y lo estamos pagando ahora.
Miedo me da el futuro.

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