lunes, julio 23, 2007

Trabenco: un colegio sin exámenes

Un colegio sin exámenes Trabenco, que propone una educación alternativa, es el único centro que rechaza la prueba obligatoria de sexto de primaria PILAR ÁLVAREZ - Madrid EL PAÍS - 22-07-2007
El Planeta Colorido es el más cercano al Sol. Su esfera está surcada por manchas verdes, azules y violetas. Ni se derrite ni se deforma por el calor. "Y no gira", explica Samuel, su descubridor. Este inventor de objetos celestes, que apenas levanta metro y medio del suelo, tiene seis años. Con un palo en una mano y la otra llena de tierra y pintura, participa del ajetreo del día. El pasado miércoles la explanada del colegio Trabenco, en el municipio madrileño de Leganés, era un ir y venir de niños con cartones, pinturas, globos y pegatinas... Les quedaban apenas horas para terminar un planetario que han construido entre los alumnos de los campamentos de verano como proyecto de la semana.
Trabenco, con 191 alumnos de 3 a 12 años, es uno más de los centros escolares que continúan abiertos en julio para actividades extraescolares. Pero en muchos aspectos es único. En este colegio, abierto hace 35 años, no se aprende con libros de texto fijos ni se somete a los estudiantes a exámenes. Los niños fabrican sus propios libros, tesis escritas a lápiz, con dibujos y fotografías sobre la vida, la antigua Roma, el cuerpo humano... o cualquier tema que sugieran los estudiantes. Es el único centro, según la Consejería de Educación, que no se presentó al examen obligatorio que convocó el pasado 29 de mayo la Comunidad de Madrid. Participaron los 56.000 alumnos de sexto de primaria de la región. Su nombre oficial es Prueba de Destrezas y Conocimientos Indispensables. Educación realizó el examen para "conocer el nivel de los escolares madrileños antes de empezar la secundaria". Tres de cada diez alumnos suspendieron.
En Trabenco le quitan importancia. "No nos sirve una prueba que sólo se fija en los contenidos; aquí la evaluación es continua y no queremos hacer un ranking", asegura la directora del centro, Amaia Urriz, que también es madre de antiguos alumnos. Pero aclara rápido que los profesores no la rechazaron. La ley obliga. "Lo decidieron los padres", asegura. "Ningún alumno de sexto acudió ese día a clase".

Todas las aulas de Trabenco tienen un espacio libre para celebrar asambleas. Cada lunes empiezan la semana con una para decidir entre todos los contenidos. Y el viernes cierran con otra en la que los escolares reflexionan sobre la marcha de los proyectos. "Ellos mismos se dan cuenta de si lo han hecho bien o mal, de qué ha fallado; eso es importante", añade Urriz.
Las clases arrancan con media hora de lectura; cada alumno elige su libro. El sábado dos de junio trasladaron la lectura al parque del Retiro para protestar contra la Consejería de Educación. Sostienen que la Comunidad de Madrid pretendía cambiar a los profesores y eliminar la media hora de lectura de las mañanas, según explicó Jesús Ramé, padre y ex alumno. "No les gustó que rechazáramos la prueba de sexto, pero ahora hemos vuelto a la negociación y parece que en septiembre nos dejarán en paz". Un portavoz de la Consejería de Educación confirmó que el centro y Educación están en conversaciones "desde hace una semana", y destacó "la voluntad de ayudar y la buena sintonía" entre las partes. Pero "por el momento no se ha cerrado ningún acuerdo", añade. Se verá el curso que viene.
En verano las aulas permanecen cerradas y recogidas. Las sillas apiladas sobre los pupitres, los suelos barridos y despejados, los murales sin dibujos. Decenas de libros se apilan en las estanterías. Los llevan los padres, los profesores, los propios alumnos. Entre ellos, hay libros de texto de diferentes editoriales. "¿Ves? No es que no tengamos libros de texto, es que no usamos sólo libros de texto", añade Ramé. La directora enseña con especial orgullo los ejemplares fabricados por los alumnos, como uno sobre Roma que elaboraron el pasado curso los chicos de seis años. Se organizaron en grupos de tres para investigar cómo vivían, qué comían, cuáles eran sus ropas. El resultado es un trabajo encuadernado con anillas de unas cincuenta páginas. Incluye fotos de los participantes superpuestas sobre dibujos de túnicas y botas con cordones. Cada niño se llevará una copia a casa. El original se queda en el centro. "Les sirve de guía de consulta para ahondar en el tema o para años posteriores", explica Urriz.
En julio, la actividad se traslada al patio. Las mesas, las sillas, los monitores y los niños que participan en los campamentos -a los que también acuden alumnos de otros centros- se sitúan estratégicamente en los lugares con sombra. Trabenco quiere dar sensación de recreo. "Ellos también necesitan descansar", explica la directora. Y se consigue.
Un grupo de alumnos y alumnas de 11 años colocan los cartones del planetario, con cartulinas ya coloreadas y plagadas de estrellas. Cuentan que no están "exactamente" en clase. "Es una mezcla de cole y vacaciones, y está guay", señala una. "No se trata sólo de saber y saber; vamos, que no es aburrido", reflexiona otra.
A un lado del patio quedan aún restos del proyecto arqueológico para estudiar a los íberos. Durante semanas, los chicos enterraron y desenterraron falsos vestigios para aprender de otras civilizaciones. En una esquina, casi escondido, el huerto, con berenjenas, cebollas, tomates y otras hortalizas. "Cuando las recogemos, vienen los padres y hacen una paella para todos", explica una estudiante.
La participación y entrada de padres es otro de los pilares de Trabenco, donde las puertas nunca están cerradas. Ellos colaboran en las excursiones, en las explicaciones diarias, en la elección de temas y en la elaboración de material. En la tarde del miércoles, los familiares tenían una cita con sus hijos para ver el planetario, un iglú de unos dos metros de alto fabricado sobre una estructura de cilindros cubierta con cartones coloreados. Faltan algunos retoques. Como pegar el pasillo de paredes negras que custodian algunos alumnos y que tiene forma de laberinto.
Casi es la hora de comer, y las monitoras del comedor pelan melocotones y manzanas para el postre y ponen los platos. La alimentación es otro aspecto importante en Trabenco. "Aquí está prohibido traer bollicaos", añade la directora. En la clase para niños de tres años, cada alumno lleva un día la fruta para que desayunen todos. "Es una buena forma para que aprendan a comer bien, a calcular cantidades y a compartir", explica la directora.
Antes de sentarse a la mesa, surge una preocupación. "¿Qué va a pasar con el planetario? ¿dónde lo vamos a poner?", preguntan los chicos. Un monitor teme que se estropee con la lluvia o que alguien entre a quemar los cartones. Uno de los niños se abraza a la rodilla de la directora, que zanja la cuestión: "Lo disfrutaremos hoy y luego ya veremos; lo importante es el trabajo que hemos hecho y lo que hemos aprendido".
* Una forma distinta de aprender
* El colegio Trabenco de Leganés sufre el acoso del gobierno de Esperanza Aguirre

Jon Sobrino. Radicalmente cristiano 1

Jon Sobrino. Radicalmente cristiano Jesús Ruiz Mantilla EL PAIS SEMANAL - 14-06-2007
Como no hay mal que por bien no venga, la última bronca que le montó la curia vaticana a Jon Sobrino, que no fue ninguna tontería, con notificación incluida, ha servido para que este jesuita empecinado en la defensa radical de los más oprimidos sepa lo que son los blogs. Aquellos días de marzo de este mismo año, cuando resurgió de las más abruptas entrañas de la Tierra el Tribunal para la Doctrina de la Fe -léase la Inquisición de nuestros días- para tirarle de las orejas y echarle en cara, una vez más en los últimos 30 años, sus desviaciones sobre la línea oficial, este cura amigo y compañero en El Salvador de Ignacio Ellacuría y monseñor Romero, este pastor que admite sin remilgos su vocación revolucionaria, pudo leer una avalancha inaudita de reacciones a favor y en contra en los foros libérrimos de Internet. Pese a lo encendido de algunos comentarios, Sobrino, por el contrario, guardó silencio. Se apartó del mundanal ruido quizá un tanto asustado por el ambiente, aunque no por encararse a la autoridad, cosa que ha hecho toda su existencia aun a riesgo de que le mataran.
De hecho, esta nueva llamada de atención no va a hacerle bajar las orejas, al menos por lo que uno puede deducir después de dos horas de conversación con él sobre lo divino y lo humano. Si no lo consiguieron en los años setenta y ochenta los paramilitares salvadoreños que instauraron un más que grotesco lema, "Haga patria, mate un cura", ni tampoco los grandes patriarcones centroamericanos, ni los mismísimos politicastros que ahogaban en esos días con una bota militar el futuro de lo que consideraban el patio trasero de su casa con jardín del Norte, es difícil que se asuste de los que han sido recién investidos con nuevas púrpuras. Si se salvó, aquel funesto y negro 16 de noviembre de 1989, de aquella matanza que después muchos han convertido en martirio, cuando unos salvajes entraron en la Universidad Centroamericana (UCA) y asesinaron sin miramientos a ocho de los suyos -seis compañeros jesuitas y dos empleadas de la casa-, no debió de ser en vano.
Le gusta rememorar uno a uno sus nombres, justo como cuando le dieron la noticia; primero le hablaron de Ignacio Ellacuría, después le enumeraron al resto de la lista: Segundo Montes, Ignacio Martín-Baró, Amando López, Juan Ramón Moreno, el salvadoreño Joaquín López-López y, sobre todo, a quienes más le indignó que pagaran aquella caza macabra: la empleada de la UCA Elba Julia Ramos, cocinera, y su hija Celina, de 15 años, testigos de una barbaridad que tuvieron la mala fortuna de encontrarse frente a frente.
Hoy, de paso por Madrid, lo recuerda todavía con la justa emoción, pero con la evidente cicatriz del paso del tiempo en su mirada limpia. Sobrino parece de esas personas sabias que han sabido extraer, sobre las tragedias más injustas de la vida, conclusiones positivas. Por eso se muestra obsesionado por hablar; no de la inquina y el odio que arrebató a los suyos y a quienes él consideraba su familia de la faz de la Tierra, sino de la bondad que quedó. De la semilla que sembraron, del fin positivo de todas las cosas, aunque muchas veces sea necesario hacer verdaderos esfuerzos para llegar a él.
El propio e íntimo sufrimiento ha sido su mayor fuerza. La conciencia de fragilidad que le da cada día estar a expensas de los bajones de una diabetes muy aguda, y el hecho de haberse salvado por casualidad, gracias a encontrarse en Tailandia dando un curso, de su muerte segura, han forjado en él una proverbial valentía. Una desafiante serenidad construida a base de esa autoridad que no pueden retar moralmente quienes se sientan en los sillones confortables de los despachos; esa altura que da estar en primera línea del frente, expuesto a los más feroces ataques, a morir incluso por un gramo extra de justicia.
Dice que pobres son quienes no tienen asegurado comer tres veces al día; que él, al fin y al cabo, es un privilegiado por disponer garantizada hasta la insulina. Pero pobres son también para él, mente privilegiada con cuatro carreras -teología e ingeniería entre ellas- que a los 18 años abandonó su Bilbao natal y a su familia para dejarse la piel en ese lejano El Salvador que le ha dado nacionalidad y sentido a su vida, quienes son pisoteados, humillados, arrastrados, heridos, injuriados... Todos aquellos sujetos siempre anónimos que merecen reparo; esos desheredados para los que en su día Leonardo Boff, el propio Ignacio Ellacuría, él mismo y tantos otros comenzaron a predicar la Teología de la Liberación, esa doctrina revolucionaria que asusta tanto a los próceres en los pasillos del Vaticano y que Juan Pablo II y ahora el papa Ratzinger se han empeñado, con una fijación obtusa, en enterrar. Pero Sobrino y los suyos parece que no van a dejar que se saque de ese hoyo ni una sola palada.

Con la Iglesia sigue usted topando. ¿Cuándo fue la primera vez?
Toparse en castellano significa algún tipo de encuentro inesperado o encontronazo. Y la Iglesia es una realidad de muchísimos seres humanos. Con 68 años, en la Iglesia me he topado ante todo con Jesús de Nazaret y después con otras cosas. Una, la primera, cuando yo tenía veintitantos años, con Juan XXIII, que hablaba de un Jesús que bien puede hacer presente la Iglesia o que lo puede ocultar. Los jesuitas estamos en la Iglesia, y en ese sentido me he topado con el padre Arrupe, y en El Salvador me topé con algo que creo que en conjunto es lo mejor: campesinos, oprimidos, pobres, gente sencilla, con gran amor a los demás y con mucha fe en Dios. Al español de hoy, esto le puede sonar a religiosidad fácil o superstición. Pero no tiene por qué ser así. Gente que estaba decidida a arriesgar todo no por una causa, ni por pertenecer a tal o cual partido, sino por amor a los demás. Así surgieron entonces en El Salvador lo que yo llamo mártires.

¿Por qué mártires?
Son aquellos que en vida y en muerte se parecen a Cristo. En vida porque han tratado de defender al pobre, denunciar al opresor, y en muerte porque acaban crucificados en esa cruz que es terrible y expresión de un gran amor. El símbolo de ese tipo de mártir, con el que yo me topé -y cuando lo escribas pon que cuando pronuncio topar cambio el tono de voz, para aclarar, ¿verdad?-, para mí fue monseñor Romero. Pero es evidente que yo he tenido con otros sectores relaciones más tensas, y estos días se ha hecho público que a varios de nosotros, entre ellos también el padre Ellacuría, las congregaciones nos han cuestionado. A mí, varias veces me han pedido dar cuenta de mis escritos porque creen que mi teología no es adecuada, que contiene errores, que es peligrosa. Estos días se ha hecho público en varios medios de comunicación, tanto lo que ha dicho el Vaticano como lo que han expresado otros teólogos, muy respetables, que no comparten las amonestaciones. Y, por cierto, aprovecho para hacer una aclaración: la carta estrictamente confidencial que escribí al padre Kolvenbach apareció en la prensa sin mi conocimiento ni autorización. Volviendo al asunto. La tensión con esa porción de Iglesia, con algunos jerarcas, ha sido para mí habitual durante 30 años. Ellos también son Iglesia. Pero para mí, ante todo, lo son quienes nos hacen presente a Jesús. Yo me topé con esas gentes. Me enseñaron a vivir con esperanza, con menos egoísmo, con alegría.

¿También le ha marcado una cierta conciencia de superviviente, después de haberse salvado de una matanza o ver como caían otros, como monseñor Romero?
Aquello fue un shock. Estaba en Tailandia precisamente dando un curso de cristología, hablando de pueblos enteros crucificados.

Ochenta mil en El Salvador...
Así es. Pero le cuento cómo recibí aquella noticia. En Tailandia eran las doce de la noche y un amigo me llamó de Londres. Tuve la sensación, por la hora, de que algo serio había pasado, y pensé: Ellacuría. Mi amigo me preguntó: "¿Tienes papel y lápiz? Han matado a Ellacuría, y a Nacho, y a Santiago Montes, y al padre López-López, y a Juan Ramón Norea, y a Amando...", y así siguió. Y ahora ya no siento ni el dolor, ni el shock, ni la indignación de entonces, pero en el fondo me pasa lo mismo, como si me fueran quitando uno a uno jirones de piel. Pero mi máxima indignación fue cuando me dijeron lo de la cocinera y una hijita suya, y si lo cuento no es para que suene lírico, es porque lo siento. Porque que mataran a Ellacuría era una barbaridad, pero ¿cómo no le iban a matar? Predicaba contra los sumos sacerdotes, los fariseos, el opresor..., no era sorpresa. Ahora, que mataran a una cocinera que pasaba escondida la noche en nuestra casa porque la guerra había llegado a la ciudad y no era seguro salir, eso superaba las reglas del mal. Quedé en silencio y paseé por una playa que estaba cerca con un compañero que venía conmigo. En un momento me dijo: "¿Has pensado por qué no te han matado a ti?". Y me salió una respuesta tomada casi de antiguas vidas de santos: "Pues se ve que no soy digno". No sabía qué decir. Al día siguiente hicieron allí una misa, con un altar de flores precioso, y yo comenté: "Tengo una mala noticia que daros: han matado a toda mi familia. Pero tengo una buena noticia también: he vivido con gente buena". Así pienso hoy día.

¿Cómo estas personas tan próximas al martirio, que se han jugado el pellejo, no se las reconoce como a auténticos Cristos en su Iglesia?
Yo tampoco lo entiendo. Me preocupa y a veces me indigna. Mi esperanza es que pronto, oficialmente o con algún signo eclesial que todo el mundo entienda, canonicen a monseñor Romero y a todos los mártires latinoamericanos y del Tercer Mundo. Ya he dicho que me entristece que no ocurra. Pero también he dicho que no me gusta ser profeta de calamidades. A veces pienso que los medios encubren muy interesadamente la maldad y las aberraciones, pero que encubren todavía más la bondad. El amor de aquellas personas está vivo en muchos. En sus aniversarios se juntan multitudes. ¿Qué hacen allí? Recordar que han visto y oído cosas buenas, y cuando digo buenas me refiero a enseñanzas que les han dado dignidad. Recuerdan, con lágrimas, a hijos muertos, inocentes a los que han denigrado; que los han llamado comunistas, algo que allí es equivalente a calificar a alguien de terrorista aquí.

Eran los tiempos de "Hagan patria, maten un cura"...
Exactamente. Y en esas procesiones, las madres les dicen a sus hijos que su padre no fue un criminal, sino un buen hombre, generoso, que se organizó en movimientos políticos y lo mataron. Luego, claro, allí, Dios suena a algo real. Pero ¿cómo es Dios para ellos? Esa fuerza, ese misterio que ni vemos ni tocamos, de alguna manera nos conoce, nos quiere, nos da dignidad. Que luego le pidan milagros, a mí me parece muy bien, porque si no tienen seguro social, ni dinero, ni nada, si Estados Unidos ni la Unión Europea les arreglan la vida, ¿qué van a hacer? Es cierto que ese misterio también puede ser alienación. Psicólogos, psiquiatras, economistas habrá que lo analicen, a mí no me acaban de convencer del todo. Los que nada tienen, de Dios sacan fuerza para vivir, y en esto no veo alienación.

No le convencen porque ustedes han visto en Dios una materia revolucionaria, más que de resignación.
Entiendo, entiendo. Estoy de acuerdo. Si no hay más que ver. Jesús de Nazaret, ¿qué dijo? Ay de ustedes los ricos, que han comido y han gozado, sufrirán. Los que pasan hambre, los que lloran, comerán y reirán. Esas palabras hay que hacerlas históricamente eficaces, hay que buscarles modos concretos. Pensar en Jesús, en Dios, así, entonces era y es revolucionario.

¿Entonces? ¿Cuándo es entonces?
Los años setenta, ochenta. Todavía ahora queda algo. Revolucionario quiere decir eso: darle vuelta a las cosas. La revolución no se da sólo en el ámbito político, sino en el humano; pensar distinto, tener esperanza, que no vivamos en un mundo sumamente injusto como el actual, con las democracias más importantes a la cabeza. Una revolución en la esperanza, en la caridad..., una famosa palabrita que ya no creo que se use...

Pues porque a la caridad, el sentido que le ha otorgado la Iglesia es el de esa propina para los pobres. ¿Ustedes le han dado valor revolucionario?
De nuevo hay que distinguir cosas al hablar de la palabra Iglesia. Cierto es que hay una tradición y una doctrina de la Iglesia en que la caridad se entendió más como acaba de decir. Pero con Juan XXIII, incluso con Juan Pablo II, tiene más que ver con el amor, con el sentido de la justicia. Con proclamar una verdad que defiende al pobre frente a quien le oprime. Pero yo también creo en el equivalente a cariño, ternura, delicadeza. Un ámbito del amor distinto al de justicia que humanizan personal y socialmente. Lo que no se puede admitir es el sentido que le daban algunas novelas del siglo pasado, en las que salían marquesas que hablaban de "mis pobres", ¿verdad? Y ojalá tampoco lo digan hoy, entre otros lenguajes, Iglesias, Estados, ONG.

Aun así, como concepto, sigue en crisis.
La justicia está en crisis en la Iglesia. No creo que se vuelque hacia ella con todo el peso social que tiene. Y no digamos en la sociedad. Al viajar a Europa o a Estados Unidos no veo que los pueblos y sus Gobiernos vivan y se desvivan para que 2.000 o 3.000 millones de seres humanos puedan simplemente vivir...

Jon Sobrino. Radicalmente cristiano 2

Puede que la gente que tiene las necesidades cubiertas crea que ya ha pasado la revolución, que no la necesita.
Sí, y se ríen un poquito de todo esto. Pero es que la esencia que mueve el amor y los cambios está en no empezar por uno mismo. Hemos ido aprendiendo cosas. Es normal que uno se fije en sus hijos; pero mientras no se salga de ese yo familiar, no hacemos nada y somos ignorantes.

En cuanto a señalar a los pobres, a veces es la jerarquía la que nos hace caer en la cuenta de que existen condenando determinadas prácticas, como ha ocurrido en Madrid en la parroquia de San Carlos Borromeo que quieren cerrar.
Evidente. Me da tristeza que no haya creatividad cristiana para que la Iglesia institucional no resuelva estos problemas y no dialogue. Que los medios lo saquen a relucir puede ayudar. Pero debemos ir a lo profundo. Hay mucha gente..., religiosos silenciados que hacen una gran labor, pero no se sabe, no se difunde porque hoy existe un cierto miedo al bien. La bondad se silencia. ¿Por qué? Porque nos viene a decir que es posible, que es asequible a todo el mundo, y que no se ejercita porque nos exige algo. No sólo la heroica, la del día a día.

Quienes primero tienen miedo de hacer explícita esa bondad parecen estar en la Iglesia, porque no es normal que a ustedes o a quienes andan por el Congo o comprometidos aquí con marginados se les azuce. Mucha gente se pregunta por qué no se han salido ustedes. Qué les hace seguir dentro de una organización que les maltrata.
Yo le contaré mi caso. No me he salido porque nunca se me ha ocurrido. He visto un "invierno eclesial", que decía Karl Raher. Un retroceso en la entrega sincera a los pobres de este mundo. Pero sigo en la Iglesia. Porque veo un sentido en esta tradición de Jesús que, al pasar por la Iglesia, por un lado se ha deteriorado muchísimo. Eso, sin duda. En ella me entrego a Jesús de Nazaret, con problemas fuera e inmensas incoherencias de la Iglesia con ese Jesús, y con problemas dentro, mis limitaciones, épocas de gran oscuridad; pero me encuentro en mi casa, con innumerables compañeros con los que caminar. En esa casa siento una gran luz y ánimo en medio de las decepciones. También vengo de una tradición democrática, cuyos Estados han asesinado a millones de seres humanos inocentes, violentamente, con bombas atómicas y convencionales, con torturas y guerras injustas, con políticas comerciales que pueden aumentar la muerte por hambre. Y, sin embargo, hay seres humanos que honradamente pueden seguir esperando el advenimiento de la libertad, la igualdad, la fraternidad. Cuando preguntas a alguien por qué no se sale de su visión democrática, puede responder: porque están representados todos los partidos y yo me apunto al que más me convence. En la Iglesia, lo mismo. Hay varias tendencias.

Pero el Espíritu Santo siempre tiende a elegir a los mismos.
Bueno, el Espíritu Santo, así nombrado, con perdón, es poco riguroso. No es el ministro de Asuntos Exteriores que designa embajadores. Es ese misterio que llamamos Dios, y que tiene fuerza; no poder, fuerza. A Dios lo empequeñecemos seriamente cuando empezamos a hablar de él en términos de poder. ¿Para qué le sirve la fuerza? Ah, para que los seres humanos hagamos el bien. El Espíritu no es eso que está sobrevolando en un cónclave...

Son metáforas, padre, metáforas.
Sí, pero metáforas que desvían. Espíritu significa viento, fuerza. Yo, ¿dónde lo he encontrado? En Juan XXIII, en Arrupe, en un compañero jesuita, Javier Ibisate, que acaba de fallecer; lo veía en Gorbachov, se ve en los campos de refugiados de Bukavu... Cuando he estado con gente que ha dicho: aquí nos quedamos. Ya está.

Aun así, y aunque crea usted que la Iglesia no es poder, que resulta evidente que lo es, siempre se fija en los mismos.
La Iglesia debe ser ante todo fuerza, pero, en la realidad, también es poder. Lo sé muy bien. El espíritu a veces no está en la Iglesia cuando no se hace el bien, sino el mal. Pero está cuando somos fieles a Jesús. Dice él en el Evangelio de Lucas: "El espíritu está sobre mí, me ha configurado. ¿Para qué? Para dar vista a los ciegos, para hacer caminar a los cojos, para anunciar una buena noticia y para liberar a los pobres. Él comprende así al Espíritu. Entonces, ¿dónde lo veo yo? ¿Donde está el poder? No. Ahí es donde aprecio lo que constituye a los seres humanos, que lleva también al egoísmo, al sometimiento, a la falta de entendimiento. Esta sociedad necesita espíritu, y no sólo espíritu crítico, sino otras cosas; espíritu que nos dé fuerza para la reconciliación.

¿Dónde?
Aquí, en África, en Naciones Unidas...

Ya, porque eso le iba a preguntar. Pese a lo lejos que le queda España, ¿cómo ve el conflicto en el País Vasco, que es su tierra natal? Ya notará cómo andan por aquí los cuchillos. ¿Tendrá su opinión?
No soy muy amigo de tener sólo opiniones. Leo ahora los blogs, que están llenos de eso, de opiniones. Y se pueden decir cosas verdaderamente disparatadas. Ante asuntos serios no me gusta expresar sólo opiniones. Yo, ¿qué observo? Se ha llegado aquí a un buen vivir que es en la práctica un absoluto, un ídolo, y eso dificulta muchas cosas. Esto lo tengo meditado, no es sólo una opinión para un blog...

Le tienen obsesionado los 'blogs'. No los lea, hombre. No conducen a la felicidad.
Bueno, pero son una realidad, como los partidos de fútbol. Hay partidos en los que 44 piernas corriendo equivalen casi al presupuesto de un país africano como Chad. Que eso ocurra...

Es pornográfico.
Obsceno, yo lo he escrito. Eso me impacta. Lo de ETA, por otra parte, es serio, evidentemente. Yo soy de allí, pero no tengo fórmulas. Mi esperanza es, a medio plazo, humanizar aquello..., gentes, ideas, esperanzas. No sé cuánto llevará.

Al menos una generación. Pero veo que a usted no le preocupa el hecho de que tenga que haber una negociación tarde o temprano, que es evidente, sino cómo curará esa herida después de años de violencia.
Supongo que acabará con algún tipo de negociación. Pero eso lo hacen seres humanos. Se debe hacer con perspectiva política para que salga bien; pero todo eso, además, debe tener en cuenta el factor humano. No me es fácil hablar de esto. Tengo esperanza en que podamos vivir humanamente unos con otros. Y eso significa no tener miedo a no poner el problema en términos de vencedores y vencidos. Algo de eso he aprendido en El Salvador. La esperanza de reconciliación es posible, los seres humanos pueden perdonar.

¿Qué le ha molestado a la Iglesia de su idea de Cristo? ¿Por qué llevan 30 años mareándole?
Bueno, se ha hecho público. En el Vaticano dicen que yo presento a un Cristo muy humano, cercano a los pobres, y que eso les parece bien, pero que no expreso con suficiente claridad su divinidad. Hay teólogos capaces y responsables que piensan que mis escritos no incurren en esos peligros.

A lo mejor es que esa divinidad es radicalmente humana.
Sí, sí, sí, es que está en la doctrina más tradicional de la Iglesia. La clave está en cómo esa divinidad se ha hecho visible. En la fe cristiana, a diferencia de otras, se da un paso crucial, y no así en otras: que ese misterio se hizo presente. Que Jesús es el sacramento. Fue Jesús de Nazaret el que dice tener una idea de humanidad. Los bienaventurados, los sencillos, los limpios de corazón, quienes luchan y trabajan por la paz y la justicia. Es el de la palabra del Buen Samaritano.

Es el mismo Jesucristo, entonces, quien pone en evidencia esa doctrina. Su mensaje radical es humanismo. ¿Cómo la jerarquía no lo entiende, o ese tribunal...? Por cierto, ¿cómo es ese tribunal?
Pues un tribunal que se reúne en Roma, que analiza los aspectos teológicos y juzga si están o no de acuerdo con la doctrina de la Iglesia.

¿Pero usted ha estado?
No, mi contacto ha sido por escrito.

¿Qué les ha dicho?
Pues lo que se ha hecho público. Que el misterio de Dios se hizo presente en Jesús. Que es la encarnación del hijo eterno del padre que es divino, pero que lo que nosotros vemos es el producto de esa encarnación. Que el misterio de Dios pasa por este mundo en él y que estuvo a merced de los poderes de este mundo; por eso no me gusta llamarlo omnipotente, porque lo insultan, y él no tiene más que dejarse insultar y acabar en la cruz. Lo que podemos saber de él es lo que se ha hecho presente aquí. Hay teólogos que hablan de un Dios crucificado. Jesús es esa realidad humana, transparente, que también se ha visto en otros.

Y esa divinidad que ha apreciado usted en otros estaba en los mártires de El Salvador. ¿Se siente usted una especie de apóstol de ellos al haber sobrevivido?
Jesús se ha hecho presente de una manera especial, pero, indudablemente, ese Dios se ha hecho presente además en muchos otros. En Ellacuría, en monseñor Romero..., en muchos. En cuanto a lo de sentirme apóstol de ellos, pues sí, pero sin dramatizarlo. No tengo conciencia en absoluto de haber llevado la antorcha de Ellacuría, pero sí siento una fuerza que me empuja a seguir por ese camino, con la idea de pertenecer a una tradición, a un grupo.

¿Cómo les recuerda?
Cada uno tenía su forma de ser. Ellacuría era ocho años mayor que yo y era el discípulo predilecto de Zubiri, y éste lo llamaba a él; era un filósofo impresionante que usó su conocimiento para bajar de la cruz a los crucificados. Tenía las limitaciones de todo ser humano, pero esa idea de que en El Salvador se encontró con un cuerpo crucificado...

Que debía liberar...
Así es. Eso era lo positivo. Y, simultáneamente, enfrentarse a todos aquellos que han crucificado a los pueblos.

Era todo un radical, ¿no?
Sí, pero radical con amor radical al pueblo víctima. También fue un filósofo crítico. No aceptaba cualquier enfoque de Dios crédulamente. Se movía como filósofo en un mundo donde Dios no era lo evidente.

¿Usted también?
Sí, claro, los filósofos de ahora son agnósticos.

Pero eso les habrá ocasionado enormes y permanentes crisis de fe.
Algunas. De Ellacuría, que no era nada crédulo, he escrito que luchó con Dios, como Jacob. Y pienso que Dios le venció. Aquello no fue para él una cosa sencilla. Uno lee a Nietzsche y ve que es un ateo como Dios manda... Ateo, eh, en serio, no un ateíllo. Pero Ellacuría, por otra parte, vio en otros, como en monseñor Romero, a alguien que tenía presencia de Dios. Y lo dijo. Tres días después de que lo mataran: "Con monseñor Romero, Dios pasó por El Salvador". Y eso dominó en él más que otras cosas.

O sea, que ustedes vieron en Romero a un santo.
Más. Esa palabra no describe la calidad de mi experiencia.

¿Más que a un santo?
No encuentro términos apropiados. Su palabra, su compasión no sólo nos remitía a Dios, sino que hacía a Dios presente.

Esto, algunos lo podrían ver como una blasfemia.
Espero que no. Romero no era un intelectual, como Ellacuría. Incluso fue moderado y cambió a raíz del asesinato de Rutilio Grande. Entonces se convirtió en un decidor de la verdad. Claro, la verdad en El Salvador era denunciar una opresión espantosa. Sus homilías eran terriblemente duras, pero consoladoras. Su última homilía fue durísima contra la Guardia Nacional. Se dirigió a ellos diciendo: "Nadie está obligado a obedecer una orden de matar. En nombre de Dios, y en nombre de este sufrido pueblo, les ruego, les pido, les ordeno cesen la represión".

Eran ustedes duros. Porque llegaron a justificar la violencia en algunos casos.
Es una verdad mucho más compleja. La violencia había comenzado mucho antes de que ellos hablaran. Provenía del lado de la opresión criminal de la derecha que mataba a la gente, algunos se organizaron para combatirla a diversos niveles, uno de ellos armado. Ellacuría habló de la redención de la violencia, y una de las condiciones para eso es, primero, cargar con ella. Yo sé que es terrible, pero es eso, estar dispuesto. Aunque antes hay que erradicar también las causas que le dieron origen. Lo que tenía de carga nuestra posición era eso, erradicar la pobreza; acabar con las estructuras económicas, sociales, políticas..., transformarlas. Pero cargar con la violencia quiere decir que te den, así, como suena. Habló de poner fin de manera negociada a la situación salvadoreña. De humanizar la violencia. Pero eso es algo muy creativo. ¿Cómo se hace? Aportando verdad, comprensión, perdón; ofreciendo perdón; aceptando perdón. A Ellacuría, qué curioso, lo mataron cuando él estaba negociando la paz. Era consciente. Me lo dijo: "Ahora que estoy trabajando por la paz es cuando me pueden matar". Y no cuando defendía la resistencia a la violencia. Pero lo decía con serenidad.

Esa diabetes le hace a usted más fuerte, si cabe.
Nunca he hecho drama de ella. Desde hace más de treinta años soy diabético. Me quita energías. Hay momentos peores, una vez tuve un coma, pero la diabetes ya es compañera; si fuera san Francisco de Asís diría: "La hermana diabetes". Pero yo vivo porque puedo comprar insulina, que es cara, y tiritas para medir el azúcar. Puedo vivir, mientras que quienes yo defino como pobres, es decir, aquellos que no dan la vida por supuesta, espero que me comprendan.

Necesito comprar algo: adicción a las compras.

¡Necesito comprar algo! Mayka Sánchez EL PAIS SEMANAL - 14-06-2007
Frente al vacío existencial, adictos a las compras. Otro síndrome surgido en sociedades ferozmente consumistas. Los expertos calculan que en España puede haber 400.000; el 90%, mujeres. Nuevos estudios prueban cómo se enciende el cerebro ante los escaparates y las marcas. "Yo no sabía lo que me pasaba, pero era consciente de que algo no andaba bien, de que sufría demasiado y de que nadie me entendía, porque me tildaban de frívola, caprichosa y despilfarradora. Llevo así prácticamente desde los 18 años, excepto algunos periodos sin síntomas en que las cosas me han ido mejor y he tenido paz. He comprado multitud de ropa y complementos que ni he llegado a estrenar. Una veces, porque no ha surgido la ocasión, y otras, porque me encontraba gorda. Todavía tengo prendas y objetos de hace años con las etiquetas". En pocas palabras resume así Berta, una alta ejecutiva de 48 años, divorciada, su vía crucis por la adicción a la compra.
Sus oscilaciones de peso y de estado de ánimo, según su propia confesión, "fluctúan más que la actividad bursátil". Se ha sentido profundamente incomprendida, recriminada y culpabilizada por su familia, y algunos meses sus tarjetas de crédito han dejado números rojos en la cuenta bancaria.
"Gasto mucho más de lo que puedo", afirma, "y me atraen las marcas y las firmas, que son mucho más caras. Voy sobreviviendo a veces trampeando y con préstamos de amigas, compañeros de trabajo y otros conocidos. Al final, no sé ni cómo, acabo devolviendo lo que debo; por eso siempre tengo prestamistas".
La historia de Berta, que prefiere preservar su identidad tras un nombre ficticio, ha estado jalonada casi siempre por esta adicción social y no química que ha marcado su vida.

Según el doctor Francisco Alonso-Fernández, catedrático de Psiquiatría de la Universidad Complutense de Madrid y presidente de la Sociedad Europa de Psiquiatría Social, la compra adictiva es una dolencia no suficientemente reconocida a pesar de implicar un alto grado de sufrimiento y de incapacitación. Esta adicción se refleja en una entrega desaforada o desorbitada a la adquisición de artículos que, además de no ser necesarios, resultan superfluos e inútiles.
Los expertos sugieren que en España unas 400.000 personas son compradoras compulsivas, de las que el 90% son mujeres. Para responder al porqué de una adicción tan femenina, el psiquiatra Francisco Alonso-Fernández explica en su libro Las nuevas adicciones (Tea Ediciones) tres razones: el mayor arraigo del hábito social de la compra entre las mujeres, la superior vulnerabilidad para ciertos trastornos de la personalidad (baja autoestima, soledad, estado depresivo) y un menor sentimiento que el hombre hacia lo abstracto (éste prefiere el dinero y ella lo que puede conseguirse con él).
No obstante, los datos de prevalencia varían según los autores y los criterios diagnósticos que se tomen. La adicción a la compra empezó a estudiarse como síndrome psiquiátrico en Estados Unidos en la década de los ochenta, que se hablaba del buying spree (la juerga o el frenesí de la compra). Expertos como Faber y O'Guinn sostenían en un estudio publicado en 1992 que este problema afectaba al 5,9% de la población norteamericana. Los especialistas advierten de que es importante distinguir entre la compra impulsiva, placer ante el que prácticamente todo el mundo sucumbe en algún momento bajo la presión de la sociedad occidental consumista, y la compra como verdadera adicción, que se expresa como una necesidad frecuente, absoluta e incontrolada de comprar y, que si no es satisfecha, se asocia a un estado de ansiedad, irritabilidad y malestar. En este segundo caso, algunos autores bajan los datos de prevalencia hasta el 1,1%.
Con tintes muy diferentes al caso de Berta, pero también bajo el peso del sufrimiento y la incomprensión, ha vivido su adicción a la compra Ángela S. S., ama de casa de 38 años: "Yo no puedo permitirme cosas caras, pero mi obsesión es ir a mercadillos y a oportunidades de grandes almacenes a comprar telas. En principio, mi idea es adquirirlas para hacer trapitos, para mí, los niños y para regalos. Luego acaban quedándose guardadas o perdidas en cualquier rincón de un armario".
Para el doctor Alonso-Fernández, existen cinco elementos definidores de la enfermedad adictiva: organización existencial centrada en la relación anómala-autoritaria con el objeto, el acto impulsional en forma de una entrega descontrolada a la compra, el logro de gratificaciones o recompensas momentáneas, la repetición del ciclo y la aparición de efectos nocivos. A lo que agrega otras cinco pistas: la preocupación por ir muy a menudo de compras, la dedicación a este fin de un tiempo superior a lo razonable o proyectado, la realización de frecuentes compras por encima de lo que uno puede permitirse, la adquisición de objetos no necesarios e incluso inútiles, y la sensación momentánea de un inmenso placer al haber satisfecho el deseo, que más tarde se transmuta en sentimientos de remordimiento y culpabilidad. Uno de los más bellos exponentes literarios de este problema se encuentra en 1857 en Madame Bovary. El escritor francés Gustave Flaubert convirtió a Emma Bovary en un fascinante personaje atormentado en busca del verdadero amor, que no cesaba de adquirir vestuario personal de lujo mediante una gestión secreta a base de préstamos hasta llevar a su familia a la bancarrota.
Unos años después, en 1883, el también escritor francés Émile Zola describe en El paraíso de las damas cómo las mujeres se extasiaban al contemplar las galerías de una gran tienda de París inspirada en la primera gran superficie de ventas creada en Francia en 1810. "Eran mujeres de otro tiempo en busca de la felicidad, como las de ahora. Mediante las compras desean alcanzar desde el lujo hasta el amor. Las actuales están sometidas a mucho más riesgo por vivir en una sociedad donde el consumo se convierte en el eje que da sentido a la vida y sufrir un verdadero acoso publicitario", explica Alonso-Fernández.
Numerosas mujeres occidentales, cuando tienen un contratiempo o un disgusto, buscan la compensación a ese malestar mediante el acto compulsivo de comprar. El psicoanalista Erich Fromm sostiene que nuestros deseos de comprar, en busca de la felicidad, provienen más del exterior que del interior, impulsados por la publicidad, que ha transformado el sistema de ventas a partir de la mentalidad tecnificada del siglo XIX. En este sentido, el profesor Alonso-Fernández subraya la idea de que si antiguamente el argumento comercial del hombre de negocios era esencialmente racional, "un amplio sector de la propaganda moderna ha abandonado esta vía para dirigirse a la emoción como si se tratara de una forma de sugestión hipnótica".
En 1984 el psiquiatra español Jesús de la Gándara leyó en la revista The American Journal un artículo, firmado por los psiquiatras norteamericanos Frankenburg y Yurgelun-Todd, en el que se hacía referencia a un caso clínico que coincidía con los síntomas que presentaba una paciente suya."Me atrajo, porque hasta el momento en psiquiatría no se había hablado de ese problema, ni estaba tipificado como tal ni se había publicado nada al respecto en toda la literatura médica de nuestra especialidad", dice el doctor De la Gándara, jefe del servicio de Psiquiatría del hospital General Yagüe de Burgos. El médico español se dedicó a profundizar en el tema y se encontró en su consulta con dos mujeres burgalesas, de 33 y 21 años, que presentaban este trastorno de conducta. En 1985 publicó un artículo sobre estos dos casos clínicos en The British Journal of Psychiatry e inmediatamente empezó a recibir correspondencia de otros colegas de países tan distintos como Canadá, Irlanda e India, con pacientes con esta alteración. Según este especialista, se trataba de casos difíciles de diagnosticar, porque científicamente aún no existía un concepto acuñado para considerar este trastorno como una adicción no química dentro de la patología psiquiátrica.
"Lo que sí estaba claro entonces", explica, "y se ha ido corroborando con el tiempo y la experiencia clínica, es que este cuadro siempre aparece en mujeres con trastornos de bulimia y depresión. Se asienta generalmente sobre una personalidad de base neurótica, exageradamente tímida e insegura. En todas ellas se observa una baja autoestima, un gran sentimiento de culpa y una desfiguración de su imagen corporal. Además, suelen tener un grado de inteligencia medio-alto y un nivel cultural y social más bien elevado. El problema empieza a manifestarse hacia los 16-17 años y no se detecta hasta pasados los 30. Se exacerba claramente en la premenstruación".
Como admite este experto, la mujer acude a solicitar ayuda psiquiátrica por su depresión o su bulimia: "Ella es plenamente consciente de que continuamente está comprando ropa, zapatos, complementos, cosméticos, bisutería e incluso joyas, y que no puede reprimir este impulso. También reconoce que no tendrá ocasión de lucir todos los modelos que se compra, y que estas constantes compras repercuten negativamente en su economía y en sus relaciones familiares". El psiquiatra burgalés admite que, "aunque hay de todo", lo más común es que estas compradoras no sean clientas de todo a cien ni de mercadillos, sino más bien de grandes almacenes y tiendas selectas. "Adquirir cosas distinguidas les hace sentirse mejor porque evidencian su mayor poder adquisitivo y un gusto más exquisito y refinado. Esto hace que, momentáneamente, aumente su autoestima", reconoce.
En los hombres, en una proporción mucho menor, es más normal hallar esta adicción en las fases maniacas del llamado trastorno bipolar o enfermedad maniacodepresiva. Así lo admite Miguel S. R., ingeniero de 38 años y soltero: "He llegado a comprarme hace poco un coche BMW y un reloj Rolex en un mismo día, y me están ayudando a pagarlo mis padres, pues, a pesar de que mi sueldo es bueno, nunca tengo nada ahorrado y, si me extralimito en algún momento que me siento exultante, no hay dinero en mi cuenta".
Según el profesor Alonso-Fernández, son trastornos muy mortificantes, que pasan inadvertidos durante largo tiempo, de ahí que sean a menudo enfermedades invisibles y que el paciente no sea considerado como tal, sino como un ser caprichoso y frívolo, que se ve herido por la incomprensión de los otros y embargado por un poderoso sentimiento de culpa. Para este psiquiatra, el tratamiento debe abordar diferentes aspectos: determinados fármacos, psicoterapia de apoyo y reorganización de la vida cotidiana, con el apoyo de la familia y el entorno.
Cada vez que una persona tiene el impulso de comprar algo que le resulta apetecible o lo compra, se enciende una lucecita en zonas concretas del cerebro, tal y como se ha demostrado gracias a las modernas técnicas de neuroimagen. Estas zonas están directamente relacionadas con lo que los científicos denominan "circuitos de recompensa", responsables de la sensación de placer perceptivo. Pero Berta, Ángela y Miguel, en su condición de adictos a las compras, tienen una característica añadida: una disminución de los niveles de dopamina, el neurotransmisor por excelencia de la recompensa. Sin embargo, cuando satisfacen su necesidad de comprar, su cerebro dispara la liberación de dopamina y las luces de su cerebro se iluminan intensamente mediante los circuitos de la recompensa emocional? Y se mantienen encendidas en todo momento.
Varios estudios han revelado todo este complejo entramado. Uno de ellos es el realizado por un equipo del Massachusetts Institute of Tecnology (MIT) de la Universidad Carnegie Mellon, de Pittsburgh (Pensilvania, EE UU), y que se ha publicado el pasado enero en la revista Science. Se seleccionaron 26 voluntarios, a los que se asignó un presupuesto para ir de compras virtuales. Durante el paseo por los escaparates de la Red, los participantes fueron bombardeados con imágenes de artículos sugerentes y atractivos: ropa y complementos de firma y marcas caras, reproductores de imagen y música, alta cosmética, discos, objetos de decoración... Otro estudio realizado por científicos de la Universidad Ludwig-Maximilians (Múnich, Alemania) y presentado el pasado otoño encontró, por el método de la resonancia magnética, cómo el cerebro encendía con más intensidad las áreas relacionadas con la autoidentificación y las emociones positivas cuando, entre las imágenes que se le mostraban, identificaba aquellas de las marcas que asocia con prestigio social; es decir, venían a validar el trabajo de la publicidad machacona; parece que consigue labrar el cerebro.
Los investigadores del MIT observaron con toda claridad cómo se iluminaban las áreas cerebrales ligadas a los circuitos de recompensa cuando los potenciales compradores veían los objetos que más les gustaban. En el caso de los más caprichosos, la lucecita se mantuvo encendida en todo momento. Pero las señales se tornaban más complejas cuando, al ver el precio, los participantes lo consideraban excesivo, momento en que se activaba la zona del cerebro conocida como ínsula, en tanto que se apagaba otra región en el córtex prefrontal. Los científicos interpretan este mecanismo como que el cerebro está evaluando si el placer de adquirir algo es superior a la sensación de desagrado que produce gastar dinero. En los voluntarios caprichosos, sus luces de recompensa emocional y placer pudieron más que los precios prohibitivos y se mantuvieron encendidas.

Cómo defendernos
El profesor Francisco Alonso-Fernández propone en su libro Las nuevas adicciones (Tea Ediciones) unas pautas defensivas individuales para protegerse del desaforado consumo: 01 Abstenerse de comprar cuando uno se sienta en horas bajas o se encuentre afectado por el hambre o el cansancio. 02 Aprovechar los momentos de euforia para divertirse en lugares alejados de grandes almacenes y tiendas. 03 Limitarse a adquirir los artículos incluidos en la lista de la compra, elaborada tranquilamente en casa. 04 Procurar no salir de compras en soledad. 05 Intentar pagar con dinero en metálico y restringir lo más posible el recurso de las tarjetas de crédito. Ver físicamente el dinero siempre nos crea peor conciencia.

Coche eléctrico que se recarga en 10 minutos. Moto eléctrica que se recarga en 2 horas

Coche eléctrico que se recarga en 10 minutos
Phoenix Motorcars manufactures zero-emission, freeway-speed fleet vehicles. It is an early leader in the mass production of full-function, green electric trucks and SUVs for commercial fleet use. Based in Ontario, California, Phoenix Motorcars uses the NanoSafe™ battery, a non-toxic, all-battery solution to eliminate noise and toxic vehicle emissions that contribute to air pollution.
Vectrix Electric MaxiScooter Limpio y eficaz
El sistema se sirve de unas baterías NiMH de 125 voltios y 3,7 kW/h. Éstas alimentan un motor tipo "Brushless" con imán permanente que va perfectamente disimulado en el interior del magnífico brazo oscilante de aluminio de la rueda trasera. Como cualquier otro scooter eléctrico, nuestro Vectrix funciona en un silencio casi total y sin la más mínima emisión contaminante.
La novedad en verdad hay que buscarla en los rendimientos: Vectrix no duda en anunciar unas prestaciones superiores a las de un scooter de gasolina de 400 cc. Por dar un ejemplo, la máquina es al parecer capaz de pasar de 0 a 80 km/h en ¡6,8 segundos! En cualquier caso, la pequeña vuelta de prueba que hemos dado por Milán nos ha permitido comprobar que los rendimientos están ahí. Las aceleraciones, acompañadas del silbido característico de este tipo de mecánica, son enérgicas, con un par disponible inmediatamente a bajo régimen (par máximo: 6,5 mkg a 3.500 rpm).
El motor eléctrico desarrolla una potencia máxima de 27 CV a 3.000 rpm (9,5 CV en continuo), por lo que la conducción del maxiscooter estará reservada a los titulares del carné de motos. La velocidad máxima anunciada ronda los 100 km/h.

El individuo que corrió con su hijo en San Fermín, homenajeado en Las Ventas

TRAS RECIBIR UNA ORDEN JUDICIAL El padre que corrió los sanfermines con su hijo devuelve al pequeño al domicilio materno El menor, llevado por su padre en el encierro. (Foto: REUTERS) Actualizado martes 17/07/2007 22:12 (CET) JOAQUÍN MANSO
MADRID.- El niño de 10 años que corrió un encierro de los sanfermines junto a su padre ha sido devuelto al domicilio materno, ubicado en Humanes (Madrid). Luis Miguel Gómez, a quien un juez ha privado de forma provisional del régimen de visitas, ha cumplido sobre las 11.00 horas la orden judicial que le obligaba a llevar al menor junto a su madre.
El juez, según publica hoy EL MUNDO, apoya la decisión en la existencia de "una foto publicada que constata la denuncia" y en que "es preciso adoptar medidas para evitar que el padre siga poniendo en peligro la vida del menor".
Luis Miguel Gómez se ha dirigo al domicilio de la madre del niño, tras conocer a través de EL MUNDO la orden judicial que recaía sobre él.
La madre del menor interpuso una denuncia ante la policía al ver una fotografía de su ex marido con su hijo de la mano a escasos metros de unos toros.
El padre del pequeño dijo estar dispuesto a volver "a sacar a David al encierro otra vez" a pesar de que ese hecho le costó una multa de 150 euros impuesta por el Ayuntamiento de Pamplona, tal y como declaró a CRÓNICA, el suplemento dominical de EL MUNDO.

El hombre que corrió con su hijo en San Fermín, homenajeado en Las Ventas

Casa bioclimática de la UPM a concurso en el Solar Decathlon


Imágenes del cambio climático para escépticos recalcitrantes


While the effect of human activity on the global climate is hotly debated, physical signs of environmental change are all around us. Imágenes del cambio climático para escépticos recalcitrantes.

Campañas educativas lograron la limpieza en las calles en Australia. Un australiano limpia una plaza de Tucumán (Argentina) porque estaba muy sucia

Sábado 21 de Julio de 2007 Información General La Gaceta Tucumán
LA VISION DE UN AUSTRALIANO Espantado con la basura, barrió la plaza Alberdi
Warwick Legget aseguró que nunca había visto un lugar público tan sucio, y que por eso pidió ayuda a los vecinos para limpiar el paseo. El visitante compró las escobas para la tarea. Contó que en su país, el Gobierno hizo campañas para cambiar la mentalidad de la gente. Sorpresa en la Municipalidad.
DECIDIDO. Warwick Legget y uno de los chicos que colaboraron en la limpieza cargan las bolsas de residuos. LA GACETA / JOSE NUNO

Un enamorado de Tucumán
Warwick Legget, tras haber recorrido gran parte del planeta, quiere radicarse en Tucumán y ya comenzó a tramitar su residencia. “Vine hace dos años con una novia. Ella ya no está pero tengo muchos amigos aquí y me gusta mucho esta provincia”, comentó a LA GACETA. “Además -bromeó- ya puedo trabajar barriendo plazas”. 17 bolsas de consorcio llenaron los vecinos con la basura del paseo público.

El australiano Warwick Legget dio ayer una lección a los tucumanos, aunque su actitud haya hecho sentir vergüenza a más de uno, incluido el director de Espacios Verdes de la Municipalidad, Héctor Villagra.
Al ver el estado de abandono y la suciedad que reinaba en la plaza Alberdi, el jueves por la tarde exhortó a los vecinos que suelen ir a tomar mate al paseo y a su amigo Héctor Gómez, un artesano de Tafí Viejo que vende sus artículos de cuero en el lugar, a que entre todos limpiaran la plaza. Warwick compró las escobas y otros elementos en los comercios cercanos y ayer por la mañana se pusieron manos a la obra. Fue tanta la basura que levantaron, que llenaron 17 bolsas grandes, de las llamadas de consorcio.
“He viajado por muchas partes del mundo. En Asia he visto las ciudades más sucias, lo que puede entenderse por la pobreza y por la gran cantidad de población de la mayoría de sus países. Sin embargo, ni allí vi un espacio público tan sucio como estaba estaba plaza. Daba pena”, aseguró a LA GACETA el turista australiano.
“Estuve en Tucumán en 2005, y esta plaza no estaba así, los bancos no estaban rotos como ahora, estaba más cuidada”, agregó el visitante.
Pamela Reynaga, una de las vecinas que colaboraron con la limpieza, y asidua visitante de la plaza, comentó que el paseo público está abandonado desde hace mucho tiempo. “Este es un lugar muy familiar, donde vienen los vecinos a tomar mate, a traer los chicos para que jueguen, no puede ser que no tenga ni barrendero ni vigilancia policial”, dijo.
Otro vecino, Armando Pomponio, subrayó que la nueva iluminación de la plaza no es suficiente para evitar las acciones vandálicas que se cometen.
A su vez, Carolina Schargorodsky, coordinadora de los talleres que la UNT dicta en la plaza, expresó su agradecimiento a Warwick por su iniciativa. “Llegar y encontrar nuestro lugar de trabajo limpio fue una sorpresa. Muchas veces pedimos a Espacios Verdes que se haga el mantenimiento del lugar, justamente porque estas dos semanas de vacaciones estuvo lleno de gente”, comentó.
Consultado al respecto, Villagra se mostró sorprendido. “Esa plaza tiene asignado un barrendero, el señor Barrientos, que además cuenta con todos los elementos necesarios para hacer la limpieza”, dijo. “Que un turista haya tenido que barrer la plaza es un hecho insólito y desagradable para nosotros. De inmediato voy a investigar qué es lo que ha sucedido”, manifestó el titular de Espacios Verdes.
“Incluso, como sabíamos que estos días iba a estar trabajando la gente de la Universidad, mandé refuerzos para que la plaza sea mantenida en condiciones todos los días”, agregó, contrariado, el funcionario municipal.

Cuestión de educación
Warwick recordó que hace unos 40 años, ocurría lo mismo en Australia, en particular en su ciudad, Sydney. “Pero el Gobierno impulsó que en las escuelas se enseñe a limpiar los lugares públicos; se hizo una campaña intensiva por televisión y además se establecía un día al año de limpieza, por parte de los vecinos y escolares, de una plaza o de un parque. Con el tiempo, eso fue generando una mentalidad. Hoy en Australia no se ve ni un papel tirado en las calles”, aseveró.
“Eso es cierto -agregó el artesano Gómez-; los otros días íbamos caminando por el cerro San Javier y se me cayó un ticket del supermercado; Warwick lo levantó y me dijo: ‘esto es tuyo’. Me obligó a guardarlo hasta que pudiera tirarlo en un cesto”.

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