lunes, junio 04, 2007

Irene Khan | Secretaria general de Amnistía Internacional

Irene Khan | Secretaria general de Amnistía Internacional
"Zapatero no usó la política del miedo después del 11-M como hizo Bush tras el 11-S"
"Las grandes potencias restringen los derechos humanos en nombre de la libertad"

ERNESTO EKAIZER, ENVIADO ESPECIAL - Londres ELPAIS.com - Internacional - 25-05-2005
Irene Khan, nacida en Bangla Desh, tiene 48 años, y es secretaria general de la organización Amnistía Internacional desde 2001. Licenciada en Derecho por las universidades de Manchester y de Harvard, esta experta en Derecho Internacional Público y Derechos Humanos, de cuerpo menudo, voz suave y verbo elocuente, reconoce que el panorama de los derechos humanos en 2004 no podría ser más desolador, pero reconoce excepciones. "Zapatero no usó la política del miedo para su orientación antiterrorista como hizo Bush en EE UU después del 11-S", señaló en una entrevista con EL PAIS. "La Administración norteamericana y las grandes potencias dan el ejemplo: bajo el pretexto de defender la democracia y la libertad están recortando los derechos humanos en una escala nunca vista", explica. Es lo que Irene Khan llama la nueva agenda. "El lenguaje de la libertad y la justicia sirven para aplicar políticas de miedo e inseguridad", señala. ¿Ejemplos? "La tortura ya no es más tortura. Ahora se la llama posturas estresantes, manipulación sensorial o manipulación ambiental. O fíjese usted en los detenidos fantasma. ¿Acaso no les llamábamos en la década latinoamericana de los años setenta desaparecidos?, pregunta de manera retórica, evocando el famoso libro de George Orwell 1984. He aquí el diálogo que Irene Khan mantuvo con EL PAIS en Londres sobre la situación de los derechos humanos en el mundo. Pregunta: ¿Se advierte la luz del túnel en uno de los periodos más negros para los derechos humanos como el actual?
Respuesta: Si uno mira a 2003 y 2004 lo que más choca es la manera en que los gobiernos de las grandes potencias prepararon su intervención en Irak y al mismo tiempo la parálisis demostrada ante la catástrofe de los derechos humanos en Darfur (Sudán). Amnistía Internacional, por supuesto, no promueve intervenciones militares. Pero me parece claro que las grandes potencias se muestran "interesadas" en derechos humanos sólo cuando hay un interés geopolítico directo o un interés directo nacional.

P: ¿Eso presupone que están Irak, en cierto modo, por los derechos humanos?
R: No, no. Cuestiono totalmente este argumento. ¿Quién puede creer honestamente que hayan intervenido en Irak para defender los derechos humanos? En Darfur (Sudán), por ejemplo, el gobierno norteamericano ha sido especialmente locuaz en la denuncia sobre violaciones de derechos humanos.
Pero la realidad es que se hizo muy poco para atajar el problema y ya era demasiado tarde. Respecto de su pregunta sobre este negro periodo de los derechos humanos, hay que decir que los gobiernos han perdido la autoridad para hablar de libertades y democracia. La Administración norteamericana ignora el estado de Derecho, y lo peor es que lo hace en nombre de los derechos humanos y de la libertad. Es una agenda muy peligrosa. No es que los Gobiernos fallen a la hora de respetar los derechos humanos. Es que promueven la traición de los derechos humanos. Hay que subrayarlo particularmente en relación a Gobiernos que hablan mucho de libertad y en su gestión hacen lo contrario. A sesenta años de la liberación de Auschwitz, nuestro informe ilustra el aumento del número de casos de racismo, antisemitismo, xenofobia, y discriminación. Hay otros problemas que nos preocupan. El año pasado, al tiempo que se conocían las torturas de Abu Ghraib en Irak, la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas decidía retirar a Irak de su mesa de trabajo. Y si miramos el panorama de los derechos económicos y sociales, las promesas suscritas en la declaración del Milenio, en 2000, se incumplen. Lo mismo ocurre con la violencia contra mujeres. Un ejemplo: el aumento del número de incidentes masivos de violencia y también contra mujeres en Afganistán. Menciono este país porque también aquí podemos hablar de traición de las promesas realizadas. Y, claro, está Irak, donde el informe destaca el incremento de la violencia por parte de grupos armados, que condenamos, y cuyas mayores víctimas ha sido iraquíes. También llamamos la atención sobre el hecho de que se sigue hablando de armas de destrucción masiva como el tema central cuando las verdaderas armas de destrucción masiva son las pequeñas armas, con las cuales se matan a 500.000 personas cada año y no hay avances en el control de las mismas.

P: Pero es en Oriente Próximo, según una de las justificaciones fabricadas para la guerra de Irak, donde se vería un cambio sustancial de la situación. ¿Cómo ve esa región en estos momentos?
R: Oriente Próximo expresa el fracaso del liderazgo. Hemos documentado el año pasado la muerte de 700 palestinos por fuerzas israelíes y 109 israelíes muertos por grupos palestinos....Pero, sin duda, la guerra contra el terror concentra el peor de los fracasos. Por un lado, los grupos armados son cada vez más brutales al cometer sus atentados, como por ejemplo los atentados del 11-M en Madrid o el secuestro de un millar de personas en una escuela de Beslán (república rusa de Ossetia del Norte). Hasta tal punto se han incrementado la violencia y los atentados en todo el mundo que el Departamento de Estado de EE UU ha dejado de publicar las estadísticas anuales que compila. Los números no ilustran precisamente el éxito de la estrategia de la guerra contra el terror. Pero tampoco hay una revisión de esa estrategia. Solo vemos más de lo mismo.

P: ¿En qué consiste la "nueva agenda" contra las libertades que usted denuncia?
R: Entre la traición de las promesas sobre derechos humanos y la crisis de liderazgo hay una nueva y peligrosa agenda. Peligrosa porque usurpa el lenguaje de los derechos humanos. Utiliza los derechos humanos para establecer reglas de juego muy diferentes, reemplazándolas en algunas casos por otras nuevas. Lo vemos claramente en la política de la Administración norteamericana. Hay una tendencia a ignorar el estado de derecho pero invocando, al tiempo, el lenguaje de la libertad y la democracia. Vemos que el campo de detención de Guantánamo sigue en pie, a pesar de la sentencia de la Corte Suprema norteamericana, que reconoce el derecho de los detenidos al acceso de los tribunales. Quinientos detenidos siguen allí sin supervisión judicial un año después de la decisión de la Corte Suprema...

P: Las prácticas en la cárcel iraquí de Abu Ghraib, ¿forman parte de esa agenda?
R: La redefinición de tortura refleja lo que está pasando en esta época. El caso de Abu Ghraib ha permitido obtener información relevante en el sentido de redefinir lo que entendíamos internacionalmente por tortura y malos tratos crueles y degradantes. En el lenguaje se advierte cuál es el objetivo. Se habla ahora no de tortura sino de tensión y dureza, manipulación medioambiental, presión física moderada. Son modos más amables de definir lo que antes se conocía por tortura. Parece que llamarla por su nombre ha pasado de moda. El lenguaje que utiliza la Administración norteamericana incentiva a continuar a otros países, que venían por ese camino desde hace mucho tiempo, a seguir persistiendo. El informe documenta 95 países donde se tortura. No decimos que lo hagan por la conducta de EE UU, pero estos países se ven influidos por la nueva aproximación de la Administración norteamericana, que proporciona una licencia a otros para hacerlo.

P: Abu Ghraib conmovió al mundo, ¿provocó algo más que eso?
R: Lo que ha sido muy desalentador de esta nueva agenda es el rechazo a asumir cualquier investigación independiente de las torturas de Abu Ghraib y otros casos. Nuestros informes han dado cuenta en 2004 de casos de tortura de personas detenidas en otros países bajo custodia de EE UU. Está el ejemplo de los detenidos fantasma. Aquí también se usa el lenguaje para cambiar una figura que todos conocemos: los desaparecidos bajo las dictaduras latinoamericanas en los años setenta. Detenidos que son mantenidos sin reconocer su condición, que son torturados y en algunos casos asesinados.
Por supuesto, en el Reino Unido también están las consecuencias de esta nueva agenda con la legislación antiterrorista de detención sin juicio por el Gobierno de Tony Blair que ha sido cuestionada por los jueces lores. El Gobierno ha introducido una nueva forma de arresto domiciliario. Si no puedes ignorar las reglas, las cambias. Esto es lo que ocurre aquí. Insisto: es peligroso porque estas actitudes establecen los hábitos de comportamiento para el resto del mundo.

P: ¿Qué piensa hacer Amnistía Internacional para frenar esta deriva?
R: En este panorama desolador hay algunos puntos positivos que permiten cuestionar esta agenda. Tenemos la decisión de la Corte Suprema norteamericana sobre Guantánamo o la de los jueces lores del Reino Unido sobre la legislación antiterrorista. Pero también en lo que se refiere a la movilización de la opinión pública. Un ejemplo de esa resistencia masiva es Madrid, donde millones se volcaron a las calles para repudiar el ataque terrorista. También han habido alzamientos populares en Georgia y Ucrania. La gente cuestiona a sus gobiernos y exige sus derechos. Por tanto, yo diría que el escenario es interesante. Son tiempos peligrosos, sí, pero tenemos la oportunidad de intervenir para evitar que el peligro vaya a peor.

P: ¿Se escucha la voz de AI?
R: Creemos que sí. Debemos lanzar una campaña por los valores. Necesitamos recuperar la agenda de los valores universales en los derechos humanos. El tema de la tortura en el contexto de la guerra contra el terror es muy importante. La gente debate si la tortura produce resultados o no. Nosotros diríamos: no produce resultados. Pero lo que de verdad hay que decir es esto: no importan los resultados. Simplemente: resistimos la tortura porque es una corrupción de la humanidad. Al mismo tiempo, vamos a fortalecer nuestra actividad contra los grupos armados terroristas porque representan una fuente relevante de abuso de los derechos humanos.

P: ¿No cree que en la historia de Amnistía Internacional el periodo actual es uno de los más difíciles?.
R: Lo que llamamos la nueva agenda de las grandes potencias supone un desafío. En estos países no solo se advierte incapacidad para respetar las reglas. Llevan adelante un intento de fundar la civilización que conocemos sobre nuevas bases. Eso es lo más preocupante. Porque estas nuevas bases se pretenden apoyar en una política de miedo como resultado de la inseguridad posterior al 11-S. Es un intento de jugar con el miedo de la gente para justificar las restricciones en los derechos humanos.

P: En el centro, está la Administración Bush...
R: Está fuera de toda duda el curso peligroso que mantiene la Administración norteamericana. Pero la pregunta es: ¿por qué razón todos los demás Gobiernos siguen la misma agenda? Debemos lograr que otros líderes se pongan en pie contra esta agenda. Debemos preguntarnos qué papel juega la Unión Europea. La duda es, por tanto, por qué los demás líderes han dado espacio a esta agenda tan peligrosa.

P: ¿Cree acaso que en España se ha seguido después del 11-M el mismo patrón de EE UU después del 11-S?
R: No hemos detectado un patrón de rechazo o fobia al Islam como resultado de los ataques terroristas del 11-M. Zapatero no ha usado después del 11-M la política del miedo y la inseguridad para su orientación antiterrorista como fueron utilizados por Bush tras el 11-S. Hemos documentado antes y después de los atentados casos de tortura y malos tratos en prisiones españolas y algunas reacciones públicas. Pero diría que estos casos reflejan quizá más un sentimiento contra la inmigración que un reflejo de los ataques terroristas. En una situación difícil todos estos elementos a veces se unen y a menos que un Gobierno los sepa conducir bien pueden derivar en hostilidad, como ha ocurrido en EE UU, donde la legislación sobre inmigración ha sido utilizada para detener a cientos de inmigrantes. En España, como digo, hemos tomado nota de incidentes racistas después del 11-M que no están conectados directamente con una reacción a los atentados. La confusión en la mente del público entre inmigrantes y terroristas es un riesgo. La mayor parte de la legislación antiterrorista en EEUU o el Reino Unido afecta, sobre todo, a los que están ya al margen, excluyéndolos todavía más, lo que incrementa su aislamiento y les hace ser el objetivo de reclutamiento por parte de los violentos.

P: Pero parece evidente que no ha habido después del 11-M una política contra las libertades a cuenta del miedo, ¿ no lo cree así?
R: Creo que tiene razón. Es positivo que no haya habido un contragolpe de restricciones en ese sentido. Pienso que ello tiene que ver con el hecho de que la gente se movilizó en las calles. La respuesta popular no fue una respuesta de venganza o de restricciones de los derechos humanos. La capacidad de movilización puede hacer la diferencia. España es un ejemplo muy puro de esa diferencia. Lo que pasó en España es muy positivo. He visitado España en mayo de 2004 y me entrevisté con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y varios ministros y también visité al presidente de la Generalitat. Mi impresión, como he dicho, es que el cambio de Gobierno del 14 de marzo de 2004 impidió que España siguiera, probablemente, el patrón de EE UU o Reino Unido de restricciones de las libertades. No me cabe duda de que, desde el punto de vista sistémico, España no ha aplicado las políticas antiterroristas de otros países. Hay sectores importantes de opinión pública en Europa que piensan como los españoles, que son contrarios a las restricciones democráticas o atacar a los grupos islámicos. Pero me parece que, desgraciadamente, los Gobiernos europeos no han escuchado mucho ni han mostrado un claro liderazgo. Y hay mucha tentación de una política de búnker, en la política del miedo. A pesar de que ya sabemos ahora, tres años y medio después del 11-S la medicina aplicada, no está dando resultados. Lo que me gustaría es ver, por esta razón, es una mucho más evidente disposición de los Gobiernos a revisar su política admitiendo honestamente los errores. Y, claro, no lo estamos viendo.

P: Las presiones sobre la prensa en EEUU, por ejemplo, son evidentes. ¿Cómo aprecia el incidente de la revista Newsweek y su retractación sobre una noticia que difundió acerca del uso del Corán y su denigración para debilitar la moral de los radicales musulmanes en las cárceles?
R: Hay una presión muy intensa sobre la prensa. La historia de Newsweek y el Corán es triste. Porque la Administración norteamericana ha conseguido focalizar toda la atención sobre si este incidente particular ocurrió o no cuando conocemos los antecedentes y la tendencia general dirigida a quebrar a los detenidos usando el Corán y la fe. De modo que el tema mayor sobre la tortura se pierde dentro de la marea que ha levantado la discusión sobre cómo informó la prensa sobre este incidente particular. El gran asunto es una investigación independiente de las torturas en Abu Ghraib y las prácticas en Guantánamo y en Bagram (Afganistán) en lugar de culpar a los medios de comunicación a modo de salvavidas. Nuestra campaña sobre Abu Ghraib ha atraído la atención de los medios, pero no hemos conseguido que EE UU admita una investigación independiente, sea mediante una comisión parlamentaria o a través de un fiscal especial del Departamento de Justicia.

P: ¿Por qué no, por ejemplo, establecer un tribunal internacional de jueces y personalidades para investigar Abu Ghraib como ocurrió con el Tribunal Russell tras la Guerra del Vietnam?
R: Tenemos algunas ideas...Un plan es el de organizar una gran conferencia internacional, que reuniría a ex detenidos en diferentes lugares. Abu Ghraib es bastante conocido, pero no es el único caso. Están las denuncias en Afganistán. ¡Y los desaparecidos, ahora llamados detenidos fantasma! Estamos hablando de varios centenares. O más. Soy conciente de que Abu Ghraib es el caso más conocido y de que se ha convertido en el ícono que simboliza los abusos que se cometen contra los derechos humanos. Pero también sé que la memoria del público tiene corta vida. Sería un error dejar pasar la oportunidad para canalizar la rabia de la gente....


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